El Destino del Barog (El rapto de las descendientes 5) 50 solo eso
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callie

E ra todavía de madrugada cuando abrí los ojos y Daryos no estaba en la cama.

Me incorporé sobre los codos y lo busqué con la mirada.

Lo encontré junto a la balconada, asomado a los arcos, contemplando la plaza un poco más allá.

Me situé a su lado y me agarré a su brazo.

Su cola me acarició la pierna al instante y se quedó ahí.

Tras un rato en silencio, observando cómo las lunas empezaban a desvanecerse para dar paso al amanecer, al fin habló:

—¿Crees que Ux debería morir?

—Sí, Daryos, creo que merece morir.

—Pero es… mi padre.

—Por eso no me corresponde a mí tomar esa decisión.

Se giró a mirarme. Había un dolor profundo y sobrecogedor en sus ojos, tan bonitos que me dejaban a menudo sin aliento. Jamás imaginé que podría amar tanto a alguien.

—Si dependiera solo de ti, ¿qué decidirías?

Era una pregunta delicada, pero no podía mentirle.

—Le mataría, Daryos. Sé que lo putearon muchísimo y que tenía razones para estar cabreado.

Y también sé que no todos los barogs de la aldea son unos angelitos.

Mira la pobre Penny el infierno que pasó.

Aun así, nada de eso justifica lo que ha hecho.

Tú no estuviste en su asentamiento de los pantanos, amor.

Lo que vi allí… —Sacudí la cabeza, intentando alejar la imagen de Susi en medio de aquella plaza embarrada, a punto de ser violada por dos barogs—.

Susi se merece justicia. Sylvia se merece justicia. Y todas las demás también.

—Lo sé, Callie. Pero mis padres tampoco actuaron bien. Le traicionaron, y los ancianos se pusieron de su parte. Le arrebataron a su amada y lo humillaron. Si alguien te arrancara de mi lado, amor… Créeme: podría volverme tan loco como él.

—Tú nunca forzarías a otras mujeres ni golpearías a ninguna.

—Jamás lo haría. Eso es imperdonable.

—Y no olvidemos que mató a tu padre y a tus hermanos. No dudes que, si os hubiera encontrado a Cyrus y a ti aquel día, también os habría exterminado.

Volvió a girarse hacia la ventana. Los primeros rayos de sol avivaron las tonalidades de sus extraños ojos. Ahora ya sabíamos a qué, o mejor dicho a quién, se debían esos colores.

—Pese a todo, no creo que pueda matarlo —murmuró.

—Pues díselo a tu hermano. En cualquier caso, la decisión no es solo tuya. Susi, Sylvia, Ciench, Sulveh y muchos otros tienen también algo que decir sobre ello. Cyrus tomará la decisión final, no tú.

Se quedó pensativo. El dolor desfiguraba sus facciones.

—Lo dejaré en manos de las mujeres cautivas. Ellas tomarán la mejor decisión. Solo a ellas les corresponde.

Asentí.

Me pegué a su cuerpo, enorme y cálido, y le puse una mano en el pecho. Su corazón repiqueteaba como un tambor tocando retirada. Le acaricié la piel con suavidad.

—Cuando resolvamos lo de Ux, tú y yo hablaremos de lo más importante, amor mío —dijo de pronto.

—¿A qué te refieres, barog?

Me miró y me agarró la cara con ambas manos.

—¿A qué va a ser? Que mi preciosa hoa uhane es una barog —dijo con la primera sonrisa que le había visto en horas. Sus ojos rebosaban amor y admiración.

Me emocioné.

—¡Ah, eso! Te dije que la marca nos daría superpoderes. ¿Ves como siempre tengo razón? —dije guiñándole un ojo mientras me atusaba la melena.

—Tenías razón, Callie. Tu transformación, mis premoniciones, los leones, los llitops , toda esa nueva energía desbordante… La marca de nacimiento nos ha conferido muchos dones. Doy gracias a los dioses por ellos, pues nos han permitido ganar la guerra.

—Y, además, mi forma barog mola un montón, ¿a qué sí?

Soltó una carcajada que me calentó la sangre.

—Muchísimo, amor. Es espectacular. ¿Crees que vas a poder transformarte cuando quieras?

—Sobre eso… Ni idea. Ni siquiera sé cómo ocurrió ni cómo regresé a mi forma humana. Pero dame un poco de tiempo y seguro que acabo averiguándolo.

—Apuesto a que sí. Yo te ayudaré. Y en cuanto vuelvas a transformarte, probaremos…, ya sabes, un poco de sexo barog —dijo alzando las cejas dos veces.

Le di un manotazo en el pectoral.

—Tú siempre pensando en lo mismo.

—Por supuesto, amor. ¿En qué otra cosa quieres que piense? Solo soy un ser primitivo y descerebrado, completamente coladito por ti.

Ahora fui yo la que solté una carcajada.

Me agarró la cara y me besó con una intensidad que hizo que las piernas me temblaran. Por mucho tiempo que pasase, jamás me cansaría de él.

Yo también estaba completamente coladita por mi barog.

Nos abrazamos y contemplamos juntos el despliegue de colores del amanecer, disfrutando de esos momentos de calma, que sabíamos que durarían poco.

Hasta que no se dictara el veredicto sobre Ux, no se recuperaría la tranquilidad en la aldea.

Cuando Daryos y yo entramos en la sala del palacio, las caras eran muy largas.

Penny y Susi tenían chorretones de lágrimas en las mejillas, y Sylvia no estaba mucho mejor que ellas.

Sulveh, sentado a su lado, sostenía a Sonah con tanto amor que cualquiera hubiese afirmado que era su propio hijo.

El pequeño soltaba risas y gorgoritos mientras agarraba el dedo del guardián y este le hacía cosquillas en la barriguilla. Su cola se agitaba sin parar.

A su alrededor, el ambiente estaba cargado de tensión y dolor.

Todas las descendientes secuestradas estaban ahí junto a su barog, las que lo tenían. Algunos habían sido asesinados en la primera guerra.

Los barogs presentes, incluidos el rey y el príncipe, lucían heridas y moretones, fruto de la reciente batalla. Al menos ahora estaban limpios, y la sangre, la mugre y la pintura habían desaparecido.

Tina estaba muy seria, más incluso de lo habitual, y pálida. Intuí que la conversación no estaba siendo agradable.

Nos sentamos en el extremo de uno de los bancos y aguardamos a que alguien nos pusiera al corriente de lo que se había hablado hasta el momento. La pierna musculosa de Daryos temblaba pegada a la mía bajo la mesa. Hacía esfuerzos por mantener la calma, pero yo lo conocía bien: estaba hecho un flan.

—Bienvenido, hermano. Tú también, Callie.

Las descendientes han estado compartiendo con nosotros su punto de vista y las experiencias que sufrieron en los pantanos a manos de Ux y sus barogs perdidos —dijo, sin poder contener una mueca de disgusto.

Él también estaba pálido y tenía ojeras bajo sus ojos oscuros.

Sin duda, no había dormido bien—. Solo falta escucharte a ti, Callie.

Todos los pares de ojos en la sala se giraron a mirarme.

Intenté no ponerme nerviosa, pero fue imposible.

Rememorar aquello no era fácil para ninguna de nosotras.

Miré a Tina, buscando algo a lo que aferrarme.

Cuando asintió y me dedicó una mirada cálida, no demasiado habituales en ella, me sentí reconfortada en el acto.

Si esas mujeres habían podido hablar sobre ello, yo también.

—No voy a pretender que pasé por lo mismo que vosotras porque no fue así. Pasasteis en los pantanos una década, yo apenas una semana, así que no es para nada comparable.

—Eso no significa que no puedas dar tu opinión, Callie.

Es tan válida como la de cualquiera de nosotras —dijo Sylvia.

Esa mujer era tan dulce y compasiva que se me quebró el corazón.

El recuerdo de ella tumbada en el suelo cochambroso de esa celda mientras Ux le practicaba una cesárea me encogió el estómago.

Ella era, sin duda, de las que más habían sufrido y, sin embargo, se las arreglaba para sonreír y criar a su hijo con amor y alegría. Era un ejemplo a seguir.

—Estoy de acuerdo —intervino Susi—. Puede que solo pasaras allí una semana, pero también sufriste a manos de Ux. Además, fuiste testigo del tipo de cosas que tuvimos que soportar todos esos años.

Intercambiamos una mirada tan llena de emociones que apenas pude contener las lágrimas. Y cuando miré a Ciench, su expresión suplicante acabó por desarmarme. El sufrimiento de ambos se me coló muy adentro, mezclándose con el de mi barog y con el mío propio.

Nunca había querido verme como una víctima de Ux, pero, me gustara o no, lo había sido.

—Habla pues, Callie —me alentó Cyrus.

—Cuando estuve en los pantanos, pasé largos ratos con Ux.

Me contó muchas cosas y pude conocerle bastante bien.

Fui testigo de cómo daba la orden de violar…

a una de vosotras —dije, evitando mencionar a Susi para que no se sintiera peor de lo que ya se sentía—, así como también de cómo salvaba a Sylvia y a su bebé.

Vi que trataba a Penny con respeto, pero sufrí su ira cuando me golpeó, una sola vez.

Percibí su odio, su rencor y sus ansias de poder y, al mismo tiempo, su astucia y su capacidad de hacer el bien si se lo proponía.

—¿Qué tratas de decirnos, Callie? —me preguntó Tina.

Miré a Daryos y le hablé directamente a él:

—Sé que acabas de descubrir que Ux es tu padre y que, en el fondo, te gustaría mantenerlo con vida para poder conocerlo bien antes de tomar una decisión.

Y estoy segura de que, hace mucho tiempo, Ux era un buen barog, inteligente y con habilidades que habrían resultado muy útiles para la aldea.

Los ancianos y vuestros padres le jodieron bien la vida, y eso lo llevó hacia la locura.

—Entonces, ¿cuál es tu veredicto, Callie? ¿Propones salvarlo? —preguntó Cyrus.

Negué con la cabeza sin apartar la vista de Daryos.

—Lo siento, amor, pero todo lo que vi en los pantanos…, ese dolor no puede quedar impune. Ux podría haber tomado otro camino y él mismo lo sabe. Si fuera solo por mí, apoyaría mantenerlo con vida. Pero Susi, Sylvia y todas las demás… merecen justicia.

Daryos palideció, pero asintió con vehemencia. Tras unos segundos de silencio, mi barog habló:

—Me guste o no, acataré la decisión que toméis vosotras. Sé que será la correcta.

Hubo un murmullo de aprobación en la sala.

—Bien, entonces, ¿queréis votar ahora el veredicto o esperamos a mañana? Podríais tomaros el día para reflexionar.

A todas les pareció bien aplazar la decisión al día siguiente. Las emociones estaban a flor de piel.