El Destino del Barog (El rapto de las descendientes 5) 47 LA PURA VERDAD
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47 LA PURA VERDAD

callie

C uando Ux terminó de hablar, me temblaba todo el cuerpo.

Apenas podía procesar lo que acababa de contarme.

Tenía los ojos llenos de lágrimas y me dolía el pecho.

Llevábamos unos segundos en silencio, mientras yo intentaba asimilar una verdad muy difícil de digerir: que el monstruo que tenía ante mí, el que me había secuestrado, abofeteado y casi abusado de mí, el que había retenido contra su voluntad a una docena de mujeres, obligándolas a acostarse con él y con los demás barogs perdidos… era el padre de Daryos.

Y ahora que lo sabía…, no podía evitar ver el parecido entre ambos. ¿Cómo no me había dado cuenta?

No es que fueran como dos gotas de agua, ni mucho menos, pero había demasiados detalles…

demasiado parecidos. Por supuesto, el más importante era ese ojo azul, tan llamativo y distinto al color de los demás barogs.

Un azul claro, intenso y luminoso como el cielo en un día veraniego.

Cierto que el de mi barog no estaba moteado ni rodeado de negro, pero el celeste era casi idéntico.

El cabello negro brillante, las facciones duras y marcadas, aunque las de Daryos fueran algo más suaves, la mandíbula poderosa, el modo de moverse…

«¡Joder!», grité dentro de mi cabeza. Ux era el padre de mi hoa uhane … ¡y me había besado e intentado forzarme!

Las ganas de vomitar se me arremolinaron en la boca del estómago. Estaba muy mareada.

— ¿Es cierto? — dije mirando a Ooris mientras las lágrimas resbalaban por mis mejillas — . ¿Ux es el padre de Daryos? ¿Estás seguro?

El anciano me miró con compasión. Pero yo no quería su compasión: ¡quería putas respuestas!

— Todo lo seguro que se puede estar. Tatiana vino a mí.

Se había acostado con ambos en dos días consecutivos así que, realmente, nadie podría afirmar que Daryos es hijo de uno u otro.

Pero todo en ella me transmitía su convicción de que era hijo de Uxuer.

Y cuando el príncipe nació… Bueno, supongo que ya no le quedaron dudas.

—¿Lo ves, Callie? Yo no miento.

Se me hizo un nudo en la garganta.

— No me contaste toda la verdad la primera vez.

— No quería empañar la memoria de mi amada Tatiana. ¿Qué habría ganado contándole a todo el mundo, a sus hijos, que hizo el amor conmigo? ¿Que engañó al rey? ¿Que me amaba?

— Que se acostara contigo no significa que te amara, solo que se sentía atraída por ti. ¡A saber por qué!

Soltó una risa oscura y amarga.

— Sus motivos tendría, ¿no crees, Callie? Puede que tú y tus amiguitos me hayáis juzgado mal desde el principio.

— Puede que Tatiana te deseara o incluso te amara.

Está claro que hay muchas cosas que desconocíamos y que ella jamás podrá explicarnos.

Pero yo no necesito juzgarte en base a historias pasadas: tengo muy presente lo que me hiciste a mí y a todas las demás en los pantanos.

Y nada de lo que puedas contarme cambiará las cosas ni mi opinión sobre ti.

— ¿Has escuchado toda la historia? ¿La parte en que Drashir y esta escoria — dijo mirando a Ooris — me traicionaron y me apartaron de mi hoa uhane ?

— ¡Claro que sí! Fue una putada y lo siento de veras por ti y por ella. Si os hubieran dejado en paz con vuestro amor o lo que fuese, nada de todo esto habría ocurrido. Ninguna de las cosas horribles que han pasado después, ni las guerras ni nada. Así que, en eso, debo darte la razón, Ux.

— ¡Aleluya! Creía que no conseguiría ni siquiera eso de ti.

— Pero no importa que yo lo entienda, porque nada de eso disculpa todo lo que hiciste después.

— Ah, ¿no? Mi mejor amigo me traicionó. La mujer a la que amaba, y a quien debía unirme en rito sagrado en Nemea, me repudió.

Los ancianos me prohibieron vincularme a ninguna otra descendiente hasta la nueva apertura del portal…

¡doscientos años después, Callie! ¿Te parece poco? ¿No fue acaso crueldad?

Miré a Ooris con reprobación. Los ancianos eran unos hijos de puta manipuladores, de eso ya no me cabía la menor duda.

— Dime, Callie, ¿qué otra cosa podía hacer? — insistió él.

— Para empezar, aguantarte. Hay mucha gente que sufre en este mundo y en cualquier otro, y no por ellos va jodiéndoles la vida a los demás ni declarando guerras horribles contra su propia especie.

Siento lo que te ocurrió, Ux, de verdad, pero que te arruinaran la vida no disculpa lo que hiciste a Susi o a Sylvia, ni el calvario que le impusiste a Ciench o a cualquiera de los otros. Ni hablar.

— Te salvé la vida.

— ¡Porque te interesaba! Me querías para engrosar tu harén de humanas descendientes. Así que no seas hipócrita.

— Tu querido Daryos y los demás barogs de la aldea os arrancaron de vuestro hogar en la Tierra y os trajeron aquí.

Os marcaron a fuego como si fueseis ganado y os lanzaron por la selva en la cacería.

¿Quién es la hipócrita? Sabes de sobra que no soy peor que muchos de ellos.

¿Y qué excusa tienen? Yo al menos tengo una — soltó con voz gutural.

Había sarcasmo en sus palabras, pero también mucha tristeza.

Puede que, en una pequeñísima parte, tuviera razón respecto a los barogs de la aldea. Pero poco importaba: él era un monstruo terrible. Fin de la historia.

Nos quedamos en silencio de nuevo.

— No puedo creer que seas su padre — murmuré.

— ¿No te hace ilusión tenerme como suegro, Callie? Te aseguro que, cuando me lo propongo, puedo ser encantador.

Me entró una arcada.

— No me hagas contestar a eso.

Suspiró.

— Mira, piensa en lo que sientes por mi hijo y…

— No lo llames así. Él no te conoce, tú no le criaste. Su padre fue Drashir. Que seas su padre biológico no cambia nada.

Resopló.

— Lo que tú digas. Ya volveremos a eso después.

Lo que trato de decirte es que pienses en lo que sientes por Daryos e intenta imaginar que alguien te lo arrebatara.

Que no te permitieran acercarte a él nunca más.

Que le perdieras para siempre. Y ahora, imagina que es tu mejor amiga, aquella en la que más confías, aquella que conoce todas tus debilidades, tus anhelos y tus secretos, la que te lo roba y se convierte en su pareja. ¿Cómo crees que te sentirías?

— Me volvería loca — solté sin pensar. Él sonrió con malicia.

— Pues ahí tienes la respuesta.

— No, ni hablar, porque me volvería loca, pero no iría iniciando guerras ni matando a todo el mundo ni forzando a otros barogs a que se acostaran conmigo. Me jodería, pero no me dedicaría a hacer el mal.

— Claro, por supuesto, Callie. Porque tú eres una buena persona y yo… un completo monstruo hijo de puta.

— Tatiana no era tu hoa uhane , Ux — dijo de pronto Ooris.

El rostro del barog perdido se contrajo, y la ira y el odio se apoderaron de él.

— Quizás ese comentario no sea el más inteligente, dadas las circunstancias — le dije al anciano.

— Tal vez no, pero no me queda mucho tiempo, así que prefiero decir lo que pienso.

— Encontré a Tatiana en la Tierra. Nos amamos y yacimos juntos. Y cuando cruzamos juntos el portal y la traje a Nemea, Drashir se prendó de ella y me la arrebató. Tatis y yo no tuvimos ni una sola oportunidad: ¡nos las robasteis todas, anciano!

Cuando escuché a Ux llamarla por ese diminutivo, « Tatis » , algo se removió en mi pecho. Había adoración, profundo cariño y respeto en esa pequeña palabra. Había cercanía, complicidad.

Por un instante, breve y fugaz, me puse en su piel y traté de entender lo que aquello había supuesto para él. Jamás le perdonaría por lo que había hecho, pero podía comprender su desesperación.

— Ella eligió libremente a Drashir.

— ¡Eso no es cierto! No te atrevas a escupir semejante mentira. Vosotros la manipulasteis, ¡la obligasteis a elegirle! Drashir era el príncipe por entonces y tú querías ganarte su favor. Le concedisteis el capricho de quedarse con ella. ¿Qué importaba que yo la amara y ella me amara a mí?

— No niego que os amarais en la Tierra, Uxuer, como humanos.

Tal vez tu forma humana conectó con ella a un nivel mucho más profundo de lo esperado y os unisteis de algún modo en cuerpo y alma.

No digo que no, pues los caminos de los dioses son misteriosos y no lo sabemos todo.

Hay muchos enigmas todavía por descifrar.

— Escrutó mi rostro cuando pronunció las últimas palabras.

— Entonces, ¿qué demonios me estás diciendo, anciano? ¿Qué puede que fuera mi pareja de vida como humano, pero no como barog? Eso no ha ocurrido nunca y no tiene ningún sentido.

— Cosas más raras se han visto, Uxuer — dijo con ese tono inquietante, sin dejar de mirarme.

— En eso tienes razón, anciano. Estamos ahora mismo ante la descendiente de la profecía; la humana con la marca de la espiral; la única que ha logrado transformarse en nuestra forma primigenia.

— Los ojos azules de Ux, ahora clavados en los míos bajo la luz anaranjada de las antorchas, se oscurecieron.

El ligero resplandor verdoso de las incipientes lunas se colaba por la ventana y formaba sombras a nuestros pies.

— Tatiana y Drashir eran almas gemelas, Ux. Lo sintieron ambos en cuanto se conocieron… y también lo sentimos los cuatro ancianos. No hay ninguna duda al respecto. El rey Drashir fue su hoa uhane durante toda su existencia.

— Mientes otra vez. Tú no hablas por los dioses, nunca lo has hecho. Eres un impostor, una lacra de nuestro pueblo.

— Piensa lo que quieras de mí, pero sabes que digo la verdad. Se amaban y estaban vinculados.

— También me amaba a mí, no puedes negarlo. Tuvo sexo conmigo, cruzó el portal conmigo, Ooris.

— No debiste yacer con ella en la Tierra.

— ¿Habría supuesto alguna diferencia? Drashir la habría reclamado igualmente. Al menos tuvimos algo hermoso, único, antes de que él se interpusiera entre nosotros.