El Destino del Barog (El rapto de las descendientes 5) 62 la gruta de la profecía
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62 la gruta de la profecía

Jenny

—Este lugar es impresionante, Xerx —dije con los ojos abiertos de par en par, escrutando la gruta.

Era mucho más sencilla de lo que había imaginado, pero desprendía un halo enigmático, casi místico, que se palpaba en el aire.

—Estoy de acuerdo. Soñaba con tener libre acceso para estudiar los símbolos y los archivos de los ancianos, pero, hasta hoy, nos estaba completamente vedado.

—Aquí se encuentra todo el conocimiento de tu especie, ¿verdad?

—Eso me ha dicho Sulveh, pero ni siquiera él sabe exactamente lo que contiene la gruta. Tan solo se les permitía el acceso de vez en cuando, en las raras ocasiones en que Ooris así lo requería. De todos los ancianos, era el que más tiempo pasaba en este lugar.

—Os colasteis una vez aquí, ¿no es cierto?

—Fue hace mucho tiempo. Nos cayó una buena. —Se rio entre dientes.

Me reí también. Esos seis barogs inseparables habían sido un poco gamberros. Pero todos tenían muy buen corazón, eso era indudable.

—El altar está labrado con los mismos símbolos que la roca negra, las columnas de la zona prohibida y esa otra piedra que encontramos cerca del desfiladero, ¿recuerdas? —dije.

Al fondo de la gruta, se alzaba un altar parecido al que había en la sala de los tronos de los ancianos, aunque más sencillo.

En la pared sobre él, había una tosca pero bella representación de la espalda de un barog con una espiral dibujada.

A su lado, una mujer, trazada con líneas simples, lucía la misma espiral.

Todo allí dentro era mucho más austero que el templo y estaba envuelto en una atmósfera de misterio.

Xerx asintió. Estaba sentado en un banco de cuarzo rosado pegado a la pared, pasando las hojas de papiro de un cuaderno antiquísimo. Parecía que fuera a deshacerse con solo mirarlo.

—No sé cómo lograremos descifrar los símbolos. No he encontrado en ningún sitio una correspondencia con el alfabeto de nuestra lengua antigua. Sin eso, será muy complicado —dijo.

—Seguiremos buscando. Todavía nos quedan muchos cuadernos de esos por examinar, además de tablillas de cuarzo y madera.

Alzó el rostro y clavó sus impactantes ojos anaranjados en los míos.

—Por supuesto, amor mío. Los revisaremos todos. Juntos tú y yo. Tenemos tiempo de sobra por delante para conseguir averiguar cómo funciona ese idioma desconocido —dijo, sonriéndome con la mirada iluminada de ilusión y ternura.

¡Cuánto amaba a ese barog!

La vida con él estaba resultando ser fascinante. ¡No había un solo segundo que me aburriera! Realmente, éramos almas gemelas, ávidas de conocimiento. Bueno, y también de disfrutar mucho el uno del otro. Estar con Xerx era… mi paraíso particular.

—Pero ¿qué demonios…? —soltó de pronto.

—¿Has visto algo interesante, barog?

Salí de detrás del altar, me aproximé a él y me senté a su lado en el banco.

—Creo que acabo de encontrar la transcripción de la profecía en nuestra lengua antigua.

—¿La que habla de la marca de la espiral de Daryos y Callie?

—Sí, solo que, al parecer, la profecía que se nos ha dado siempre a conocer… no era la profecía completa.

Lo miré sorprendida.

—¿Hay más?

—Mucho más. Algo que… cierra el círculo. —Parecía muy impactado por su descubrimiento.

—Léemela.

Sujetó el cuaderno entre sus grandes manos y empezó a leer:

« Cuando las dos mitades se unan y la espiral sagrada se complete al fin, los barogs se alzarán vencedores sobre sus hermanos perdidos y el pueblo volverá a ser uno, bajo la bendición de los dioses del manantial.

Los marcados desde el nacimiento, unidos en tierras de Nemea, conducirán a su pueblo a la paz duradera y a la armonía de las especies, ayudados por los dones que les conferirá la espiral y por los guardianes del templo.

Reinarán en la aldea y serán amados por su pueblo, dando paso a una nueva era y ocupando el trono del planeta…

o convirtiéndose en la mano derecha del rey de la selva.

El barog de la marca no será el hijo de un rey, sino el fruto de un amor forjado en otro mundo. Un amor condenado, surgido de la luz y la oscuridad, que probará la dualidad de su alma y de su naturaleza: humana y barog .

Así, y solo así, la especie barog evolucionará tal como está escrito, sin degradarse ni envilecerse. Y avanzará hacia un futuro próspero, evitando así la extinción, que se produciría si un barog perdido venciera la guerra y ocupara el trono de Nemea».

—¿Cuándo fue escrito esto? —pregunté sorprendida, intentando procesar todo lo que acababa de escuchar.

—Según los ancianos, hace millones de años.

Quizás ni siquiera los cuatro tuvieron acceso a este cuaderno.

Puede que solo Ooris conociera la profecía completa.

Solo se nos revelaron algunos fragmentos, ocultándonos los más esclarecedores.

¡Hay tantos detalles en este texto! Está hablando de Daryos, Callie, Ux, la especie barog…

—Hemos de contárselo a Cyrus y Daryos. Es increíble que todo estuviera escrito. Apenas puedo creerlo, pero encaja punto por punto.

—Espera, Jen, mira esto.

Debajo de cada línea de la profecía, escrita en lengua antigua, había otra línea de símbolos muy tenue. Eran similares a los que habíamos ido encontrando en distintos lugares del planeta, incluido el templo.

—Si estos símbolos corresponden a las palabras que están encima, ya tenemos la equivalencia que necesitamos entre ambas lenguas. ¡Podríamos descifrar todos los textos! —dije emocionada.

—¿Has visto la marca al final de la profecía? —Me la señaló con el dedo. Eran dos pequeñas alas desplegadas, idénticas a las que habíamos visto grabadas en la roca cerca del desfiladero.

Pasé los dedos por encima, fascinada.

—¿Crees que la escribieron los seres alados? ¿O vuestros dioses? ¿O tal vez esas aninfs antiguas? Los símbolos que hemos visto en distintos lugares son similares, pero puede que no idénticos. Quizás no todos fueron hechos por la misma gente. Tal vez…

Habíamos hablado muchas veces de todo eso, pero las dudas y las incógnitas seguían ahí.

—No lo sé, Jenny. Cuando regresemos a la aldea, iremos directos a hablar con el rey y el príncipe.

Si conseguimos averiguar el significado de los jeroglíficos, puede que descubramos otros secretos sorprendentes en el templo y en esta gruta —dijo con entusiasmo.

El resplandor en sus ojos se había intensificado.

—Lo estoy deseando. ¡Seguro que los descubriremos todos! —exclamé. Yo tampoco podía contener la emoción.

Me sonrió, se inclinó hacia mí y me besó de ese modo que convertía mis piernas en gelatina.

Y continuamos leyendo. Nos quedaba mucho trabajo por delante… e íbamos a disfrutarlo al máximo.

No había mejor compañero de pesquisas que mi barog.