CAPÍTULO 21 EL LAGO SIN REFLEJO #3
—Entonces no vayas.
Geal sonrió sin alegría.
—Llevo años sin ir a ninguna parte.
Miró el lago.
—Todo lo que he hecho desde que murió ha sido caminar alrededor del mismo momento.
Respiró.
—Si esto va a obligarme a entrar, quizá ya sea hora de admitir que la puerta nunca estuvo cerrada.
Cogió la copa.
Roric se acercó.
—No analices el agua.
Geal lo miró.
—¿Qué?
—Te conozco.
—No iba a...
—Sí.
Geal observó la copa.
—La temperatura parece...
Roric se la quitó.
—No.
Anjara soltó una risa.
Pequeña.
Rota.
Pero real.
Geal extendió la mano.
—Devuélvemela.
—Promete que no harás ciencia mientras bebes el agua que destruye almas.
—Esa descripción carece de...
—Geal.
El Drakthar suspiró.
—Lo prometo.
Roric se la devolvió.
Geal la llenó.
La mano le temblaba.
Todos lo vieron.
Él también.
No la escondió.
—Si empiezo a gritar...
Kaelen respondió:
—Te traeremos de vuelta.
Geal asintió.
Bebió.
Cayó.
—¡Geal!
Anjara llegó antes de pensar.
Lo sostuvo cuando las rodillas golpearon el suelo.
Los ojos de Geal seguían abiertos.
No veían el lago.
—Lyra...
Solo el nombre.
Su cuerpo empezó a temblar.
—No.
Anjara sostuvo su rostro.
—Geal.
—No... espera...
Las lágrimas aparecieron.
—Puedo arreglarlo.
Anjara dejó de respirar.
Conocía aquella frase.
La había pensado sobre Liam hasta odiarla.
Puedo arreglarlo.
Como si amar a alguien obligara al mundo a devolverlo.
—Geal.
Él emitió un grito ahogado.
—¡LYRA!
Anjara lo abrazó.
No utilizó magia.
No buscó Ichor.
No intentó sacarlo a la fuerza.
Lo sostuvo.
—Estoy aquí.
Geal arañó la tierra.
—Fue culpa mía.
—Estoy aquí.
—Lo vi.
Anjara cerró los ojos.
—Lo sé.
—Pude detenerme.
Ella se quedó quieta.
Aquello era nuevo.
Geal había contado el experimento.
El recipiente.
La corrupción.
Nunca aquello.
—Elegí continuar.
Cada palabra parecía arrancarle carne.
—Vi que algo no funcionaba. Durante unos segundos pensé que podía controlarlo.
Lloró.
—Preferí el experimento.
Anjara lo abrazó con más fuerza.
No dijo que no fuera culpa suya.
No sabía si era verdad.
No dijo que Lyra lo perdonaría.
No la había conocido.
No dijo que todo estaría bien.
No lo estaba.
Solo permaneció allí.
—Vuelve.
Geal tembló.
Anjara oyó la palabra en su propia voz.
Kael.
Vitor.
Lyren.
Ahora ella.
Comprendió de pronto que quizá volver nunca había significado retroceder.
—Geal, vuelve.
Sus ojos parpadearon.
Una vez.
Otra.
El ámbar regresó.
La miró.
Tardó en reconocerla.
Después lo hizo.
Y aquello terminó de romperlo.
Hundió el rostro contra su hombro.
Anjara hizo una mueca por el dolor.
No lo soltó.
Nadie habló.
El lago permaneció inmóvil.
Indiferente.
Geal tardó en sentarse solo.
Cuando pudo, evitó mirar a los demás.
Roric se sentó a su lado.
No dijo nada.
Dejó una cantimplora entre ambos.
Geal la tomó.
—Gracias.
—No te acostumbres.
—No tenía intención.
Roric sonrió apenas.
Kaelen miró el lago.
—Voy.
Anjara levantó la cabeza.
—Kaelen...
—Si espero, será peor.
Faela la observó.
—No tienes que demostrar valentía.
Kaelen desató las cimitarras.
Las dejó sobre la hierba.
—No es valentía.
Miró la superficie negra.
—Estoy cansada de permitir que el miedo decida qué partes de mí puedo mirar.
Tomó la copa.
Anjara no la detuvo.
Bebió.
Durante varios segundos no pasó nada.
Después cayó sentada.
No gritó.
No habló.
Solo empezó a llorar.
En silencio.
Anjara avanzó.
Faela le rozó el brazo.
—Espera.
Kaelen tenía los ojos abiertos.
Las lágrimas seguían cayendo.
Una mano buscó algo en la hierba.
Arena que no estaba allí.
—No me dejéis...
Anjara sintió un nudo en la garganta.
—Kaelen.
Nada.
—No me dejéis sola.
La voz apenas parecía suya.
Sin dureza.
Sin control.
Demasiado joven.
Roric apartó la mirada.
Geal cerró los ojos.
Anjara comprendió que no necesitaba saber qué estaba viendo.
Puede que algún día Kaelen se lo contara.
Puede que jamás.
No importaba.
—No estás sola.
Kaelen respiró.
—No estás sola —repitió Anjara.
Los ojos de la guerrera encontraron los suyos.
La visión terminó.
Kaelen se limpió las lágrimas casi con enfado.
Roric abrió la boca.
Ella levantó un dedo.
—Ni una palabra.
Roric la cerró.
—Gracias —dijo Kaelen.
Anjara asintió.
Nada más.
Muy lejos de Syltherion, la Academia Arcana tampoco dormía.
Vitor estaba en el Crisol.
Solo.
O casi.
Sera ocupaba una de las gradas inferiores con tres informes extendidos sobre las rodillas.
—Vas a romperla.
Vitor detuvo la espada.
—¿Qué?
—La madera.
Miró el poste de entrenamiento.
Había repetido la misma secuencia demasiadas veces.
Dos cortes.
Giro.
Bloqueo.
Estocada.
Otra vez.
Vitor bajó el arma.
—No sabía que te preocupara el mobiliario.
—No me preocupa.
Sera levantó un informe.
—Me preocupa que lleves una hora fingiendo entrenar cuando en realidad estás pensando.
Vitor fue a por una toalla.
—Eso es una acusación grave.
—En tu caso, sí.
Se secó el sudor del cuello.
—¿Qué has encontrado?
Sera entendió que el cambio de tema era deliberado.
Lo permitió.
—La Legión ha dejado dos rutas libres.
Vitor se acercó.
—¿Cuáles?
Ella señaló el mapa.
—Puerto oriental y Camino de Marga.
Vitor estudió las posiciones.
Demasiado limpias.
—No son rutas libres.
—Eso pienso.
—Son embudos.
—También pienso eso.
Vitor trazó con un dedo el camino desde Syltherion.
Malakor no necesitaba cerrar todas las salidas.
Solo conseguir que alguien eligiera la que él quería.
—¿La expedición lo sabe?
Sera lo miró.
—No tenemos manera de avisarlos.
La mandíbula de Vitor se endureció.
—Lo sé.
—No parece que te guste saberlo.
—No.
Sera guardó silencio.
Después:
—Cuando dijiste que querías que volvieran...
Vitor levantó los ojos.
—Sera.
—No he terminado.
—Precisamente.
Ella sonrió.
—Eso ha sonado familiar.
Vitor dejó el informe.
—¿Qué?
—Nada.
Sera recogió otro documento.
Vitor supo que mentía.
Y supo exactamente a quién le había recordado.
Eso le molestó más de lo razonable.
—Hay otra cosa —dijo Sera.
Le entregó una hoja vieja.
—El archivo Kaelthar.
Vitor la cogió.
—Eldrin dijo que estaba incompleto.
—Lo está.
—Entonces...
—He encontrado el registro de una unidad.
Vitor leyó.
El nombre aparecía entre líneas descoloridas.
Kael.
Sin apellido.
Una referencia a una misión.
Otra a una herida por exposición de Ichor.
Después:
Retiro autorizado. Destino declarado: Lumenvalle.
Vitor dejó de leer.
Sera lo observó.
—¿Es él?
—No lo sé.
—Pero...
—No lo sé.
La frase salió más dura de lo que pretendía.
Sera levantó las manos.
Vitor volvió al documento.
Pensó en Anjara enseñándole el cuchillo de Kael.
En las marcas que describía.
En la manera en que había intentado parecer indiferente mientras le preguntaba si su padre podía haber sido Kaelthar.
No lo había conseguido.
Vitor dobló la hoja.
—Eldrin tiene que ver esto.
—Ya lo ha visto.
Vitor levantó la cabeza.
—¿Y?
—Dijo lo mismo que tú.
Sera empezó a recoger sus cosas.
—Que todavía no sabemos suficiente.
Vitor soltó aire por la nariz.
—Le encantará saber que empiezas a parecerte a él.
—No se lo digas.
Sera sonrió.
—Anotado.
Se alejó unos pasos.
—Vitor.
Él la miró.
—Volverán.
No era información.
Ni promesa.
Vitor miró el mapa.
—Eso les dije.
—¿A todos?
Sera esperó.
Vitor no respondió.
Ella asintió lentamente.
—Ya.
—Sera.
—Buenas noches.
Se marchó antes de que pudiera contestar.
Vitor permaneció solo frente al mapa.
Durante un rato miró Lumenvalle.
Después Syltherion.
Finalmente las rutas que Malakor estaba dejando abiertas.
No podía proteger al Cadre desde allí.
Anjara odiaría que lo intentara.
Aquella certeza provocó algo parecido a una sonrisa.
Muy pequeña.
—Vuelve —murmuró.
Esta vez nadie lo oyó.
Roric fue el siguiente.
O lo intentó.