55 la zona prohibida #2
—Esto es impresionante —murmuré.
—¿Un paseíto por la zona inexplorada, Calista? —me propuso Lansh.
—No, gracias. Me da bastante mala espina.
—¿Dónde está tu espíritu aventurero?
Alcé una ceja.
—¿Me lo preguntas en serio? Creo que ya he tenido suficientes aventuras para toda mi existencia.
—Bobadas. Te esperan un montón de aventuras todavía —dijo mi amigo con una sonrisa.
Puse los ojos en blanco. Hizo amago de seguir hablando, pero le coloqué un dedo en los labios.
—Shhh. Anda, estate calladito que este es un momento importante.
Él resopló.
—Deberíamos haber empalado a ese cabrón. Si no fuera por tu principito querido…
—Shhh —le dijo Xioh, rodeándole los hombros.
—Ya veo que estáis compinchados —protestó Lansh, esbozando otra sonrisita.
—¿Por qué está prohibida esta zona de la selva? —pregunté.
—Porque así lo dicen las leyes sagradas —contestó Xioh.
—O sea, porque les dio la gana a los ancianos.
—Eso parece. Según nos dijeron, los dioses del manantial moran por esta parte de la selva y no se les puede molestar —dijo Xerx. Ni siquiera me había dado cuenta de que él y Jenny estaban a nuestro lado.
Todos nos habíamos congregado a las puertas de la zona remota, ante esas dos columnas imponentes.
—¿Y tú te lo crees?
Xerx negó con la cabeza.
—Está claro que los ancianos nos ocultaron muchas cosas.
Puede que lo hicieran por nuestro bien. Quizás estas son tierras peligrosas, o tal vez esos seres alados, a los que alguna vez han visto merodeando por aquí, no quieren que se les moleste.
Quién sabe. En cuanto tengamos la oportunidad, Jenny y yo iremos al templo a investigar las esculturas, los símbolos y los escritos sagrados. ¿Verdad, Jen?
—Lo estoy deseando. Puede que al fin logremos descifrar algunos de esos misterios que los ancianos guardaban tan celosamente.
Quiénes grabaron esos símbolos en las rocas negras, quiénes son los seres alados y si tienen relación con vuestros dioses, qué les ocurrió realmente a las antiguas aninfs … —dijo mi amiga.
—Sin duda, si alguien puede desentrañar algunos de esos enigmas, sois vosotros. Y después nos los contaréis, ¿eh? —dije.
Ambos asintieron.
Cyrus nos mandó callar y Daryos me cogió de la mano, enredando sus dedos con los míos.
—Hemos llegado, Ux. Nuestros caminos y existencias se separan aquí. Te adentrarás en la zona prohibida para no salir jamás —pronunció el rey en tono solemne.
—Que así sea —dijo Ux con aparente resignación.
Pero el brillo de sus ojos no se había apagado. Puede que no volviera a atacar la aldea, pero ese barog perdido todavía tenía mucho por hacer.
Me apiadé de los animales que hubiera en esa zona prohibida… y de cualquier otro ser que se paseara por ahí. ¡No tenían ni idea de la clase de barog que iba a profanar sus dominios!
Según tenía entendido, había rinos en abundancia y muchas otras especies, además de bayas y frutos diversos.
Así que no pasaría hambre. Tampoco sed, pues esa región de la selva estaba plagada de arroyos y contaba con algunos lagos, según los rumores.
Aunque lo cierto es que nadie sabía a ciencia cierta cómo era, y tan solo existían habladurías y medias verdades de los ancianos.
Ux miró a Daryos a los ojos.
—Espero volver a verte, príncipe. No merezco tu compañía ni tu perdón. Pero me encantaría poder charlar de vez en cuando contigo.
—Como te he dicho, no cuentes con ello.
Ux no insistió. Se giró hacia todos nosotros y buscó a Penny con la mirada, cargada de ternura.
—Mi preciosa Penélope, ¿podrás perdonarme por no haberme entregado a ti por completo y olvidado mi venganza?
—Por lo que a mí respecta, no hay nada que perdonar —dijo ella con un hilo de voz.
Entonces, avanzó unos pasos en su dirección, se colocó mejor el morral colgado del hombro y siguió caminando. Dos de los guardias le barraron el paso.
—Me voy contigo —soltó con firmeza, sin apartar los ojos de los de Ux.
Él la miró sorprendido.
—No puedes venir conmigo, Penny. Me han desterrado a un lugar peligroso y desconocido.
—Razón de más para que no vayas solo.
—Penny, no puedes ir con él. Correrías peligro, no solo por el lugar, sino porque no podríamos protegerte de Ux —dijo el rey.
El barog perdido frunció el ceño.
—Yo jamás le haría daño y ella lo sabe.
—Aun así, no puedo permitirlo —dijo Cyrus. Entonces, se dirigió a ella—: Debo velar por tu seguridad. Regresarás con nosotros a la aldea, y te prometo que ningún barog volverá a lastimarte jamás.
—Esas son palabras muy nobles, rey Cyrus. Pero mi lugar está junto a Ux, mi hoa uhane . Las leyes sagradas así me lo permiten. No tengo miedo de permanecer a su lado, sino de separarme de él. Y no pienso hacerlo. Como he dicho, me voy con él.
Ux avanzó hacia ella, pero los guardias le impidieron aproximarse. El rey les hizo una indicación para que se apartaran y pudieran acercarse el uno al otro.
—Penny, no puedo permitir que lo dejes todo por mí. No soy merecedor de tu amor… y por nada del mundo te arrancaría de la aldea, de tus amigas, de la seguridad. Allí dentro no sé si podría protegerte. Quiero que estés a salvo y tengas una vida hermosa y feliz.
—No tendré nada de eso lejos de ti. Ya he tomado esta decisión y no voy a cambiar de idea. Echaré de menos la aldea, sobre todo a mis amigas, pero no puedo dejar que vayas ahí solo. No quiero separarme de ti.
—No sabemos lo que nos encontraremos ahí dentro. Si algo te ocurriera, yo…
—No me da ningún miedo, siempre que esté contigo.
—Piénsalo bien, Penny. Porque Ux jamás podrá regresar a la aldea. No importa cuánto le ames o cuanto se arrepienta. Nunca lo aceptaremos de nuevo entre nosotros —dijo Cyrus.
—Lo comprendo, mi rey. Aun así, me marcharé con él.
—¡Penny, no lo hagas! —grité con el estómago revuelto—. No es mejor que Gushia. No malgastes tu vida con alguien así. Estoy segura de que encontrarás a un buen barog que te amará y respetará. No te alejes de nosotras —solté, incapaz de contenerme.
¡Aquello era un tremendo error!
Entonces, ella clavó sus ojos color miel en los míos y con cariño me dijo:
—¿No seguirías tú a Daryos hasta el fin del mundo?
—¡Claro que sí! Pero eso es distinto, Penny. Él no ha provocado dos guerras ni…
—No, Callie. No es distinto. Ux es mi hoa uhane y deseo estar con él. Tengo todo el derecho a ir adonde él vaya, ¿no es así, mi rey? —insistió.
—Las normas sagradas así lo proclaman, pero este es un caso especial, porque Ux ha sido desterrado. Es un castigo, y si tú vas con él…
Tina avanzó un paso y le puso la mano en el hombro a Cyrus.
—Si quiere ir con él, debemos permitírselo —dijo sin titubear—. ¿Lo has meditado bien, Penny?
Ella asintió.
El rey resopló. La reina había hablado y él no parecía dispuesto a contradecirla.
Debía reconocer que, a veces, Tina Martins me sorprendía. Puede que tuviera un corazoncito escondido en alguna parte.
Ux contuvo el aliento, aguardando la respuesta definitiva.
—Que así sea entonces, Penny. Puedes acompañarlo por propia voluntad.
Él no podrá salir de la zona prohibida ni poner un pie en la aldea.
Tú, sin embargo, podrás regresar siempre que lo desees.
Y si alguna vez tuvieses descendencia, ellos también tendrían derecho a venir a la aldea para cruzar el portal, vincularse a una descendiente, vivir entre nosotros o lo que quisieran.
Penny se estremeció.
—Te lo agradezco enormemente, mi rey. —Tenía lágrimas en los ojos y temblaba como una hoja.
—Siempre habrá dos guardias apostados aquí fuera que harán turnos por semanas —dijo señalándolos—. Si desearas regresar, solo tendrías que comunicárselo y uno de ellos te acompañaría de vuelta.
—¿Estás segura de esto, Penny? —dijo Ux, cogiéndole ambas manos y contemplándola con los ojos resplandecientes.
La esperanza, que hasta ese momento había mantenido a raya, empezaba a reflejarse en su rostro.
—Nunca he estado más segura de nada.
Entonces, Penny se giró y vino directa hacia mí.
—Me alegro de haberte conocido y de que seas mi amiga, Callie. —Me abrazó con fuerza.
—Y yo también, Penny. —Le devolví el abrazo.
Ambas llorábamos.
—Despídeme de Susi y de Sylvia. Diles que lo siento y que las quiero mucho. Que espero volver a verlas algún día y… que sean felices con sus barogs. Se merecen tener al fin una buena vida.
—Así lo haré. ¡Oh, Penny, vamos a echarte mucho de menos! —exclamé con dolor en el corazón.
No podía evitar pensar que se estaba equivocando por completo…, aunque podía comprenderlo. Tal como ella había dicho, yo también seguiría a Daryos a la zona remota y al fin del mundo.
—Cuida bien de ella. Si no, seré yo quien te haga una visita —solté mirando a Ux. Él asintió con una leve inclinación de cabeza.
Penny se despidió brevemente de Tina y las demás, y se acercó a Daryos.
—Sé que le odias y que es casi imposible que jamás le perdones. Pero tu madre le amaba de verdad. Tal vez puedas visitarnos algún día, aunque solo sea por la memoria de Tatiana.
Mi barog no respondió. Se limitó a abrazarla y a decirle que se cuidara.
—¿Estás completamente segura de esto? —insistió Ux cuando ella se colocó a su lado.
—Por supuesto, pero si tú no deseas que vaya contigo…
—No deseo otra cosa —dijo él con un tono solemne.
Tuve la sensación de que era totalmente sincero.
—Bien, porque no vas a librarte de mí.
—Esta vida no va a ser fácil, Penny.
—¿Y cuándo han sido fáciles nuestras vidas? —preguntó ella con una suave sonrisa.
Él se limitó a asentir. La cogió de la mano y, entrelazando sus dedos, la condujo hasta la entrada.
Y juntos cruzaron el espacio entre las dos columnas y pasaron junto a la estatua del ser alado, rumbo a las profundidades de esas tierras desconocidas.
Ux había comenzado su destierro, pero no iba solo.
Con menos peso sobre nuestros hombros, los demás emprendimos el camino de regreso a la aldea.
Al fin había llegado la ansiada paz, tal como había predicho la profecía.