Bodhi #3
«Perdóname, Xaden». Lo ha arriesgado todo, lo ha dado todo por mí, y yo lo he malgastado.
Algo me estruja las costillas y me levanta del suelo justo en el momento en que la muerte viene a mi encuentro. Noto el viento en la cara y el calor por debajo, elevándose deprisa.
Cuando por fin abro los ojos, me quedo sin respiración. El suelo se aleja y la bola de fuego se va disipando a medida que gano altura hacia el cielo, sujetado por dos inamovibles garras verdes.
Cuir.
— Sé lo importante que es el libre albedrío para ti, lo que se te ha arrebatado. —Una voz masculina, ligera y cálida me atraviesa la mente, y una sensación que me recuerda a mi hogar encaja en su sitio—. Siempre te daré la opción de elegir.
Hostia puta, no estoy muerto. Paso los brazos por encima de la garra que se curva en torno a mi pecho y me agarro con fuerza.
— Pero no siempre respetaré o aceptaré tus decisiones —me advierte mientras volamos—. Así que elige ahora, Bodhi Durran. Puedes ascender y aceptar este vínculo o caer y reunirte antes de tiempo con esos progenitores que tanto añoras.
¿Qué coño estaba pensando al cargar contra un dragón que no había promovido ningún vínculo?
— No te culparé por ese error, pero tampoco toleraré que me rechaces. Así que elige. Ahora. —Su tono no coincide en absoluto con sus palabras.
—¡Ascenderé!
Me impulso desde la garra y él la afloja lo justo para que pueda subirme encima. La mantiene horizontal, ofreciéndome una plataforma donde plantar los pies y agarrarme a la primera escama.
— Tu tiempo se acabará cuando nos reunamos con los demás.
Nada como un tiempo límite para ponerme en marcha. Esto no se parece en absoluto al Guantelete, no es algo para lo que nos hayan preparado, pero se me da de maravilla adaptarme cada vez que las cosas no salen como tenía previsto.
Escama a escama, escalo por la pata delantera de Cuir resistiendo el viento y la gravedad mientras nos dirigimos al campo de vuelo.
—¡¿Por qué yo?! —le grito al viento cuando me acerco a la protuberancia de sus hombros, conteniendo el impulso de maravillarme con sus alas.
— Porque buscas poder para terminar con el dolor, para ti no es un medio para lograr la victoria. —Recoge las patas delanteras y quedo colgado a cientos de metros del suelo—. Y esa es una cualidad única entre los jinetes.
Hundo los dedos en el borde de las escamas y me aúpo con una lentitud insoportable. Me arden los músculos de los hombros, los brazos y el pecho, pero lo consigo. Apoyo los pies en la parte inferior de su hombro y repto el resto del camino hasta la parte superior, resollando.
Él gira a la derecha y el peso de mi cuerpo me lleva hasta la base de su cuello.
—¡Podrías habérmelo puesto un poco fácil! —exclamo tumbándome sobre su lomo para no salir volando por el otro lado.
— Y tú podrías no haber intentado vincularte a otro dragón.
No le falta razón.
Avanzo hacia el asiento con unos movimientos más parecidos al serpenteo de una víbora que a un gateo. Los parches se me enganchan en sus escamas cuando me impulso hacia delante, y luego me deslizo por el bulto duro de la escama del pomo.
— Tus habilidades para la escalada son superiores a las que posees para el razonamiento —me reprende Cuir, que se estabiliza y yo recojo las piernas, arrodillándome para girar en el asiento.
—Ya lo sé.
Me acomodo y me doy cuenta de que he dejado unas manchas oscuras en las escamas del pomo. Aprieto los muslos, me miro las manos y noto que una descarga de dolor me sube por los brazos cuando descubro que me he sajado las yemas de los dedos durante la escalada.
— Conjeturo que no será la última vez que sangres por mi lomo si demuestras ser tan imprudente como hoy. Y pensar que he postergado vincularme a este año solo por ti...
A juzgar por nuestra posición, he llegado al asiento poco antes del tiempo límite. Estaremos en el campo de vuelo en pocos minutos. Ya veo a los demás dragones alineados en el borde de la colina, observando, y otros que vuelan a distintas alturas a nuestro alrededor.
—No soy impru... —Me interrumpo antes de engañarlo—. Procuraré trabajarlo.
— Más te vale. Mis decisiones ahora están unidas a las tuyas.
Comienza el descenso hacia el campo de vuelo, y entonces tomo conciencia de verdad.
Me ha elegido.
De todos los jinetes del valle, yo he sido su elección.
Podría haberse vinculado el año pasado. Podría haber escogido a Xaden, como todo el mundo.
— Te elegiré siempre a ti, hasta tu muerte o defunción —dice Cuir.
¿No significan lo mismo?
Trago saliva para deshacer el nudo que se ha instalado en mi garganta por la emoción.
—Y yo te elegiré a ti por encima de todos los demás. —Es una promesa que no me tomo a la ligera—. Los Durran siempre cumplen su palabra.
Sonrío al recordar a mi padre, y luego echo atrás la cabeza, hacia el sol, mientras Cuir y yo surcamos el cielo. Puedo cumplir las promesas que les hice a mis padres. Ahora soy jinete; no volveré a estar indefenso.
— Recuerda este juramento. —Se inclina hacia la derecha y, esta vez, cambio el peso del cuerpo de lado y nos movemos como uno solo—. Te tomo la palabra .
Durante el resto de mi vida.