El día de la Trilla (Empíreo 3.5) Xaden #5
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Xaden #5

El viento aúlla entre los árboles, y la nieve vuelve a caer mientras Sgaeyl y yo mantenemos un duelo de miradas en mitad del claro vacío.

— Sabes quién soy. —No es una pregunta.

—Todo el mundo sabe quién eres, Sgaeyl. Ser la más despiadada de tu especie acarrea una reputación.

— Ya es algo que tenemos en común, nieto de Maxim Riorson . —Agacha la cabeza en posición de combate.

Frunzo el ceño y el dolor vuelve a azotarme a medida que el ojo izquierdo se me va cerrando por la inflamación.

—Mi abuelo era Corbin Riorson. Maxim era mi tío abuelo.

Ella me mira desconcertada.

— Si tu abuela lo dice, supongo que será verdad.

¿Qué cojones...? La cabeza me da vueltas. ¿Eso significaría que...? No. Mi padre es el mellizo mayor y...

— No le des más vueltas. —Me examina—. ¿Por qué has matado al principito?

—Si me estás hablando es que puedes ver lo que tengo en la cabeza, así que ya conoces la respuesta.

El ojo izquierdo se me cierra por completo. Adiós a la percepción de profundidad.

— No solo exijo una honestidad rigurosa por tu parte, sino que seas también rigurosamente honesto contigo mismo, Xaden Riorson. —Su mirada se intensifica, pero me mantengo firme—. Y si tengo que limpiar tus chapuzas, al menos deberías admitir cuál es la causa.

—Acosaba a mi mejor... —Me interrumpo antes de terminar la frase—. Soy responsable de las ciento siete almas que marcan mi espalda.

— Eres responsable de su lealtad hacia Navarre, no de sus vidas.

—Yo no lo veo así. —Cierro con fuerza los puños mientras busco las palabras adecuadas, las palabras sinceras—. He matado a Alic porque podía. Porque he visto la oportunidad de librar al mundo de alguien como él y la he aprovechado.

Sgaeyl me escucha en silencio. Sus ojos son una fuente constante de juicio, y es muy probable que me considere indigno de ella, sobre todo si ha vislumbrado mis recuerdos. Pero, si ya los ha visto, no tiene sentido que oculte mis razonamientos.

—Me sentí impotente el día que mataron a mi padre.

Estaba presente cuando lo redujeron a cenizas.

Yo y todos los demás. Y juré que jamás volvería a sentirme así, que jamás me quedaría de brazos cruzados si masacraban a mis seres queridos.

—Trago saliva para deshacer el nudo que se me ha formado en la garganta—.

No puedo salvar a los ciento siete, soy más que consciente de ello.

Y no tengo complejo de héroe, no soy así.

Lo que sí tengo es una misión, y necesito que todos los marcados posibles sobrevivan en este sitio para poder lograrla.

Soy el responsable de su lealtad, sí, pero entregándoles la mía también me aseguro la suya.

— Crees que desaprobaré tu misión. —Su voz me retumba en la mente, pero no llega a ser un gruñido—. O que te mataré por romper las normas del cuadrante.

Me resulta casi imposible no estremecerme.

—Eres una dragona del Empíreo, pareja de Tairn, el segundo dragón más grande del Continente. Es bien sabido que perdió a su último jinete debido a la rebelión de mi padre, así que no tengo claro qué pensará de... mí.

— Quien debe tomar esta decisión no es él, ¿me equivoco? —Siento una nube de vapor en la cara, tan ardiente que casi espero que la piel se me llene de ampollas y, joder, cómo duele—. Vivirá con mi decisión, y sospecho que algún día yo tendré que vivir con la suya.

No cuestiones sus decisiones. Entendido.

—Te ofreceré mi honestidad si tú me ofreces la tuya. —Respiro con firmeza, y Sgaeyl entorna los ojos hasta formar apenas dos hendiduras—. ¿Sabes lo que está pasando en el Continente? —Señalo detrás de mí—. ¿Sabes por qué mi padre intentó separarse de Navarre?

Se hace un silencio tan largo que me pregunto si llegará a responderme.

— Sí.

Asiento.

—¿Y sabes qué haré con el poder que me canalices?

—¿ Y tú? ¿Lo sabes tú, Xaden Riorson? —Se acerca tanto que podría alargar el brazo y tocarle el morro si me atreviera—.

No debes cuestionarme. He visto tu alma, cada recuerdo que te atormenta, cada pensamiento vil, cada deseo malévolo de venganza.

Soy conocedora de todas tus ruinas y, aun así, veo el potencial de todo aquello en lo que podrías convertirte. Lo veo todo.

Siento una opresión en el pecho. Me está eligiendo, no hay duda.

Ni siquiera Garrick conoce la profundidad de lo que soy capaz de hacer, de lo que le oculto a todo el mundo. Mi madre me abandonó. Mi padre está muerto. No hay una sola persona en el Continente que sepa de verdad quién soy.

Hasta ahora.

— Dilo. —Los ojos casi le refulgen por su intensidad—. Dime lo que harás con todo este poder cuando completes tu misión.

Pienso serle completamente sincero.

—¿Si sobrevivo a la misión? —Aflojo una milésima de centímetro la correa del monstruo—. Nada me gustaría más que reducir este sitio a cenizas.

Para un dragón, no hay nada más sagrado que el valle, los terrenos de cría son la razón por la que construyeron aquí Basgiath: para que los protegiera. A efectos prácticos, es como si le estuviera ofreciendo mi cuello.

Sgaeyl levanta la cabeza.

— Y así comienza todo.