El Destino del Barog (El rapto de las descendientes 5) 44 detrás de ti #2
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44 detrás de ti #2

—Me importa una mierda lo que te ocurriera o lo que creas que toda la especie te debe.

Mataste a mi familia, arrancaste a doce descendientes de sus hogares y las separaste de sus hoa uhanes , asesinaste a tres ancianos, si es que Ooris todavía sigue con vida.

Has cometido actos atroces y pagarás por ellos, uno a uno, te lo prometo.

—Puede que Ooris siga vivo, pero te aseguro que no será por mucho tiempo —dijo Ux, esbozando esa sonrisa tan desagradable y maliciosa—. Tan solo lo necesito unas horas más, eso es todo.

¿Para qué demonios necesitaba al anciano? ¿Acaso quería usarlo como rehén por si las cosas se torcían? Presentí que había algo más. Ux no daba un solo paso sin un motivo para ello y sin calcular las posibles consecuencias. El tío era un cabrón muy inteligente.

Cyrus alzó la lanza a la altura de su hombro y apuntó a su oponente.

—Bueno, hermano perdido, basta de cháchara, ¿no crees?

Ux no contestó, al menos no con palabras. Sus ojos se oscurecieron todavía más, eclipsando el celeste, y se cargaron de rabia. Un rugido gutural reverberó en su pecho e hizo temblar el dosel de la selva.

Y entonces, saltó sobre el rey.

Cyrus a duras penas logró esquivar su lanza, que le abrió una fea brecha en el hombro. La sangre salpicó el suelo, pero no supuso ninguna diferencia porque ya estaba convertido en un barrizal nauseabundo.

Bazzeila y la pantera de ojos rojos rugieron e intentaron correr hacia el rey, pero los barogs perdidos y los inferiores tenían órdenes muy claras de su líder: impedir a toda costa que Cyrus recibiera ayuda. Ux lo quería para él solo, como un duelo a muerte brutal y sangriento.

Atacó de nuevo, una vez y otra y otra, sin darle ni un instante al rey para recobrar fuerzas.

Cyrus retrocedía, bloqueaba, giraba, saltaba, esquivaba…

Cada uno de sus movimientos era para defenderse o apartarse, ninguno todavía para contraatacar.

No podía, pues la superioridad de Ux se hacía cada vez más evidente.

Golpe tras golpe, estocada tras estocada, zarpazo tras zarpazo, el barog perdido fue cansando y debilitando a nuestro rey.

Cyrus era el mejor guerrero de la aldea, un barog fuerte, valiente y magnífico dispuesto a luchar hasta la muerte por su pueblo. Pero, por primera vez desde que había comenzado la guerra, me pregunté si eso sería suficiente para vencer a Ux.

Quizás habíamos sido demasiado optimistas, creyendo que un barog de treinta y dos años podría ganar a uno con tantos siglos a sus espaldas. Siglos aderezados de rencor, odio y un deseo enfermizo de venganza.

—¡Ya vamos, C! —gritó Xioh, atravesando el pecho de un enemigo con su enorme cuchillo.

—¡Dale a ese monstruo su merecido! —gritó Ciench. Empujó a un inferior enorme que llevaba un buen rato hostigándolo y se agachó para esquivar el machete del que tenía detrás.

—¡Cárgatelo, C! ¡Ese cabrón no sabe con quién se está metiendo! —exclamó Lansh con los ojos verdes refulgiendo y sin dejar de pelear. Varios mechones dorados de su melena se habían teñido de rojo.

—¡Puedes vencerle, hermano! —gritó Daryos tras aullar de dolor cuando un cuchillo le abrió otra herida en el abdomen.

Me quedé sin respiración durante un instante, temblando de la cabeza a los pies. Cuando siguió luchando como si nada le hubiera ocurrido, suspiré. ¡Dioses, aquello era un sufrimiento continuo!

Las imágenes que se sucedían ante mis ojos eran una pesadilla. Jamás podría quitármelas de la cabeza. No obstante, permanecía ahí, montada sobre Enzo, con Artia y Naranjito a mi lado, liderando a las hordas de llitops que no paraban de llegar de la selva. ¡Eran la especie más prolífica de Nemea!

Ese duelo de titanes se prolongó durante lo que pareció una eternidad. Cuando Ux saltó de nuevo y alcanzó a Cyrus en el pecho, un grito de horror se extendió por todas partes. La imagen de Tina me vino a la cabeza y se me encogió el estómago. Si algo le sucediera al rey…

En el último momento, y a pesar de estar agotado, Cyrus apartó la lanza de un machetazo. Tenía una herida en el pecho, pero no parecía profunda.

Ux celebró el golpe demasiado pronto, y el rey aprovechó para saltar sobre una de las panteras que había logrado acercarse lo suficiente. Cogió impulso y cayó sobre su enemigo como una roca. Le asestó un zarpazo en un lado del cuello y lo empujó con fuerza.

Puede que Uxuer tuviera mucha más experiencia que Cyrus, pero el cansancio también empezaba a afectarle. Lo veía en sus movimientos, un poco más lentos, y en sus reflejos, menos agudos que minutos antes. Cuando el rey retrocedió unos pasos, él miro alrededor.

Y vio lo mismo que estaba viendo yo.

Las pocas nashies que habían alcanzado la aldea llevaban un buen rato muertas. Muchas aninfs aún peleaban, pero nada podían hacer contra la fuerza demoledora de los felinos y los guerreros enemigos. Sus hermanos perdidos continuaban combatiendo como las bestias que eran, pero ya estaban en minoría.

Los barogs de la aldea y los guardianes luchaban cubiertos de heridas, cojeando y maldiciendo, pero no se detenían. Había demasiado en juego y no podían arriesgarse a perder.