Capítulo 31 #2
—Debo admitir que antes no lograba comprender del todo la naturaleza de tus esfuerzos —dijo Lizzy, mirándolo embelesada, con ojos brillantes—.
La grandeza del acontecimiento, los gritos de la multitud, la velocidad de los movimientos…
Todo estaba más allá de mi comprensión. Sin embargo, habiéndolo presenciado de primera mano, lo encuentro emocionante.
Ahora me resulta evidente lo que querías decir cuando hablabas de que tu ocupación consiste en impedir que avance un disco.
—¿Sí? Me alegro —Le complacía que le gustara verlo jugar y que lo hubiera visto haciendo lo que mejor se le daba—. Es genial verte con mi camiseta. Y el gorro te queda muy bien. —Tiró del lado de su gorro de los Regals.
—¿Y estos vaqueros? —Lizzy se pasó las manos por los muslos—. Tu hermana me prestó los suyos y son muy prácticos. Facilitan mucho el movimiento, aunque me quedan un poco ajustados en la cintura. Prefiero los otros. ¿Cómo se llaman, Nora? ¿Los elásticos?
— Leggings . —Nora miró por el espejo retrovisor, con expresión divertida pero cariñosa.
—¡Y nada de corsés! También he descubierto el desodorante. Y he probado muchos cepillos de dientes. Tu hermana me enseñó a usar el rizador y el rímel. Ah, y he probado las braguitas de las que me hablaste. Puedo enseñártelas si…
—Estoy segura de que a mi hermano le encantaría hacer una inspección minuciosa —interrumpió Nora—. Pero será mejor que dejéis eso para cuando estéis a solas, ¿no? No conmigo en el asiento delantero… Ni hablar, chicos. Ni hablar.
Tuck rodeó a Lizzy con el brazo, atrayéndola hacia él, incapaz de creer del todo que estuviera a su lado.
—Cuéntame cómo fue tu cruce.
—La teoría de la piedra imán funcionó. Vine directamente a tu época, pero exactamente seis meses después. Es muy útil confirmar ese desfase, porque no puedo arriesgarme a quedarme demasiado y encontrar el estanque congelado cuando llegue el invierno.
—Espera —Se le encogió el pecho—. ¿No te vas a quedar?
—Sí. Y no. —Ella extendió la mano y le tocó la mejilla, pasando los dedos por la barba que se había dejado crecer para tener suerte—. Nunca pensé que podría gustarme todo ese pelo, pero me gusta mucho. Te queda bien. Es muy vikingo.
—Gracias, pero centrémonos en la parte en que no te quedas.
—Sí. —Lizzy se recostó en el asiento, jugueteando con la correa del cinturón de seguridad—.
Poco a poco, he llegado a la conclusión de que deseo todo lo que la vida puede ofrecerme.
Deseo ser tu esposa y compartir mi vida contigo.
—Sus palabras salieron a borbotones—. Sin embargo, no puedo renunciar a mi identidad ni a mi deseo de vivir entre amigos o en mi propia época.
Por lo tanto, a lo largo del año, vendré a verte y aprovecharemos esas oportunidades para estar juntos.
Y si tu agenda lo permite, ¿también podrías visitarme?
Hablaremos de esos planes a su debido tiempo.
Lo único que importa ahora es que disfrutemos de este momento y sepamos que nos esperan muchos más.
—Lizzy le pidió al camarero que me llamara desde Ye Olde King’s Head, tal como le indicaste —intervino Nora con suavidad—.
Y mira, sé que suena loco, pero debo decir que no me sorprendió tanto saber de ella.
Nunca te había visto tan alterado por una mujer, Tuck.
Ni por nada, en realidad. Supuse que lo vuestro es algo muy especial.
Y tienes mucha suerte de que conozco a una chica que conoce a un chico que conoce a otro chico en Londres que podría tener habilidades increíbles para falsificar pasaportes, y cuanto menos sepamos todos sobre eso, mejor.
Más tarde esa noche, después de que Nora se retirara discretamente temprano y se hubieran tumbado en su cama king size para recuperar el tiempo perdido, Lizzy se enfundó en su albornoz a cuadros y pasearon por el apartamento.
Lizzy encendía lámparas, exploraba la cocina de diseño que él nunca usaba, el comedor con nevera para vinos, el espejo de suelo a techo del baño principal y la gran bañera de porcelana, antes de salir a la terraza junto a su dormitorio.
—Estamos muy alto. Es como si pudiera estirar la mano y tocar la luna.
—Planta cincuenta. El ático, nena. —Se colocó detrás de ella y la abrazó con fuerza.
La terraza envolvente ofrecía vistas panorámicas del paisaje urbano y del lago Lady Bird.
Era una vista que había contemplado a menudo, pero ¿esa noche?
Era como si estuvieran juntos al borde de un mundo nuevo, uno donde todo era posible, donde el tiempo mismo no podía interponerse en su camino.
—¿Te bastará con esto? —preguntó él, entrelazando sus dedos con los de ella. Estaban llevando el concepto de relación a distancia al siguiente nivel—. ¿Serás capaz de recordar que mi corazón siempre te abrazará con fuerza, incluso en los momentos en que no pueda hacerlo físicamente?
—Sé que será un reto, uno que requiere compromiso y perseverancia. Pero estoy decidida a que triunfemos. No deseo nada más que ser tuya mientras el tiempo lo permita. Somos tú y yo, juntos, ahora y durante toda la eternidad. Aunque no siempre en cuerpo, sin duda en alma.
—¿La eternidad? ¿Nada más? —Tucker le rozó los labios en un beso lento y dulce, apenas uno entre muchos esa noche—. No parece suficiente, pero creo que podemos empezar por ahí.