El día de la Trilla (Empíreo 3.5) Xaden
22%

Xaden

Sgaeyl: Azul Cola de Daga

(Hembra) Descendiente de la estirpe de Gormfaileas

NOTA: NO ACERCARSE A ELLA EN NINGUNA CIRCUNSTANCIA.

— Compendio de los dragones , actualizado por última vez por el coronel Valin Kaori

Los de primero entran en el bosque al sur de nuestra posición cuando la nieve comienza a caer, pero espero en el lindero de los árboles con los otros marcados mientras la multitud se apresura con un entusiasmo que nunca llegaré a comprender.

Aunque, ahora que lo pienso, dudo que a estos navarrenses les preocupe que un dragón vislumbre sus secretos más íntimos, más ocultos; sus pensamientos, los recuerdos que los despiertan en mitad de la noche, bañados en un sudor frío. Están aquí porque se han ofrecido voluntarios.

A ninguno lo han arrojado al Cuadrante de Jinetes porque sus padres fuesen los líderes de la apostasía, el término tyrrish para nuestra revuelta.

Ese honor nos pertenece a los diez que estamos aquí, con reliquias de la Rebelión que nos envuelven el brazo izquierdo, una marca que la mayor parte del reino cree que fue un «obsequio» del dragón del general Melgren tras la ejecución de nuestros padres, tres años atrás.

Los que tenemos algo que ocultar somos nosotros, aquellos cuyos padres lideraron una rebelión justa y por el bien común solo para perderla, aquellos a los que el resto de los cadetes de este infierno al que llaman colegio quieren ver muertos.

Y, como hijo de Fen Riorson, mi función es que todos salgamos de aquí vivos.

Marcados . Separatistas . Traidores . Llevan años escupiéndonos esas palabras, pero nos hemos acostumbrado a los insultos. Que los vencedores deshumanicen a los vencidos es un cliché con el que hemos aprendido a convivir.

Nos hemos ayudado en secreto mutuamente siempre que hemos podido, tanto en cuestiones académicas como durante la preparación del Guantelete y en las esteras, pero poco puedo hacer con los dragones escupefuegos que nos esperan en el bosque, y eso me está matando.

—¿Cuándo crees que deberíamos irnos? —me pregunta con voz queda Garrick, a mi derecha.

Aún no se le ha curado el labio de la última vez que Alic Baran le tendió una emboscada mientras dormía.

Odio a ese puto acosador casi tanto como odio al necio de su padre.

Soleil me mira desde la izquierda, esperando la misma respuesta.

—Aún no. —Mantengo un tono bajo—. No vamos a darles la espalda si podemos evitarlo.

Los dos asienten y les hacen llegar el mensaje a los compañeros de sus respectivos lados.

—¿Estáis preparados para morir, putos separatistas? —escupe Amber Mavis en nuestra dirección, entornando los ojos azules justo antes de apretar el paso para alcanzar a un puñado de sus compañeros de pelotón.

Es la última navarrense que entra en el valle. Que la jodan a ella y a su complejo de superioridad.

Cierro con fuerza los puños, pero respiro hondo y me trago el mal humor. No es la primera vez que oímos algo así, y dejar que me domine la ira no me servirá de nada.

Cuando nos adentremos en el bosque, la suerte estará echada (es tan probable que nos maten esos cadetes como los dragones), pero Kaori sigue vigilando, y soy lo bastante listo para no romper el Código delante de un profesor.

Carraspea para recordarnos que sigue interponiéndose entre nosotros y el bosque; como si hubiera alguna posibilidad de que lo hubiésemos olvidado...

—Hablar con más de tres de los vuestros a la vez es una oportunidad que no se me concede jamás. Por tanto, en virtud del quinto addendum del Reglamento de Conducta, voy a aprovechar la ocasión —dice Kaori, y le caen copos de nieve en el pelo negro antes de fundirse.

Nunca nieva tan pronto en Basgiath, pero hoy ha llegado un frente frío que nos ha obligado a sacar los pesados uniformes de invierno y las capas. No puedo evitar preguntarme si la general Sorrengail está tocándonos los cojones con el clima solo para complicarnos aún más la vida. No me sorprendería.

Puede que ella y yo hayamos acordado que los marcados entremos en el cuadrante para no acabar en el tocón del verdugo, pero también es la oficial que dio caza a nuestros padres.

Por muchas ganas que tenga de colarme en el campus principal para arrebatarle la vida a su hija menor, solo para que saboree el dolor que soportamos cada día los ciento siete, lo único que conseguiría sería que mataran al resto de los míos.

De momento, tendré que contentarme con saber que aún llora la muerte de su hijo mayor.

—Sé que el cuadrante no ha sido fácil para ninguno de los diez.

—A Kaori le aparecen unas arrugas de preocupación entre las cejas oscuras cuando observa la fila de nuestro grupo.

Él y Devera son los únicos profesores que no nos tratan como a parias.

Estoy bastante seguro de que el resto está cruzando los dedos para que los dragones acaben con nosotros y evitar así el riesgo de que nos convirtamos en nuestros padres—.

Pero he visto lo que ocurre después de la Trilla, cómo cambian las dinámicas de poder cuando os vinculáis a dragones poderosos.

Os prometo que los demás dejarán de atacaros en cuanto tengáis un dragón cubriéndoos las espaldas.

No respondemos.

—En fin. —Kaori se limpia la nieve del pelo—. Vigilad con Cruinn, Raighmur y Tealach. Todos perdieron a un jinete durante la Rebelión, y estarán...

—¿Contentos si nos comen? —sugiere Carrigan Wyckley a mi izquierda, junto a su gemela idéntica.

Ambas están en el pelotón de Amber Mavis, en el Ala Tres, y no me cabe ninguna duda de que Amber aprovechará la falta de supervisión de hoy para deshacerse de ellas. Menos mal que la mayoría somos unos combatientes excelentes, incluidas las gemelas.

—Que los dragones se comen a la gente es, en realidad, una falacia. —Kaori intenta sonreírnos—. Sí, no os negaré que pueden ingerir a una persona si necesitan ese aporte calórico, pero...

—Entendemos lo que quiere decirnos, profesor —lo interrumpe Garrick antes de que comience a darnos una lección completa.

—Me alegro. —Kaori asiente y da una palmada—.

Pues nos vemos en el campo de vuelo. Recordad que debéis dividiros cuando entréis en el bosque.

Tenemos a algunos estudiantes de segundo y tercero que comprobarán si respetáis el Reglamento de Conducta.

—Se marcha hacia la colina y nos deja a los diez en la linde del bosque.

Nueve pares de ojos se posan sobre mí.

—¿Crees que sospecha algo? —pregunta Bryn, y levanta la mano izquierda, donde los remolinos relucientes de su reliquia, más parecida a un tatuaje, le asoman por el uniforme, justo debajo de la muñeca.

—Lo dudo.

Aprieto la mandíbula, frustrado. Saber todo lo que está ocurriendo a nuestro alrededor es imposible, pero no saber quién conoce nuestros secretos podría acabar matándonos.

Las reliquias de nuestro brazo no solo nos identifican como hijos de traidores, son más que eso, pero cuanto más tiempo podamos ocultar esta información, mejor.

—¿Alguna última píldora de sabiduría antes de que nos separemos? —Soleil se abrocha la capa debajo del cuello.

—Tened un arma lista en todo momento. —Levanto la mano por encima del hombro y desenvaino una de las dos espadas que cargo en la espalda, igual que Garrick.

En el acto, todos llevan una mano al arma que han escogido—.

Olvidaos de lo que ha dicho Kaori de ir solos y formad parejas, tal como hemos hablado.

Recordad que nos enfrentamos a amenazas tanto de dos como de cuatro patas.

No dudéis en defenderos y no tengáis piedad, pues no se os brindará ninguna. Nos vemos en el árbol esta noche.

Todos los presentes asienten, pero hay más de una cabeza gacha, y Howell tiene los hombros hundidos. De todos nosotros, él es el único que no es tyrrish, pero su padre y su dragón lucharon a nuestro lado, y eso le supuso a su progenitor una sentencia de muerte.

Una cacofonía de ruidos atrae nuestra atención hacia el cielo, y una manada de dragones atraviesa las nubes.

La imagen basta para que me quede sin aliento.

Este año hay dragones de todas las razas (menos los negros) dispuestos a vincularse, y ahora los ciento sesenta y tres descienden sobre el bosque y aterrizan en los árboles con la fuerza de un terremoto.

Supongo que ya ha llegado el momento.

—Los dragones saben lo que hicieron nuestros padres. —Masen se recoloca las gafas con nerviosismo en el puente de la nariz.

—Sí, pero no te olvides de que una parte del Empíreo se puso de nuestro lado —dice Garrick volviendo a poner la mano en la empuñadura de su espada.

Ha crecido varios centímetros este último año, y eso hace que parezca algo larguirucho a pesar de su complexión robusta—.

Hay dragones que saben lo que pasa ahí fuera y volverán a tomar la misma decisión.

Solo tenemos que encontrarlos antes de que los demás nos encuentren a nosotros. Todavía hay esperanza.

—Pues no lo parece.

Cerella Wyckley apoya una mejilla negra en el hombro de su hermana.

—Todos sobreviviréis —les ordeno levantando la voz, y enderezan la columna.

Excelente. Si se adentran en los bosques con actitud de derrota, ya pueden darse por muertos—.

Sobreviviréis por nuestros padres, por nuestros hermanos, por nuestros compañeros.

Somos los primeros diez que entramos en este cuadrante, pero quedan noventa y siete que seguirán nuestros pasos, y les demostraremos que no solo se puede sobrevivir en este lugar, sino que también es posible destacar.

—Bodhi estará aquí el año que viene, y Liam el siguiente.

Pensar en mi primo y en mi hermano adoptivo soportando esto me revuelve el estómago—.

Tenemos una misión, y la cumpliremos. No apareceremos en la lista de decesos de mañana.

Antes os mato yo con mis propias manos. ¿Me habéis entendido?

—Los miro a los ojos uno a uno y, despacio, todos asienten, incluso Howell.

Las parejas se marchan hacia las direcciones asignadas.

Las gemelas, al este.

Howell y Weylan se abren paso entre las gemelas y el centro.