El Destino del Barog (El rapto de las descendientes 5) 49 nada ha cambiado #2
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49 nada ha cambiado #2

—No —soltó Ux con rudeza. Parecía herido—. Lo que hubo entre Tatiana y yo no fue una reminiscencia de mi unión humana con ella. Era mi pareja de vida, mi hoa uhane , y Drashir me la arrebató.

No le había gustado lo que Sulveh acababa de contar.

Tenía cierto sentido, puesto que los humanos podíamos enamorarnos de cualquiera y unirnos a quien nos diese la gana, durante solo una noche…

o para toda nuestra vida. Puede que esa dualidad de la naturaleza de su especie, humana y barog, afectara más a su existencia de lo que estaban dispuestos a reconocer.

En el propio templo había estatuas que representaban ambas formas.

Con todos los ancianos muertos, jamás averiguaríamos la verdad absoluta sobre el asunto. Así que seguiríamos especulando.

—Quizás algún día, Ux, tendrás que aceptar que ella, aunque te amaba, no estaba predestinada a ti —dijo Penny con timidez, mirando al barog perdido.

Él le devolvió la mirada y un músculo tembló en su mandíbula.

—Sabes que no puedo aceptar eso, Penny. Toda mi existencia ha girado en torno a ese amor. Todo lo que he hecho ha sido por ella. —Su voz sonó muy grave y estrangulada.

—¿No puedes… o no quieres? Te niegas a aceptar otras verdades que están ante tus ojos.

Te has obsesionado con Tatiana y con todo lo que os ocurrió, cerrándote a otras posibilidades.

Pero no tiene por qué seguir siendo así y lo sabes —dijo caminando hacia él, extendiendo las manos como si quisiera alcanzarlo.

Estaba claro que Penny no le tenía ningún miedo.

Tina enarcó una ceja.

—Callie, me he vuelto a perder —me dijo en voz baja.

—Ahora yo también —susurré.

De pronto, un ligero temor se extendió por el rostro de Ux. Se pasó la mano por el pelo y se aplastó más contra la pared.

—Todas esas posibilidades de las que hablas, si es que alguna vez existieron de verdad, acaban de esfumarse. ¿No comprendes la situación? Van a matarme, Penélope.

Ella dibujó una mueca de horror. Avanzó deprisa hasta colocarse entre nosotros y Ux.

—Por favor, no lo matéis, os lo ruego —suplicó con lágrimas en los ojos.

Todos nos quedamos estupefactos. ¡Eso sí que era un gran giro de los acontecimientos! De hecho, llevábamos ya más de uno. En cualquier momento me daba un infarto.

—¿Cómo puedes defender a ese monstruo, Penny? —rugió Ciench, avanzando también—. Tú mejor que nadie aquí sabes lo que os hizo a todas. A Susi, a Sylvia, a ti misma… —La voz del barog se quebró.

Penny lloraba. Se me partía el corazón viéndola así.

—Lo sé, y lo que hizo es imperdonable. Pero no todo es maldad en él —explicó con voz temblorosa.

—Penny, vete a la posada, por favor. No estás pensando con claridad. Eres una víctima de Ux y, de algún modo, está claro que te ha manipulado para decir todo esto —dijo Cyrus con suavidad, intentando acercarse a ella.

Mi amiga negó con la cabeza despacio.

—No es así, mi rey. Es cierto que nos secuestró y…

todo lo demás. No voy a disculpar lo que hizo en los pantanos ni tampoco las atrocidades de las guerras que él empezó.

— Lo miró de reojo y él apretó la mandíbula—.

Creedme, yo tenía tantos motivos como vosotros para odiarle.

Por su culpa, murieron Elena y Tatiana. Vuestra madre —dijo clavando sus ojos ambarinos en Daryos y Cyrus— era mi mejor amiga.

Su muerte me dejó devastada. Pero él no la mató.

Uno de los suyos incumplió sus órdenes y lo hizo.

Ux lo destrozó con sus propias manos y lloró la muerte de vuestra madre.

Yo fui testigo de ello. Estaba ahí mismo.

Se me encogió el estómago. Sus palabras eran desgarradoras.

—Penny, detente, nada de lo que digas va a poder salvarme —le rogó Ux.

Ella agitó una mano en su dirección para que la dejara hablar y prosiguió:

—Vosotros, los barogs de la aldea, condenáis lo que él hizo, y lo comprendo.

Es así como debe ser. Pero yo sufrí durante siglos terribles maltratos a manos de Gushia, mi barog, y nadie movió un dedo para ayudarme, solo Tatiana.

Como estábamos vinculados y se suponía que éramos hoa uhanes , se desentendieron.

Mi obligación era seguir a su lado y hacerle feliz.

Él me colmaba de atenciones y me decía cuánto me amaba, pero perdía los estribos cuando estábamos a solas y me golpeaba.

Me controlaba y no me dejaba salir con las demás.

Quería que me quedara en casa para servirle y complacerle.

Tenía un nudo en la garganta.

—Siento mucho todo lo que te ocurrió, Penny, pero yo no era el rey por entonces, y te aseguro que voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que jamás vuelva a ocurrir algo así.

—Tu padre era el rey, un buen rey y un buen barog. Pero ni siquiera él podía transgredir los designios de los dioses… ni las leyes de los ancianos.

Pues sí que igual Ux nos había hecho un gran favor cargándose a Ooris y los demás. Eché una miradita al cadáver del anciano y volví a centrarme en la conversación.

—Te prometo que cambiaré todo eso —insistió Cyrus.

—Cuando Ux me secuestró, pensé que no sería tan distinto de lo que había vivido hasta entonces; que yo lo soportaría mucho mejor que las otras porque venía de un infierno.

Me preparé para lo peor. Pero eso no llegó nunca, porque Ux jamás me hizo daño.

Me protegió y curó mis heridas —dijo entre lágrimas.

Todo aquello era… muy difícil de creer. Y, sin embargo, ahí estaba Penny afirmándolo—.

Sé que para Susi y las demás estos diez últimos años han sido un tormento.

¡Yo fui testigo de su sufrimiento! Y sé que merecen venganza y justicia.

Para mí, sin embargo, que los hermanos perdidos me llevaran a los pantanos fue una liberación. Ux me salvó.

Un murmullo de sorpresa y malestar recorrió la sala de mi hogar.

Cyrus se movía inquieto mientras Toruch sujetaba a Ciench del brazo para impedir que se abalanzara sobre Ux. Xerx seguía junto a Daryos, susurrándole palabras de apoyo, y Lansh y Axeh se mantenían cerca de ellos. Sulveh y Tina permanecían inmóviles, con los ojos fijos en el rostro de Penny.

Todos estábamos consternados.

No pude evitar pensar en que Ux también había curado mis heridas del ataque de Antara y de mi terrible caída por el precipicio. Si no lo hubiera hecho, probablemente hubiese muerto de una infección. Además, él salvó a Sylvia y su bebé en el parto…

«No sigas por ahí», me recriminé. «Me abofeteó, me obligó a besarlo, amenazó a Susi para instarme a hablar…». E hizo muchas otras cosas terribles. Ux era un monstruo y no debía ablandarme. ¡Ni hablar!

—Penny, por lo visto, tu experiencia en los pantanos fue muy distinta a la de las demás, pero no podemos perdonar a Uxuer solo por eso. Ha causado demasiado dolor y desesperación a muchos otros. Merece morir —sentenció Cyrus con vehemencia.

Entonces, Daryos se apartó de Xerx y de mí, y caminó decidido hacia Penny. Su cola estaba alicaída tras él y sus latidos, que de algún modo yo podía percibir, eran erráticos cuando se plantó ante ella.

—¿Es verdad que mi madre le amaba? —preguntó con la voz rota por el dolor.

—Tan verdad como que te tengo delante ahora mismo, mi príncipe. Aunque también amaba a Drashir con locura. Esa era su condena: los amaba a ambos.

Daryos se estremeció. Yo también.

—¿Y es cierto que ella le escribió esa carta y que Ux no la mató? —preguntó mi barog de nuevo. Ella asintió sin titubear—. Y… ¿es verdad que yacieron juntos en la gruta de la cascada hace treinta años?

Entonces, Penny esbozó una sonrisa triste y compasiva, y tomó a mi barog de ambas manos.

—Ux es tu padre, príncipe Daryos. Fuiste fruto del amor de ambos, fuesen hoa uhanes o no. Esa es una verdad indiscutible.

Él se tambaleó y retrocedió.

—Te creo, Penny —dijo. Y en un tono más firme, añadió—: Si todo eso fue así…, no podemos matarlo. Todavía no.

Se armó un gran revuelo.

Francamente: las palabras de mi amorcito no me sorprendieron. Le conocía bien y tenía un corazón demasiado grande. Me estaba temiendo que llegara a esa conclusión.

Ux había jugado bien sus bazas.

—¡No puedes tomar esa decisión tú solo, D! —rugió Ciench. Toda la musculatura de su cuerpo vibraba. Toruch lo agarraba con fuerza por la cintura para contenerlo.

—No te corresponde solo a ti, Daryos —añadió Sulveh. Sus ojos echaban chispas, aunque se esforzaba por mantener la compostura.

Cyrus se frotó los ojos mientras Tina se colocaba a su lado y le hacía un gesto con la barbilla, supongo que para que interviniera y pusiera orden. Como no lo hiciera, lo haría ella, eso seguro.

—¿Acaso has olvidado lo que le hizo tu supuesto padre a Callie? —soltó el rey a bocajarro.

Daryos negó con fuerza y me miró, angustiado.

—Lo sé —le dije de inmediato, mirándolo solo a él, como si no existiera nadie más a nuestro alrededor. Nadie, salvo Ux. A él también lo tenía bien presente—. Sé que no lo has olvidado. Te apoyaré, decidas lo que decidas, amor.

Ux permanecía en silencio, observando la escena con atención.

Seguía tranquilo, pero juraría que contenía el aliento, cruzando los dedos para que su recién revelado hijo lo salvara.

Solo había un punto que no me cuadraba: si solo hacía todo eso para salvar el pellejo, ¿por qué no había huido a la selva sin más?

Empecé a pensar que quizás, solo quizás, Daryos le importara de verdad; aunque, conociendo a Ux, fuese una completa estupidez plantearse eso siquiera.

Y luego estaba Penny. Todo lo que ella había contado… Puede que hubiera muchas cosas de Ux que desconocíamos.

—Hermano, sabes que, si lo dejamos con vida, jamás podremos vivir en paz.

Su mera existencia es una amenaza para nosotros y para toda la especie.

¿Quieres arriesgarte a una tercera guerra?

Porque él no parará hasta matarnos, ocupar el trono, apoderarse de todas las descendientes y gobernar a su manera.

Y ya sabemos qué manera es esa. —Los ojos del rey refulgían de odio y desconcierto.