El destino de Anjara (Los Ecos y las Cenizas 1) CAPÍTULO 31 EL PUENTE DEL CRISOL #2
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CAPÍTULO 31 EL PUENTE DEL CRISOL #2

—¡Geal!

El Drakthar no apartó las manos de la viga.

—¿Sí?

—¿Cuánto?

—Cinco minutos.

Borin vio cómo los legionarios formaban.

—Tienes dos.

Geal levantó la cabeza.

Vio a los soldados.

—Puedo hacerlo en tres.

—Tienes dos.

Borin sonrió.

—Hoy todos estáis aprendiendo muy deprisa.

Los legionarios cargaron.

Los niños continuaron saliendo.

Anjara dejó de contar.

Quince.

Veinte.

Roric recibía a cada uno.

Lo apartaba.

Volvía a meter las manos.

El maestro Teren seguía atrapado.

Una losa cubría parte de su pierna.

—Déjame.

Anjara lo miró.

—No.

—Saca a los niños.

—Es exactamente lo que estoy haciendo.

—No desperdicies tiempo conmigo.

Anjara examinó la roca.

—Eso lo decido yo.

Teren soltó una risa dolorida.

—También hablas como Vitor.

—Hoy todo el mundo está empeñado en insultarme.

Otro niño cruzó.

Después otro.

La bóveda crujió.

Teren miró la piedra.

Anjara también.

Demasiado pesada para levantarla.

La Gema seguía fría.

Su cuerpo seguía exhausto.

Durante un instante pensó en forzarla.

En buscar un resto de luz.

Nada.

Bien.

No necesitaba poder.

Necesitaba una solución.

—Roric.

Él asomó.

—¿Qué?

—Cuerda.

—¿Para levantar eso?

—No.

Anjara señaló el borde.

—Para girarlo.

Roric observó la losa.

Entendió.

—Necesitamos apoyo.

Teren señaló una columna partida.

—Ahí.

Trabajaron.

Sin magia.

Cuerda.

Piedra.

Madera.

Palanca.

Cosas sencillas.

Cosas antiguas.

Anjara recordó a Kael.

No sus secretos.

Ni la herida.

Ni el Lago.

Sus manos arreglando una bisagra mientras Liam preguntaba por qué un clavo no podía colocarse del revés.

—Ahora.

Tiraron.

La losa giró apenas.

Teren gritó.

—¡Otra vez!

—No —jadeó Roric—. Espera.

—¡Otra vez!

Roric tiró.

Anjara empujó.

Teren sacó la pierna.

La piedra cayó.

—Fuera.

El maestro no podía andar.

Roric se lo cargó sobre los hombros.

—Estoy detectando una tendencia.

—Menos hablar.

—Me ayuda.

—A mí no.

El último niño cruzó.

Anjara fue detrás.

Entonces escuchó el grito.

No de un niño.

Borin.

Habían pasado más de dos minutos.

Muchos más.

Borin seguía en el estrechamiento.

Había cuerpos frente a él.

Siete.

Quizá ocho.

Los legionarios ya habían comprendido que atacar de uno en uno era inútil.

Una lanza atravesó el paso.

Borin la apartó.

Otra golpeó la coraza.

La punta penetró poco.

Suficiente.

Retrocedió.

Darel apareció a su espalda.

—Maestro.

—Atrás.

—Puedo ayudar.

—Ya estás ayudando.

Darel empuñó la espada con ambas manos.

—Puedo luchar.

Borin lo miró.

—¿Cuántos años tienes?

—Diecisiete.

Borin casi sonrió.

—Peor todavía.

—No pienso dejarle solo.

Otro ataque.

Borin bloqueó.

El impacto le entumeció el brazo.

—¡GEAL!

—¡YA!

El Drakthar golpeó la última cuña.

La viga quedó asegurada.

La abertura del derrumbe se ensanchó.

Mira gritó:

—¡Pueden salir!

Borin respiró.

Bien.

Eso era todo.

Se volvió hacia Darel.

—Ve.

—No.

—No era una petición.

—No voy a dejarle.

Borin agarró al muchacho de la túnica.

Lo acercó.

—Escúchame.

Los legionarios se reorganizaban.

—No te estoy pidiendo que me salves.

Darel respiraba con dificultad.

—Maestro...

—Te estoy ordenando que hagas que esto sirva.

Lo empujó hacia Geal.

—¡SÁCALO!

Geal agarró a Darel.

El muchacho forcejeó.

—¡BORIN!

El maestro volvió hacia el corredor.

Más sombras.

Más acero.

Sonrió.

—Ahora sí.

Anjara salió del derrumbe justo cuando Darel gritaba su nombre.

Vio todo demasiado rápido.

Geal sujetando al muchacho.

Mira sacando a los niños.

Roric cargando a Teren.

Y al fondo...

Borin.

Solo.

—No.

Anjara soltó la cuerda.

—¡BORIN!

El maestro giró la cabeza.

La vio.

No tuvo miedo.

Se enfadó.

—¡SACA A LOS NIÑOS!

—¡Podemos cerrar el corredor!

—¡HAZLO!

Más legionarios aparecieron.

Anjara levantó la hoz.

Borin señaló hacia arriba.

—¡LA CARGA!

Geal comprendió primero.

Miró las vigas.

Su rostro cambió.

—No.

Borin lo miró.

—Sí.

—Si soltamos esos soportes cae todo el puente.

—Exactamente.

Anjara miró el corredor.

El puente del Crisol.

Una galería antigua construida sobre uno de los vacíos interiores de la montaña.

Debajo no había otra planta.

Solo oscuridad.

—Borin...

El maestro retrocedió.

Los legionarios avanzaron.

—Vitor siempre dijo que esta arquitectura era una estupidez.

Roric soltó una risa rota.

—Nunca le he oído decir eso.

—Porque no estabas cuando bebía.

Un legionario cargó.

Borin lo derribó.

—¡GEAL!

El Drakthar temblaba.

Anjara lo vio.

No era miedo a la tarea.

Era que comprendía exactamente lo que ocurriría cuando la completara.

Si retiraban el soporte...

—Yo lo hago —dijo Anjara.

Geal giró.

—No.

—Geal.

—No.

Borin rugió desde el otro extremo:

—¡ALGUNO DE LOS DOS!

Anjara llegó hasta el mecanismo.

Una barra de hierro atravesaba el soporte.

No necesitaba magia.

Solo fuerza.

Puso ambas manos.

Empujó.

Nada.

Roric dejó a Teren con Mira.

Se colocó junto a ella.

—Juntos.

Geal llegó por el otro lado.

Tres.

Empujaron.

Nada.

—Otra vez.

El metal chirrió.

Borin seguía retrocediendo.

Un corte apareció en su muslo.

Otro en el costado.

Darel lloraba.

—¡MAESTRO!

Borin lo miró.

—¡VIVE, IDIOTA!

La barra cedió.

Un poco.

Las heridas de las manos de Anjara se abrieron.

Sangre.

—¡OTRA VEZ!

Empujaron.

CRAC.

Una viga se desplazó.

El puente tembló.

Los legionarios dejaron de avanzar.

Demasiado tarde.

Borin miró a Anjara.