Liam
Deigh: Rojo Cola de Daga
(Macho) Descendiente de la estirpe de Wybjorian
— Compendio de los dragones , actualizado por última vez por el coronel Valin Kaori
Una viruta de madera se riza en el filo de la navaja de mi padre antes de caer al sotobosque, y al fin termino con el corte de tracción en lo que pronto se convertirá en el cuerno izquierdo de la figurita.
No he conseguido plasmar el patrón que aparecía en las tarjetas de Kaori en ninguno de mis dos últimos intentos, así que, de momento los dejaré sin pulir.
Cuando acabe el día, seré capaz de hacerle justicia.
Es la tercera vez en esta última hora que alguien grita en la lejanía.
Dejo de tallar y levanto la vista de la pieza.
No se mueve ningún árbol a mi alrededor, y tan pronto como me aseguro de que el peligro con el que se ha topado mi compañero de año anónimo no se dirige hacia mí, vuelvo a ponerme manos a la obra.
A diferencia de mis compañeros de pelotón, el miedo no me domina durante este paseo por el bosque, y la única ansiedad que siento se debe a la incerteza de si los otros marcados de mi año sobrevivirán a este día. Y mis compañeros de pelotón; la mayoría son buena gente.
Llevo un par de horas cerca del centro del valle, guiado por una atracción innegable que luego ha dado paso al instinto de quedarme quieto en cuanto he llegado a este árbol.
Así que aquí estoy, a la sombra de un gigantesco queñual, porque ¿quién soy yo para rechazar la primera petición que me ha hecho mi futuro dragón?
Los rojos tienen temperamento. Yo, paciencia.
Seremos una buena pareja. Eso sí: lo del queñual es bastante paradójico; no veía uno desde que me marché de Tyrrendor.
Presiono el pulgar sobre la parte plana de la hoja de la navaja y empiezo con el segundo cuerno, despacio, tal como mi padre me enseñó.
La sombra moteada del suelo, a mi derecha, se mueve en la dirección opuesta al viento, y se me escapa media sonrisa.
—Vas a tener que esforzarte un poco más si quieres cogerme por sorpresa. —Termino con el corte de tope y otra viruta de madera cae al suelo—. Me ha entrenado el mejor, ya lo sabes.
—Si hubiera querido cogerte por sorpresa, ni te habrías enterado —Xaden emerge de detrás de un árbol cercano con una sonrisa breve e inusual en el rostro—. Porque sí, soy el mejor —dice con la arrogancia habitual con que se muestra a casi todo el mundo.
Es el jinete más poderoso de nuestra generación, de modo que se ha ganado con creces tanto la soberbia de la que hace gala como el miedo que infunde en todos los cadetes que no tienen una reliquia de la rebelión en el brazo.
Pero yo no solo poseo una de esas reliquias, sino que además lo conozco mejor que la mayoría.
Nos pasamos los días más oscuros de nuestra vida juntos, aprendiendo a sobrevivir como hermanos adoptivos después de que ejecutaran a nuestros padres en Calldyr. Lo respeto muchísimo y lo quiero como a un hermano.
Nunca le he tenido miedo.
—¿Este es tu plan para la Trilla? —Se apoya en el tronco que hay a mi lado y observa al dragón que va cobrando forma a partir del pedazo de madera de balsa que tengo en la mano—.
¿Quedarte debajo de un árbol con la esperanza de que el primer dragón que pase por aquí sea el tuyo?
Debo decirte que no has elegido un lugar especialmente seguro para ponerte a hacer manualidades. —Por poco no pone los ojos en blanco.
—Estoy justo donde se me ha dicho. Mi dragón me encontrará.
—Todas las personas a las que he observado están correteando por ahí y peleándose, vinculándose o convirtiéndose en montones de ceniza, y tú te dedicas a tallar madera.
—¿He defraudado a mi líder de ala? —Sonrío y continúo tallando los cuernos.
—Jamás. Respeto tu tranquilidad. —Tuerce el gesto—.
Borra eso. Me defraudarás si acabas quemado vivo por un naranja malhumorado al no haber adoptado una postura más defensiva.
Pero he comprobado la lista de dragones dispuestos a vincularse y no hay ninguno cuyo jinete fuese asesinado durante la apostasía, así que tampoco debería haber ninguno buscándote a ti personalmente. Si te abrasan, no será por venganza.
Arqueo las cejas. No me había planteado eso. La revuelta de nuestros padres se llevó a más de un jinete.
—¿Lo compruebas todos los años?
Xaden asiente sin dejar de examinar los alrededores. Nunca baja la guardia, y lo entiendo. Son muchos los jinetes que querrían ser conocidos por haber matado al hijo de Fen Riorson.
—Bodhi seguirá aquí para ayudaros, pero tendrás que asumir ese deber cuando yo me gradúe en julio.
—Hecho.
Haría lo que fuera por él, y no solo por haber crecido juntos en el mismo hogar de acogida.
Lleva las ciento siete cicatrices que nos dieron a todos los marcados una oportunidad de sobrevivir, y aunque en el cuadrante corramos un gran peligro de muerte, su sacrificio nos salvó de una muerte certera.
Si alguno de nosotros traiciona a Navarre, perderá la vida, de modo que mi lealtad hacia él siempre estará fuera de toda cuestión.
Me resulta extraño pensar que los niños a los que las fuerzas de Navarre quisieron asesinar por los crímenes de nuestros padres servirán en sus alas el año que viene.
—¿Aún crees que el Rojo Cola de Daga vendrá a por ti?
Sgaeyl suele hablarme de los dragones que se interesan por los marcados, pero contigo está guardando un silencio que me irrita.
—Xaden se cruza de brazos y sigue peinando el perímetro con los ojos.
Estoy bastante seguro de que las sombras que se extienden desde el árbol de la izquierda también son suyas—.
No te voy a mentir: esperaba que su pareja estuviera preparada para vincularse este año.
—¿Esperabas que el segundo dragón más grande del Continente se vinculara a mí? —No puedo evitar que me resuene una carcajada en el pecho. Como si hubiera alguna posibilidad de algo así.
—Es la conclusión lógica. Eres el mejor de tu año. —Xaden me mira de reojo.
Niego con la cabeza.
—No estoy de acuerdo.
—Yo sí. —Clava la mirada en el parche del Guantelete que luzco en el uniforme—. El más rápido del Guantelete. Formidable en la estera. Un estudiante excelente en...
Ahora soy yo el que se ríe.
—Al final vas a acabar llevando también la cuenta de las mujeres con las que me acuesto.
—Elodie Praxedes fue una elección interesante. —Me mira con las cejas oscuras arqueadas—. Yo estoy siempre a favor de joder a los líderes, pero tú coges y jodes con una líder.
Me quedo boquiabierto.
—¿Se puede saber cómo te has enterado de eso?
—Me lo ha contado Bodhi. —Se encoge de hombros—. Oye, que no te juzgo.
—Está clarísimo que sí. —Ladeo la cabeza.
Sé que tiene buenas intenciones, pero que el primo de Xaden sea el oficial ejecutivo de mi sección es un peñazo.
Joder, y yo que pensaba que habíamos sido discretos—.
Fue cosa de una noche. No hay sentimientos de por medio ni nada por el estilo.
Y mira quién habla. ¿Te crees que no he visto cómo miras a la hija de la general cuando piensas que nadie te ve?
¿La que, casualmente, está bajo tu mando?
Gira la cabeza al frente y se le contrae un músculo de la mandíbula.
—Si me has visto mirando a Sorrengail es porque fantaseo con asesinarla.
Claro. Está tan pillado que ni se da cuenta.
Una sonrisa me curva los labios.
—Es evidente que fantaseas con algo, y no es con matarla, no nos engañemos. Mientes bien, pero conmigo no cuela. Fijo que Garrick también se ha dado cuenta, aunque has conseguido ocultárselo a Bodhi, ¿verdad?
No se me ocurriría mofarme de él en público, pero aquí estamos solos, y eso significa que puedo burlarme sin miedo.
—Deja de meterte donde no te llaman.
Descruza los brazos y se mete las manos en los bolsillos. Por cómo se intensifican las sombras en los bordes de los árboles, sé que he hurgado en la llaga.
—Eso es justamente lo que hacen los hermanos. —Mi sonrisa se ensancha—. Además, los dos sabemos que no puedes matarla, y aunque pudieras..., no lo harías.
—Subestimas el odio que siento hacia su madre. —Se le endurece el rostro.
—No subestimo casi nada en lo referente a ti.
Sé de lo que eres capaz. —Pierdo la sonrisa—.
Pero tú más que nadie deberías ver que no está bien castigar a alguien por las acciones de sus padres.
Según tengo entendido, esa chica es una buena persona.
No la conozco personalmente, pero creo que me caería bien.
—Te cae bien todo el mundo, y por eso tú le caes bien a todo el mundo. —Xaden suspira tan hondo que sé que ha llegado el momento de cambiar de tema.
—Volviendo al asunto. No hace falta que me vigiles —le recuerdo, y sigo sacando virutas de la cabeza del dragón de madera—. Me las apaño bien.
—Esa es la definición de lo que hacen los hermanos mayores. Es nuestro deber sagrado. Un honor, en realidad. —Sonríe—. Espera a que llegue Sloane el año que viene y a ver si opinas lo mismo de vigilar a los hermanos.
Mierda. Tiene razón. Miro hacia el sur, deseando poder recortar la distancia, igual que tallo la madera, para ver cómo le va a mi hermana pequeña.
Nos cortaron la comunicación el día que crucé el Parapeto, pero he estado escribiendo y acumulando cartas para entregárselas cuando llegue aquí, para que sepa que no la he olvidado.
La ilusión de volver a verla amenaza con partirme el corazón en dos.
No he podido abrazarla ni asegurarle que todo saldrá bien, no desde el día en que nos sacaron de nuestra casa, después de ver cómo morían nuestros padres, con doce horas de diferencia uno del otro, y luego nos mandaron a hogares de acogida por separado.
Yo tuve suerte de acabar en Tirvainne con Xaden, en casa del duque Lindell, que consiguió ocultarle al rey Tauri su lealtad a la Rebelión, pero Sloane no fue tan afortunada.
Se oye otro grito distante, esta vez del norte, pero no nos giramos para mirar. Está lo bastante lejos como para que no corramos ningún peligro inminente.
Xaden observa mi figurita.
—¿Es él? ¿El Rojo Cola de Daga?
Asiento.