56 todo eso ya no importa
Penny
A vanzamos despacio unos cuantos metros en la dirección que señalaba la estatua de ese escalofriante y misterioso ser alado. En cuanto nos adentramos en el sendero entre la espesa vegetación, Ux se detuvo.
Se dio la vuelta y me observó en silencio durante unos segundos con sus penetrantes y astutos ojos azules. Siempre me había puesto un poco nerviosa cuando me miraba de ese modo, como si me estuviera escrutando el alma.
Entonces, se inclinó hacia mí y me envolvió con sus enormes brazos musculosos. Su abrazo se estrechó en torno a mi cuerpo mientras él suspiraba. Sentía su piel caliente contra la mía y sus latidos retumbando en su pecho con estruendo.
—Lo has dejado todo atrás por mí, Penny. ¿Por qué? —me susurró al oído. Me estremecí.
Nos separamos apenas unos centímetros para mirarnos a los ojos.
—Ya sabes por qué. Eres mi hoa uhane . No importa lo que tú creas. Siento esa verdad aquí dentro —dije poniendo una mano sobre mi corazón.
—No sé lo que nos encontraremos en estas tierras desconocidas. Puedo vivir con todo lo que he hecho hasta ahora, pero me odiaría a mí mismo si te ocurriera algo por mi culpa.
—Me siento más segura a tu lado que en cualquier otro lugar o con cualquier otro barog. Eres un guerrero enorme y valiente, además de un gran sanador. No tengo nada que temer si estoy contigo.
Sus facciones se suavizaron mientras me recogía un mechón ondulado tras la oreja con tanta ternura que me temblaron las piernas.
—He sido un idiota mucho tiempo, Penny. Debería haberte escogido, tal como tú acabas de escogerme a mí. Fui un cobarde.
—Te elegiría una y mil veces por encima de cualquiera. Te elijo a ti, Uxuer. Te amo.
Tras acariciarme la mejilla de aquella manera tan suya, tan intensa que me erizaba la piel de todo el cuerpo, acercó el rostro y me besó. Y mientras sus labios se movían con suavidad sobre los míos y su lengua se abría paso en mi boca, la brisa agitó la selva con más fuerza a nuestro alrededor.
Durante unos segundos, el beso se hizo más exigente, más profundo. Su aroma inconfundible, a cuero y tormenta, a noches estrelladas envueltos en fragancias de especias oscuras, se coló por mi nariz devolviéndome al único hogar que había tenido en toda mi vida: mi barog.
Él era mi lugar en el mundo.
Cuando nos separamos para reemprender la marcha, varios pájaros extraños de colores vívidos y enormes picos curvos revolotearon sobre nuestras cabezas.
—Yo también te amo, Penny. Y precisamente por eso, jamás te habría pedido que vinieras a este destierro conmigo y te condenaras a alejarte de la aldea —dijo apoyando su frente en la mía.
Sentí una fuerte presión en el pecho. ¿Acaso no me quería ahí con él? ¿Prefería quedarse solo para regodearse en la derrota y el fracaso?
—Ux, yo… —dije con voz trémula.
—Deja que termine. Jamás te lo habría pedido, pero que hayas decidido acompañarme es el mayor regalo que me han hecho en toda mi larga existencia.
Nunca podré agradecerte bastante tu bondad, tu generosidad y tu amor.
Un amor que no me he ganado ni me merezco, que no valoré lo suficiente y que, sin embargo, tú siempre me has ofrecido sin pedirme nada a cambio.
—Tan solo te pido que me permitas acompañarte en este viaje a lo desconocido y quedarme contigo. Es lo único que deseo, Ux.
—¿Aceptas a este monstruo como tu barog? ¿Pese a todo lo que he hecho y al daño que he causado?
—Todo eso ya no importa. Tú y yo empezamos de cero, aquí y ahora. No importa el pasado, no para nosotros dos. Solo lo que ocurrirá de aquí en adelante. Crearemos un futuro para nosotros, uno hermoso y tranquilo —dije mirándolo fijamente a los ojos, los más impactantes del universo.
—Eso suena maravilloso, Penny. Un sueño hecho realidad. No entiendo por qué luché durante tanto tiempo por algo que, de hecho, nunca deseé tanto como creía, cuando lo que quería y necesitaba estaba justo delante de mí.
Sonreímos ilusionados.
—Si me lo permites, te lo entregaré todo e intentaré hacerte muy feliz, aunque solo me tengas a mí —dije con timidez.
No tenía ni idea de si se conformaría solo conmigo; de si yo sería suficiente para un barog tan inquieto, apasionado e inteligente como él.
—No deseo otra cosa, Penny. Y yo… también me entregaré por completo a ti.
Como tú dices, empecemos de nuevo. No sé si eso es siquiera posible ni si los dioses me perdonarán algún día.
Pero te prometo que intentaré hacerte feliz y cuidar de ti tal como te mereces.
Quién sabe, tal vez podamos convertir este extraño lugar en nuestro hogar —dijo con una sonrisa mucho menos oscura que aquellas a las que tenía acostumbrado a todo el mundo.
Una sonrisa que era solo para mí.
Volvió a besarme y a abrazarme con cariño, de un modo que seguramente nadie le creería capaz. Y puede que solo pudiera hacerlo conmigo… y con Tatiana, en otro tiempo.
Siempre pensé que lo único que necesitaba Ux era que alguien le amara de verdad. Su madre lo repudió desde el mismo día de su nacimiento y su gran amor, Tatiana, pese a amarlo a su manera, lo traicionó y lo abandonó a su suerte. A un destino triste y solitario.
Todo eso no justificaba el dolor y el horror que había causado.
¡Desde luego que no! Jamás me perdonaría del todo a mí misma por amar al barog que se había convertido para mis amigas en la peor de las pesadillas.
Me había desvivido en cuerpo y alma durante los diez años de cautividad para ayudarlas y aportarles algún consuelo, pero eso no era nada comparado con el infierno que habían soportado.
Ni Ux ni yo podríamos reparar ese daño jamás.
Lo único que podíamos hacer era desaparecer de su vista e intentar no cruzarnos en sus caminos jamás.
Les deseaba toda la felicidad del mundo junto a sus barogs y que pudieran sanar las heridas que acarreaban en sus almas.
Mantendría la esperanza de reunirme con ellas algún día, si los dioses así lo consideraban.
—No hay mapas de este lugar ni señales en los caminos.
Nunca he estado aquí y no tengo ni idea de lo que podemos esperar —dijo Ux alzando las cejas, con los brazos alrededor de mi cintura—.
Así que supongo que lo iremos descubriendo juntos, Penny.
Tal como yo lo veo, esto es el hermoso inicio de una nueva aventura que ninguno de los dos creía posible. Pero aquí estamos. Tú y yo.
Asentí, emocionada.
—Eso suena maravilloso —dije, repitiendo las palabras que él había pronunciado minutos atrás.
Entonces, su mirada se oscureció, llena de tristeza y vergüenza.
—He vuelto a fracasar, Penny. Llevé a mis barogs perdidos a una derrota terrible y, a la mayoría, a la muerte.
Aquellos que han sobrevivido, habrán regresado a los pantanos sin ningún futuro en el horizonte o seguirán vagando por la selva hacia un nuevo escondite.
Y lo peor de todo es que ha dejado de importarme.
—Lo hecho, hecho está. Ellos decidieron luchar a tu lado. Eran guerreros como tú y peleaban por la promesa de poder y mujeres. Escogieron su propio destino, como cada uno de nosotros.
—Sin embargo, yo los empujé a la guerra. Es mi culpa, no la suya. Ellos me siguieron, creyendo que, en esta ocasión, lo lograríamos. Debería asumir mi responsabilidad.
Enmudecimos otra vez.
Mientras recorría sus facciones con la mirada, apenas podía creer que el rey le hubiera perdonado la vida. Era un milagro, y sabía muy bien que el príncipe había tenido mucho que ver en ello. Las otras mujeres lo habían salvado por mí, y les estaría eternamente agradecida.
Solo pensar que había estado a punto de ser ejecutado me daban ganas de vomitar. No hubiera soportado este mundo sin él.
—Vayamos paso a paso, Ux. La culpa no se olvida de la noche a la mañana, igual que las heridas requieren un tiempo para sanar.
Me besó la frente y volvió a estrecharme entre sus brazos mientras su cola se enroscaba en mi tobillo. Poder estar así con él, habiendo dejado atrás la batalla, el odio y las ansias de venganza, era todo cuanto había deseado desde el día mismo en que le conocí.
—Ven, siéntate en esta roca unos minutos. He traído algo que te aliviará —dije.
Obedeció sin rechistar mientras yo abría mi morral y sacaba un frasco con tónico desinfectante y un tarro con ungüento que había cogido de los suministros médicos de Xioh antes de salir de la aldea.
—Veo que has venido preparada —dijo él con admiración, siguiendo los movimientos de mis manos.
Le limpié los cortes del pectoral a conciencia, procurando ejercer la mínima presión para que el líquido aceitoso se absorbiera, pero sin hacerle daño.
Después, bajo su atenta mirada, apliqué una capa gruesa de ungüento sobre esa espantosa cruz.
Aproveché y también lo unté en las otras heridas, que Xioh había suturado y que eran más profundas.
Cuando terminé, guardé los suministros médicos y extraje de mis pertenencias un cuchillo ancho y afilado. Me miró asombrado cuando se lo entregué.
—¡Has pensado en todo, Penny!
—Creí que te sería de ayuda ir armado, tanto para cazar como para defendernos si algún animal nos ataca. Como dijiste, no sabemos lo que nos encontraremos en estas tierras.
—Tengo la hoa uhane más lista de Nemea, no hay duda —dijo con su hermosa voz grave mientras me acariciaba el cabello.
El roce de sus dedos fue delicioso.
Pensé que bromeaba, pero no había ni una pizca de burla en su tono. Hablaba muy en serio. Ux siempre me decía cosas así en los pantanos. En diez años había logrado devolverme algo de la seguridad en mí misma y el amor propio que Gushia se había encargado de destruir día tras día.
Todo lo que Gushia me había arrebatado de mí misma, Ux me lo había devuelto con creces.
Y que me llamara su hoa uhane , lo creyera o no, era la mejor sensación del mundo.
Sabía que, probablemente, todavía no se había convencido de ello por completo.
Sin embargo, no me preocupaba demasiado: teníamos cientos de años por delante, tal vez miles, para que acabara viéndolo tan cristalino como lo veía yo.
Después, saqué una cantimplora repleta de agua de coco y se la ofrecí, pero él no consintió en beber hasta que yo lo hice primero.
Recogimos unos dátiles dorados y jugosos, y nos los comimos acompañados de las tortas de trigo que yo había traído envueltas en un paño limpio.
Yo misma las había horneado la noche anterior.
Una vez saciados, nos pusimos en pie para proseguir nuestro camino. Antes de dar el primer paso, me besó en los labios de nuevo y en la mejilla, y me agradeció todo lo que estaba haciendo por él.
Enlazó sus dedos con los míos cuando reemprendimos la marcha hacia lo desconocido. Al corazón de las tierras inexploradas.
Pese al peligro, a la incertidumbre y a que estábamos los dos solos ante cualquier cosa que habitara en ese lugar, por primera vez en mi existencia me sentí libre y feliz.
Y dejamos todo lo demás atrás… para iniciar una nueva vida. Juntos.