El Devorador de Virtud: el rostro que despierta (El Devorador de Virtud 1) Capítulo 17 Diferencias
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Capítulo 17 Diferencias

Empujó la lona de la tienda y entró en la penumbra. Había dos jergones gastados sobre el suelo y unas mantas dobladas con esmero en un rincón. No era gran cosa, pero, tras el día que había tenido, aquel refugio sencillo adquiría el valor de un privilegio.

Egon acomodaba uno de los jergones. Alisaba la manta sin mirar en realidad lo que hacía, atrapado en la celda de sus pensamientos. No advirtió la presencia de Renek hasta que este carraspeó un poco.

—¿Todo bien? —preguntó, y acto seguido se dejó caer junto al jergón opuesto.

Egon parpadeó y regresó en sí.

—Sí... Ha sido un día largo. Estoy agotado.

Se inclinó para quitarse las botas. Renek esperó un momento y lo observó en silencio.

—Me gustaría aclarar nuestra conversación de esta mañana antes de ir a dormir —dijo Renek mientras se acomodaba en el suyo.

Egon soltó un suspiro largo, como si se hubiera estado preparando para esa conversación sin saberlo. Se presionó las sienes con los dedos pulgar y corazón, arrastrando consigo el peso de la jornada.

—Es justo —admitió—. Y lamento no haberme explicado mejor antes.

—Hizo una pausa breve para ordenar sus palabras—.

Mira, Renek, he visto cómo te mueves. Tienes un instinto para el combate que no se enseña.

Me has salvado la vida más de una vez, y no me cuesta reconocerlo.

Me alegra que sobrevivieras al ataque en el castillo, y más aún que ahora ayudes a encontrar a Kida —hizo otra pausa, el tono se volvió más áspero—.

Pero eso no significa que confíe de forma ciega en ti.

Yo no soy así. Me mantengo alerta. Siempre.

Renek arqueó una ceja y se recostó un poco sobre el codo.

—¿Qué motivos te he dado para desconfiar? Eso de que «no eres así» suena más bien a excusa. —Una centella irradió en su mente—. Es más, dijiste que te habías leído mi informe. Ahí debería figurar mi procedencia y mis antecedentes. ¿Qué ponía?

—Renek, lo hojeé por encima, como hice con todos los demás.

No me los aprendo de memoria. No vi nada raro.

—Se lamentó—. Y sí, eso de ser así tal vez sea una excusa que me doy a mi mismo para justificar mi precaución, pero cuando uno ha vivido ciertas cosas...

—apartó la mirada de él y pasó de masajearse el brazo a apretárselo con fuerza—.

Confié una vez en quien no debía. Y volvió a pasarme con otra persona.

En ambos casos, el precio fue demasiado alto.

Así que no. No pienso bajar la guardia. No otra vez.

—Si mantienes a todos a distancia, claro que nadie te traicionará —replicó Renek—. Pero luego quizás estén demasiado lejos cuando necesites su ayuda.

El gesto de Egon se endureció.

—No te lo tomes como algo personal.

—Entonces dime —insistió Renek—, ¿por qué crees que yo debería confiar en ti?

—No lo creo. De hecho, no deberías —respondió con frialdad—. Nos conocimos hace tres días. No es inteligente confiar en alguien que apenas conoces. Ni en mí, ni en Deetra, ni siquiera en ti mismo.

Renek se incorporó y adoptó un gesto serio.

—¿Ni siquiera en mí mismo? —repitió—. ¿Así que es eso? ¿No confías en ti mismo?

Egon se dio la vuelta en su jergón, dándole la espalda.

—Mira... No estoy aquí para que me analicen.

Renek no tardó en entender que continuar por ahí no iba a dar ningún fruto.

—Oye… Si necesitas hablar de lo que sea…

—No quiero hablar de ello —interrumpió sin volverse—. Lo que quiero es encontrar a Kida y salir de este agujero. Deberíamos descansar en vez de perder el tiempo con conversaciones innecesarias. Ya hablaremos en otro momento.