El destino de Anjara (Los Ecos y las Cenizas 1) CAPÍTULO 29 LO QUE QUEDA EN PIE #3
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CAPÍTULO 29 LO QUE QUEDA EN PIE #3

—¿Y Vitor?

La pregunta salió antes de que pudiera detenerla.

Thyra sostuvo su mirada.

—En la Academia.

Anjara notó que podía volver a respirar.

Solo durante un instante.

Porque la segunda parte llegó sola.

—Dirigiendo la defensa con Eldrin.

El alivio desapareció.

—Tenemos que volver.

—Por eso estoy aquí.

Thyra miró a los otros dos jinetes.

—La última señal procedente de Syltherion llegó justo antes de que Malakor cerrara las rutas. Eldrin ordenó que saliéramos mientras aún podíamos.

Faela frunció el ceño.

—¿Qué señal?

—Una resonancia.

Thyra miró la Gema.

—No palabras. La Aguja detectó algo al oeste. Después nada.

Anjara pensó en el Corazón.

En Malorin arrastrándola a su mente.

En Terragon.

—Yo no envié nada.

—No he dicho que lo hicieras.

Eso no tranquilizó a nadie.

Thyra miró el cielo.

—Nos marchamos.

Anjara no se movió.

—¿Cómo está la Academia?

La mujer ajustó una correa de Skyscream.

—Cuando salimos, preparándose para el asedio.

—Eso fue antes.

Thyra la miró.

No tenía una respuesta más reciente.

Anjara comprendió.

—¿Eldrin estaba vivo?

—Sí.

—¿Borin?

—Sí.

—¿Sera?

—Sí.

Anjara respiró.

—¿Los alumnos?

—Los pequeños empezaron a evacuar antes de que partiéramos. También algunos mayores.

—¿Y los demás?

Thyra no contestó.

No hacía falta.

Anjara miró hacia el este.

Lirionis.

Las Montañas del Lamento.

La Academia.

Un lugar que había tardado demasiado en reconocer como hogar.

—Volvemos.

Thyra asintió.

—Ahora.

Tres Grifos.

Siete pasajeros además de sus jinetes.

No era sencillo.

Kaelen viajaría con Geal en una de las monturas para que él pudiera vigilar el brazo.

Roric y Faela ocuparían otra.

Anjara y Alya irían con Thyra sobre Skyscream.

El enorme Grifo observó a Anjara.

Ella hizo lo mismo.

—Parece que quiere comerme.

Thyra ajustó las riendas.

—Si quisiera hacerlo, ya estarías peor.

—Un criterio tranquilizador.

Alya miraba al animal con los ojos muy abiertos.

—¿Puedo tocarlo?

Thyra la observó.

—Primero deja que te huela.

Alya extendió lentamente una mano.

Skyscream acercó el pico.

Resopló.

La niña no se movió.

El Grifo permitió el contacto.

Alya sonrió.

No como Llave.

No como alguien que escuchaba las raíces de un continente.

Solo como una niña de ocho años tocando un Grifo por primera vez.

Anjara sintió una presión en el pecho.

Eso.

Eso era lo que habían salvado.

No un Nexo.

No una función.

Una niña capaz de maravillarse.

—Sube.

Ayudó a Alya.

Después montó detrás de ella.

Thyra ocupó la posición delantera.

—Agárrate bien.

Skyscream abrió las alas.

Faela miraba hacia Syltherion desde el otro Grifo.

Anjara vio que no quería marcharse.

—Volveremos.

Faela la miró.

Anjara recordó.

No lo sabía.

Corrigió:

—Intentaremos volver.

Faela sonrió débilmente.

—Mejor.

Los Grifos despegaron.

Syltherion descendió bajo ellos.

Desde el cielo podían ver la herida.

Una extensión gris y negra atravesaba kilómetros de bosque.

Pero ya no crecía.

Había zonas devastadas.

Otras seguían verdes.

Alya miraba hacia abajo.

—Está vivo.

Anjara rodeó a la niña con un brazo.

—Sí.

—Sigue doliendo.

—Sí.

Alya apoyó la cabeza contra ella.

—Pero está vivo.

Anjara contempló el bosque.

Pensó en Malorin.

En lo cerca que había estado de convertir dos cosas distintas en una sola.

Dolor.

Vida.

Una podía acompañar a la otra.

Eso no significaba que fueran lo mismo.

Ni que para terminar con una hubiera que destruir la otra.

Skyscream ganó altura.

El bosque desapareció poco a poco tras las nubes.

La primera columna de humo apareció varias horas después.

Thyra fue quien la señaló.

Nadie habló.

Otra.

Después otra.

Demasiado lejos para distinguir el origen.

Demasiado cerca de las montañas para que Anjara necesitara una explicación.

Los Grifos continuaron.

El viento había empeorado.

La lluvia quedó atrás.

El sol descendió.

Alya terminó dormida contra Anjara.

Geal también había cedido al agotamiento sobre la otra montura, sujeto detrás del jinete y con una mano aún cerca del cabestrillo de Kaelen.

Roric había dejado de bromear.

Faela miraba el horizonte.

—¿Cuánto falta? —preguntó Anjara.

Thyra observó las nubes.

—Si el viento no empeora, antes del amanecer.

Anjara miró el humo.

—No podemos llegar después.

Thyra no respondió.

Skyscream batió las alas con más fuerza.

La noche cayó.

Entonces vieron el cielo sobre las Montañas del Lamento.

No la Academia.

Todavía no.

Su cielo.

Un resplandor violeta iluminó las nubes desde abajo.

Después otro.

Y otro.

Una llamarada naranja se alzó poco después.

Alya despertó.

—¿Qué es?

Anjara no respondió.

Thyra se tensó.

—Más rápido.

Skyscream rugió.

Los otros Grifos respondieron.

Las alas golpearon el aire.

Otro destello violeta.

Oscuridad.

Después fuego.

La batalla seguía.

Eso significaba que la Academia continuaba en pie.

Todavía.

Anjara apretó a Alya contra sí.

—Aguantad.

No sabía a quién se lo pedía.

A Eldrin.

A Borin.

A Sera.

A los alumnos.

A Vitor.

A las murallas.

A cualquiera que todavía pudiera oír.

—Aguantad un poco más.

A lo lejos, sobre las Montañas del Lamento, una de las luces defensivas de la Academia se apagó.

Y no volvió a encenderse.