El día de la Trilla (Empíreo 3.5) Bodhi #2
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Bodhi #2

—Relájate —me susurra Xaden—. No va a calcinarte.

¿Y eso debería ser reconfortante?

—¿Y tú qué coño sabes? —respondo con la misma voz queda.

Los cadetes se giran en grupo hacia el dragón rojo y el primer necio desenvaina una espada.

—¡Se suponía que íbamos a acercarnos por la derecha! —insiste la muchacha lanzándose en esa dirección.

«No, no. Los rojos prefieren la izquierda».

El dragón sigue el movimiento con la mirada antes de levantar una garra y aplastar a la cadete contra el suelo con una serie de nauseabundos crujidos.

Hostia puta.

—Idiota —murmura Xaden, pero no se mueve.

Deberíamos advertirles que no vayan en grupo. Aunque nos odien por el mero hecho de existir, es lo correcto. Abro la boca y...

—¡Desi! —grita el muchacho de la espada.

El dragón enrolla la lengua y el fuego brota de su boca como un río de lava. Los demás cadetes ni siquiera tienen tiempo de gritar antes de quedar reducidos a cenizas. Se alza una columna de humo en el lugar en que estaban y el dragón resopla una vez antes de volverse hacia el oeste.

Y así, sin más, hay cuatro cadetes muertos.

—Por eso no hay que acercarse a los dragones en grupo —dice Xaden—. Norwood dormirá más tranquilo esta noche.

Doy un paso para salir de detrás del árbol y observo cómo el Rojo Cola de Escorpión se marcha.

—Vámonos.

—¿Y si es el mío? —inquiero, y continúo observando cómo el rojo agita la cola.

—No lo es —contesta Xaden, con tanta certeza, que me giro hacia él y enarco las cejas.

—¿Y eso quién lo dice?

—Sgaeyl. —Se impulsa para apartarse del árbol y pasa andando por mi lado—. Venga, Cuir te está esperando.

—¿Cuir? —repito como un puto loro, siguiendo a mi primo. Repaso a toda velocidad la lista de dragones dispuestos a vincularse—. ¿El Verde Cola de Espada?

—Sí —afirma él cuando lo alcanzo—. Sgaeyl dice que Cuir te espera en una pradera, hacia el sur.

Siento que me inundan el cuerpo tantas emociones a la vez que no soy capaz de identificarlas todas, pero se mezclan un arrebato de alegría por que me hayan elegido, y una punzada de... algo..., por que me hayan avisado.

—¿Es que Sgaeyl ha escogido a mi dragón por mí?

Xaden se ríe.

—Sgaeyl no es precisamente una casamentera. Se ha limitado a transmitirme la información.

—Eso no es normal. —Cierro con fuerza los puños.

—Esto —Xaden señala la reliquia de la Rebelión en su brazo izquierdo— hace que nada de lo que nos ocurra aquí sea normal. No puedo explicártelo.

—Yo creo que sí. —Le sigo el ritmo porque sé que me dejará atrás si intento chantajearlo y me detengo a esperar a que me dé una respuesta que claramente no quiere darme.

No hay nadie más tozudo que él en este mundo, a excepción, quizá, de Sgaeyl—.

Eres la única familia que me queda, te considero más hermano que primo, así que más te vale decírmelo.

Él me mira de reojo cuando nos acercamos a la pradera y, al fin, asiente.

—Es posible que los dragones dispuestos a luchar en esta guerra por nosotros estén buscando jinetes con reliquias de la Rebelión.

—Por supuesto que están dispuestos a luchar contra Poromiel, porque si no, no querrían vincularse a... —Me interrumpo—. Ah, lo dices por...

—Correcto.

Se me forma un nudo en la garganta.

—¿Me estás diciendo que ya han decidido por nosotros?

Por los dioses, ¿es que todo lo que me pasa en esta puta vida lo deciden otras personas?

—Solo es una teoría —se apresura a decir, mirándome a los ojos—.

Sgaeyl me contó lo de Cuir porque sabe que me preocupo...

—Tuerce el gesto—. No, no es verdad. A veces creo que disfruta viendo cómo me angustio.

Sabe que no me iré de este bosque hasta que te vincules, y Garrick y yo tendríamos que estar en otro sitio.

—Levanta un dedo—. Sí, te lo contaré todo cuando te vincules.

—Un día, esa incapacidad que tienes de ser completamente sincero con la gente se volverá en tu contra.

—Lo dudo. Mi capacidad para guardar secretos es lo que hace que la gente siga viva. —Las hojas danzan con una ráfaga de viento que huele a azufre—. Pero ya te aviso de que voy a necesitar tu ayuda.

El pecho se me hincha con una sensación de propósito. Asiento con la cabeza antes de responder:

—Haré lo que necesites.

—Ya lo sé.

Intercambiamos una mirada y seguimos caminando hacia la pradera donde me espera mi futuro.

Últimamente tengo muy pocas oportunidades de estar con Xaden a solas, sobre todo con el addendum en vigor, así que aprovecho la ocasión.

—¿Vas a ver a Cat? ¿Ahí es donde deberías estar?

—Joder, no. —Hace una mueca—. Cuanto menos tiempo pase con ella, mejor. No vale la pena el viaje cuando lo único que hacemos es tocarnos las narices. No sé cuánto más... —Se pasa la mano por el pelo—. Da igual.

—Te mereces ser feliz —susurro, y me doy cuenta de que, por alguna razón, es lo más estridente que podría haber dicho en un bosque lleno de dragones.

—¿Y qué es esa felicidad tan esquiva de la que hablas? —Examina el bosque que nos rodea, siempre en guardia.

—Creo que es el amor. —Asiento para mí mismo—. Como lo que tenían mis padres. Amor, una familia y un futuro más allí de la tristeza... O, al menos, contar con alguien que haga que la tristeza valga la pena.

—Me gustaría que vivieras algo así.

—Y a mí me gustaría que lo vivieras tú. —Vuelvo a cerrar con fuerza los puños—. No soporto que estés prometido a una persona con la que no quieres vivir eso. No soporto que no tengas ni voz ni voto en el asunto. Muchos días me levanto y deseo que todo esto tan solo... se acabe.

—¿El compromiso? —Xaden frunce el ceño.

—Las guerras. Las pugnas. La indefensión, incluido tu compromiso.

—No hace falta que te preocupes por mí, Bodhi. —Me rodea los hombros con el brazo—. Soy yo el que se responsabiliza de ti, no te olvides.

—No hago otra cosa que preocuparme por ti —balbuceo—.

¿Crees que no veo en lo que te está convirtiendo este sitio?

Apenas te reconocí cuando te presentaste en julio.

Ya prácticamente no sonríes, y nunca te ríes.

Te he visto matar en la estera cuando te bastaba con noquear a tu contrincante, y no has avisado a esos cadetes de primero de que el rojo los iba a calcinar por ir en grupo.

Deberías romper el compromiso. A tomar por culo el acuerdo que pactó mi tío Fen.

Te apoyaré frente al consejo, y lo sabes. Mantendré mi palabra.

«Los Durran siempre cumplen su palabra». La voz de mi padre se me cuela en la memoria.

—Ya lo sé. Lo que me está cambiando no es el compromiso. —Xaden me da un apretón breve y luego deja caer el brazo—. Además, en el fondo, ¿qué más da en lo que me esté convirtiendo si logro protegeros a ti, a Garrick, a Liam, a Imogen, a Sloane, a Soleil...?

—No hace falta que menciones a todos los marcados —replico. Nos estamos acerando a la hilera de árboles que delimita la pradera—. Ya lo pillo.

—No, no lo pillas. —Hace una pausa y me paraliza con una mirada que infundiría miedo en la mayoría de los cadetes del cuadrante—. Pero lo pillarás. Porque tú tampoco has alertado a los cadetes de antes, y no es que me importe saltármelo, pero el Código me obliga a no interferir. ¿Cuál es tu excusa?

Cierro la boca con firmeza. De pronto, se instala un vacío en mi estómago porque tiene razón, aunque me cueste admitirlo: podría haber intervenido y haberles dicho algo a los cadetes.

Xaden alza la vista al cielo, respira hondo y luego vuelve a mirarme.

—Este sitio cambia a todo el mundo, y tú no eres la excepción.

—Podemos impedir que lo haga —susurro.

—Si no cambiamos, moriremos. —Su expresión se suaviza hasta adoptar algo parecido a la pena.

—¿Qué pensarían nuestros padres? —El pulso se me acelera cuando le doy la espalda a mi primo y entro en la pradera.

—Nuestros padres pensarían que a aquellos cadetes ya los había advertido Kaori, y han sido ellos los que han decidido no hacer caso de sus consejos. ¡No podemos salvar a todo el mundo, Bodhi! —grita Xaden a mi espalda.

Un enorme Azul Cola de Garrote que no aparecía en la lista de Kaori espera en el centro del claro, en todo su esplendor. Tiene las garras extendidas en el suelo y, encima de una cicatriz que le divide el morro, un par de ojos dorados entrecerrados me observan.

—Bodhi... —Las palabras de Xaden mueren en el borde de la pradera, detrás de mí—. Joder, ese no.

No es Cuir, el dragón verde al que me han dicho que iba a vincularme.

A la mierda. Estoy harto de que otros decidan por mí. A lo mejor no llevo el apellido Riorson, pero me corre la misma sangre por las venas y puedo enfrentarme a un azul.

Echo a correr a toda velocidad, acompañando el esprint con el movimiento de los brazos mientras mis pies devoran la distancia que me separa de la criatura.

—¡Bodhi! —vuelve a gritar Xaden—. ¡No!

A simple vista, ocurren tres cosas al mismo tiempo.

El azul agacha la cabeza y abre la descomunal mandíbula, enrosca la lengua y el fuego se le acumula en la garganta. Cuando las sombras se arremolinan en el suelo frente a mí, me doy cuenta de que he cometido el mayor error de mi vida y estoy a punto de pagar las consecuencias.

Me protejo con los brazos como si tuviera alguna oportunidad de salvarme del infierno que se avecina, y se me aparece el rostro de mi madre en la mente.

«Esto es más importante que cualquiera de nosotros, Bodhi.

—Me estrujaba entre sus brazos, como si pudiera infundirme una vida entera de amor si se esforzaba lo suficiente—.

Si nos quedamos parados mientras la maldad consume a los más inocentes, nos mereceremos lo que nos ocurra cuando llegue a nuestra puerta.

No te separes de Xaden. Te protegerá, y tú le ayudarás a no perder el equilibrio. Os necesitáis».

Cierro los ojos cuando el fuego ruge en mi dirección, recordando el aroma a lilas, su perfume, el último beso que me dio en la frente antes de dirigirse a la batalla con mi padre. Tal vez hoy conozca a Malek, pero también tendré la oportunidad de ver a mis padres. El calor me besa el rostro.