El Destino del Barog (El rapto de las descendientes 5) 48 bendiciones #2
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48 bendiciones #2

—No podéis matarle, todavía no, Cyrus. Hay algo que no sabéis. Algo que puede… cambiarlo todo.

El cuchillo se clavó más hondo en mi corazón.

—¿Cómo puedes proteger a este monstruo, Callie? —solté, señalándolo—. ¿Después de lo que te hizo? ¿Después de lo que nos ha hecho a todos? Mató a mis padres, a mis hermanos…

—No mató a vuestra madre. Jamás le habría hecho daño.

—¿En serio le crees? ¡Cómo puedes! —gritó Cyrus.

Mi hoa uhane volvió a mirar a Ux.

—Adelante, Callie. Cuéntales la verdad —dijo él con voz grave y tranquila.

Ella se giró y se acercó unos pasos hacia nosotros. Enzo la siguió y se tumbó a sus pies. Naranjito y Artia se colocaron a su lado.

—Ux amaba a Tatiana… y ella le amaba a él.

—Eso no es cierto, no son más que mentiras. Nuestra madre amaba a nuestro padre —espetó mi hermano. Estaba perdiendo la paciencia, yo lo sabía, pero no debía pagarlo con Callie. Ella era solo la mensajera.

—Todo lo que voy a contaros lo ha confirmado Ooris. Ahora soy yo la que debo aseguraros que es la verdad, pues lo escuché de sus propios labios. El anciano no mentía.

—No importa lo que Ooris creyera. Mi madre era la hoa uhane de mi padre, fin de la historia. Y ahora, ¿podemos matarle ya?

Callie tragó saliva.

—Esto no ha hecho más que empezar, Cyrus —dijo ella con la voz apagada. Algo la estaba apenando.

—Deja que mi hoa uhane hable, C. ¿No quieres saber la verdad? Porque yo sí. Y por la expresión de Callie, apuesto a que es perturbadora.

Mi hermano y yo intercambiamos una mirada que bastó para que él accediera. Con un gesto de la mano, instó a Ciench, Sulveh y los demás a que bajaran las armas. Ellos obedecieron a regañadientes.

—Como os estaba diciendo —comenzó de nuevo, bajo la atenta mirada de Ux, que no le quitaba los ojos de encima, salvo para observarme a mí de vez en cuando.

No al rey, a mí —, Tatiana le amó. Puede que de un modo distinto a como amaba al rey Drashir, y nadie sabe en realidad quién de los dos era su hoa uhane .

Ambos protestamos, indignados ante esas palabras.

—Continúa, Callie —le pidió Ux, avanzando dos pasos hacia ella con una familiaridad que me estranguló la garganta y me provocó arcadas.

Lo fulminé con la mirada y él se detuvo. Estaba demasiado cerca… Si daba un solo paso más, me abalanzaría sobre él y le rajaría el cuello. ¡Y a la mierda con la verdad!

—Ux tiene una carta escrita por vuestra madre.

La ha guardado todos estos años. Me la ha mostrado antes y la he leído.

No hay duda de que una vez le amó de verdad.

En ella le pedía que se detuviera, que no provocara la primera guerra.

Fue después de que se encontraran en secreto…

hace unos treinta años, y él le pidiera que abandonara a vuestro padre y huyeran juntos.

Cyrus palideció. Yo no estaba mucho mejor.

—¡Mentira! ¡Eso es imposible! —gritó Cyrus.

—Mi madre no se habría visto con él a escondidas de mi padre. ¡Jamás se habría puesto en peligro de esa manera! —dije, horrorizado.

Callie me observó con tristeza.

—Pues lo hizo. Supongo que pensó que, si acudía a ese encuentro, tendría una oportunidad de convencer a Ux de que renunciara a la guerra y dejara a la aldea en paz. Pero cuando llegó y se enteró de las condiciones, regresó junto a Drashir.

—Imagino que la condición era que se fuera con él —escupió mi hermano con desprecio.

—Y que llevara a veinte descendientes más con ella para los otros barogs perdidos.

Nuestros rugidos retumbaron por toda la casa. ¡Estábamos indignados! No tenía ni idea de lo que pretendía Ux contándonos todo eso y encima usando a mi hoa uhane . Pero si trataba de convencernos de que no lo destripásemos, no iba por buen camino.

—Hijo de puta —gruñó Ciench.

—Maldito cabrón —dijo Toruch.

—Siempre has sido un monstruo —murmuró Sulveh.

Ux ni se inmutó. Tan solo le vibró un músculo de la barbilla. Eso era lo único que delataba su intranquilidad, si es que realmente la sentía.

—El caso es que Tatiana no acudió a la Gran Roca el día acordado en que debía huir con él y se limitó a hacerle llegar la carta por medio de Yolk.

No sabemos si decidió quedarse en la aldea por amor a vuestro padre o a sus hijos.

Tú debías de ser muy pequeño por entonces, Cyrus.

Tu madre le dijo a Ux que no podía abandonarte, que la necesitabas. Ella te adoraba.

Miré a mi hermano. Apretaba la mandíbula para contener las emociones. Todo eso era muy duro para él. Para ambos.

Callie continuó.

—Vuestra madre, que yo sepa, jamás le habló a nadie de ese encuentro con Ux… salvo a Ooris. Fue al templo para hablar con él y pedirle consejo.

—¿Consejo sobre si huir con Ux y traicionar a nuestro padre? —preguntó C, alzando una ceja. Se mantenía incrédulo.

Mi hoa uhane negó con la cabeza.

—No, no. Esa decisión la tomó sola. Acudió al templo semanas después. Fue a hablar con el anciano… por otro motivo.

Todos contuvimos el aliento. Llegados a ese punto, no tenía ni idea de qué demonios era tan importante para que Callie nos hubiera pedido que no matáramos a Ux.

—¿Por qué acudió mi madre al templo, amor? —pregunté.

Tardó unos segundos en contestar.

—Para recibir las bendiciones de los dioses a través de los ancianos, como era costumbre en vuestro pueblo cuando la reina estaba… embarazada.

Esa sensación desagradable incrementó en mi estómago. Una vaga idea, todavía borrosa, empezaba a cuajar en mi cabeza.

—Has comentado que eso ocurrió hace unos treinta años, ¿no? Yo debía de tener alrededor de dos años y mi madre debía de llevar a Daryos en su vientre. ¿Qué tiene eso de raro? —preguntó Cyrus.

La mirada que Ux le lanzó… La que me lanzó Callie a mí…

Mi hermano abrió los ojos de par en par mientras la sangre se me helaba en las venas.

—Sí, Cyrus. Tu madre estaba esperando a Daryos —dijo Callie con la voz todavía más apagada y los ojos de nuevo llenos de lágrimas a punto de derramarse.

El rey apretó la mandíbula y tensó los hombros. Hubo un murmullo general.

Ux sonrió con una mezcla de malicia y amargura.

—No lo digas. Ni se te ocurra, Callie —suplicó Cyrus con la voz entrecortada.

Mi hermano se llevó la mano al corazón. Trató de decir algo más, pero los sonidos murieron en su garganta como un lamento.

Entonces, empecé a comprender.

Callie clavó sus bonitos ojos avellana en los míos y se aproximó a mí hasta que nuestros cuerpos se rozaron. Sus dedos se enredaron en los míos mientras una lágrima silenciosa recorría su mejilla, suave y sonrosada.

—Tu madre, Daryos, fue a recibir las bendiciones de los dioses y a pedirle consejo a Ooris. Estaba angustiada y desesperada, y no tenía ni idea de lo que debía hacer.

—¿Y eso… por qué? —balbuceé, aunque ya sospechaba la respuesta.

—Porque había yacido con Ux unas semanas atrás.

El silencio se espesó y me aplastó. Empecé a temblar violentamente mientras sentía que me ahogaba.

—No creas ni una palabra de esta historia, hermano —me pidió Cyrus, aproximándose a nosotros.

Me agarró por el hombro para que le prestara atención, pero yo solo podía mirar a Callie. A nadie más.

—Ux es tu padre, Daryos —dijo ella al fin.

El mundo entero se hundió bajo mis pies mientras un rugido terrible emergía de mi garganta.