El destino de Anjara (Los Ecos y las Cenizas 1) CAPÍTULO 32 LA ÚLTIMA LECCIÓN #3
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CAPÍTULO 32 LA ÚLTIMA LECCIÓN #3

Thyra apareció junto a los Grifos.

Tenía sangre seca junto a la sien.

—¡VITOR!

Skyscream rugió.

Anjara miró las monturas.

Después a Vitor.

Lo comprendió demasiado pronto.

—No.

Él no respondió.

—No.

Vitor se volvió hacia Kaelen.

—Sube.

Ella lo miró.

—Tú también.

—Después.

—Mentira.

Vitor miró a Roric.

—Ayúdala.

Roric no se movió.

—Vitor...

—Es una orden.

Faela llevó a Alya hacia otra montura.

La niña seguía llorando.

—Anjara.

Ella permaneció frente a Vitor.

—No voy a irme sin ti.

—Sí.

—No.

—Anjara.

—¡No!

Él se acercó.

—Mírame.

Ella negó.

Vitor le sostuvo el rostro.

—Mírame.

Anjara lo hizo.

Detrás de él, los últimos defensores retrocedían hacia el Crisol.

Muy pocos.

Demasiado pocos.

—La evacuación ha terminado —dijo Anjara—. Ya no tienes que comprar tiempo.

—Sí.

—Entonces ven.

Vitor miró los Grifos.

—No llegarán lejos con toda la Legión persiguiéndolos.

Anjara dejó de respirar.

—No.

—Necesitan pensar que la batalla sigue aquí.

—Vitor...

—Necesito que Malakor me mire a mí.

—No.

—Mientras lo haga, no os mirará a vosotros.

Anjara negó.

—No puedes saberlo.

—No.

Una sonrisa diminuta.

—Pero puedo intentarlo.

La misma palabra.

No prometía volver.

No podía.

Anjara comprendió y lo odió.

—No quiero perderte.

La frase salió antes de que pudiera detenerla.

Vitor cerró los ojos.

Cuando los abrió, ya no estaba el instructor.

Solo él.

—Lo sé.

Anjara sintió rabia.

—Eso no basta.

—No.

—Dime que vendrás.

Vitor permaneció callado.

—Dímelo.

Nada.

Aquello dolió más que una mentira.

Porque Anjara supo exactamente por qué no respondía.

Había aprendido la misma lección que ella.

No prometas cosas que no sabes.

Vitor apoyó la frente contra la suya.

—Sobrevive.

Anjara cerró los ojos.

—No me pidas eso como si fuera sencillo.

—Nunca te he pedido nada sencillo.

Una explosión sacudió el patio.

Vitor se apartó.

La máscara regresó.

No entera.

Nunca volvería a serlo.

—Thyra.

La jinete entendió.

—Skyscream está listo.

Vitor agarró a Anjara por la cintura.

Ella intentó apartarlo.

—¡No!

Estaba demasiado agotada.

Él la levantó.

La colocó sobre Skyscream.

—¡VITOR!

Kaelen y Roric ocuparon otro Grifo.

Faela ayudó a Alya en el tercero.

Geal apareció corriendo desde la Aguja con una cartera de cuero pegada al pecho.

—¡Los archivos de Eldrin! Lo que he podido sacar.

Vitor señaló la montura.

—Sube.

Geal lo miró.

Comprendió.

—No.

Vitor soltó aire.

—Hoy todo el mundo ha decidido discutir conmigo.

Geal tenía lágrimas en los ojos.

—Vitor...

—Geal.

El Drakthar cerró la boca.

Subió.

Vitor se volvió.

Un grupo de defensores esperaba en el acceso al Crisol.

Sera estaba con ellos.

Armadura golpeada.

Sangre en la frente.

Pero de pie.

Vitor la miró.

—¿Cuántos?

Sera contó sin necesidad de girarse.

—Veintisiete.

Veintisiete.

La última línea de la Academia.

Vitor asintió.

Anjara tiró de las correas.

—¡SERA, SUBE!

La mujer la miró.

Después miró a los demás.

—Mi gente.

Vitor se volvió hacia los defensores.

—Quien quiera marcharse, ahora.

Nadie se movió.

No sonrió.

No los llamó héroes.

No los felicitó.

—Última oportunidad.

Silencio.

Vitor miró a Sera.

Ella levantó la espada.

—Ya te he dicho que soy pésima obedeciendo órdenes razonables.

Algo parecido a una sonrisa cruzó el rostro de Vitor.

Duró menos de un segundo.

—Bien.

Desenvainó.

El sonido fue pequeño.

Acero contra cuero.

Nada digno de una canción.

Los veintisiete levantaron las armas.

Anjara sintió que algo dentro de ella se rompía.

—¡VITOR!

Él la miró por última vez.

—Vuela, Anjara.

Thyra golpeó las riendas.

Skyscream abrió las alas.

Anjara intentó bajarse.

Thyra la sujetó.

—¡SUÉLTAME!

—¡NO!

—¡VITOR!

Los Grifos comenzaron a correr.

La puerta oriental del Crisol explotó.

La Legión entró.

Decenas.

Después cientos.

Vitor levantó la espada.

No habló de gloria.

Ni de sangre.

Ni de morir por la Academia.

Miró a las personas que habían decidido quedarse.

—No tenemos que ganar.

El primer legionario atravesó la puerta.

Vitor bajó la espada hacia él.

—Solo tenemos que conseguir que nos miren.

Los veintisiete cargaron.

Skyscream saltó desde la muralla.

El mundo desapareció bajo sus alas.

Anjara se volvió.

La Academia se hizo pequeña.

Vio el Crisol.

A Vitor.

Una figura oscura delante de un puñado de personas.

Los estandartes negros cerrándose alrededor.

Y más allá...

entre el humo de una galería destruida...

Malakor.

Vivo.

Su armadura estaba quemada.

Le faltaba parte de la capa.

Caminaba.

Vitor lo vio.

Malakor también.

Un ejército entero separaba a ambos.

Vitor levantó la espada.

Señaló al Lord Regente.

Malakor alzó lentamente el mandoble.

No necesitaron hablar.

Las unidades de la Legión comenzaron a orientarse.

Hacia el Crisol.

Hacia Vitor.

Exactamente lo que él quería.

Anjara comprendió.

El plan funcionaba.

Y por eso lo odió todavía más.

—¡VITOR!

El viento devoró su voz.

Skyscream ganó altura.

El Crisol desapareció bajo humo y fuego.

La última imagen que Anjara conservó fue la de veintiocho personas frente a un ejército.

No vio morir a Vitor.

Y mientras la Academia Arcana comenzaba a derrumbarse detrás de ellos, se negó a pensar que lo había hecho.