CAPÍTULO 20 EL PRECIO DEL REFUGIO #3
—No lo hago.
Era verdad.
Aunque una parte de ella quisiera.
—Pero tampoco voy a fingir que una decisión deja de tener consecuencias porque pasen veinte años.
Faelan sostuvo sus ojos.
—Entonces has aprendido algo sobre gobernar.
No sonó a elogio.
Anjara comprendió por qué.
Antes de que pudiera contestar, pasos rápidos llegaron desde una pasarela lateral.
Una joven Sylvaris apareció.
Vestía una túnica blanca manchada de verde.
Se inclinó ante el Círculo.
Faela ya estaba de pie.
—Lael.
La Cantora asintió.
—Sigue vivo.
Los hombros de Faela descendieron.
Solo un poco.
Anjara no sabía que los había mantenido tan tensos.
Geal se adelantó.
—¿La infección?
La Cantora lo miró, sorprendida.
—Se ha extendido desde la herida. Hemos frenado el avance.
—¿Cómo?
Faela giró la cabeza.
—Geal.
—Necesito saberlo.
La joven respondió:
—Savia concentrada. Canto de reparación. Extracción del tejido que había dejado de responder.
Geal memorizó cada palabra.
—¿Se recuperará? —preguntó Faela.
La Cantora tardó demasiado.
—No lo sabemos.
Faela asintió.
—Quiero verlo.
—Cuando terminemos.
La joven se marchó.
Faela siguió mirando la pasarela vacía.
Anjara no preguntó quién era Lael para ella.
Había dejado de pensar que todo secreto debía abrirse en el momento en que lo descubría.
Faelan volvió a sentarse.
—Lael vivirá esta noche.
—Eso no resuelve mañana —dijo Anjara.
—No.
El anciano entrelazó los dedos.
—Y nosotros debemos decidir qué hacer con vosotros.
Kaelen dio medio paso.
—Podéis empezar por dejar de apuntarnos.
Lyren frunció el ceño.
Faelan miró a los arqueros.
—Bajad los arcos.
—Anciano...
—Bajadlos.
Uno a uno, descendieron.
No desaparecieron.
Pero las puntas dejaron de señalar corazones.
Roric soltó aire.
—Mucho mejor.
Kaelen lo miró.
—¿Estabas preocupado?
—Tengo una aversión bastante fuerte a que me atraviesen.
—Curiosa manía.
Faelan volvió hacia Anjara.
—Refugio.
Ella esperó.
—Podréis permanecer en Arboris mientras Lael se recupera y mientras examinamos la astilla que habéis traído.
Geal abrió la boca.
Faelan levantó un dedo.
—Contigo presente.
Geal volvió a cerrarla.
—Acepto.
—No he terminado.
—Claro.
—No tendréis acceso libre a toda la ciudad. Algunas zonas interiores permanecerán cerradas.
Anjara asintió.
—Entiendo.
—Faela responderá por vosotros.
La Sylvaris se volvió.
—¿Yo?
—Has regresado con ellos.
—Eso no significa...
—Significa exactamente eso.
Faela apretó los labios.
Roric murmuró:
—Bonita bienvenida a casa.
Faela le dedicó una mirada que habría secado un árbol joven.
Faelan continuó:
—Y el refugio no significa que vayamos a enviar guerreros contra Malorin.
Kaelen endureció el rostro.
—¿Por qué no?
—Porque no mandaré a mi gente a morir apoyándome únicamente en la palabra de cinco extranjeros y un explorador febril.
Faela lo corrigió:
—Cuatro extranjeros.
Faelan la miró.
Ella mantuvo la cabeza alta.
—Sigo siendo Sylvaris.
Algo antiguo pasó entre ambos.
Dolor.
No simple desacuerdo.
—Eso tendrá que decidirlo Arboris —respondió Faelan.
La frase golpeó.
Faela no dio un paso.
No cambió de expresión.
Pero Anjara la vio recibirla.
Seraphina intervino.
—Hay una forma de resolver parte de esto.
Lyren palideció.
Lyraella sonrió apenas.
Faela se volvió hacia ella.
Anjara miró las tres reacciones.
—No me gusta nada cómo habéis puesto las caras.
Roric señaló.
—Por una vez estamos completamente de acuerdo.
Seraphina se puso en pie.
—El Lago de Cristal Verdadero.
Faela respondió inmediatamente.
—No.
Anjara la miró.
—¿Qué es?
—No.
—Eso tampoco explica nada.
—No es necesario ir.
Faelan habló:
—Sí lo es.
Faela se volvió hacia él.
—Están agotados.
—Descansarán.
—Roric está lesionado. Anjara acaba de utilizar Ichor dentro de una Vía corrompida. Lael...
—Lael no irá.
Faela cerró la boca.
Anjara miró a Faelan.
—¿Qué hace el lago?
El anciano tardó.
—No lo sabemos con exactitud.
Roric resopló.
—Magnífico.
Faelan lo ignoró.
—Existe desde antes de Arboris. Sus aguas reaccionan a quienes se aproximan de una manera que ningún Cantor de Savia ha conseguido reproducir.
Geal se interesó.
—¿Altera la percepción?
—Sí.
—¿Por algún compuesto?
—No que sepamos.
—¿Una entidad?
—No lo sabemos.
Kaelen miró a Geal.
—Deja que termine.
—Estoy ayudando.
—No.
Faelan esperó hasta que callaron.
—Quien bebe del lago ve algo.
Anjara recordó el Sanctum Speculum.
—Una ilusión.
Seraphina inclinó la cabeza.
—Quizá.
—¿Qué muestra?
La mujer la miró.
—Aquello que más te cuesta mirar sin mentirte.
El humor desapareció.
Roric bajó los ojos.
Geal quedó inmóvil.
Kaelen no cambió de expresión.
Solo su respiración.
Anjara pensó en Liam.
Primero Liam.
Después Elara.
Kael.
Lumenvalle ardiendo en una memoria que todavía no había aprendido a colocar en ningún sitio.
Y, detrás de todos ellos, apareció algo inesperado.
Una puerta negra.
El Crisol.
Una espada apoyada contra un banco.
Vitor limpiando sangre seca de sus nudillos mientras fingía que la herida no existía.
Anjara apartó el recuerdo.
No porque doliera.
Porque no entendía por qué estaba allí.
—En la Academia hemos hecho algo parecido —dijo.
Seraphina negó.
—No.
—Zara tiene una cámara...
—Sé quién es Zara.
Anjara parpadeó.
—¿La conoce?
—La Academia y Syltherion llevan mucho tiempo intercambiando conocimientos mientras ambas partes fingen hacerlo menos de lo que realmente hacen.
Seraphina se acercó al borde de la plataforma.
—Zara construye una prueba.
Miró hacia el bosque oriental.
—El lago no.
Anjara siguió su mirada.
Más allá de Arboris, una franja oscura manchaba el dosel.
Silencio Negro.
Malorin.
—¿Y si nos negamos? —preguntó.
Faelan respondió:
—Tendréis refugio hasta que Lael pueda viajar.
—Pero no vuestra ayuda.
—No guerreros. No acceso a nuestros archivos restringidos. Y ninguna respuesta sobre la Llave.
Anjara lo miró.
—Entonces sí es una prueba.
—Llámalo como quieras.
—Queréis que enfrentemos aquello que peor sabemos mirar para decidir si merecemos información sobre cómo impedir que vuestro bosque muera.
Faelan no intentó adornarlo.
—Sí.
Roric levantó una mano.
—Quisiera dejar constancia de que los Sylvaris están tan mal de la cabeza como los maestros de la Academia.
Kaelen asintió.
—Registrado.
Lyraella soltó una carcajada.
Fue la primera vez que Anjara la oyó reír.
—Me gustan estos niños.
Kaelen se volvió.
—No soy una niña.
La anciana sonrió hacia su voz.
—Desde donde estoy sentada, todos lo sois.
Kaelen abrió la boca.
No encontró respuesta.
Roric disfrutó demasiado de aquello.
Anjara miró a Faelan.
—Lo haremos.
Faela giró la cabeza.
—Anjara.
—Necesitamos las respuestas.
—No sabes qué estás aceptando.
—Eso empieza a ser bastante habitual.
—Precisamente.
Anjara la observó.
—Tú ya fuiste al lago.
Faela guardó silencio.
La respuesta estaba allí.
—¿Qué viste?
—No voy a decírtelo.
—¿Por qué?
—Porque entonces entrarías buscando mi miedo.
Faela sostuvo su mirada.
—Y el lago necesita el tuyo.
Anjara comprendió.
—Bien.
Faela cerró los ojos.
—No he dicho que esté de acuerdo.
—No necesito que lo estés.
Faela abrió los ojos.
—Eso ha sonado a Vitor.
Anjara hizo una mueca.
—No vuelvas a decirlo.
Roric sonrió.
—Ha sonado muchísimo a Vitor.
—Tú preocúpate de tu tobillo.
—Ya está mejor.
—Puedo arreglar eso.
Roric calló.
La réplica provocó algunas sonrisas.
Pero Anjara se quedó con una incomodidad distinta.
Faela apenas había convivido con Vitor.
Y aun así lo había reconocido en ella.
No supo qué hacer con aquello.
De modo que hizo lo que llevaba semanas aprendiendo a hacer con demasiadas cosas.
Lo dejó estar.
Faelan habló antes de que aquello continuara.
—No partiréis hoy.
Anjara agradeció aquellas palabras más de lo que estaba dispuesta a admitir.
—Dos días.
—¿Dos?
—Descansaréis. Los Cantores tratarán a Roric y revisarán tu hombro.
Anjara no protestó.
Faelan lo notó.
—Veo que alguien ya te ha enseñado alguna cosa.
—No abuses.
Seraphina sonrió.
Faelan siguió:
—Geal estudiará la muestra con nuestros sanadores.
Geal asintió.
—Y al tercer día, Lyren os llevará hasta el límite del Valle de los Ecos.
Lyren recibió la noticia con el entusiasmo de una roca.
—Desde allí continuaréis solos.
Anjara miró a sus compañeros.
Kaelen.
Roric.
Geal.
Finalmente Faela.
—¿Todos?
—Todos los que pretendan exigir la ayuda de Arboris.
Faela apretó la mandíbula.
—Entonces iré.
Seraphina la miró.
—No necesitas repetir una prueba que ya superaste.
—No voy por la prueba.
Faela observó al Cadre.
—Voy porque todavía no saben atravesar Syltherion sin intentar morir de alguna forma innecesaria.
Roric se llevó la mano al pecho.
—Eso ha sido afectuoso.
—No.
—Voy a recordarlo así.
Faelan dio por terminada la audiencia.
—Lyren os acompañará al Pabellón de los Huéspedes.
Anjara no se movió.
—Antes quiero ver a Lael.
Faela volvió a mirar al anciano.
—Yo también.
Faelan observó a ambas.
—Cuando los Cantores lo permitan.
Anjara asintió.
No era todo lo que quería.
Pero estaba aprendiendo que no todo podía resolverse de una vez.
El Pabellón de los Huéspedes ocupaba una rama tan ancha que habría podido sostener la calle principal de Lumenvalle.
Las habitaciones rodeaban un patio abierto.
No había puertas convencionales.
Cortinas gruesas de fibras verdes separaban los dormitorios de los corredores.
El agua llegaba por pequeños canales excavados en la propia madera.
Roric siguió uno con la mirada durante casi un minuto.
—Atraviesa toda la rama.
Geal se agachó.
—Seguramente distribuye agua por gravedad desde depósitos superiores.
—¿No puedes mirar algo bonito sin desmontarlo en tu cabeza?
—Eso es mirar algo bonito.
Kaelen dejó caer su mochila.
—No. Es diseccionarlo con palabras.
Anjara encontró una habitación pequeña.
Cama baja.
Arcón.
Una ventana abierta hacia el bosque.
Dejó la mochila.
Algo golpeó suavemente dentro.
La cuchara de Liam.
Se quedó quieta.
Abrió la bolsa.
Cuatro piedras.
La cuchara.
Nada más que necesitara sacar.
Cerró.
Se sentó en la cama.
Y su cuerpo decidió que había terminado.
El hombro dolía.
Las piernas también.
La cabeza todavía conservaba un latido profundo después de Súlion.
Durante varios minutos no hizo nada.
No entrenó.
No caminó.
No buscó a nadie.