El Destino del Barog (El rapto de las descendientes 5) 43 algo imposible #3
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43 algo imposible #3

Pero mi amiga estaba muy lejos de sentir cualquier piedad por ese barog perdido, que ya jamás regresaría a su pueblo. Se detuvo un instante y miró a Tina, como si pidiera permiso sobre lo que estaba a punto de hacer.

—Mi reina —dijo Ciench por ella—, ¿podemos proceder?

Tina asintió con vehemencia.

Aferrando la empuñadura con fuerza con ambas manos, Susi le cortó la garganta de derecha a izquierda, con un tajo lento y profundo del que salía sangre a borbotones.

Lorish convulsionaba, con los ojos desorbitados fijos en el hermoso rostro de Susi. Toruch y los otros barogs no lo soltaron hasta que la vida abandonó el enorme cuerpo del segundo al mando de Ux.

Con un movimiento rápido y poderoso, Ciench remató la faena y lo decapitó.

Las manos manchadas de rojo de Susi soltaron el cuchillo, que tintineó en el suelo. Cuando se tambaleó, Ciench se apresuró a sujetarla. Se abrazaron con fuerza mientras se susurraban palabras que nadie más oyó.

En cuanto se separaron, Ciench y Toruch intercambiaron una mirada.

—Esta guerra aún no ha terminado. Llevamos ya una considerable ventaja ahí fuera; pero, por lo que sabemos, Ux sigue vivo y buena parte de sus fuerzas todavía continúan luchando —dijo Ciench—.

Os quedaréis aquí hasta que todo acabe. Toruch permanecerá con vosotras en la posada.

No cometeremos el mismo error dos veces.

El barog de Lorna asintió mientras a ella se le iluminaban los ojos. ¡Por todos los dioses, qué empalagosa se había vuelto! Ni con Terry se comportaba así. Me atrevería a afirmar que mi amiga se había enamorado de Toruch de verdad.

—Atrancaremos todos los accesos y no permitiremos que nadie irrumpa de nuevo. Benju y tres de mis barogs se quedarán también —dijo Toruch.

Ciench asintió.

—Bazzeila irá con vosotros esta vez —intervino Tina—. La necesitaréis más allá fuera.

—Pero, mi reina, Cyrus le ordenó que no se separara de ti —protestó Toruch.

—Prefiero que corra a su lado y le ayude a vencer a Ux.

Ninguno de ellos objetó nada más.

Seguí a Ciench hacia el exterior. Por supuesto, Artia y los llitops vinieron conmigo.

—Callie, esto es… Ni siquiera sé cómo describirlo —dijo, contemplándome de arriba abajo.

—Cuando Daryos te vea, va a flipar. Se pondrá inaguantable, ya le conoces —dijo Toruch con media sonrisa.

Acto seguido, él y otro barog comenzaron a cerrar la doble puerta de nuevo.

—Cualquiera diría que soy la única hembra barog que ha existido jamás —bromeé.

Intercambiaron una mirada que me dijo todo cuanto necesitaba saber: aquello era un maldito milagro. ¡Yo era un caso único en la historia barog!

«Maravilloso».

—Será mejor que vuelvas a la posada. Barog o no, la batalla no es para ti —me dijo Ciench.

—Ni lo sueñes. Necesito encontrar a mi amorcito y asegurarme de que está bien. Después del mal rato que he pasado, no pienso regresar ahí dentro. Ni lo sueñes. Voy a luchar.

—Callie, por favor, si bajas ahí —dijo señalando la plaza—, estarás en grave peligro y Daryos nos matará por haberlo permitido.

—Mirad, agradezco vuestra preocupación, pero soy la descendiente de la profecía y haré lo que me dé la gana. Además, tengo a Enzo, a Artia y a Naranjito para protegerme, así que…

De pronto, como si los hubiera invocado, cientos de llitops de todos los colores emergieron de la selva como una marea palpitante llena de dientes afilados.

Un rugido poderoso emergió de mi garganta.

La marca de la espiral se retorció en mi espalda mientras mi pequeño amigo se ponía a saltar y a emitir esos ruiditos tan graciosos.

Sin embargo, cuando empezaron a saltar sobre los inferiores, aquello no tuvo nada de gracioso para ellos.

Nos detuvimos en lo alto de la escalera, contemplando anonadados el espectáculo. Por todas partes, los barogs de la aldea, los guardianes, los leones, las panteras y los llitops peleaban con valentía contra los barogs de los pantanos, los híbridos y las aninfs .

El enfrentamiento seguía siendo brutal y sangriento, pero ya no cabía duda de que estábamos ganando terreno. La batalla se había concentrado en la plaza, donde en breve se decidiría el vencedor.

Allí se encontraban algunos de nuestros amigos luchando como los salvajes valerosos que eran.

Axeh saltaba, trepaba, machacaba a un enemigo tras otro con su lanza y su cuchillo, acompañado por su fiel león Zaala.

Xerx destripaba, cortaba, segaba con su machete como si fuera lo más fácil del mundo, mientras Itzaar protegía la retaguardia.

Pero ¿dónde estaban el rey y el príncipe? ¿Y Xioh, Lansh y Sulveh? Localicé a Cyrus un segundo después, entrando en la plaza.

Entonces, en medio del barullo, mis ojos se encontraron con los de mi barog, que refulgían en verde y azul. Suspiré al constatar que, aunque bastante magullado, seguía vivo.

Me contempló durante unos segundos sin dar un paso, con la mirada llena de amor y admiración y sorpresa. ¡No era para menos! Acababa de enterarse de que su querida hoa uhane podía transformarse.

Cayó de rodillas sin dejar de observarme, mientras la guerra enardecía a su alrededor y todos se preparaban para el gran final.