12 ¿estás bien?
CALLIE
D aryos estaba un poco apagado.
—Debo ir a revisar las líneas de vigilancia y reforzar los turnos. Después tendré que supervisar la construcción de la empalizada; debería estar levantada por completo al anochecer.
—Espera, vamos un momento a casa —dije, cogiéndole de la mano y tirando de él hacia nuestro hogar.
—¿Estás bien? —preguntó, escrutándome con sus ojos dispares. Uno brilló como una esmeralda puesta al sol y el otro como un zafiro atravesado por un rayo.
—Sí, solo preocupada.
Tiró de mí y me pegó a su cuerpo. Sus manos subieron hasta mi rostro y me acunaron la cara.
—No sufras, amor, ganaremos la guerra y acabaremos con Ux, te lo prometo. —Me dio un suave beso en los labios.
—No es eso, Daryos.
—¿Los llitops ?
Varios barogs cruzaron por nuestro lado, así que lo agarré del brazo y reemprendí la marcha hacia casa. Enzo apareció de algún rincón y nos siguió.
—Son muchas cosas. Quiero que hablemos unos minutos, ¿te parece bien?
—Lo que tú quieras, amor —dijo con expresión angustiada.
Cuando al fin entramos en nuestra sala de estar, él hizo ademán de dirigirse a los cojines desperdigados por el suelo; yo me senté en uno de los taburetes de madera de la mesa de comer. Torció el gesto, pero me imitó.
Nos quedamos en silencio durante unos segundos.
—¿Te apetece un poco de zumo? —me ofreció.
—Sí, gracias, amorcito.
Me sonrió y se dirigió a la despensa. Tras servir un gran vaso de zumo de piña y plátano para cada uno, se sentó frente a mí de nuevo. Estiré las manos sobre la mesa y agarré las suyas.
—Cuéntame otra vez lo que ha ocurrido.
Suspiró.
—Cyrus y yo ya os hemos explicado todo lo que hemos acordado en la asamblea y…
—No, eso no. Quiero que me cuentes lo de la premonición.
Suspiró de nuevo.
—No hay mucho más que contar, amor. La marca ha empezado a picarme y a quemarme la piel, la visión se me ha vuelto borrosa y he perdido el conocimiento. Me he desplomado en el suelo de golpe. Al abrir los ojos, tenía encima el careto de mi hermano, muy preocupado.
—¿Y mientras estabas inconsciente?
—He visto una imagen de una nashie en una gruta. Creo que había más detrás de ella.
—¿Qué estaba haciendo el animal?
—¡Y yo qué sé, Callie! Solo ha sido una imagen.
—Esfuérzate un poco, hombre —dije apretándole los dedos.
—Pues… me estaba mirando fijamente con sus ojos negros.
—¿Algo más?
Reflexionó un instante.
—Tuve la sensación de que estaba hablando con alguien.
—¿Las nashies hablan?
«¡Primera noticia!».
—Algo, muy poco. Menos que las aninfs . Puede que alguna palabra o dos sueltas, mezcladas con chillidos. O eso es lo que siempre han contado de ellas.
Ese planeta cada vez me alucinaba más.
—Quizás lo que viste estaba ocurriendo de verdad. Tal vez Ux estuviera allí.
—No lo sé, amor. Lo único seguro es que, mientras me encontraba en el suelo, las nombré en voz alta.
Nos quedamos pensativos.
—¿Estás bien?
—No me gustan este tipo de cosas inexplicables.
Soy un barog, Callie, un ser primitivo y muy salvaje —se rio—.
No me da ningún miedo luchar contra hermanos perdidos, pulpos, nashies o quién sea.
Soy intrépido y valiente, un guerrero. Pero estar en medio de situaciones que no comprendo me pone nervioso.
«Por supuesto, porque cruzar un portal a otro planeta, transformarse entre humano y barog, bañarse en un lago sagrado, formar parte de una profecía… es la mar de normal», pensé. Me mordí la lengua para no mencionar nada de eso. El pobre lo estaba pasando mal.
—Te dije que la marca de nacimiento serviría para algo, Daryos. Y tener premoniciones no es nada malo.
—¿En serio crees que eso es posible? —Se estremeció.
—No debes tener miedo.
Clavó sus ojos en los míos de inmediato.
—Yo no tengo miedo —se apresuró a aclarar—. Lo único que me causa terror es que pueda pasarte algo a ti, a mi hermano o a mis amigos. O que ese cabrón de Ux gane la guerra.
—Ya me entiendes. Creo que, si los dioses te han concedido ese don, es por algo. Esa premonición que has tenido…
—Si es que era una premonición.
Puse los ojos en blanco.
—Si lo es, va a sernos de mucha ayuda. Podemos prepararnos para la llegada de esas hienas mutantes y nos proporciona ventaja sobre Ux. Si no, esas bestias nos habrían pillado desprevenidos.
—No sabemos si Ux ha pensado siquiera en arriesgarse a pactar con las nashies . Aunque fuese así y las trajera hasta aquí, no creas que va a ser fácil acabar con ellas.
—Les tenderemos una trampa, lo lograremos.
El suspiro profundo que soltó me erizó la piel.
—No es tan sencillo, Callie. Si las hienas aparecen, cualquier cosa es posible.
Las atraeremos hacia la trampa y empalaremos a las de las primeras filas, pero no son estúpidas.
Las demás puede que den media vuelta y se larguen, o que decidan arremeter contra la aldea desde otro punto.
Hemos de estar preparados para cualquier cosa.
—Los dioses me otorgaron la capacidad de comunicarme con los llitops y eso nos salvó de los pantanos. Ahora, te han obsequiado con una premonición que puede salvar la vida de muchos. Y no tenemos ni idea de qué otros poderes desarrollaremos.
—¿Otra vez con eso de los superpoderes, amor? —dijo con media sonrisa y un brillo burlón en los ojos.
—Tú ríete si quieres. Pero, si los dioses nos están dando dones para defendernos, significa que están de nuestra parte.
—Puede que tengas razón, amor, aunque no sabemos si a Ux también le están brindando apoyo. No tenemos ni idea de nada.
—Te lo digo yo, Daryos: los dioses del manantial quieren que ganemos.
Los dioses a veces son vengativos y caprichosos, y actúan en su propio beneficio, pero no son tontos.
Apuesto a que saben que, si Ux vence, destruirá el culto hacia ellos y hará lo que le venga en gana.
Será el fin de las viejas tradiciones, el respeto al templo y los ancianos y, en definitiva, de la especie barog como la conocemos.
—Eso es verdad. Ha matado a tres ancianos y se ha llevado a Ooris. No tiene ningún respeto por los dioses ni por nuestros guías espirituales.
—Te lo he dicho: los dioses están de nuestro lado. Así que agradezcamos todo lo que nos ofrezcan.
—¿Crees que tendré más premoniciones de esas? Sinceramente, preferiría que no.
—No lo sé. Pero si las tuvieras, las aprovecharíamos.
—¡Qué sabia eres, amor!
Se llevó mi mano a los labios y me besó los dedos uno por uno.
—Deberíamos irnos. Hay mucho trabajo por hacer —dije levantándome.
Él se apresuró hacia mí y me rodeó la cintura con sus brazos musculosos. Sentía los latidos atronadores de su corazón contra mi piel.
—Espera, amor…
—Si vas a pedirme que follemos ahora, ya te adelanto que no estoy de humor.
Torció el gesto y me abrazó con más fuerza.
—¿En serio crees que solo me importa eso? —parecía ofendido.
—Perdona, no debí decir eso.
—Lo que quiero es saber cómo estás tú. Hemos hablado de mí todo el rato, pero ¿qué hay de lo que tienes que hacer con Naranjito?
Bajé la vista y resoplé.
—Lo haré, Daryos, hablaré con él. Es solo que… me entran náuseas con solo pensarlo.
—Sé que lo harás, no es eso lo que me preocupa. Solo quiero que sepas que aquí me tienes para lo que necesites, ¿de acuerdo? Puedo acompañarte a hablar con él y pensar juntos en una manera de hacerlo.
—No es solo por lo de la herida para que su sangre atraiga a esos monstruos. Es que… ¿Y si las nashies consiguen llegar hasta la jaula? A nadie va a importarle un puñado de llitops cuando la guerra estalle.
Deslizó dos dedos bajo mi barbilla y me alzó el rostro para que volviera a mirarle.
—A mí me importan tus llitops , Callie. Te prometo que los protegeremos.
Le creí. Sus ojos transmitían una sinceridad rotunda.
Inclinó el rostro, tan apuesto y masculino que se me hinchaba el pecho de amor, y me besó. Un beso lento y profundo, cargado de tanto sentimiento que me cerró la garganta y me llenó los ojos de lágrimas.
—Saldremos de esta, amor mío —me dijo con la voz ronca.
—Que los dioses te oigan.
Tras unos cuantos besos más que me calentaron la sangre y otras partes del cuerpo, al fin nos separamos.
—Entonces, no hay polvo, ¿verdad? —preguntó alzando una ceja.
—Eres incorregible —contesté entre risas, dándole un manotazo.
—Voy a ver cómo va esa empalizada antes de que mi hermano ordene que me empalen a mí con cualquiera de las lanzas recién afiladas.
—Y yo voy a entrenar un poco con las chicas, antes de que Lansh decida salir corriendo y lanzarse por el Acantilado de la Muerte Abismal para acabar con su sufrimiento.
Soltamos varias carcajadas y seguimos bromeando hasta que, ya en la plaza, cada uno siguió su camino.
Mientras se alejaba, fui testigo de cómo varios de esos leones recién llegados a la aldea lo seguían con la mirada y se acercaban a él, avanzando despacio y manteniéndose a cierta distancia.
¿De dónde demonios venían todos esos leones?
Cuando me adentré en la selva, un grupito de llitops estaba saltando al lado de un arbusto para alcanzar las bayas más maduras y jugosas.
Pronto tendría que pensar en una manera de explicarle la situación a Naranjito… y conseguir que aceptara ayudarme.