CAPÍTULO 18 SANGRE BAJO LAS HOJAS #3
—Cantores de Savia.
Anjara conocía el nombre de los mapas.
—¿Cuánto tardaremos?
Faela negó.
—Por superficie, demasiado.
Roric abrió un ojo desde el suelo.
—No me gusta esa frase.
Anjara miró a Faela.
—Hay otro camino.
La Sylvaris observó los árboles plateados.
—Sí.
Geal ya parecía sospecharlo.
—Las Vías Silvanas.
Faela lo miró.
—Creía que para ti eran una leyenda.
—Pensaba que podían ser una leyenda.
—Has mejorado la frase.
Roric se incorporó despacio.
—¿Qué son?
—Caminos antiguos.
—Eso suena razonable.
Faela terminó:
—Dentro de las raíces.
Roric cerró los ojos de nuevo.
—Ahí está.
Kaelen sonrió.
—¿Qué?
—La parte horrible.
Anjara miró a Faela.
—¿Son seguras?
La pausa fue demasiado larga.
Roric señaló sin abrir los ojos.
—También eso. Siempre hay una pausa.
Faela ignoró el comentario.
—Lo eran.
—¿Antes de Malorin? —preguntó Anjara.
—Sí.
Geal se acercó.
—¿Cómo funcionan?
Faela señaló el círculo de árboles.
—Los Cantores de Savia enseñaron a algunas raíces antiguas a crecer alrededor de espacios vacíos. Con el tiempo formaron corredores bajo Syltherion.
Geal parecía fascinado.
—Una red orgánica de transporte.
—Caminos.
—Es exactamente...
Anjara levantó una mano.
—Podéis discutirlo cuando Lael no esté muriéndose.
Geal guardó silencio.
—¿Qué puede ocurrir ahí abajo? —preguntó Kaelen.
Faela miró al este.
—Si la corrupción ha alcanzado las Vías, las raíces pueden haber cambiado.
—¿Derrumbes?
—También.
—¿Qué más?
Faela tardó.
—Pueden dejar de reconocernos.
Roric abrió los ojos.
—No sabía que un túnel tuviera que conocerme.
—No es un túnel.
—Eso no mejora nada.
Anjara observó a Lael.
Fiebre.
Respiración irregular.
Después miró a Roric.
Tobillo vendado.
Geal agotado.
Kaelen con sangre seca en las mangas.
Su propio hombro palpitando.
Faela apenas se sostenía por orgullo.
No tenían una opción buena.
Solo una necesaria.
—Entraremos.
Faela la miró.
—No sabes qué significa eso.
—No.
Anjara señaló a Lael.
—Sí sé qué significa no hacerlo.
La Sylvaris no respondió.
Antes de descansar, Anjara recordó al prisionero.
Seguía atado a una de las raíces exteriores.
Kaelen lo había colocado lejos de Lael.
Anjara se acercó.
El sargento abrió los ojos.
—No te duermas —dijo él.
—Qué considerado.
—Quiero que estés despierta cuando este lugar se venga abajo.
Anjara se sentó frente a él.
—Nombre.
El hombre sonrió.
—No.
—Bien.
Anjara esperó.
Nada más.
El sargento aguantó unos segundos.
—¿Eso es todo?
—De momento.
—¿No vas a torturarme?
—No.
—La Academia se ha vuelto blanda.
Anjara inclinó la cabeza.
El hombre comprendió el error.
Demasiado tarde.
—Conoces la Academia.
—Todo el mundo conoce vuestra madriguera.
—Pero no todo el mundo sabe que he estado allí.
Silencio.
Anjara continuó:
—Sabes quién soy. Sabes de Lumenvalle. Y estabais en Syltherion antes que nosotros.
El sargento no dijo nada.
—Eso significa que Malakor sabía adónde íbamos.
—Lord Malakor sabe muchas cosas.
—Entonces resulta extraño que estés atado a un árbol.
Una risa llegó desde algún punto detrás.
Roric.
El sargento apretó los dientes.
—Te matará.
—La lista empieza a ser larga.
Anjara apoyó los antebrazos sobre las rodillas.
—Tu nombre.
El hombre mantuvo el silencio.
Anjara esperó.
El bosque no tenía prisa.
Ella tampoco.
Finalmente:
—Horic.
—Sargento Horic.
Él asintió.
—Bien, Horic. ¿Por qué perseguíais a Lael?
—Espionaje.
—Eso es una acusación.
—Observaba una operación de la Legión.
—¿Cuál?
Horic sonrió.
—Una que hará que Syltherion deje de ser un problema.
Faela, que hablaba con los sanadores a varios metros, levantó la cabeza.
Anjara vio cómo se tensaba.
—¿Qué quiere Malakor aquí?
—Orden.
—Concreta.
Horic miró los árboles plateados.
—¿Has visto este continente?
—Llevo poco más de un día aquí.
—Entonces ya lo has visto. No hay carreteras dignas. No hay campos suficientes. Los asentamientos obedecen a clanes que se creen independientes. Un bosque decide por dónde puedes caminar. Cada árbol es sagrado. Cada río necesita una canción.
Roric murmuró desde detrás:
—Lo de las carreteras...
Faela lo miró.
—No.
—Ni siquiera había terminado.
—No.
Roric decidió sobrevivir.
Horic continuó:
—Hay madera aquí suficiente para construir una flota capaz de controlar medio mundo.
Faela se acercó.
—Árboles que estaban vivos antes de que naciera tu reino.
Horic la miró.
—Madera.
La palabra cayó peor que un insulto.
Faela dio un paso.
Anjara se levantó y quedó entre ambos.
—Déjalo hablar.
Faela clavó los ojos en ella.
Dolor.
Rabia.
—¿Quieres escucharlo llamar madera a mi hogar?
—Quiero saber qué piensa hacer Malakor con él.
Faela tardó.
Retrocedió.
No porque Horic mereciera nada.
Porque confiaba lo suficiente en Anjara para esperar.
Aquello pesó más que una obediencia.
Anjara volvió hacia el sargento.
—Madera.
—Minerales.
Geal apareció casi de inmediato.
—¿Qué minerales?
Horic sonrió.
—Ahí está el Drakthar.
—¿Cuáles?
—Los que lleváis siglos dejando bajo tierra.
Geal se agachó.
—¿Ya hay extracciones?
—Preparativos.
—¿Dónde?
Horic guardó silencio.
Anjara cambió de dirección.
—Malorin.
Por primera vez la seguridad del hombre se quebró.
Muy poco.
Pero Anjara lo vio.
—No pertenece a la Legión.
—No he preguntado eso.
—Tenemos intereses comunes.
Faela soltó una risa seca.
—Malorin no comparte nada. Utiliza.
Horic la miró.
—Y nosotros lo utilizamos a él.
Geal negó.
—Las alianzas donde ambos creen estar engañando al otro suelen tener una estabilidad admirable.
Horic lo ignoró.
Anjara recordó el cristal en el oso.
—¿Qué obtiene Malorin?
Silencio.
—Horic.
El sargento la miró.
—La Llave.
Faela dejó de moverse.
Anjara lo vio.
—¿Qué llave?
Horic sonrió lentamente.
—Así que no os lo han contado.
—Cállate —dijo Faela.
Anjara giró hacia ella.
—¿Sabes de qué habla?
—Anjara.
No era una respuesta.
Anjara volvió a Horic.
—¿Qué es la Llave de Syltherion?
—No sé qué es.
Aquello la sorprendió.
—Pero acabas de...
—Malorin la llama así. Algunos oficiales creen que es una reliquia. Otros, un lugar.
Faela seguía pálida.
—¿Y tú qué crees? —preguntó Anjara.
—Creo que si Lord Malakor destina hombres y dinero a encontrarla, existe.
—¿Malorin sabe dónde está?
—No.
—¿Qué sabe?
Horic miró a Faela.
—Que está vinculada al Nexo.
Geal frunció el ceño.
—¿Qué Nexo?
—Eso es todo lo que conozco.
Anjara estudió su rostro.
Parecía decir la verdad.
O al menos aquella parte.