El destino de Anjara (Los Ecos y las Cenizas 1) CAPÍTULO 27 EL CAMINO QUE NO DEBÍA EXISTIR #2
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CAPÍTULO 27 EL CAMINO QUE NO DEBÍA EXISTIR #2

—Está cerca.

—Precisamente.

—Pero Malorin...

—Seguirá siendo Malorin dentro de cinco minutos.

Roric se dejó caer al suelo.

—Por eso eres mi comandante.

Kaelen se sentó contra la pared.

—Creía que era por su capacidad de liderazgo.

—También. Pero principalmente por permitir que me siente.

Anjara dio agua a Alya.

La niña bebió.

Anjara la observó.

—Ocho años.

Alya levantó la vista.

—Ya sabes cuántos tengo.

—Sí.

—Entonces ¿por qué lo dices?

Anjara miró hacia el túnel.

Ocho.

Casi la misma edad que ella cuando tantas cosas empezaron a romperse.

Pero no.

No convertiría a Alya en otra versión de sí misma.

—Estaba pensando.

La niña la miró con atención.

—Pones la misma cara que Geal.

Roric soltó una carcajada.

Geal pareció profundamente ofendido.

—No ponemos la misma cara.

Alya lo observó.

Después a Anjara.

—Cuando pensáis, sí.

Incluso Faela sonrió.

Duró poco.

Fue suficiente.

Alya bebió otra vez.

—Anjara.

—¿Sí?

—¿Qué es una Llave de Sangre?

El grupo quedó en silencio.

Anjara miró a Geal.

Él negó.

No sabía.

—No lo sé.

Alya frunció el ceño.

—El hombre dijo que eras tú.

—Dijo algo sobre mi sangre.

—Y Malorin también te quiere.

—Sí.

—Entonces somos dos llaves.

Anjara negó.

—No.

—Pero...

—Somos dos personas a las que otros han decidido convertir en llaves porque creen que pueden utilizarnos para abrir algo.

Alya lo pensó.

—Eso es peor.

—Bastante.

—¿Y qué abrimos?

Anjara miró las raíces.

—Eso es lo que tenemos que averiguar antes de que ellos decidan por nosotras.

El camino terminó ante una puerta.

Esta vez no estaba oculta.

Dos raíces blancas se entrelazaban formando un arco enorme.

En el centro había un símbolo.

Una semilla.

Alya se detuvo.

—Aquí.

Faela se acercó.

—Ese símbolo sí lo conozco.

Anjara la miró.

—¿Qué es?

—Una entrada al Nexo.

Geal estudió la estructura.

—¿Cómo se abre?

Faela negó.

—No lo sé.

—Has dicho que lo conocías.

—El símbolo.

Geal iba a responder.

Kaelen levantó una mano.

—No.

Geal suspiró.

—Sí. Entendido.

Alya avanzó.

Anjara la sujetó.

—Espera.

—Tengo que abrirla.

—¿Cómo lo sabes?

—Está esperando.

Anjara miró la raíz blanca.

—¿A ti?

Alya negó.

—No.

Todos se quedaron quietos.

—¿Entonces a quién? —preguntó Anjara.

Alya la miró.

La Gema se calentó.

Anjara retrocedió.

—No.

La niña siguió observándola.

—Te conoce.

La madera vibró.

No poder.

Reconocimiento.

Algo parecido a lo que había ocurrido con el arcón.

Con el Lago.

Con lugares demasiado antiguos para saber quién era y que, sin embargo, parecían reaccionar a aquello que llevaba dentro.

Geal se acercó.

—Anjara...

—No.

—Ni siquiera he dicho nada.

—Estabas a punto.

Geal cerró la boca.

Anjara observó la semilla.

Llave.

Sangre.

Pero aquella puerta era anterior a Malorin.

Eso cambiaba algo.

No sabía qué.

Kaelen habló:

—No la abras.

Anjara la miró.

—Tenemos que entrar.

—Sabemos que Malorin espera.

—Sí.

—Entonces esto puede ser exactamente lo que quiere.

—También.

Roric señaló hacia atrás.

—La alternativa incluye Devoradores y legionarios.

—No he dicho que volvamos —respondió Kaelen.

—Entonces necesitamos otra entrada.

Alya negó.

—No hay.

Kaelen la miró.

—Siempre hay otra.

—Aquí no.

Faela apoyó una mano sobre la raíz.

Cerró los ojos.

—Tiene razón.

Anjara respiró.

No le gustaba.

Eso ya no era un criterio suficiente.

Miró a Alya.

—No haces nada hasta que te lo diga.

—Vale.

Anjara avanzó.

Levantó una mano.

Se detuvo antes de tocar la semilla.

El Lago de Cristal acudió a su memoria.

Una verdad incompleta.

Terragon.

Kaelthar.

Kael.

Vitor.

Sangre.

Todos queriendo convertirse en una respuesta.

No.

Ahora solo necesitaba saber qué había detrás.

Tocó la raíz.

Nada.

Roric exhaló.

—Bueno.

Alya tomó la otra mano de Anjara.

La puerta despertó.

Luz verde recorrió las raíces.

No salió de Anjara.

Ni de Alya.

Nació en la madera.

El símbolo de la semilla se abrió en decenas de líneas.

Las raíces comenzaron a separarse.

Faela murmuró algo en Thal'nael.

La Gema ardió.

Alya apretó los dientes.

—No me sueltes.

—No pensaba hacerlo.

La abertura creció.

Al otro lado había luz violeta.

Y un rostro.

Malorin.

No físicamente.

Una figura de savia negra y resplandor proyectada sobre una raíz.

—Por fin.

Anjara levantó la hoz.

—No hemos venido por ti.

Malorin sonrió.

—Todos dicen eso antes de comprender por qué han venido.

Su mirada descendió hasta Alya.

—Hola, pequeña.

Anjara dio un paso delante de ella.

—No le hables.

—Sigues confundiendo proteger con decidir cuánto puede saber.

Anjara sostuvo su mirada.

—No.

—¿No?

—Protegerla de ti sí es protegerla.

La sonrisa de Malorin apenas cambió.

—Y aun así me la has traído.

Kaelen se acercó.

—Si esto es una trampa...

—Lo es.

Malorin la miró.

—La pregunta es para quién.

La proyección desapareció.

La puerta terminó de abrirse.

Una escalera ascendía en espiral.

No era de piedra.

Anjara tardó varios segundos en reconocer el material.

Hueso mineralizado.

Geal palideció.

—Terragon.

La escalera había sido tallada en parte del cuerpo del Guardián.

A ambos lados había nichos.

Dentro flotaban objetos encerrados en campos violáceos.

Fragmentos de cristal.

Piedras negras.

Hojas de metal oscuro.

Reliquias irreconocibles.

Geal dio un paso hacia una.

Kaelen lo agarró por la capa.

—Ni se te ocurra.

—No iba a tocarla.

—Mentira.

Geal observó el objeto.

—Esta vez no.

Anjara continuó subiendo.

Algunos objetos reaccionaban cuando pasaba.

Vibraciones.

Cambios de intensidad.

Pequeños pulsos.

Entonces llegó a una piedra negra.

Porosa.

Del tamaño de un puño.

No brillaba.

Parecía debilitar la luz a su alrededor.

La Gema se volvió helada.

Anjara dejó de respirar.

Fuego.

Lumenvalle.

Kael saliendo de la casa con Liam en brazos.

Su pecho.

La herida.

Profunda.

Negra.

Anterior al incendio.

—Anjara —dijo Faela.

Ella no respondió.

Geal miró la piedra.

—¿Qué ocurre?

La inscripción de Terragon regresó.

Una herida hecha objeto.

Algo que devoraba.

Algo utilizado contra Guardianes.

—Devorador de Almas.

Geal palideció.

—¿Estás segura?

Anjara miró la piedra.

La respuesta antigua habría sido sí.

Ahora no.

—No.

Costó decirlo.

Pero lo dijo.

—Se parece a lo que encontramos en la inscripción. Reacciona a la Gema. Y la herida de mi padre me recuerda a esto.

Kaelen se acercó.

—Pero no demuestra que fuera esto.

Anjara negó.

—No.

Roric miró el fragmento.

—Otra pieza.

—Sí.

Anjara siguió subiendo.

Dejarla allí le costó más que muchos combates.

Pero continuó.

La escalera terminó ante un arco gigantesco.

El sonido llegó antes que la cámara.

Un latido.

BUM.

Alya se dobló.

Anjara la sostuvo.

BUM.

Las raíces vibraron.

BUM.

Faela palideció.

—No es Terragon.

Geal miró las runas negras que cubrían el arco.

—No.

El aire olía a savia podrida.

Anjara avanzó.

Y vio el Corazón de la Carroña.

La caverna era inmensa.

Raíces negras descendían desde el techo.

En el centro colgaba una masa gigantesca de madera, tejido y cristal violeta.

No era un corazón.

Alguien había querido que se pareciera a uno.

Se contraía.

Se expandía.

Con cada latido enviaba corrupción por las raíces.

Roric contempló aquello.

—Es repugnante.

Kaelen asintió.

—Descripción precisa.

Alya empezó a temblar.

Anjara se agachó.

—¿Qué ocurre?

La niña miraba el Corazón.

—Me conoce.

—No.

—Sí.

Se llevó una mano al pecho.

—Me está buscando.

Runas bajo sus pies se encendieron.

Geal levantó la cabeza.

—¡Apartaos!

Demasiado tarde.

Una barrera violeta apareció entre ellos.

La mano de Alya fue arrancada de la de Anjara.

—¡ALYA!

La niña salió despedida hacia el centro.

No cayó.

La luz la atrapó.

La sostuvo suspendida frente al Corazón.

Anjara corrió.

Golpeó una barrera invisible.

—¡NO!

Levantó la hoz.

Geal la agarró.

—¡No la golpees! ¡Está conectada al circuito!

—¡Entonces sácala!

—¡Tengo que saber cómo funciona!

—¡NO TENEMOS TIEMPO!

Una voz respondió desde el otro lado.

—Por fin estamos de acuerdo.

Malorin apareció detrás del Corazón.

Esta vez no era una proyección.

Era él.

Alto.

Consumido.

Piel cenicienta.

Venas negras recorriendo el cuello.

Cabello plateado sobre los hombros.

Los ojos parecían no tener iris.

Faela levantó el arco.

—Malorin.

El Sembrador la miró.

Por primera vez hubo algo distinto en su rostro.

Reconocimiento.

Cansancio.

—Faela.

Ella tensó la cuerda.

—Sigues confundiendo silencio con paz.

Malorin sonrió tristemente.

—Y tú sigues cantando para un bosque que grita.

—Lo escucho.

La sonrisa desapareció.

—No lo suficiente.

Kaelen avanzó.

—Libera a Alya.

Malorin levantó la vista hacia la niña.

—No puedo.

Anjara golpeó la barrera.

—Sí puedes.

—No.

El Corazón latió.

Alya gritó.

Luz verde apareció bajo su piel.

La Gema de Anjara respondió.

Malorin la miró.

Y sonrió.

No como alguien satisfecho por haber ganado.

Como alguien que acababa de demostrar una hipótesis.

—Ahí estás.

Anjara sintió frío.

—¿Qué?

—La segunda resonancia.

Geal palideció.

—Anjara, apártate.

Malorin extendió una mano.

La Gema ardió.

Anjara cayó de rodillas.

Una línea verde surgió del Corazón.

Otra respondió desde la Gema.

No llegaron a tocarse.

Malorin contempló el espacio entre ambas.

—Alya puede ser escuchada por Syltherion.

Anjara recordó a Erion.

Malorin señaló a la niña.

—Ella abre la comunicación.

Después miró a Anjara.

—Pero tú haces que lo antiguo responda.

Terragon.

La puerta.

El arcón.

La Gema.

Anjara apretó los dientes.

—No soy tu herramienta.

Malorin negó.

—No.

Descendió un escalón.

—Eres el problema que llevo años intentando resolver.

Geal golpeaba la barrera con uno de sus instrumentos.

—¡No lo escuches!

Malorin ni siquiera lo miró.

—La Llave puede abrir el vínculo.

Los ojos negros se clavaron en la Gema.

—Tu sangre puede convertirlo en algo que responda a una voluntad.

Anjara sintió miedo.

No porque comprendiera.

Porque todavía no comprendía lo suficiente.

Malorin lo vio.

—Ahora empiezas.

—No.

—Todavía no del todo.

Se acercó a Alya.

Anjara golpeó la barrera.

—¡NO LA TOQUES!

Malorin se detuvo.

—¿Crees que quiero matarla?

—Sé lo que les has hecho a los demás.

—Sí.

—Entonces aléjate de ella.

Malorin miró el Corazón.

—¿Sabes qué oigo cuando cierro los ojos?

Anjara no respondió.

—Todo.

Su voz perdió parte de la dureza.