Capítulo 9 Una celebración interesante #3
—Tienes una sonrisa preciosa —susurró, con la atención fija en él, cada trazo de su rostro retenido en un hechizo—.
Y esos dientes... esos colmillos... —Su voz se desvaneció en un instante de pausa, mordiéndose con suavidad el labio inferior, un gesto lento que parecía contener todo lo que Alena se imaginaba y no decía.
Alzó apenas la barbilla, y en aquel movimiento había un desafío suave, casi juguetón—. ¿Tienes planes para mañana?
Renek fingió una expresión de ligera frustración, que usó a modo de excusa para ganar espacio.
—Mi compañero y yo pensábamos vender especias en el Distrito Subterráneo, pero... un día lluvioso echó a perder nuestro pase oficial.
Alena lo miró, interesada. Aunque embriagada, su expresión sugería que no estaba del todo ausente.
—¿El Distrito Subterráneo? —rio con un deje de asco—.
Qué agujero más triste para hacer negocios.
Ayer me tocaba acompañar a una patrulla con el cargamento semanal para los desgraciados de ahí abajo, pero los granjeros no pusieron de su parte, y la patrulla asignada ha tenido ciertos contratiempos de última hora...
Le entró el sudor frío ¿Se estaría refiriendo a la patrulla de esa mañana cerca de la casa abandonada? Él había había causado ese contratiempo. ¿Lo sabía Alena?
Empezó a replantearse si había sido buena idea acudir a esa velada.
Lanzó una mirada rápida a Egon, quien seguía atrapado en conversación con el otro oficial, pero que había prestado atención a la interacción entre Renek y Alena.
En sus ojos, Renek leyó advertencia y preocupación. Volvió la vista hacia Alena.
—Hoy, al entrar en la ciudad... —dijo a modo de anécdota trivial— vimos a unos granjeros discutiendo con un destacamento nox en las afueras.
Alena no respondió de inmediato. Se acomodó sobre el lecho y apoyó el codo en un cojín. Dio un sorbo largo a su copa antes de hablar.
—¿Y? —preguntó, con un tono suave, pero atento.
—Uno de ellos acabó en el suelo —añadió, sin mirarla aún—. Sangrando. Parecía... definitivo.
Se la vio incómoda. Suspiró despacio y ladeó la cabeza.
—Qué rápido corre todo... —dijo al fin—. Bueno, ya sabes lo básico pues. Esos granjeros ocultaban parte de la cosecha, alimentos que no eran para ellos.
—¿Para quiénes sino?
La nox levantó una ceja.
—Para los que no pueden pagar sus precios desmesurados —respondió con desdén—. Los víveres deben registrarse y tasarse para que podamos redistribuirlos por los canales oficiales. Si cada cual decide a quién alimenta, la ciudad se convierte en un caos.
—¿Y la pena para quiénes no cumplen con eso es la muerte? —soltó sin dureza, pero sin esconder la pregunta.
—No. Eso no fue una orden —admitió—. Si ocultaban alimentos, debían haber sido detenidos.
Interrogados. Nada más. Mi compañero se dejó llevar.
Algunos creen que el miedo es una herramienta más eficaz que la ley.
Yo no estoy de acuerdo —dejó la copa sobre la mesa baja y volvió a mirarlo, ya sin sonrisa—.
Supongo que el destino le dio una lección permanente a mi compañero.
Renek no insistió. Al cabo de un segundo, Alena le colocó la mano sobre el muslo y descendió con suavidad, cálida y segura. Sus dedos dibujaron círculos sin urgencia. Él se mantuvo sereno y respiró hondo.
—Por cierto... Si necesitas otro pase, yo podría prepararte uno... —susurró.
Estaba tan cerca de él que pudo notar su aliento tibio con olor a alcohol. Sintió que su corazón se aceleraba. Era la oportunidad que habían estado buscando. Mantuvo una expresión natural, consciente de que un movimiento en falso podría levantar sospechas.
—¿Harías eso por mí?
Alena sonrió y empezó a juguetear con su propio cabello.
—Por supuesto. —Hizo una pausa sin dejar de mirarle a los ojos—. Quizás podríamos intercambiar favores.
Tragó saliva, consciente de que caminaba sobre una línea muy fina. Necesitaban con desesperación ese pase, pero involucrarse demasiado con una oficial nox podría ser demasiado peligroso. Aun sabiendo muy bien a qué se refería, le salió preguntarle:
—¿Qué tienes en mente?
Ella acercó los labios a su oído, casi rozándolo.
—Quédate esta noche —susurró, con un timbre bajo que pareció desdoblarse un instante antes de disiparse—. Muéstrame qué otros talentos tienes además del comercio.
El corazón de Renek latió más rápido. La propuesta de Alena era clara, y las implicaciones eran tanto tentadoras como alarmantes. Rechazarla podría significar no salir nunca de esa ciudad, pero aceptar podría llevarlo a terrenos pantanosos.
Su mano seguía ahí, firme. Sus pupilas eran deseo y poder.
—Es una oferta muy tentadora —murmuró Renek—. Pero... ¿y si te descubren tus superiores?
Alena rio con ligereza, sin apartarse.
—¿Mis superiores? Están demasiado ocupados con sus propios... asuntos —dijo mientras señalaba el estanque con la cabeza—. Nadie se enterará.
En sus iris brilló un destello púrpura. Su mano se deslizó un poco más arriba por la pierna de Renek. Tuvo que hacer un esfuerzo para no tensarse.
—Entonces —dijo—, ¿te quedas?