47 LA PURA VERDAD #4
— Deberías haberte detenido cuando todavía estabas a tiempo, Ux.
Eres inteligente, quizás el más astuto de todos los barogs que conozco, y un gran sanador.
Podrías haber tenido tu lugar en la aldea, un lugar respetado y destacado, pero escogiste otro camino.
Y esa decisión fue culpa tuya, de nadie más.
Hiciste demasiado daño a demasiadas personas.
No importa que Tatiana te amara, ni siquiera que seas el padre de mi Daryos.
No te perdonarán jamás. No saldrás vivo de aquí.
Una llama intensa fluctuó en sus ojos, tan hermosos como siniestros.
— Supongo que pronto lo averiguaremos, ¿no crees?
— Entrégate ahora, Uxuer, y puede que el rey te conceda una muerte rápida y piadosa. Es un barog compasivo, a diferencia de ti — dijo Ooris.
— No creo que Ciench o el guardián del templo, Sulveh, permitan que Cyrus me mate sin más. Tienen muchas afrentas que vengar, y no los culparía por ello. — Lo dijo con serenidad y respeto, como si aceptara su destino.
Pero yo sabía que no iba a rendirse tan fácilmente. Había mantenido al anciano con vida para que corroborara su historia y me había obligado a oírla. Tenía algo planeado, eso seguro. Y apostaba a que iba a jugar la carta del papaíto de Daryos todo cuanto pudiera.
— Tú solo te lo has buscado, Uxuer. Los dioses no perdonan la traición al pueblo barog.
— Y, sin embargo, os han perdonado a vosotros los ancianos durante milenios.
« Ahí le has dado », pensé. No podría estar más de acuerdo.
Entonces, Ux clavó la mirada en mi rostro y percibí un cambio en él. Como si, de pronto, hubiera tomado una decisión. Por instinto, retrocedí unos pasos hacia el taburete que antes ocupaba. Pero no llegué a sentarme, me quedé a medio camino.
— Lo has escuchado todo bien, ¿verdad, Callie? Lo que he explicado y lo que Ooris ha confirmado como cierto.
Asentí.
— Sí, lo he oído todo.
— Y, si te pidiera que contaras mi historia y todo lo que has oído aquí, lo harías, ¿verdad?
— ¡Qué remedio!
— ¿Lo harás?
Asentí.
Una sonrisa tenebrosa se curvó en sus labios y comprendí demasiado tarde que las cosas estaban a punto de ponerse aún más feas.
Sin previo aviso, Ux deslizó el filo del cuchillo por la garganta de Ooris, de un extremo al otro, dibujando un corte profundo en su piel. El anciano mantenía la mirada clavada en mi rostro mientras se desangraba ante mis ojos.
No se resistió. Juraría que había aceptado su destino con calma, como si supiera que las cosas iban a acabar así para él desde el mismo instante en que Ux lo apresó en el templo y asesinó a los otros tres ancianos.
— ¡No! —grité horrorizada, tapándome la boca con las manos—. ¿¡Por qué lo has hecho!?
— Creía que había quedado muy claro, Callie — dijo Ux con voz de ultratumba, soltando al anciano, que se desplomó bocarriba en el suelo.
Traté de apresurarme hacia él y socorrerlo, pero Enzo se interpuso en mi camino y me empujó hacia atrás, protegiéndome con su cuerpo. El león rugió, con uno de esos rugidos que emergían de su garganta cuando se acercaba un enemigo. Era imposible que Daryos no le oyera.
Pronto vendría a por mí.
— Ayuda al rey y al príncipe, Callie — murmuró Ooris, con los párpados ya cerrados — . Ayuda a tu especie, los barogs.
Me estremecí.
Porque esa era la verdad: yo también era una barog.
— Bien, Callie, ahora solo tú y yo conocemos la verdad. No me falles, ¿de acuerdo? — dijo Ux, poniéndose en pie y observándome con esos ojos afilados como navajas.
Caminó varios pasos hacia mí y se situó de lleno bajo la luz de la antorcha.
Sus ojos brillaban como dos zafiros encendidos, su melena negra caía salvaje y enmarañada sobre sus hombros, su cicatriz se estiraba sobre la piel del pómulo mientras él curvaba los labios en una sonrisa helada.
La espiral grabada en uno de sus pectorales relucía bajo el resplandor de las lunas, como una declaración implacable.
— ¿Por qué lo has matado? ¿Solo por venganza?
— Ya no le necesitaba. Ahora te tengo a ti.
— Has exterminado a todos los ancianos de tu especie — balbuceé con lágrimas en los ojos.
— Te aseguro que nuestro pueblo estará mucho mejor sin ellos. Créeme, Callie: si los hubieras sufrido tanto tiempo como yo, sabrías que no eran más que escoria. Le he hecho un favor al rey.
Retrocedí un par de pasos más, parapetada tras Enzo.
— ¿Harás lo mismo conmigo cuando ya no me necesites?
— Te lo dije, jamás mataría a una descendiente, y mucho menos a ti. Las cosas han cambiado mucho desde que estuviste en los pantanos. Eres la hoa uhane de mi hijo y nunca haría nada para perjudicarte a ti o a él.
Por un momento, me vino a la mente el hijo de Sylvia. Si su padre también era Ux, Daryos y el pequeño Sonah eran hermanos. ¡Dioses, menudo lío!
¿Y cómo se tomarían Cyrus y Daryos la traición de su madre hacia Drashir? A fin de cuentas, ella le había sido infiel. ¿Cómo les afectaría todo eso?
Era imposible que la situación acabara bien.
— ¿Qué quieres de mí?
Ux avanzó un par de pasos.
— Tan solo que me ayudes a contar la verdad a tu barog, eso es todo. Necesito hablar con Daryos y que tú me ayudes a que me crea.
— Eso no te salvará.
Enzo rugió otra vez y me empujó hacia atrás con el morro.
— ¿Confirmarás mi historia, Callie? Es lo único que te pido.
— Lo haré — contesté temblando — . No porque tú me lo pidas, sino porque es la verdad y el rey y el príncipe merecen saberla.
— Con eso me vale. No debes temerme, Callie. Te prometo que estás a salvo conmigo.
Solté una carcajada histérica.
Entonces, Daryos irrumpió en casa.