14 ¿nos ayudarás? #2
—¡Ni que yo fuera un ogro! ¿En serio vas a llevarte a Tina en lugar de a mí? Sin ofender, mi reina.
—Haría falta mucho más que eso para ofenderme, Lansh —soltó ella, agitando una mano para quitarle importancia.
—¿Lo ves, Callie? Nuestra reina es fría como un témpano. Los llitops se sentirían más cómodos conmigo.
—Claro, seguro que han olvidado todas las veces en que les has lanzado bayas a la cabeza.
Él soltó una carcajada y, finalmente, desaparecieron.
—Vamos —dije a Tina y Daryos—. Acabemos con esto.
Ambos me siguieron hacia la primera línea de la selva sin rechistar.
Tina estaba sentada a mi lado, Daryos al otro.
Naranjito se encontraba frente a mí, flanqueado por dos llitops lilas monísimos que no paraban de pasear la mirada de los dibujos hacia mi cara y de nuevo de vuelta al papel.
Naranjito llevaba unos segundos con sus enormes ojos marrones clavados en los míos, sin pestañear siquiera.
La cosa no estaba yendo demasiado bien, así que volví a empezar.
—Las nashies , feas y malas, vienen hacia aquí —dije señalando el dibujo que Xerx había hecho. Les había puesto unas fauces afiladas y terribles que habían paralizado a los llitops nada más les habían echado el primer vistazo—. ¿Lo entiendes?
La marca de la espiral en mi espalda hormigueó una vez. Uno era para sí, dos para no. Eso si realmente nos estábamos entendiendo y no haciendo el gilipollas como tenía la sensación.
—¿Crees que se están enterando de lo que dices? —preguntó Daryos en un susurro.
—Cuando han visto a la nashie , se han puesto a temblar —soltó Tina—. Tontos no son.
—Ya, pero…
—Shh. Callaos, ¿queréis? —Estaba empezando a arrepentirme de haberlos traído conmigo, aunque tuvieran razón. Volví a concentrarme en Naranjito—. Las nashies se acercan —repetí, moviendo dos dedos como si caminara, avanzando por el dibujo hasta la aldea—. Llegarán pronto y tenemos que impedirlo.
La marca vibró de nuevo.
—Bien, parece que eso lo ha entendido —murmuré.
—¿Lo sientes en la espiral? —preguntó Daryos.
—Sí, cada vez. Voy a avanzar un poco más. —Puse los dedos sobre el dibujo de un llitop con un cortecito en una pata, que sangraba un poco.
Xerx había pintado unas pocas gotas de sangre con la suya propia, pinchándose un dedo con la punta de su cuchillo. Así le conferíamos más realismo a su obra de arte. Esperaba que eso no espoleara a mi amiguito a largarse de ahí, corriendo hacia la selva sin mirar atrás.
—Las nashies comen llitops y les gustan mucho. Si les tendemos una trampa, podremos atraparlas y matarlas.
Deslicé los dedos desde el dibujo del animalillo hasta el de la jaula, que contenía a dos llitops más. Xerx había puesto un caminito de sangre entre ambos.
Seguí señalando detalles hasta que le conté todo el plan completo. Lo repetí tres veces, despacio, punto por punto, y esperé para darle tiempo para comprender. Naranjito siguió el movimiento de mis dedos con la mirada cada una de las veces.
Estaba siendo incluso más difícil de lo que esperaba. Si no funcionaba, juro que me pondría a llorar. Y si funcionaba, pues también. Porque atrapar a unos cuantos llitops indefensos en una jaula y esperar a que llegaran las hienas gigantes era una pesadilla.
No pude evitar recordar aquella otra jaula atestada de llitops en el asentamiento de los pantanos. Me estremecí.
—Callie, quizá esto es demasiado complejo para ellos —dijo Tina.
—Es inútil, amor. No lo entiende —dijo Daryos en un tono tierno y comprensivo. A mí me entraron ganas de partirle la cara.
—Inútil o no, tiene que funcionar por narices. Así que dejad ya de ser tan negativos y ayudadme un poco, joder. Para eso estáis aquí.
Sentí como se intercambiaban una mirada, pero pasé de ellos y lo repetí una última vez, de la manera más sencilla posible y señalando de nuevo los magníficos dibujos de Xerx.
— Nashies vienen; barogs pondrán trampa con llitops ; nashies atacarán; y barogs matarán nashies . ¿Comprendes? —insistí, mirando a Naranjito a los ojos.
—¿Te crees que estás utilizando una tabla ouija? —susurró Tina.
Resoplé. Tenía razón: esto era casi tan difícil como comunicarse con los supuestos espíritus del más allá.
Esperé durante unos segundos, conteniendo el aliento. Entonces, la marca me hormigueó al fin, una sola vez. Fue una vibración prolongada, que me hizo arder la piel.
Naranjito se acercó hasta mí, dando algunos saltitos, y se pegó a mi rodilla.
Su pelaje suave me hizo cosquillas. Nuestros ojos se engancharon de un modo, no sé, místico.
Y entonces, la espiral volvió a hormiguear en mi espalda.
Los otros dos llitops se me acercaron también y apoyaron la cabeza en mi regazo.
Me quedé muy quieta hasta que, al cabo de unos segundos, se retiraron. Los dos de color lila se apresuraron sobre sus dos patitas hasta perderse tras un arbusto. Naranjito me lanzó una última mirada, parpadeó una sola vez y se alejó también.
—Lo han entendido, ¿verdad? —preguntó Tina.
—Eso creo. Supongo que lo veremos cuando llegue el momento de la verdad.
—Los llitops te adoran, Callie. Se han convertido en nuestros aliados gracias a ti —dijo mi amiga. No había ni una pizca de burla en su voz.
—Esperemos que no tengan que sufrir demasiado durante la guerra. No me lo perdonaría nunca —dije apesadumbrada.
Daryos me puso la mano en la mejilla y me obligó a mirarle.
—Oye, si nos ayudan, es porque así lo han decidido.
No son tontos y puede que sepan que, si Ux gana, todo el planeta se verá afectado, no solo nosotros.
Si se está aliando con nashies o incluso con aninfs , los principales depredadores de los llitops , no creo que a estos les convenga que él suba al trono.
Así que nos ayudarán no solo porque te adoran, sino por el bien de su propia especie.
Asentí.
Quería creer con todas mis fuerzas que yo no era el único motivo que tenían para arriesgar sus vidas en esta batalla.
Nos levantamos y regresamos a la aldea. Dejamos a Tina en la plaza, donde la esperaba una Bazzeila muy alerta, y Enzo nos siguió de vuelta a casa.
Una vez dentro, dejé los dibujos a buen recaudo y pasé por el cuarto de baño. Daryos lo hizo poco después y, una vez limpios, nos sentamos a la mesa y compartimos un bol de fruta, unos panecillos y algo de potaje de rino que Marla nos había dejado en la cocina. ¡Esa mujer guisaba de maravilla!
—Lo has hecho muy bien con Naranjito, Callie. Tienes que estar muy orgullosa —me dijo, sirviéndome un poco más de zumo.
—Pues yo me siento como una mierda.
—Esa trampa va a salvar muchas vidas, ya lo verás.
—Eso espero. Estoy un poco asustada, Daryos. Por todo.
Se levantó de un salto, corrió a mi lado y se arrodilló en el suelo junto a mí.
—Todos lo estamos, pero te prometo que saldrá bien. Cyrus y yo no permitiremos que Ux nos derrote. Ni hablar.
Le acaricié la mejilla y dejé la mano ahí, sintiendo el calor que emanaba de su piel. Él entornó los ojos.
—Si algo te ocurriera, Daryos… —dije con un hilo de voz.
Abrió los ojos de golpe y me abrazó.
—No va a ocurrirme nada ni a ti tampoco. Ni a ninguno de nuestros amigos, te lo prometo.
—No puedes prometerme algo así porque no sabes lo que sucederá.
—Puedo prometerte lo que quiera. Somos los mejores guerreros barogs que han existido nunca, amor, y vamos a por todas —dijo, dedicándome una sonrisa arrogante.
Le agarré de la barbilla y lo obligué a mirarme.
—Escúchame bien, barog. Tú no le conoces, yo sí.
Sus ojos brillaron como gemas preciosas.
—Callie…
—Ux es muy astuto, Daryos, más que la mayoría. Lleva siglos de experiencia y de odio acumulados. Ha tenido un espía en la aldea durante muchísimo tiempo, así que sabe más cosas de vosotros que al revés. Su sed de venganza no tiene límites y hará cualquier cosa para conseguir lo que quiere.
—Jamás te tendrá, Callie. Ni a ti ni a ninguna de las otras descendientes.
—No le subestiméis, por favor. Díselo a Cyrus. Insístele en que tenga mucho cuidado.
—Mi hermano es el barog más fuerte y valiente de Nemea, amor mío. Nadie podrá con él.
—Nadie debería enfrentarse a Ux solo, te lo digo muy en serio, ni siquiera el rey. Y sus objetivos principales sois tu hermano y tú. Os buscará para mataros. Representáis todo lo que él odia: la traición de vuestro padre.
Se puso en pie y tiró de mí hasta pegarme a su cuerpo.
—Le haremos frente, Callie. No temas por nosotros.
—¡Por supuesto que sí! Te quiero con toda mi alma, atontao. ¡¿Cómo no voy a sufrir?!
Él sonrió. Pero fue una sonrisa un poco triste.
—Nada me hace más feliz que escuchar de tus labios que me quieres.
—¿Y has escuchado algo más de todo lo que acabo de decirte, barog? —le reprendí.
—Todo, amor. Pero, ahora mismo, no quiero pensar en lo que nos deparará esa guerra. Sabemos bien lo que arriesgamos y lo que puede ocurrir.
Lo miré a los ojos y suspiré, dándome por vencida.
Daryos tenía razón. ¿Quién era yo para darle lecciones sobre los peligros de una batalla de tales dimensiones?
Puede que él no hubiese luchado en la última, pero asesinaron a sus padres en ella y a muchos otros, y secuestraron a varias mujeres de la aldea.
Tanto él como el rey sabían bastante mejor que yo a qué enemigo se enfrentaban y cómo combatirlo.
Aun así, no podía evitar preocuparme ni dejar de pensar que yo, de algún modo, tenía algún papel en todo eso. Por el momento, había conseguido que los llitops nos ayudaran en nuestro plan contra las nashies. ¿Qué otras sorpresas nos encontraríamos?
—Tienes razón. Disfrutemos mientras podamos —reconocí al fin.
—¡Ese es el espíritu, mujer!
—Tú, con tal de follar… —murmuré.
Él soltó una sonora carcajada. Y antes de que pudiéramos empezar a subir las escaleras, su cuerpo se quedó muy quieto y rígido, sus ojos se empañaron de una pátina blanquecina y se desplomó.
Y mientras yo me abalanzaba sobre él gritando su nombre e intentando que recuperara la conciencia, él pronunció tres palabras, en una voz tan oscura y cavernosa que apenas parecía la suya:
—Ooris está vivo.