Bodhi
Cuir: Verde Cola de Espada
(Macho) Descendiente de la estirpe de Uaineloidsig
— Compendio de los dragones , actualizado por última vez por el coronel Valin Kaori
—¿Alguna duda más? —pregunto haciendo contacto visual con cada uno de los tres marcados.
Esperamos en la linde del bosque, y aunque tengo el corazón desbocado, mantengo una expresión neutra; decirles que yo también estoy aterrorizado no contribuye en absoluto a nuestra causa.
A pesar de que los dragones disfrutan si se les muestra cierta deferencia, también suelen achicharrar a los cadetes que están excesivamente asustados.
Y si hay algo que se me da bien es guardarme mis sentimientos para mí.
—Cuidado con los cadetes que os tengan ojeriza, buscad a vuestros dragones y no os muráis; creo que esto lo resume todo.
Imogen Cardulo se aparta de los ojos un mechón corto de su pelo rosa antes de lanzarme una mirada que me dice que mi charla motivadora previa a la Trilla no ha sido muy motivadora, que digamos.
No puedo culparla. No soy ni mucho menos un líder, ni tampoco he querido serlo nunca.
Mi primo Xaden se quedó con todos los genes inspiradores y magnéticos de la familia, y yo con los que sobraron.
Normalmente no le doy muchas vueltas a la distribución de nuestros talentos; él nació para liderar el ducado de Aretia, y un carisma como el suyo no desaparece solo porque Navarre despojara a mi tío de su título antes de ejecutarlos a él y a mis padres de la misma forma que arrasó con nuestra ciudad.
Soy hábil dirigiéndolo todo entre bambalinas para que Xaden se sienta libre de hacer sus mierdas de Xaden. También se me da de maravilla evitar que Xaden se pase siendo... Xaden. Es un delicado equilibrio entre apoyar a mi primo y asegurarme de que no acaben matándolo por su implacabilidad.
La mayoría de los días agradezco tener esa función, pero hoy me gustaría poseer un ápice de la confianza que hizo que se vinculara a Sgaeyl y se convirtiera en uno de los jinetes más poderosos del cuadrante para ser un cadete de segundo.
Hoy me encantaría tener el mismo poder que él para inspirar a los demás y, así, quitarles el miedo a mis amigos. Pero, sobre todo, y aunque solo fuera hoy, me gustaría adentrarme en el bosque siendo yo mismo, que me vieran como algo más que el primo de Xaden Riorson.
De hecho, hay veces en que me siento como una de las proyecciones que hace Kaori de mi primo; me parezco lo bastante a él para recibir tanto odio como respeto, en función de quién me mire, pero me falta el poder para influir tanto como él.
Sin embargo, le prometí a Xaden que lideraría a los demás cada vez que pudiera, y los Durran siempre cumplen su palabra. Además, le prometí a mi padre que no rompería jamás esa tradición, y no era un farol.
—Creo que ya lo hemos entendido —coincide Ciaran, que tiene la tez algo más colorada que de costumbre.
—Así me gusta... —respondo, y me permito echar un vistazo al lugar en que el coronel Aetos charla con su hijo. El corazón se me acelera al ver que el coronel me devuelve la mirada—. Tenemos que dispersarnos. Ya.
Aunque estamos en un acto oficial del cuadrante, que los cuatro estemos juntos y solos nos sitúa en un vacío legal del Reglamento de Conducta.
Los otros miran hacia atrás y todos se ponen algo nerviosos, incluso Imogen.
—Limitaos al oeste —les recuerdo—. Nos vemos esta noche.
Todos asentimos y luego nos dividimos para adentrarnos, cada uno en una dirección, en el sombrío bosque del valle de la Trilla. Yo tomo el camino más occidental, siguiendo mis propias instrucciones, y los demás desaparecen tras una variedad incontable de árboles.
—El discurso no ha estado nada mal.
—¡Me cago en la hostia! —Me llevo la mano al pecho cuando Xaden aparece a mi lado, como si hubiera estado caminando junto a mí desde hace un rato. Niego con la cabeza—. A ver cuándo dejas de hacer eso.
Se ha convertido en una amenaza con esas sombras suyas, pero agradezco la cobertura que nos ofrecen cuando necesitamos intimidad. Algo que aquí es bastante habitual.
—¿Debería? —Pierde la sonrisa deprisa—. Lo digo en serio, lo has hecho bien. Ciaran se ha ido con más convicción de la que tenía al llegar.
—Podría haberlo hecho mejor, pero no soy como tú. —Me sale un tono algo más arrogante de lo que pretendía.
—Y nadie te pide que lo seas. —Me lanza una mirada y luego me agarra de los hombros y me gira hacia él.
Nos detenemos en mitad del bosque, y clava en mí los ojos antes de inclinarse ligeramente hacia abajo para que nuestras miradas estén al mismo nivel—.
Bodhi, nadie te pide, espera o quiere que seas como yo.
—Ya. —Me obligo a esbozar una sonrisa rápida—. Claro. Solo si te mueres, ¿no?
Como no puede ser de otra manera, Xaden capta la ironía.
—No voy a morir, y aunque muriese, ya no estamos en la posición del «heredero y el de repuesto». —Enarca la ceja que Sgaeyl le hirió el año pasado—. Ya no tenemos ningún título que defender, ¿te acuerdas?
—Eso es verdad. —Suspiro—. Pero el consejo...
—Al consejo que lo jodan. Estoy haciendo más que suficiente para tenerlos contentos.
—Me coge de la nuca—. Eres excepcional, y vales tanto como mil tíos iguales que yo.
Mantienes la calma cuando yo pierdo el raciocinio, y la estabilidad cuando a mí se me va la cabeza.
Has heredado todas las cualidades admirables de tu madre, mientras que da la impresión de que yo he adquirido todas las cualidades deshonrosas de mi padre.
—Me suelta y luego me alborota los rizos de la coronilla como si volviéramos a ser niños—.
Si te parecieras demasiado a mí, perderías parte de tu excelencia.
—Gracias. —Esta vez mi sonrisa, apenas visible, es genuina, y reemprendemos la marcha hacia las profundidades del bosque.
Vaya, otra de las habilidades que ha desarrollado a lo largo del último año y de la que yo carezco: el don de decir lo que alguien necesita oír cuando más falta le hace.
—Sabes que no deberías estar aquí —le recuerdo.
—Estoy observando. —Se encoge de hombros, y las espadas que lleva a la espalda suben y bajan con cada movimiento que hace.
Yo prefiero llevar las mías en la cadera.
—¿Sin interferir?
—¿En serio me crees capaz de saltarme el Código cuando nadie me mira? —responde con sarcasmo.
—O sea, que solo me estás observando a mí. —Tenso la espalda—. ¿Por qué? ¿Crees que no puedo conseguirlo por mi cuenta?
—No —repone—. Solo he venido a traerte un mensa...
De repente, me pone una mano en el pecho y volvemos a pararnos, y entonces gira la cabeza hacia la izquierda. Un segundo más tarde, oigo voces aproximándose por el sureste.
Joder, incluso tiene mejor oído que yo.
—Lo que pasa es que me parece injusto que cuenten con las mismas oportunidades que nosotros —se queja un chico que camina con otros tres cadetes del Ala Uno.
Reconozco la voz: es el que le partió la nariz a Norwood hace unos días, durante el desayuno. Él y sus amigos están decididos a hacer que la vida de los marcados del Ala Uno sea un infierno.
Las sombras se arremolinan a nuestro alrededor mientras Xaden y yo nos refugiamos sigilosamente tras el árbol más cercano.
—Sus padres estuvieron a punto de destrozar este reino —coincide una chica.
Fantástico, están hablando de nosotros. Aprieto la mandíbula. Si tuvieran la más mínima idea de lo que ocurre en realidad fuera de nuestras fronteras, tal vez entenderían las decisiones que tomaron nuestros padres.
—¿Verdad? —responde el primero—. Y ahora tienen dos líderes de pelotón. ¿Te imaginas que te gradúas y te ponen bajo el mando de un puto separatista?
A Xaden se le curva la boca hacia arriba, y yo reprimo una sonrisa.
El hecho de que tanto él como Garrick sean líderes de pelotón de nuestra ala parece sacar de quicio a los navarrenses, pero, para los que llevamos reliquias de la Rebelión, es motivo de orgullo.
Tan solo los cadetes más excepcionales acaban siendo líderes de pelotón, y saber que tanto Xaden como Garrick han llegado a puestos de liderazgo nos da esperanzas al resto de que no solo no nos juzgarán por las acciones de nuestros padres, sino que tal vez nos permitan demostrar lo que valemos por nuestros propios méritos.
No decidimos venir, pero ahora que estamos aquí, al menos podemos tomar nuestras propias decisiones.
—Bastante tenemos con un Riorson al mando, pero es que encima su doble está escalando puestos en el Ala Cuatro, justo por debajo de él —se queja otra chica, y las voces aumentan de volumen a medida que el grupo se acerca.
Se me borra la sonrisa al oírlo. ¿Mi primo y yo nos parecemos? A ver, la genética es innegable, pero no tenemos los mismos ojos, ni la misma complexión, ni el mismo pelo, ni el mismo cuerpo. Él me saca cinco centímetros y pesa al menos diez kilos más que yo.
Xaden me llama la atención, levanta la mano y señala al sur, donde una mancha roja asoma entre los densos árboles.
Un Rojo Cola de Escorpión se acerca. Contemplo las relucientes escamas rubí y me concentro en mi interior, tratando de localizar lo que Kaori insiste en que deberíamos sentir cuando se desarrolla el vínculo con un dragón en concreto para saber que es nuestro.
—Y se están ayudando mutuamente —masculla el primer chaval—. Durran lucha igual que Riorson. Por eso todavía no ha perdido ni un solo reto.
Xaden y yo sonreímos. A ver, eso es verdad. Me muero por verles la cara en cuanto Liam llegue aquí el año que viene y los machaque a todos en la estera. Xaden se pasó años entrenando con él.
Recorro con los dedos el parche del Guantelete que llevo recién bordado en el pecho del uniforme. Seguro que Liam llevará uno igual el año que viene. Es el mejor de todos nosotros.
El dragón rojo se muestra por completo al cruzar el amplio espacio entre dos árboles, y el corazón me da un vuelco al ver que les gruñe a los cadetes.
Las proyecciones de Kaori son espléndidas, pero no transmiten la misma amenaza ni pavor que sientes cuando ves a uno de cerca.
Y mucho menos la cantidad de colmillos que poseen.