El Devorador de Virtud: el rostro que despierta (El Devorador de Virtud 1) Capítulo 14 Un favor por un favor #3
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Capítulo 14 Un favor por un favor #3

—Ojalá sean lo bastante imbéciles como para pensar que Kida es solo una oficial. Eso jugaría a nuestro favor.

—Si Kida es tan astuta como dices —le dijo Renek—, quizás incluso haya logrado escapar por su cuenta de su campamento.

—Lo dudo —intervino Nando con gravedad—. Yvegger no es idiota. Sabe lo que tiene entre manos. Si de verdad la tiene cautiva, estará bien atada. Y vigilada sin descanso. Aunque ahora que lo pienso...

—¿Qué? —le interrumpió Egon con urgencia, antes de que a Nando le diera tiempo a organizar sus pensamientos—. Ahora que lo pienso, ¿qué?

—Pronto se celebrará el Duelo de Puños. Es posible que Yvegger esté pensando en usarla como premio. Cuanto más jugoso el botín, más gente acude y más respeto gana de las demás bandas. Para él, todo esto es una partida de quorin. Y no le gusta perder.

—Dinos cómo podemos llegar a su campamento antes del duelo —inquirió Egon.

Nando levantó una mano, intentando frenar su impulso.

—El duelo es ya mismo. Y os lo digo con franqueza: intentar infiltrarse en su campamento es una locura. Es un nido de perros hambrientos, y aunque se os ve capaces... no sois rivales para toda esa jauría.

—Tiene que haber una forma de colarse —insistió Renek.

—No la hay —Nando se cruzó de brazos—. Lo único que podéis hacer es intentar averiguar si piensan ofrecerla en el duelo. Si es así, vuestra mejor opción es participar en él, ganarlo y reclamarla.

—No sabemos cuándo ni dónde será. Y si, como dices, no se fían ni de su sombra, ¿por qué iban a dejar que dos recién llegados participen? —se quejó Renek, más de la situación que de la idea de Nando.

—En efecto. El duelo es un evento reservado a miembros de bandas. Pero yo podría ayudaros con eso —dijo con serenidad—. Aunque, a cambio, nosotros también necesitamos vuestra ayuda.

—Ya tardabas en mostrar las garras de jefe de clan —masculló Egon con desdén, cruzándose de brazos.

—No sois los únicos con problemas, soldado hiclariota —replicó Nando, sin alterarse—. Mi gente también lucha por sobrevivir. Escuchad mi propuesta y luego decidid.

Egon dejó caer la vista al suelo, frustrado pero consciente de que no tenían demasiadas opciones. Nando prosiguió:

—Hace tres días, envié a algunos de mis hombres al Distrito Popular en busca de medicinas. Hace poco me llegó la noticia de que los Coyotes Rojos los interceptaron y les arrebataron todo. Quiero que averigüéis si mis hombres siguen vivos... y que recuperéis esas medicinas.

—Si lo que cuentas sobre los coyotes es cierto, nos estás pidiendo una misión suicida —intervino Egon.

Renek escrutó con atención el rostro de Nando, buscando alguna grieta en su expresión, algún gesto involuntario que delatara una intención oculta.

—¿Cómo sabemos que cumplirás tu parte una vez tengas las medicinas? —preguntó al fin.

—No lo sabéis —concedió Nando sin titubeos—. Pero tampoco tenéis alternativa. Aun así, soy un hombre de palabra. No estaría aquí, ni habríamos construido todo esto, si no lo fuera.

Renek observaba con intensidad los ojos de Nando, queriendo leer en ellos los secretos que guardaba su alma.

—¿Cómo vamos a averiguar el paradero de vuestros hombres?

Nando aligeró su expresión, convencido de que la pregunta de Renek equivalía a aceptar el trato.

—No será nada sencillo. Si lo fuera, yo mismo me hubiera encargado de ello. Sin embargo, puedo poneros en contacto con alguien que seguro que os será de gran ayuda. Su nombre es Deetra.

—Tienes que estar de broma —saltó Egon—. ¿Esa cría? ¿La de las trenzas rojas? Pero si es una chiquilla.

A su lado, Emila dejó escapar una risita contenida.

—Veo que ya la conocéis —dijo Nando con una sonrisa—.

Esa «chiquilla» tiene más agallas que todos nosotros juntos.

Conoce cada rincón del distrito como si lo hubiera excavado ella misma.

Ha tenido que buscarse la vida desde que medía un palmo.

Creedme, os sorprenderíais de lo que esa chica es capaz.

—¿Dónde podemos encontrarla? —preguntó Renek.

—Ah, difícil de decir. Va siempre de aquí a allá.

Pero podéis probar en la parte norte de la caverna.

Es una zona muy pobre, la más pobre de todo el distrito.

Deetra suele pasar tiempo allí ayudando a los más necesitados.

Id con cuidado, por eso. Allí los siniestros sí que tienen algunos hombres montando guardia.

—¿Por qué montar guardia en una zona tan pobre?

—Quién sabe. Pero se comenta que los nox han hecho experimentos con la gente de esa zona.

Con un suspiro, arrastró un taburete hasta su mesa de trabajo y se dejó caer sobre él con la pesadez de alguien que lleva demasiadas responsabilidades sobre los hombros. Sin perder tiempo, retomó su tarea con la caja de madera.

—Debo volver al trabajo, estas cajas no se construirán solas. Si no hay nada más que añadir —dijo sin mirarlos—, os recomiendo que os pongáis en marcha. El duelo tendrá lugar muy pronto. Cada segundo que pasa es un segundo perdido.

—Gracias por tu tiempo, Nando —dijo Renek con un leve ademán de gratitud al que se le sumó Egon con un gesto con la cabeza.