El día de la Trilla (Empíreo 3.5) Mira #3
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Mira #3

—Tengo muy presente el legado de mi familia, no necesito que me lo reciten.

—Si insiste en continuar, estaremos aquí hasta que caiga la noche, y el dolor que noto en la pierna se ha convertido en un espasmo que me sacude todo el cuerpo y provoca que cada vez me cueste más mantenerme en pie—.

No hay manera de saber qué sello manifestaré, pero sí sé que pienso usarlo de todas las formas imaginables para proteger a mis seres queridos.

Y para proteger a tus seres queridos. Ningún daño que me inflijan me hará cambiar de idea.

Teine retira la cabeza poco a poco y pestañea.

— Te aceptaré como mi primera jinete, pero si te precipitas de camino al campo de vuelo, no te lloraré antes de elegir a un segundo.

—No te andas con rodeos; lo respeto. —El pulso se me va acelerando por una razón del todo distinta a medida que el miedo da rápidamente paso a la emoción.

Me está eligiendo, o al menos está dispuesto a permitir que esta entrevista pase a la fase de vuelo, algo que no me preocupa en absoluto—.

Supongo que si tú me aceptas como tu primera jinete, yo te aceptaré a ti como mi primer dragón.

— Los jinetes no sobreviven a la muerte de sus dragones.

Teine se incorpora por completo y hunde las garras en el suelo, mezclando mi sangre con la tierra.

—No tienes sentido del humor. Entendido.

Me pongo de puntillas para comprobar el grado del dolor, pero no me molesto en mirarme la pierna; mientras siga siendo capaz de aguantar mi propio peso, ya me encargaré de examinar bien la herida cuando llegue al campo de vuelo.

Además, si me hubiera perforado una arteria ya estaría muerta.

— ¿Me crees tan insensato como para herirte de muerte? —Teine resopla, molesto—. Soy el epítome del control, que es lo que espero de ti.

—Excelente. Me alegra estar metiéndome en otra relación basada en expectativas poco realistas.

Respiro hondo para llenar los pulmones y echo a correr hacia él a pesar del dolor que me inunda la mitad inferior izquierda del cuerpo.

Cuando llega el momento de saltar, me impulso con el pie derecho y asciendo por una buena porción de su pata antes de tener que agarrarme a sus escamas para auparme lo que me falta.

En cuanto llego al asiento, me coloco tal como Kaori nos ha enseñado, sujetándome a las escamas del pomo con las manos y utilizando los muslos para aferrarme con fuerza, preparada para alzar el vuelo.

Solo entonces miro a la izquierda, donde veo un rastro de sangre por las escamas verdes.

Puede que él me haya marcado, pero yo también lo he marcado a mi manera.

— Ahora veamos si eres capaz de sujetarte el tiempo suficiente para poder comunicarles mi nombre completo a los de la lista —me dice agazapándose debajo de mí.

—No podrás ni sacudirme. —Una sonrisa me cruza el rostro—. Y te prometo una cosa, Teine: tal vez no seré tu última jinete, pero seré tu favorita.

Y, aunque resopla en respuesta, siento una descarga de aprobación por la tenue voluta del vínculo que comienza a formarse en los límites de mi mente.

Al fin, el dragón corre hacia delante y alza el vuelo a través del espacio que ha creado al derribar el árbol.

Volamos, y el dolor de la pierna desaparece bajo la descarga de adrenalina que me produce estar surcando el cielo. Cada movimiento de las alas de Teine nos hace ganar velocidad y me ensancha más la sonrisa.

No me sorprende que mamá nos presionara a Brennan y a mí para que fuéramos jinetes. No hay nada en tierra firme comparable a esto: la libertad, la velocidad, la emoción. Lo que estoy sintiendo justifica todo el dolor que nos haga pasar el cuadrante.

La pierna se me queja con vehemencia durante una serie de espirales, pero adapto mi cuerpo a la espalda de Teine y me mantengo firme en el asiento como la Sorrengail que soy.

Para cuando aterrizamos, estoy mareada por la emoción, por la falta de oxígeno y seguramente por una pérdida sustancial de sangre, pero nunca he sido más feliz.

Dejo escapar un largo suspiro de alivio al ver a Cowan esperando, orgulloso, frente a su Rojo Cola de Escorpión, con un vendaje en la parte superior del brazo. Ya lo celebraremos más tarde, en cuanto el mundo entero sepa que Teine me ha elegido a mí y a nadie más.

Cada paso que doy por el campo de vuelo después de desmontar es una tortura, pero evito la deshonra de ir cojeando a base de pura fuerza de voluntad.

Examino a los jinetes que se han ido reuniendo en la ladera y la tribuna que hay delante de mí cuando camino en dirección a la mesa de reclutamiento de los de tercero.

Panchek está aquí, como no podría ser de otra manera, e incluso el general Melgren, comandante general de todas las fuerzas de Navarre, se ha tomado la molestia de presentarse con los generales de las alas este y oeste.

No hay ni rastro de mi madre.

Me trago el regusto amargo de la decepción y me recuerdo que hay una guerra en marcha y que la necesitan en otra parte.

Sinceramente, preferiría que estuviera en el frente con Brennan o en su posición del puesto de Torseney, protegiendo a papá y a Violet.

Pero, con todo, no habría estado mal tener la oportunidad de ver al menos una sombra de validación en sus ojos.

— A partir de ahora, la única validación que debes buscar es la mía —me reprende Teine.

Pongo los ojos en blanco, pero esbozo una sonrisa cuando le comunico el nombre completo de mi dragón al encargado de la lista, lo que me convierte oficialmente en su elegida.

Más le vale a Tyrrendor andarse con cuidado.

Ahora hay dos hermanos Sorrengail que ostentan el título de jinete.