El Destino del Barog (El rapto de las descendientes 5) 32 la última cena #2
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32 la última cena #2

No podría haber deseado un hermano mejor que él. Siempre conseguía levantarnos el ánimo a todos y era un segundo al mando magnífico. Formábamos un gran equipo.

Él y Callie se sentaron juntos en el tercer banco y, sin esperar ninguna señal, se lanzaron a comer. Daryos empezó a servirse estofado y Callie fue directa a por los panecillos.

—Eso D, tú no te cortes, hombre —soltó Lansh con una carcajada.

—¿Qué pasa, tío? Estoy muerto de hambre, ¿tú no? —dijo Daryos con la cuchara a medio camino entre la olla y su cuenco de madera. Callie le acercó su bol para que le sirviera.

—Pues que sois los últimos en llegar y os estábamos esperando para empezar —explicó Xerx sonriendo. Conocía bien a mi hermano y lo adoraba.

—Oh, ¡qué buenos amigos sois! No hace falta que esperéis más, comed, por favor —dijo Daryos, fingiendo que no se había enterado de nada.

Se le daba muy bien eso. En realidad, era más listo que el hambre, aunque un poco inocente a veces. La combinación perfecta.

—Qué considerado, D —comentó Ax, riéndose también—. Hala, todos a comer. Me ruge el estómago más que todos esos leones juntos que merodean por la aldea.

—¿Te refieres a esos que han venido por mí y me adoran como a un dios? —bromeó D.

—Eso es porque no te conocen como nosotros —comentó Xioh, masticando un pedazo de rino asado.

—Muy gracioso, sanador —dijo mi hermano apuntándolo con la cuchara.

—Al menos a ti te veneran los animales más nobles de la selva. Tu querida hoa uhane no puede decir lo mismo. —A Lansh le encantaba meterse con Callie. Se habían convertido en grandes amigos y siempre se lanzaban pullas el uno al otro. Eran un espectáculo digno de ver.

Al instante, un panecillo salió volando, cruzó la mesa y le dio en la cara a Lansh.

—¡Auch! ¡Eh, contrólate, mujer! —soltó él, fingiendo un cabreo descomunal que no tenía. Pocas veces había visto a mi amigo enfadado, y ninguna con Callie.

—Eso por meterte conmigo y burlarte de mis llitops . Lo tengo decidido: cuando acabe la guerra, los mandaré a por ti. A ver quién es el que ríe entonces.

—No te cabrees, Calista, con lo que yo te quiero.

Ella le sacó la lengua y siguió comiendo como si nada.

—Amorcito, ¿podrías dejar un poco de estofado para los demás? —le dijo a mi hermano, quitándole el cucharón.

—Pero si solo me he servido tres cucharadas, ahora iba a ponerte a ti.

Ella puso los ojos en blanco y le pasó el cucharón a Emi.

—Mmm, qué buena pinta tiene esto. ¿Lo has cocinado tú Tina? —dijo Emi, sirviéndose en su cuenco y, después, a su barog.

Jenny y Callie la miraron con los ojos muy abiertos, luego a Tina y, de nuevo, a Emi.

—Gracias, preciosa —dijo Ax mientras se le caía la baba mirándola.

Dioses, nos habíamos convertido en una panda de barogs enamorados hasta las trancas.

—¿Desde cuándo me dedico a cocinar, Emi? —preguntó mi reina. En su tono había ese toque de mala leche que solía emplear conmigo cuando le tocaba mucho las narices.

Me alegraba comprobar que también lo usaba con sus amigas. Tuve que llenarme la boca de estofado para no romper a reír.

—Mujer, siempre hay una primera vez para todo. Si yo puedo aprender a tirar con arco y usar el machete, tú puedes cocer un poco de serpiente —contestó Emilia sin mirarla y con absoluta calma.

—Pues como cocine tan bien como tú tiras con arco, Emi, creo que mi rey va a pasar mucha hambre —soltó Tina.

Daryos y Axeh soltaron sendas carcajadas y escupieron un poco de salsa por todas partes.

—¡Eh, no seáis guarros! Nos habéis salpicado a Jenny y a mí, joder —protestó Xerx, limpiándola primero a ella.

—No pasa nada —murmuró Jenny—. Tina es tan graciosa que suele causar esa reacción en la gente —dijo, conteniendo una risilla.

—¿Tú también vas a meterte conmigo, Jenny? —preguntó mi amor. Empezaba a echar humo.

—No te cabrees, mi reina —intervino Callie, lanzándole la mitad del panecillo que se estaba comiendo—. Encima de que Emi confiaba en tus habilidades culinarias…

—Ya, claro. Todas tenéis muy buenas intenciones, pero ninguna de vosotras me respeta.

Tú menos que nadie, Callie. Os recuerdo que soy vuestra reina, así que mucho ojito.

No sea que un día me cabree y os mande una manada de panteras para que os devoren.

¿O te crees que eres la única que tiene amiguitos especiales?

—¿Has visto cómo me habla la reina, amor? —dijo mirando a Daryos—. Qué rápido ha olvidado que yo era su profesora… y ella una estudiante que venía a suplicarme por una A, cuando le había puesto una B cogida con pinzas.

—Menuda profesora estabas hecha, lanzando grapadoras a las alumnas y tirándote al jefe de seguridad en el cuarto de mantenimiento de la uni —soltó Tina con una sonrisa traviesa.

—¿Con esas tenemos, eh, Martins? Ya veo que sigues siendo la niña pija, estirada y prepotente. —Callie le lanzó otro panecillo. Le dio en una trenza y la llenó de migas.

—De hecho, profesora Dawson —empezó Emi, cortando un mango en trozos muy pequeñitos y repartiéndolos entre el plato de Axeh y el suyo—, técnicamente Tina tiene razón en todo lo que ha dicho.

Callie puso los ojos en blanco.

—Todas contra mí. Cría cuervos y te sacarán los ojos.

—¿Qué has dicho de los cuervos, amor? —preguntó mi hermano con la boca llena.

—Creo que vamos a tener que daros unas clases aceleradas de las expresiones que se usan en la Tierra. Jenny, ¿te apuntas?

—Me encantará. Aunque, cuando vuelva a abrirse el portal, seguro que nuestras expresiones estarán tan desfasadas como las suyas, Callie.

—En eso tienes razón.

Se miraron las cuatro amigas y estallaron en carcajadas. ¿Qué demonios acababa de pasar?

Siguieron las risas y las bromas durante toda la cena hasta que, finalmente, nos despedimos para irnos a dormir. Disponíamos de apenas tres o cuatro horas para recobrar fuerzas, pues habíamos quedado de madrugada para dirigirnos a la trampa que habíamos confeccionado para las hienas.

Desconocíamos por dónde entrarían ni cuándo las lanzaría Ux hacia nosotros.

Si yo fuese él, lo primero que haría sería espolearlas hacia la aldea para crear caos y terror, y allanar el camino para el resto de sus hordas.

Así que, entre mi intuición y la premonición de Daryos, nos aferraríamos a esa posibilidad.

Que los dioses nos ayudaran si nos equivocábamos.

La sala se había vaciado casi por completo y ya solo quedábamos Tina, Callie, mi hermano y yo.

—Lo conseguiremos, C. Venceremos a ese hijo de puta y la paz reinará al fin en la aldea —dijo D con los ojos vidriosos, estrechándome el brazo. Yo estreché el suyo, también emocionado.

—Vengaremos a nuestra familia y acabaremos con Ux para siempre.

Nos dimos un abrazo mientras Tina y Callie hacían lo mismo. Nos deseamos buena suerte y nos emplazamos para unas horas después para encaminarnos hacia la trampa.

Cuando al fin se marcharon, Tina me cogió de la mano y me condujo a la cama. No nos desnudamos, puesto que en cualquier momento podían sonar los cuernos avisándonos de la llegada de los enemigos. Me cubrió de besos y me estrechó muy fuerte entre sus brazos, suaves y delgados.

Seguramente no lograría dormirme, pero, al menos, descansaríamos un poco. Mis oídos estaban alertas y mi mente bien despierta. La guerra estaba a punto de comenzar y, aunque lo habíamos preparado todo con sumo detalle, las cosas podían torcerse en cualquier momento.

Solo los dioses sabían quién llegaría con vida hasta el siguiente anochecer.

Acurruqué a mi reina contra mi pecho y le dije cuánto la amaba. Se durmió enseguida y traté de relajarme junto a ella… hasta que el cuerno de uno de los puestos de vigilancia más lejanos retumbó en medio de la noche.

Estaban cerca.