El destino de Anjara (Los Ecos y las Cenizas 1) CAPÍTULO 21 EL LAGO SIN REFLEJO #4
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CAPÍTULO 21 EL LAGO SIN REFLEJO #4

Se acercó al lago.

Se detuvo.

Retrocedió.

Volvió.

—No puedo.

Kaelen seguía sentada.

—Sí.

—No.

Roric negó.

—No estoy bromeando.

—Lo sé.

—No quiero volver allí.

Anjara sabía dónde era allí.

Nera.

El momento en que había soltado su mano.

—Entonces no bebas.

Todos la miraron.

Roric también.

—¿Qué?

—No bebas.

Anjara se puso en pie.

—Faelan dijo que debíamos hacerlo. Yo no voy a obligarte.

—Pero necesitamos su ayuda.

—Sí.

—Entonces...

—Encontraremos otra manera.

Roric la observó.

—Eso es una estupidez.

—Puede ser.

—Podría arruinar la misión.

—También.

Él la miró como si esperara la orden escondida.

No llegó.

—¿Por qué?

Anjara pensó en Liam.

En promesas hechas desde el miedo.

En la facilidad con que el amor podía transformarse en una obligación imposible.

—Porque ya sé lo que ocurre cuando conviertes el miedo a perder a alguien en una orden.

Roric bajó la mirada hacia la copa.

—Odio este grupo.

Geal murmuró:

—Recíproco.

Roric tomó aire.

Cogió la copa.

—Pero si vais a conocer mis peores secretos, quiero dejar constancia de que algunos son decepcionantes.

Kaelen casi sonrió.

—Bebe.

—Qué apoyo.

Llenó la copa.

Bebió.

Cayó de rodillas.

Anjara no corrió.

Esperó.

Roric cerró los ojos.

—Corre.

Respiró demasiado rápido.

—Corre.

Las manos se tensaron.

—No.

Pausa.

—No.

Anjara lo vio temblar.

—Nera...

Su hermana.

—Nera, espera.

Roric empezó a llorar.

—No la voy a soltar.

Se inclinó hacia delante.

—Esta vez no.

Anjara comprendió.

El lago no solo le mostraba lo ocurrido.

Le estaba ofreciendo la posibilidad de cambiarlo.

La fantasía más cruel.

—Roric.

Él negó.

—Puedo quedarme.

—Roric.

—Esta vez puedo quedarme.

Kaelen se levantó.

—No puedes cambiarlo.

Roric abrió los ojos dentro de la visión.

—Sí.

—No.

Kaelen avanzó.

—Pero puedes volver.

Un sollozo.

—Si vuelvo, ella muere.

Nadie habló.

Anjara sí.

Porque conocía la trampa.

—Ya murió.

Roric se quedó inmóvil.

La frase dolió también al pronunciarla.

—Quedarte ahí no la salva.

—La estoy abandonando otra vez.

—No.

Anjara negó.

—Esta vez estás dejando de abandonarte tú.

Roric tembló.

Después abrió los ojos.

Los verdaderos.

La miró.

—Eso ha sido horrible.

—Sí.

—No vuelvas a decirme algo así.

—Intentaré no llevarte otra vez a un lago que lee traumas.

—Gracias.

Anjara le ofreció la mano.

Roric la aceptó.

Faela seguía junto al agua.

Todos la miraron.

Ella negó.

—Yo bebí hace años.

Roric, todavía en el suelo, frunció el ceño.

—¿Y tenemos que confiar en que cuenta?

—Sí.

—Muy conveniente.

Faela sonrió.

—Muchísimo.

Nadie insistió.

Anjara creyó que había terminado.

Entonces el lago se movió.

Una onda.

Solo una.

Nació en el centro.

Hasta entonces el agua no había reaccionado ni siquiera cuando llenaban la copa.

La ondulación avanzó.

Llegó a la orilla.

La Gema ardió.

Anjara se dobló.

—¡Anjara!

Se llevó una mano al pecho.

El dolor desapareció tan rápido como había llegado.

Geal se acercó.

—¿Qué ha ocurrido?

—La Gema.

Faela miró el lago.

La superficie había vuelto a quedar inmóvil.

Pero ya no estaba vacía.

Una luz verde apareció muy abajo.

No reflejada.

Dentro.

Anjara avanzó.

Kaelen la sujetó.

—Ya has bebido.

—Lo sé.

La luz se extinguió.

Y por una fracción de segundo, algo cruzó bajo el agua.

Una silueta.

Demasiado grande.

No humana.

Desapareció.

El lago volvió a ser negro.

Roric se levantó.

—Nos vamos.

Geal miró la superficie con una lucha visible en el rostro.

—Pero...

Roric lo señaló.

—No.

—Solo...

—Geal.

El Drakthar suspiró.

—De acuerdo.

Anjara continuó mirando el agua.

Kael seguía en su cabeza.

Todavía no.

No estás viendo una respuesta.

Estás viendo una herida.

Y junto a aquella voz había otra.

Vuelve.

No sabía si pensar en Vitor la irritaba porque estaba lejos.

O porque empezaba a importarle que lo estuviera.

No necesitaba resolverlo.

Aquello era precisamente lo que el lago acababa de enseñarle.

Podía conocer una parte de algo sin convertirla inmediatamente en una historia completa.

Podía tener una pregunta.

Y dejarla vivir.

Anjara tocó la bolsa con las cenizas de Liam.

Después miró a sus compañeros.

Geal tenía los ojos hinchados.

Kaelen había recuperado su postura habitual, pero ya no fingía que nada hubiera ocurrido.

Roric seguía pálido.

Faela los observaba en silencio.

Todos habían entrado cargando con algo.

Todos lo llevaban todavía.

El lago no había curado a ninguno.

Nunca se había tratado de eso.

—Volvamos.

Kaelen recogió las cimitarras.

Geal aseguró la mochila.

Roric miró el agua una última vez.

—Por primera vez hoy, esa palabra me parece maravillosa.

Empezaron a caminar.

Anjara fue la última en abandonar la orilla.

Miró atrás.

El lago no reflejó su rostro.

Ni a Elara.

Ni a Kael.

Ni a Liam.

Tampoco a Vitor.

Solo oscuridad.

Pensó en la pregunta que había formulado dentro de la visión.

¿Quién había herido a su padre?

Seguía sin saberlo.

Pero ahora entendía que aquello no era un fracaso.

Era una frontera.

El lago no le había dado una respuesta.

Le había enseñado a no inventarla antes de tiempo.

Anjara se volvió.

Sus compañeros la esperaban unos metros más adelante.

Esta vez regresó con ellos.