El Destino del Barog (El rapto de las descendientes 5) 50 solo eso #2
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50 solo eso #2

—Antes, me gustaría decir algo si me lo permites, mi rey —intervino Penny de pronto.

—Por supuesto que puedes. Adelante.

Ella tragó saliva y se retorció una mano con otra.

—Sé lo mucho que sufristeis en los pantanos, yo también estaba ahí y fui testigo de los horribles abusos.

Puede que la muerte de Gushia para mí fuese una liberación y que Ux nunca me maltratara en ningún sentido ni permitiera que otros lo hicieran —dijo con convicción—.

Pero eso no significa que no sufriera por todas vosotras, que no derramara lágrimas cada vez que…

Se detuvo, observándolas una a una. Las manos le temblaban muchísimo, así que, en un acto instintivo, estiré el brazo por encima de la mesa y le cogí una, tratando de darle ánimos. Ella me lo agradeció con la mirada.

—Cuidaste de todas nosotras, Penny, día tras día durante todos esos años. Hiciste cuanto pudiste para que no cayéramos en la desesperación. Siempre te estaremos agradecidas por ello —dijo Susi, cogiéndole la otra mano.

—No sé por qué Ux decidió ser distinto conmigo que con todas vosotras.

Creedme: intenté interceder miles de veces para que no os hicieran daño, para que cambiaran las cosas.

—Sollozó una vez, pero se recompuso—. Y no entiendo por qué me siento así respecto a él.

Fue bueno conmigo, me escuchó, me respetó, pero no es solo eso.

Hay algo aquí dentro —dijo tocándose el pecho—, que no puedo eludir.

Y pese a todos los horrores que ha provocado, no puedo evitar… amarlo.

En cuanto pronunció la última palabra, nos quedamos petrificados.

Desde que lo había defendido la noche anterior, intuíamos que había algo más que Penny no nos había contado.

Creí que simplemente pretendía exponer su historia porque, como mejor amiga de Tatiana, ella sabía lo que había sucedido en realidad.

Pero lo que acababa de declarar delante de todos…

—¿Le… amas? ¿A ese monstruo? —preguntó Susi con el rostro demudado. Sylvia le acarició el brazo a su amiga.

Ciench, Sulveh y los otros barogs estaban tensos como la cuerda de un arco. Sus miradas estaban cargadas de odio y algo más. Temor, ¡eso era! Porque si le amaba, podía significar algo que ninguno de los allí presentes estaba dispuesto a aceptar.

—Sé que no debería, pero es lo que siento en lo más hondo de mi ser.

Él ha afirmado siempre que Tatiana era su hoa uhane y se ha aferrado a esa convicción para seguir adelante y justificar sus actos.

Pero ¿y si ella no era, realmente, su alma gemela?

¿Y si fue la conexión humana entre ellos lo que lo confundió durante siglos?

El silencio se hizo mucho más pesado.

—¿Estás diciendo, Penny, que puede que Ux sea tu hoa uhane ? —pregunté sin rodeos.

Ella asintió y Susi dejó escapar un lamento.

—No puede ser, Penny. ¡Ese malnacido no puede ser el alma gemela de una humana bondadosa como tú! ¡Me niego a creer eso!

—Pero así es, Susi —dijo ella cabizbaja.

—Estás confundida porque te trató bien y te ahorró las cosas horribles que nos hacían a las demás —dijo Sylvia. Las otras mujeres asintieron.

—Le he dado vueltas a eso muchas veces. Pero ¿qué sentido tiene que a mí me tratara de forma distinta? No soy la más hermosa, ni la más fuerte, ni la más valiente.

La miré, sorprendida.

—No digas eso, Penny. Eres una mujer muy hermosa, inteligente, generosa y llena de bondad. Cualquier hombre o barog sería muy afortunado de tenerte como pareja.

—Y, sin embargo, Gushia me maltrataba —dijo con media sonrisa tristísima.

—Era un cabrón malnacido —murmuró mi barog.

—Sabéis bien que Ux tenía predilección por vosotras dos —dijo Penny, mirando a Susi y a Sylvia.

Ellas, Ciench y Sulveh se estremecieron—.

A ti te escogió como pareja durante cinco años, Susi, y a ti te dejó embarazada, Sylvia.

Así que alguna razón más allá de su comprensión, de sus deseos y de sus anhelos lo llevó a mantenerme a salvo.

Y no puede ser otra que el hecho de que, tal vez, yo soy su hoa uhane y no Tatiana.

Aquella afirmación me hizo temblar.

—Si es así, las cosas se complican —dijo Tina—. Ese Ux es un monstruo que merece ser despellejado en la plaza y empalado hasta la muerte, pero ¿qué pasará con Penny si es su alma gemela? No podemos matarlo sin más, debemos pensar bien todo esto.

—La mayoría de ellas quiere ejecutarlo, mi reina. Hemos dicho que acataremos el voto de la mayoría. Hasta mi hermano ha claudicado, aunque no quiera que lo matemos aún.

Penny se levantó de golpe.

—¡Por favor, os lo ruego, escuchadme! —dijo paseando la mirada entre mi rostro y el de Tina, como si nosotras dos fuésemos su última esperanza.

» La civilización barog es muy distinta a la de la Tierra, mucho más salvaje, primitiva y brutal. Ni siquiera podemos comparar la época que vivisteis allí vosotras con la que vivimos Sylvia, Susi o yo misma, separadas por siglos.

» No podéis medir las acciones de Ux con el criterio de vuestro tiempo en la Tierra.

Tampoco las de los barogs de la aldea, que os recuerdo que nos secuestraron a todas y nos trajeron aquí, alejándonos de nuestros hogares para siempre.

Algunas, como Susi, Sylvia o tú, Callie, ya amabais al barog con el que cruzasteis el portal, uno bueno y compasivo.

Sin embargo, la mayoría no tuvimos tanta suerte y sufrimos terriblemente en la cacería.

Y siento decir esto, mi rey, pero, hasta hace poco, la situación de algunas de nosotras en la aldea no era muy distinta de la que vivimos en los pantanos.

Tras pronunciar esas palabras, se sentó de nuevo. Por mucho que doliera, no había dicho más que verdades.

—Tienes razón, Penny, y como sabéis, van a cambiar muchas cosas a partir de ahora. No obstante, eso no quiere decir que debamos ni podamos perdonar a Ux —dijo el rey.

—No estoy pidiendo que le perdonemos ni olvidemos lo que ha hecho. No solo secuestrarnos, sino iniciar dos guerras, provocar la muerte de muchos, asesinar a vuestra familia… Ni yo misma deseo eso. Merece ser castigado por lo que hizo —dijo ella, mirando a Cyrus.

—Entonces, ¿qué propones, Penny? —preguntó Ciench.

—Lo único que pido… es que no le matéis. Solo eso —dijo con la voz entrecortada, cargada de tristeza y angustia.

— Solo eso —repitió Sulveh, llevándose la mano al corazón—. Ojalá él hubiese tenido con los nuestros tanta compasión como tú nos pides para él.

Penny bajó la vista sin añadir nada más. Pero, cuando la alzó de nuevo, miró a Daryos, como si esperara algo de él. Mi barog se removió inquieto.

—Me uno a la petición de Penny —soltó de pronto—. Ux debe pagar por lo que hizo, pero os pido que no sea con la muerte. Al menos, durante un tiempo.

Cyrus negó con la cabeza.

—¿En serio, D? ¿Es eso lo que quieres? Mató a nuestra familia y estuvo a punto de violar a Callie. ¿Acaso lo has olvidado?

—No, ¡claro que no lo he olvidado! ¿Es que no me conoces? Le arrancaría la garganta ahora mismo con mis propias manos. Pero es mi padre, C, necesito un tiempo para procesarlo.

—El único padre que tuviste es Drashir y lo sabes. Él nos crio y nos amó.

—¡Él pensaba que yo era su hijo!

Cyrus resopló.

—Está bien. Mañana nos reuniremos aquí de nuevo y me comunicaréis vuestro veredicto definitivo. Después, yo tomaré una decisión por el bien de nuestro pueblo, teniendo en cuenta vuestras opiniones.

Todos asentimos y nos levantamos, dispuestos a marcharnos.

—Esperad —dijo el rey, mirándonos a Daryos y a mí—. Quedaos un momento. El resto, id a descansar y a disfrutar de la paz. Nos la hemos ganado.

Cuando todos se marcharon, Tina sirvió cuatro vasos de licor de moras y nos sentamos a tomárnoslo en los cómodos cojines del otro lado de la sala.

Enzo y Bazzeila, que hasta entonces habían esperado fuera, entraron y se tumbaron a nuestros pies, muy juntitos entre ellos.

La pata de la pantera descansaba sobre la del león y las colas estaban enredadas.

—¿Se puede saber de qué va eso? —le susurré a Daryos, señalando a los felinos.

—Son amigos desde que nacieron, amor. Casi como familia. Cuando llegaste a Nemea, estaban en el peor momento de su relación. Gracias a los dioses, ahora vuelven a ser los de siempre.

—Ya, ya. Pero me da a mí que ahí hay algo más que amistad.

Enzo abrió un ojo, me miró y lo cerró de nuevo. Demasiadas confianzas veía yo entre ese par. Entonces, me asaltó de pronto un pensamiento en el que no había caído nunca.

—Oye, hay leones hembra y panteras macho, ¿verdad?

Daryos y Cyrus me miraron como si les hubiera preguntado la cosa más absurda del mundo.

—No entiendo la pregunta —dijo mi amorcito.

Resoplé.

—¿Cómo que no la entiendes? ¡Ni que te hubiera preguntado por el origen del universo!

Los dos hermanos intercambiaron una mirada y se encogieron de hombros.

—Callie, las panteras son las hembras de los leones —dijo Tina como si tal cosa, dándole un largo trago a su vinito—. ¿No te habías enterado?

—Lo dices como si fuese lo más normal del mundo, Tina.

—Aquí lo es.

Puse los ojos en blanco.

—Ya, pero juraría que eso no es lo que había oído. Además, en la Tierra, son dos especies distintas con sus machos y sus hembras cada una. ¿Te suena eso de algo, Martins, o es que ni siquiera escuchaste en la primera clase de biología?

—Los barogs solo son machos y tienen que ir a la Tierra para buscar hembras compatibles con ellos. ¿Y ahora a ti te sorprende que leones y panteras se mezclen?

La miré con los ojos como platos. Ahí le había dado.

—No, supongo que no —murmuré—. Entonces, esos dos pueden liarse y tener cachorrillos, ¿es eso?

—Esos dos son como familia, pero sí: si quisieran, podrían. Eso es lo que suelen hacer las panteras y los leones, Callie —dijo Cyrus en un tono tan arrogante que me entraron ganas de meterle una hostia. Porque ahora éramos bastante amiguetes, que si no…

—¿Y por qué no he visto yo a ninguna pareja de pantera y león dándole que te pego desde que estoy aquí?