El día de la Trilla (Empíreo 3.5) Liam #2
86%

Liam #2

—Es Deigh, y, respondiendo a tu pregunta de antes: estoy convencido de que soy suyo.

—Aprieto la hoja con el pulgar cuando comienzo a tallar los rasgos más delicados del rostro malhumorado.

Lo sentí en cuanto lo vi en la Presentación—.

¿No te invadió la misma certeza en el momento en que contemplaste a Sgaeyl por primera vez?

Xaden resopla.

—Sgaeyl no se molestó en acudir a la Presentación. Nunca ha sido tan banal como para cumplir con las expectativas del cuadrante.

—Ya lo veo. —La Azul Cola de Daga a la que se vinculó es despiadada como ella sola, la pareja perfecta de un jinete igual de despiadado—. ¿Algún último consejo antes de que aparezca Deigh?

—Si es rojo, seguramente tendrá peor genio que Sgaeyl, así que no le toques los huevos.

Las manos se me quedan inmóviles sobre la madera.

—No hay dragón en el mundo con peor genio que la tuya.

Se le curva un extremo de la boca.

—Puede ser, pero por muy implacable que sea Sgaeyl, tiene un control envidiable a la hora de decidir contra quién desatar ese temperamento. Una precisión milimétrica con consecuencias letales. Los rojos, en cambio, suelen actuar cuando tienen un acceso de ira y pensar en ello más tarde.

—Vale, procuraré no cabrearlo. Entendido. —Asiento—. ¿Algo más?

—Todas las mierdas que Kaori os suelta sobre las técnicas de acercamiento son solo eso: mierdas.

—Se gira hacia mí y apoya el hombro en el tronco del árbol—.

Que sí, que son normas que evitarán que te achicharren otros dragones, pero importan muy poco a la hora de enfrentarte al dragón que te ha elegido.

Lo conocen todo, lo peor y lo mejor de ti, antes de que se dignen siquiera a hablar contigo.

Si no tienes modales, ya lo saben y lo han aceptado.

—Qué maravilla que alguien lo sepa todo sobre ti y te acepte de todas formas. —No tendré que explicarle lo de la reliquia, ni la lealtad de mis padres, porque ya está al tanto.

—Es la relación más sólida que forjarás jamás.

Y no te preocupes por si nos apoyará con lo que está ocurriendo al otro lado de la frontera.

Si te ha elegido, es que ya nos apoya. —Xaden se endereza—.

Créeme: no podrás hacer nada para que cambie de idea, salvo quizá echar a correr o negarte a montar.

—Entonces, ¿no debo bajar la mirada? —le pregunto.

—Uy, qué va. Solo tienes que bajar los ojos si otro dragón... —Inclina un poco la cabeza y deja la mirada perdida, lo que normalmente significa que está hablando con Sgaeyl—. Mierda, tengo que irme. —Me da un abrazo y un puñetazo en la espalda—. Ten cuidado.

—¿Qué pasa? —le pregunto cuando me suelta.

—Como ya es costumbre este año, dos palabras: Maldita. Violet. Sorrengail. Ese grano en el culo de apenas metro cincuenta se ha relacionado con la mascota de Sgaeyl. Te veo en el campo de vuelo, Liam.

Se marcha y desaparece entre los árboles hacia el oeste.

—Has dicho tres palabras —susurro con una sonrisa, más que consciente de que ya no me oye, y me dispongo a tallar el morro de la figurita.

Es curioso; no lo había visto jamás tan obsesionado con una mujer.

Le cuesta sentir apego, y apenas toleraba a Cat cuando los vi juntos el año pasado.

Gracias a los dioses porque el compromiso se anuló, pues parece que mi hermano al fin ha encontrado a su media naranja.

Me alegro. Necesita a alguien que eche abajo los muros imposiblemente gruesos que ha construido...

La cabeza de Deigh aparece frente a la rama más baja del árbol que hay delante de mí, y doy un respingo. Hace un instante, el lugar estaba vacío, y ahora de repente está ahí, con sus escamas rojo oscuro y todo lo demás.

El cuchillo me resbala por la figurita y me hago un corte en el índice lo bastante profundo como para que me sangre.

—Mierda —mascullo, y me guardo la talla en el bolsillo con una mano mientras meto la navaja en su funda con la otra, y no sé cómo consigo que no se me caiga, teniendo en cuenta los dos ojos dorados que examinan cada movimiento que hago.

— Tus últimos intentos dejaban mucho que desear. —Su voz es más aguda de lo que esperaba, más humana que monstruosa—. ¿Me tienes lo bastante cerca como para que el próximo sea más fidedigno?

El pecho me estalla de alegría y sonrío. Está delante de mí, de verdad. Soy realmente suyo. Será lo único en este mundo que nadie podrá arrebatarme jamás.

—La próxima será la definitiva.

— Más te vale. No he evitado los agujeros en las alas y las cicatrices en mis escamas para que me representes mal con un desliz de la navaja. —Resopla con fuerza y alborota las hojas que tengo a mis pies—. Y tu sangre es demasiado oscura para mis escamas.

—No suelo herirme. —Compruebo el corte, y me alegra ver que ya se está cerrando.

— Lo celebro. —Levanta la cabeza para observarme desde las alturas—. Te gusta el árbol. Bien. Lo elegí a propósito. Los he visto en los recuerdos que tienes de tu hogar. Prefieres los que están en la ladera sur, ¿me equivoco? A mí me molestan para cazar, pero parece que a los humanos les agradan.

—¿Has estado en Mairghdelle?

No sé por qué me sorprende. Los dragones vuelan por todo Tyrrendor, y aunque no sea un puesto de guardia, la finca aislada de mi familia no es la excepción. A pesar de que ahora pertenece a un noble navarrense. Esa idea está a punto de quitarme la alegría. A punto.

— Por supuesto. No eres mi primer jinete —responde—. Y los de mi estirpe siempre han favorecido a los de la tuya. ¿Estás preparado para convertirte en jinete, Liam Mairi, hijo de la maestra de runas Celadine?

El corazón se me encoge al oír el nombre de mi madre, ante la mención de su habilidad sin parangón con las runas. Es posible que nuestros enemigos le arrebataran su hogar ancestral y quemaran sus pertenencias, pero no la han olvidado.

—Sí.

— Muy bien. Empecemos, pues. Tú y yo nos enfrentaremos al mal que emponzoña este Continente.

Xaden tiene razón. Algunos de los dragones lo saben y han decidido hacer algo al respecto.

El pecho se me llena de determinación y, por primera vez desde que me separaron de Sloane, tengo un propósito más allá de mí mismo, más allá de proteger a Xaden mientras lidera a todos los marcados.

—Estoy preparado. —Asiento.

— No, no lo estás. Pero lo estaremos.

Monto y emprendo el siguiente y último capítulo de mi vida como jinete de Deigh.