El Destino del Barog (El rapto de las descendientes 5) 52 veredicto
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52 veredicto

callie

—¿Y bien? —preguntó el rey una vez estuvimos sentados de nuevo alrededor de la mesa—. ¿Qué habéis decidido?

Nos miramos las unas a las otras.

Penny contenía el aliento con la mirada clavada en el vaso de zumo que tenía delante y que todavía no había tocado.

Había venido a hablar con todas las demás, una a una.

Me daba mucha pena. Al principio, pensaba que la pobre tenía un síndrome de Estocolmo como la copa de un pino y que tantos años soportando a Gushia habían alterado su percepción.

Sin embargo, no se dio por vencida conmigo y, tras contarme muchos detalles de su relación con Ux, finalmente me convenció.

No es que ese barog perdido hijo de puta fuera un angelito.

¡Por los dioses, ni hablar! Seguía pensando que era un cabrón muy listo que había destrozado la vida de mucha gente.

Pero era innegable que con Penny se había portado bien.

Había cuidado de ella y jamás había permitido que nadie, ni siquiera él mismo, abusara de ella de ningún modo.

Sin embargo, aun dejando a un lado las guerras —al fin y al cabo, estas siempre son sangrientas y terribles, y existen desde los principios de los tiempos—, su comportamiento con Penny no disculpaba el que había tenido con Susi y las demás.

Por eso me costó tanto aceptar su propuesta.

Lo que me pedía el cuerpo era arrancarle la cabeza con mis propias garras de barog.

¡Apenas podía imaginar un mundo donde se le permitiera seguir respirando!

Pero Penny había sufrido durante cuatro largos siglos…

y estaba convencida de que esa bestia era su hoa uhane , lo cual era sorprendente, teniendo en cuenta que él había defendido siempre a capa y espada que lo era de Tatiana.

Supongo que nadie lograría averiguar nunca la verdad.

Me resistí durante mucho rato, pero entonces apareció Daryos y me suplicó que aceptara la propuesta de mi amiga. Mi barog sabía que debíamos matar a su padre, pero no podía tomar esa decisión a la ligera. Necesitaba tiempo, y la opción que planteaba Penny se lo daría.

Ahora, sentados a la mesa de palacio, no tenía ni idea de lo que habrían decidido las otras mujeres tras la visita de Penny, ni si Sulveh, Ciench, Cyrus y los demás aceptarían nuestro veredicto, fuese el que fuese.

Los rostros de todos estaban tensos. Cuanto antes nos deshiciéramos de Ux, ya fuese de un modo u otro, antes podríamos pasar página e intentar curar las heridas más difíciles: las que no estaban a simple vista.

—¿Quién quiere ser la primera? —insistió Cyrus.

Miré a Susi y a Sylvia. Tenían los ojos vidriosos y parecía que fueran a vomitar de un momento a otro. Las otras no se encontraban mucho mejor que ellas. Tina me lanzó una miradita de las suyas: quería que yo empezara.

Me aclaré la garganta.

—Si dependiera solo de mí, ataría a ese pedazo de monstruo en la plaza y lo cortaría a pedacitos, empezando por ya os podéis imaginar dónde —solté, intentando controlar la bola de emociones que se estaba formando en mi estómago.

—Amor… —murmuró Daryos, palideciendo.

Cyrus y Tina menearon la cabeza como si el simple hecho de escuchar mi voz los exasperara. ¡Pues que se fastidiasen! Aquello había que decirlo.

—Nos hacemos una idea, Callie. Y ahora, ¿puedes darnos tu veredicto? —me pidió el rey.

Resoplé.

—Por Penny y por Daryos, mi veredicto es…

el destierro a la zona prohibida, sin poder regresar a la aldea nunca más en toda su existencia.

—Miré a Susi, que apretaba los labios en una fina línea.

Solo esperaba que no me odiara por eso—.

Por Susi, Sylvia y todas vosotras no merecería seguir respirando ni un solo día más.

Espero que el destierro eterno sea un castigo lo suficiente duro para él como para resarciros, aunque sea en una pequeña parte, por lo que os hizo.

Por supuesto, apoyaré cualquier castigo físico que queráis imponerle antes de desterrarlo.

Susi asintió en mi dirección. Ciench apretó la mandíbula, con los ojos echando chispas, pero también asintió.

Xerx hizo una marca en una pequeña tabla de madera lisa que había traído consigo para contar los votos de cada veredicto. A buen seguro, aquello también les estaba afectando mucho a él y a Xioh, puesto que el cabrón de Ux había matado a Xarix, su padre, el mismo día que a su hermano Drashir.

—¿Quién quiere continuar?

Las demás mujeres empezaron a pronunciar su veredicto una a una.

Todas emitieron el mismo que yo: destierro.

Penny las había convencido a todas. Ya podía estarle agradecido Ux de que fuera a salvarle el pellejo, aunque, sinceramente, conociendo a ese barog, el destierro sería terrible para él.

Lo consolidaría para siempre como un paria de la especie barog.

Sería su humillación última: solo, sin poder, sin amor, lejos de la aldea y de cualquiera para siempre.

De hecho, tal vez fuera el castigo más brutal y adecuado para él. Intenté convencerme de eso para no seguir pensando que debíamos matarlo.

Faltaban solamente Susi y Sylvia. Esta había dejado al pequeño Sonah con Marla y Goria mientras ella y Sulveh acudían a la reunión.

—Es una decisión muy difícil —dijo Sylvia, cogiendo la mano de Susi con fuerza por encima de la mesa—.

Penny vino a hablar conmigo, igual que con vosotras.

Ella sufrió muchísimo en la aldea y fue un gran apoyo para todas cuando nos encontrábamos en los pantanos.

Cuando una se hundía, ella estaba ahí para sacarla a flote.

Ayudó a cada una de nosotras durante diez largos años.

Así que, solo por eso, merecía que considerásemos su propuesta.

Pero creo que, independientemente de lo que ella nos haya pedido, no puedo obviar el hecho de que Ux es el padre de Sonah.

No podría vivir conmigo misma si pidiera su ejecución.

Así pues, yo también digo destierro. Y como, por desgracia, le conozco bien, sé que eso le hará tanto o más daño que el más horrible de los castigos.

Se giró a mirar a Sulveh, sentado a su lado, y murmuró «lo siento». El guardián la miró con adoración y le acarició la mejilla. No había ni una pizca de recriminación en su rostro. Después, la abrazó con fuerza.

Las lágrimas rodaban sin control por las mejillas de Penny. Ya solo faltaba Susi. Ciench y ella intercambiaron una mirada y él le rodeó los hombros, en señal de su apoyo incondicional.

—Odio a Ux en lo más profundo de mi ser.

Sufrí cinco años de mi vida en sus manos y después en los turnos.

Creo que merecería morir de la forma más dolorosa y lenta posible —dijo con vehemencia—.

Pero el destierro será, en realidad, el peor castigo para él.

Le privará para siempre de todo aquello que ha anhelado durante tanto tiempo y lo dejará sin nada durante miles de años.

Escojo el destierro por Penny, pero también porque será el fin más lento, doloroso y humillante para ese monstruo que nos arrebató una década y marcó nuestras almas con heridas profundas para siempre.

Cyrus suspiró y miró a Tina. Después, clavó la mirada en cada uno de los barogs de las descendientes secuestradas.

—¿Estáis de acuerdo con el veredicto al que han llegado vuestras parejas?

Todos asintieron, incluido Daryos. No obstante, Cyrus insistió, con la mirada fija en el rostro de Ciench, uno de sus mejores amigos. Este volvió a asentir.

—Que conste que yo lo mataría, tal como él hizo con nuestra familia —dijo el rey con una voz oscura y cargada de dolor, mirando a su hermano—.

Mató a nuestros padres, a Ceeris y el resto de nuestros hermanos, y a mi tío Xarix.

—Miró a Xerx y Xioh e inclinó levemente la cabeza.

Ellos asintieron en respuesta—. Aun así, respetaré vuestra decisión.

Pero aquí y ahora proclamo lo siguiente: Ux jamás podrá poner un pie fuera de la zona remota inexplorada ni, por supuesto, pisar la aldea.

Si lo hiciera, se activaría de forma inmediata su pena de muerte y yo mismo lo mataría.

Asentimos.

—Que así sea, hermano —dijo Daryos.

—Cuando el sol esté hoy en lo más alto, lo sacaremos de las mazmorras, lo llevaremos a la plaza y le comunicaremos el veredicto.

Después, un grupo designado por mí lo conducirá hasta las tierras prohibidas, donde permanecerá para siempre.

Quien así lo desee, podrá acompañar a ese grupo.

Ya sabéis que es una travesía de varias jornadas, así que coged lo necesario.

Yo mismo pienso ir y asegurarme de que cruza las piedras que marcan el camino sin retorno para él.

—¿No sería mejor esperar al amanecer para salir hacia las tierras remotas? —propuso alguien.

—No quiero demorarlo. Es mejor que saquemos a ese monstruo de aquí cuanto antes, o alguno de nosotros podría cambiar de opinión. —Su mirada se cruzó con la de Ciench de nuevo.

—Yo también iré, C —dijo Daryos.

Algunos murmuraron palabras parecidas y el rey les dijo que tenían hasta mediodía para decidirlo. Por supuesto, yo me apunté. No pensaba dejar solo a mi amorcito en un momento tan duro para él. Tina también iría.

Entonces, Susi se puso en pie y miró al rey.

—Antes de que nos marchemos, me gustaría pedir algo, mi rey —dijo con voz trémula, pero mirada decidida—.

Ux lleva grabada la marca de la espiral en el pectoral.

No creo que sea merecedor de tal símbolo.

No me importan sus tatuajes, pero esa espiral, si me lo permites, me gustaría cruzarla con un cuchillo, para que cada vez que la vea recuerde lo que hizo y que siempre le odiaremos por ello.

Cyrus asintió con sus ojos oscuros cargados de respeto.

—Que así sea, Susi. Quien quiera podrá practicar un corte sobre la espiral de Ux.

Penny se estremeció, pero no dijo nada.

El rey levantó la sesión y nos emplazamos para unas horas después en las mazmorras.

La suerte de Ux estaba echada.

Se había ganado a pulso su destierro.