49 nada ha cambiado
callie
E l rugido de Daryos me dolió más que cualquiera de las cosas que había sufrido en la vida. Más que la marca a fuego de la espiral en mi hombro, más que la caída por el precipicio al río, más que ser arrancada de la Tierra para no volver jamás.
—Escúchame bien, amor, eso no cambia nada —dije, cogiéndole la cara entre las manos e intentando que me mirara.
Todavía había trazos de pintura negra de guerra en un lado de su rostro y en su imponente cuerpo, emborronados por el sudor y la sangre—.
No importa quién sea tu padre, ¿me oyes?
Tú sigues siendo el mismo: un barog honorable, bueno y valiente al que quiero con locura. Nada puede cambiar eso.
—¡Lo cambia todo! Si eso es cierto, soy hijo de un monstruo; del barog que mató a casi toda mi familia y que ha cometido tantas atrocidades. ¡Dime que no es cierto, Callie, por favor! —Sus ojos suplicantes estaban llenos de lágrimas.
—Ojalá pudiera, pero Ooris lo confirmó punto por punto. Y vi esa carta con mis propios ojos, Daryos.
Ux avanzó hacia nosotros, sacó de nuevo el papiro doblado y se lo tendió a Daryos. Este no se movió. Se limitó a mirarlo con tanto desprecio que se me quebró el corazón.
Cyrus se apresuró a coger la carta por su hermano. La abrió con avidez y la leyó en silencio.
Todos nuestros amigos estaban consternados y petrificados ante semejante revelación. Ax, Lansh y Xerx se habían aproximado un poco a mi barog. Nadie osaba pronunciar una sola palabra. Nadie, salvo Cyrus.
—Esta carta no prueba nada. Podría haberla escrito cualquiera.
Ux, que había retrocedido de nuevo hasta la pared, se tensó.
—Juro por los dioses del manantial y por mi propia vida que esas palabras las escribió vuestra madre.
Había que reconocer que el tío tenía un par de huevos: en lugar de largarse cagando leches de la aldea y huir a la selva para salvar la vida, se había quedado para contar su verdad.
—No sé lo que esperas obtener con esto, pero no creo que te salga bien —le dije en voz baja, mientras Daryos se acercaba al rey y leía también las palabras de su madre.
—Solo quiero que mi hijo sepa la verdad. Eso es todo, Callie —soltó él con vehemencia.
—Puede que nuestra madre sintiera algo por ti cuando os conocisteis en la Tierra, tal vez fuera así.
Pero jamás habría traicionado a nuestro padre.
Nunca se habría acostado contigo. ¡Eso no son más que mentiras!
Ella amaba a mi padre con locura y nunca le habría mentido —escupió el rey, fuera de sí.
—Lo siento, Cyrus, pero te aseguro que eso fue lo que ocurrió.
Aunque, como ya sabes, finalmente decidió permanecer al lado de Drashir, en lugar de huir conmigo.
Una pena. Yo siempre amé a vuestra madre desde lo más profundo de mi alma, desde el día mismo en que la conocí a orillas de un hermoso río de la Tierra.
—Si la hubieras amado de verdad, no habrías iniciado esa guerra y matado a toda mi familia, mi madre incluida.
—Como te he dicho, yo no la maté. Jamás le habría hecho ningún daño.
—¿Y qué esperabas entonces? ¿Asesinar a Drashir y quedarte con ella y con el trono? —preguntó Cyrus en tono de burla.
—Tu padre era mi mejor amigo y me traicionó. Me robó a Tatiana y me arrebató mi honor y mi felicidad. Un barog no perdona algo así. —El rostro de Ux se había ensombrecido.
Daryos me devolvió la carta con manos temblorosas y yo se la entregué a Ux. Mi barog tenía el rostro desencajado y el dolor pintado en cada hermosa línea de su cara. Me dolía el pecho de verlo así.
—Es imposible que exista la certeza de que Daryos es su hijo, Callie —soltó Cyrus, clavando sus ojos oscuros en los míos, rogando por un resquicio de esperanza. La mota verde brillaba como una pequeña esmeralda en uno de sus iris.
—Sabemos que vuestra madre fue a encontrarse con él en la cascada y…
—¿La cascada? —preguntó Daryos de golpe, interrumpiéndome.
Estaba desolado. Ese era su lugar especial, aquel adonde me había llevado después de la cacería. El lugar en el que, al fin, le declaré mi amor.
Y él había sido concebido en el mismo sitio. Aquello no podía ser una mera coincidencia. El destino apuntaba hacia una dirección clara: Daryos era hijo de Ux. Ya no me cabía ninguna duda, aunque no tuviese la certeza científica.
—Sí, Daryos. Se vieron en la cascada Wailele . —Le transmití un «lo siento» con la mirada. Ni siquiera podía imaginar lo duro que debía de ser todo eso para él—. Tatiana se lo contó a Ooris cuando acudió al templo, así que no hay duda de que tuvieron sexo.
Miré por el rabillo del ojo a Ux. Estaba disfrutando con todo eso, no me cabía duda. Sin embargo, cuando miraba a Daryos, la preocupación afloraba en sus ojos.
—Pero si acudió a él, sería porque no estaba segura de quién la había dejado embarazada.
Probablemente, se acostó también con mi padre por las mismas fechas.
Ellos siempre gozaban el uno del otro. ¿Cómo podemos estar seguros de que Ux, y no el rey, fue quien lo concibió?
—Cyrus seguía buscando un bote salvavidas. No lo había.
—Si estuviésemos en la Tierra, podríamos hacer una prueba de paternidad y determinar con absoluta certeza quién de los dos es el padre.
En Nemea no tenemos esa posibilidad. Así que, por supuesto, cualquiera de ellos podría haberlo sido.
Sin embargo… —Me callé y señalé a Daryos, luego a Ux y después al propio Cyrus.
Todos nuestros amigos siguieron la dirección que indicaba mi dedo en cada momento. Supongo que se dieron cuenta en ese instante de lo mismo que había visto yo minutos atrás: el gran parecido entre Ux y Daryos.
Xerx se acercó a mi barog y le puso la mano en el hombro. Se quedó allí, como apoyo a su mejor amigo.
—No importa quién sea tu padre, D. Para nosotros siempre serás el mismo: nuestro gran amigo y uno de los mejores barogs que existen en este planeta —le dijo.
Daryos se encogió un poco y se llevó la mano al pecho. Supongo que él también se había dado cuenta del parecido. Me miró a los ojos y yo asentí. La esmeralda y el zafiro brillaron a la luz de la antorcha, anegados de lágrimas.
En ese instante, entraron en la sala Tina y Penny. La reina nos miró a todos y frunció el ceño.
—¿Qué demonios está ocurriendo aquí? —preguntó.
Cyrus suspiró y se pasó las manos por el pelo enmarañado. Todavía había restos de pintura negra en su piel, así como de sangre ya seca, y sus heridas de guerra eran bien visibles.
—Deberíais haberos quedado en la posada, mi reina.
—Estábamos preocupadas. Xioh nos contó que Callie había desaparecido —dijo, lanzándome una de sus miraditas reprobatorias—, y que tu hermano había tenido una de sus premoniciones.
Una muy inquietante. Ya veo que era cierta.
—Contempló el cuerpo desangrado del anciano y después clavó sus ojos oscuros en los de Ux.
—¿Las demás están bien? —preguntó Ciench con voz temblorosa. Por supuesto, debía de estar pensando en su Susi.
Aunque había bajado el machete, seguía agarrando la empuñadura. Apostaba a que estaba haciendo tremendos esfuerzos para no saltar sobre Ux y arrancarle la cabeza.
—Sí, les he pedido que se quedaran en la posada. Penny ha insistido en acompañarme —explicó Tina.
Penny avanzó unos pasos, retorciéndose una mano con la otra, y sus ojos color miel se posaron en el rostro de Ux. ¿Este había palidecido un poco o eran imaginaciones mías?
—No deberías presenciar esto, Penny. No quiero que te veas involucrada —dijo Ux con una dulzura que nos sorprendió a todos.
—¿No crees que ya hace mucho tiempo que estoy involucrada con lo que sea que vaya a ocurrirte? —preguntó ella con un hilo de voz.
—Regresa a esa posada. Esto no va a ser agradable.
Ella ignoró su consejo y, en cambio, preguntó:
—¿Por qué no has huido?
—Porque la verdad tenía que salir a la luz de una vez por todas. Estoy cansado de esconderme en los pantanos, Penélope. Tú mejor que nadie sabes por todo lo que he pasado. Prefiero morir a seguir ocultando la verdad.
—¿La verdad sobre Tatiana y tú? —preguntó ella.
Ux suspiró.
—Y sobre el príncipe Daryos. Mi hijo.
Tina abrió los ojos como platos.
Penny tembló de la cabeza a los pies y lanzó un sollozo.
—Yo… lo sospeché. Pensé en ello muchas veces, Ux.
Pero Tatiana tomó el tónico justo después de acostarse contigo, y Ooris le aseguró que era imposible que el bebé fuese tuyo.
Ella estaba vinculada a Drashir, él era su hoa uhane , así que el anciano le dijo que el niño solo podía ser del rey. Me convencí de que era así.
—Míranos, Penny. Míranos y dime que no ves el parecido que veo yo. ¡Que vemos todos!
—Pero ¿cómo es posible? Tatiana estaba unida a Drashir —balbuceó mi amiga.
Ux se encogió de hombros sin contestar.
—Ooris dijo que, tal vez, la versión humana de Ux se unió de algún modo a Tatiana cuando yacieron juntos en la Tierra.
Puede que eso los afectara para siempre y que, aunque se vinculó después a Drashir en Nemea, algunos sentimientos y lazos entre ellos permanecieran. Es imposible de saber —expliqué.
Sulveh dio un paso adelante.
—Quizás yo pueda arrojar algo de luz sobre esto —soltó de repente—.
No sé demasiado, puesto que los ancianos guardaban celosamente toda esa información, pero una vez Ooris me mencionó que, miles de años atrás, habían decidido prohibir las uniones en la Tierra antes de cruzar el portal porque habían causado algunos problemas.
—¿Qué clase de problemas? —preguntó Cyrus. Yo ya intuía la respuesta.
—Me contó que la unión de un barog en su forma humana con una descendiente antes de consagrar el apareamiento en Nemea podía afectar al vínculo si, después, la mujer acababa uniéndose con un barog distinto.
Enseguida rectificó y me aseguró que había sido un designio de los dioses, pero tuve la sensación de que habían sido ellos quienes habían tomado esa decisión para evitar posibles conflictos.
—Tal vez es lo que os pasó a vosotros, Ux —dije, mirándolo.
Por un momento, todo el mundo parecía haberse olvidado de él, menos Daryos, Penny y yo. Mi barog no le quitaba ojo a su padre.