El Destino del Barog (El rapto de las descendientes 5) 6 LA ASAMBLEA #2
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6 LA ASAMBLEA #2

—Ya, pero si los asustan para que entren en la aldea en estampida, podrían causar destrozos considerables y allanarles el camino, directos hacia nosotros. No podemos descartar esa opción —dije.

—Tienes razón, D. Aun así, podrían dar media vuelta y ocasionarles más problemas a ellos que a nosotros —aportó Ciench.

—¿Y qué hay de las aninfs ? —preguntó mi hermano—. ¿Pensáis que podrían conseguir que lucharan a su lado?

—Nunca han sido nuestras enemigas, C. Puede que algunas de los pantanos, pero no creo que consigan que las de las madrigueras se metan en el conflicto. Siempre se han llevado bien con ambos bandos y no les conviene enemistarse con ninguno —explicó Xerx.

—Por lo que sabemos, ese hijo de puta es muy astuto. Tal vez les ofrezca algo que a ellas les interese. Las aninfs son caprichosas y curiosas por naturaleza. Yo no las descartaría por completo —comentó Lansh.

—Irá a por los peores, C —solté de repente. Hasta yo mismo me sorprendí.

—Eso no lo sabes, D —dijo Axeh—. Podemos esperar cualquier cosa de él.

—Tengo una corazonada. Ese cabrón va a intentar asegurarse la victoria como sea. Venderá a cualquiera si con eso puede comprar fuerzas y lealtad.

—¿En quién estás pensando, D? Los leones y panteras son nuestros, y los que quedan sueltos por ahí jamás se unirían a ellos.

—No lo sé. Sabéis de sobra la clase de seres que corren por nuestras selvas. Pulpos, águilas, linces, lagartos, gatas arcoíris… —enumeré.

—Ninguno de esos servirían a ninguno de los dos bandos. Van por libre, son difíciles de atrapar y no se les puede gobernar —afirmó mi hermano.

De pronto, noté un hormigueo en la marca de la espiral de mi espalda.

En cuestión de segundos, se intensificó hasta que la piel me ardió de un modo insoportable.

Comencé a sentir que me asfixiaba, como si me estuviera hundiendo en un lago denso, oscuro y viscoso al fondo de un precipicio.

La vista se me nubló y una sola imagen invadió mi mente: nashies .

—¡D, reacciona, maldita sea! —gritó Xerx, muy cerca de mi oído.

Alguien me estaba zarandeando por los hombros.

—¿Qué narices te ocurre, hermano? ¡Despierta, Daryos! —exclamó Cyrus.

Había más voces a mi alrededor, todas preocupadas. Al fin, logré enfocar la vista. El rostro angustiado de mi hermano se encontraba a tan solo un palmo por encima del mío. Entonces, me di cuenta de que estaba tumbado en el suelo.

—¿Qué demonios ha ocurrido? —dije levantándome.

—Acabas de desplomarte en el suelo, Daryos. Has perdido el conocimiento y no había forma de que lo recuperaras —dijo Sulveh.

—¿En serio? He sentido algo extraño, pero no la caída.

—Pues te has pegado una buena hostia. No te has dado con la mesa en la cabeza de milagro —soltó Ax.

—Tenías los ojos lechosos y has hablado en una voz que no era la tuya —intervino Xioh mientras me agarraba de la muñeca para tomarme el pulso.

—¿Y qué narices he dicho? —Clavé los ojos en los de mi hermano.

— Nashies .

—¿Qué? ¿Y eso qué significa? —pregunté, aunque empezaba a intuirlo.

—Justo antes de que te desmayaras o… lo que haya sido eso, estábamos hablando de los animales que Ux podría reclutar. Así que está claro que las repugnantes nashies te han venido a la mente —explicó Xerx.

Xioh seguía examinándome a conciencia.

—Recuerdo vagamente que he pensado en ellas —confirmé.

—Aparte de eso, ¿qué es lo último que recuerdas? —preguntó Sulveh, mirándome con suspicacia.

Me toqué el codo, me dolía un poco. Puede que hubiera caído sobre esa parte. Suerte que mis huesos, y los de cualquier barog, eran duros como el acero y no se rompían con facilidad.

—Lo último que recuerdo… es que me hormigueaba la marca de nacimiento de la espiral. Me ardía.

Sulveh achicó los ojos y me observó en silencio durante unos segundos.

—No te has desmayado, príncipe. Has tenido una premonición —soltó como si tal cosa.

—¡¿De qué narices hablas?! Ahora sí que estoy empezando a acojonarme —dije. No solía ponerme nervioso ni perder los estribos con facilidad, pero todo ese asunto era… demasiado.

Sulveh suspiró.

—¿No has pensado nunca que esa marca sagrada de la profecía sirve para algo más que para hacer bonito y combinar con la de tu hoa uhane ?

Me llevé la mano a la parte baja de mi espalda. La piel seguía un poco sensible. Llevaba varios días sintiendo hormigueos esporádicos.

—Eso dice Callie. Ya sabéis que ella afirma que se comunica con los llitops y está segura de que la marca nos dará superpoderes o algo así. —Solté una carcajada.

Todos me miraron con detenimiento.

—Puede que tu pareja tenga más razón de lo que crees, Daryos, aunque supongo que lo iremos descubriendo —dijo el guardián en un tono enigmático.

—¿En serio crees que la marca les va a otorgar algún poder? —preguntó mi hermano, dejando traslucir su curiosidad.

—No lo sé. Jamás ha sucedido nada igual, y tampoco es que la profecía sea clara al respecto. Pero los ancianos guardaban la mayor parte de la información celosamente. Así pues, quién sabe.

—¿Algún consejo, Sulveh? —preguntó Cyrus.

—Yo que tú, me iría preparando para enfrentarme a las nashies —contestó el guardián, clavando su mirada de bronce en la mirada oscura del rey.

Todos temblamos.