El destino de Anjara (Los Ecos y las Cenizas 1) CAPÍTULO 30 LA FORTALEZA QUE SANGRA #3
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CAPÍTULO 30 LA FORTALEZA QUE SANGRA #3

Geal habría hecho cincuenta preguntas.

Anjara hizo una.

—¿Malakor lo sabe?

Eldrin miró hacia el sur.

—Eso estamos a punto de descubrir.

En la llanura, Lord Malakor observaba la Academia.

El cielo empezaba a aclararse.

No necesitaba catalejo.

Conocía aquellas murallas.

Había estudiado planos.

Mapas.

Testimonios.

Relatos de desertores.

Registros anteriores a varios de los edificios que ahora ardían.

La superficie podía cambiar.

Una torre podía reconstruirse.

Una muralla podía desplazarse.

Los cimientos no.

Un oficial llegó a caballo.

—Tres Grifos han atravesado la defensa occidental.

Malakor no apartó la vista.

—¿Identificados?

—No todos los jinetes.

—Skyscream.

El oficial dudó.

—Sí.

Malakor sonrió.

No por alegría.

Por confirmación.

—Thyra ha vuelto de Syltherion.

—Eso parece.

—Entonces también ha regresado la Anjanu.

—No podemos...

Malakor giró la cabeza.

El oficial corrigió:

—Es probable.

—Mucho mejor.

Malakor volvió a contemplar la fortaleza.

—Vorlag.

—Sin comunicación.

—Malorin.

—Nada desde Syltherion.

Malakor permaneció en silencio.

—Ha caído.

El oficial tragó saliva.

—No podemos saberlo.

—Si siguiera controlando el Nexo ya habría exigido el precio de su victoria.

Una ligera sonrisa.

—Malorin nunca fue bueno esperando.

—¿Retiramos los destacamentos occidentales?

—No.

—Pero si la operación de Syltherion ha fracasado...

—La operación ha cumplido parte de su propósito.

El oficial no preguntó.

Malakor señaló las montañas.

—Preparad la segunda fase.

El hombre palideció.

—La muralla sur todavía no ha caído.

—No necesito que caiga.

—Mi lord...

—La Academia cree que quiero entrar por el sur.

—Sí.

—Que continúen creyéndolo.

El oficial esperó.

—¿Y nosotros?

Malakor miró hacia los cimientos.

—Vamos a abrir la puerta que olvidaron que estaban protegiendo.

La alarma cambió.

Anjara lo notó enseguida.

Durante todo el asedio había escuchado distintos patrones.

Ataque.

Fuego.

Heridos.

Brecha.

Aquello fue diferente.

Un único golpe.

Largo.

Después silencio.

Borin perdió el color.

Vitor desenvainó.

—¿Qué significa?

Eldrin ya caminaba hacia la puerta.

—Galerías inferiores.

Anjara lo siguió.

—¿Qué ocurre?

Otro golpe.

No de campana.

Debajo.

La piedra vibró.

Alya se llevó las manos a los oídos.

—Está ahí.

Anjara la sostuvo.

—¿Qué?

La niña miraba el suelo.

—Algo golpea desde abajo.

Borin maldijo.

Vitor miró a Eldrin.

—Entradas.

—Conocidas, tres.

—¿Desconocidas?

Eldrin no respondió.

Eso bastó.

Tercer golpe.

CRAC.

Una línea apareció en el suelo de la Aguja.

Recta.

Perfecta.

Las runas cercanas se apagaron una tras otra.

Geal se agachó.

—Antimagia.

Anjara lo miró.

—¿La misma que las máquinas?

—No idéntica. Pero la respuesta es parecida.

Vitor miró a Alya.

—Hay que sacarla de aquí.

—No hacia arriba —respondió Anjara.

—Anjara.

—Si Malakor está entrando por debajo y termina tomando la fortaleza, llevarla hacia las plantas superiores solo retrasa que la encuentre.

—No voy a discutir...

—Entonces piensa.

Vitor se quedó mirándola.

Roric observó a uno.

Después al otro.

—Ha pasado poco tiempo desde que os reencontrasteis y ya echo de menos cuando estabais separados.

Kaelen levantó la cimitarra con la mano sana.

—Ella tiene razón.

Vitor la miró.

Kaelen se encogió de hombros.

—A veces ocurre.

Anjara casi sonrió.

La grieta se abrió otro poco.

Eldrin miró el mapa.

Después a Alya.

—Hay un lugar.

—¿Dónde? —preguntó Anjara.

—Bajo el Crisol.

Borin se volvió.

—No.

—Es la única cámara aislada de las principales redes mágicas.

—También está junto a...

Borin calló.

Anjara lo oyó.

—¿Junto a qué?

Eldrin cerró los ojos.

—La puerta.

Anjara dejó escapar aire.

—Claro.

Vitor se acercó.

—¿Malakor puede abrirla?

—No debería.

—No es lo que he preguntado.

Eldrin lo miró.

—No sin aquello para lo que fue construida.

Silencio.

Los ojos de Anjara bajaron hasta Alya.

Después a su propia Gema.

No.

Eldrin vio lo mismo.

—Anjara...

—No me mires así.

—No he dicho nada.

—No necesitas hacerlo.

La Gema empezó a calentarse.

Alya agarró la mano de Anjara.

La vibración atravesó a ambas.

Anjara dejó de oír durante un instante el asedio.

No Syltherion.

No Terragon.

Otra cosa.

Piedra.

Metal.

Capas y capas de algo antiguo.

Y al otro lado...

una presencia.

No despierta.

No consciente de la misma forma que Terragon.

Esperando.

La Gema dio un pulso.

Algo respondió bajo la Academia.

BUM.

No desde los túneles de Malakor.

Desde mucho más profundo.

Todos quedaron inmóviles.

Alya miró a Anjara.

—Nos ha oído.

Anjara sintió que el calor de la Gema aumentaba.

No era la primera vez que una construcción imposible recordaba su sangre.

El arcón.

El Lago.

Terragon.

Ahora aquello.

La puerta no se abrió.

Todavía.

Pero en las profundidades de la Academia Arcana, un mecanismo que llevaba siglos inmóvil acababa de recordar que tenía una función.

Y, por primera vez desde que comenzó el asedio, Anjara comprendió algo que Malakor llevaba mucho más tiempo sabiendo que ellos.

La batalla de la superficie era una distracción.

La verdadera puerta de la Academia estaba debajo.

Y acababan de anunciarle que habían llegado.