El destino de Anjara (Los Ecos y las Cenizas 1) CAPÍTULO 14 LA CAVERNA DE LOS ECOS #3
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CAPÍTULO 14 LA CAVERNA DE LOS ECOS #3

Anjara miró al grupo.

—Lo importante es que el siguiente sepa qué hacer cuando ocurra.

Kaelen sostuvo su mirada.

Después asintió.

Siguieron.

La Caverna todavía tenía dientes.

Atravesaron una galería donde el agua alcanzaba las rodillas.

Otra los obligó a caminar encorvados.

Encontraron marcas recientes de garras.

Nadie quiso investigar de qué.

Anjara volvió a invocar Fáenor.

La luz apareció más débil.

El hombro palpitó.

Geal la miró.

—Apágala.

—Necesitamos ver.

—Puedo preparar una lámpara.

—¿Cuánto tardas?

—Tres minutos.

Roric miró la oscuridad.

—Podemos soportar tres minutos.

Geal lo observó, sorprendido.

—Pensaba que ibas a pedirle que mantuviera la luz.

—Hace una hora me caí y casi nos matan. Estoy probando una personalidad nueva.

Anjara apagó Fáenor.

—Me gusta más.

—No te acostumbres.

Geal preparó la lámpara química.

Cuando la encendió, una claridad azulada ocupó el recipiente.

Anjara dejó descansar el Ichor.

No hacerlo todo ella.

Aceptar que Geal sabía cosas que ella no.

Que Kaelen podía proteger.

Que Roric podía aprender.

Aquello también era control.

Y quizá eso era lo que Vitor llevaba intentando enseñarles desde el principio.

Horas después encontraron una puerta.

Roric fue el primero en verla.

—Dime que eso lleva fuera.

Geal examinó el marco.

—No puedo saberlo.

Roric lo miró.

—Miente.

Geal suspiró.

—Lleva fuera.

—Gracias.

Kaelen empujó.

La puerta se abrió.

La luz gris de la tarde entró en la caverna.

Anjara tuvo que cerrar los ojos.

El aire de la montaña golpeó su cara.

Frío.

Limpio.

Nunca había respirado algo tan hermoso.

Salieron.

Vitor esperaba apoyado contra el muro.

Por supuesto.

Su mirada recorrió al grupo.

Kaelen.

Geal.

Roric.

Anjara.

Se detuvo en su hombro.

—Habéis roto la formación.

Nadie respondió.

Vitor se incorporó.

—¿Quién?

Roric dio un paso al frente.

—Yo.

—¿Por qué?

Roric abrió la boca.

Esta vez no buscó una broma.

—Tuve miedo.

—Eso no es un error.

Roric levantó los ojos.

Vitor continuó:

—¿Qué hiciste con él?

—Me moví cuando no debía.

—Eso sí.

Roric asintió.

—Sí.

Geal intervino.

—El alfa aprovechó el hueco y fue a por mí.

Vitor miró la herida de Anjara.

—Y ella abandonó su posición.

—Para salvarme.

—No he preguntado por qué.

Anjara sostuvo la mirada de Vitor.

—Sí. La abandoné.

—Podrías haber muerto.

—Sí.

—Kaelen quedó cubriendo dos flancos.

—Durante un instante.

—Un instante basta.

Anjara no respondió.

Vitor se acercó.

—¿Volverías a hacerlo?

La respuesta inmediata era sí.

Pero aquella pregunta ya no era sencilla.

Anjara miró a Geal.

Después a Roric.

Kaelen.

—Salvaría a Geal.

—Eso no responde.

—Sí responde.

Vitor esperó.

—Pero no lo haría igual.

Algo cambió en sus ojos.

—Explícalo.

Anjara recordó el momento.

—Antes de moverme grité. Kaelen supo qué flanco cubrir. Roric cerró el hueco.

Roric asintió.

—Lo hice.

—Tarde —dijo Vitor.

—Pero lo hice.

—Sí.

Anjara continuó:

—La formación no puede significar quedarse quieto mientras uno de nosotros muere. Tiene que poder cambiar.

Vitor no dijo nada.

—El problema no fue que Roric tuviera miedo —añadió ella—. Ni que yo salvara a Geal. El problema fue que durante un momento dejamos de saber qué estaba haciendo el otro.

Vitor la estudió.

Anjara ya conocía aquella mirada.

No buscaba si la respuesta le gustaba.

Buscaba si había aprendido.

—Enfermería.

Roric parpadeó.

—¿Eso significa que hemos aprobado?

—Significa que Anjara está sangrando sobre el suelo.

Kaelen sujetó con cuidado el brazo sano de Anjara.

—Vamos.

Empezaron a alejarse.

—Roric.

Él se detuvo.

Vitor señaló la puerta.

—Volverás a entrar.

Roric palideció.

—¿Cuándo?

—Cuando Borin considere que tus piernas vuelven a obedecerte antes que el miedo.

Roric miró la entrada.

Respiró.

—Entendido.

No hizo ninguna broma.

Vitor asintió.

Aquello fue todo.

Anjara continuó.

—Tú no.

Se detuvo.

Kaelen también.

Anjara negó.

—Ve. Os alcanzo.

Kaelen miró a Vitor.

Después a ella.

—Cinco minutos.

—Sí.

Los demás se marcharon.

Vitor esperó hasta que doblaron el corredor.

—El alfa estaba corrompido.

—Sí.

—¿Qué hiciste?

Anjara recordó la mordedura.

El frío.

La voz.

Podía ocultar esa parte.

Durante un instante quiso hacerlo.

Entonces pensó en Elara.

En secretos utilizados como protección hasta que dejaban de proteger a nadie.

—Algo me habló.

Vitor quedó inmóvil.

—¿Dentro de tu cabeza?

—No era una voz exactamente.

—¿Qué quería?

Anjara tragó.

—Que soltara el poder.

—¿Para qué?

—Para destruirlos.

Vitor miró la puerta.

—¿Y lo hiciste?

—No.

—Lo sé.

Anjara frunció el ceño.

—¿Cómo?

—Las runas registran alteraciones de Ichor.

—Usé Fáenor.

—También lo sé.

—No fue mucho.

Vitor volvió la mirada hacia ella.

—Exactamente.

Anjara entendió.

No había explotado.

No había perdido el control.

No había convertido la caverna en luz.

—Entré en la corrupción —dijo—. O creo que lo hice.

Vitor escuchó.

—La luz atravesó al lobo. Salió humo negro. Después sus ojos volvieron a ser normales.

—¿Sobrevivió?

—Unos segundos.

La palabra pesó.

—Murió siendo un lobo otra vez.

Vitor guardó silencio.

Anjara miró la sangre de su manga.

—No fue suficiente.

—No sabes eso.

—Murió.

—Llevaba quién sabe cuánto tiempo corrompido, tenía heridas que deberían haberlo matado y acababa de luchar contra cuatro personas.

Vitor señaló su hombro.

—No confundas no poder salvar algo con no haber hecho nada.

Anjara levantó los ojos.

Aquello no sonaba a una lección de combate.

—Hablas como un sanador.

—No insultes a los sanadores.

Ella casi sonrió.

Vitor recuperó la seriedad.

—Rompiste la formación. Te expusiste. Permitiste que una criatura alcanzara tu cuerpo y podrías haber inutilizado el brazo.

—Gracias por devolverme al Vitor habitual.

—No he terminado.

Anjara esperó.

—Cuando aquello entró en contacto contigo, encontró algo que podía utilizar.

Ella pensó en la rabia.

—Sí.

—Y no lo dejaste.

—No.

Vitor la observó.

—Usaste el Ichor con precisión.

Una acción.

Un objetivo.

Control.

Anjara bajó la mirada a la mano con la que había tocado al lobo.

—Entonces ¿hemos fracasado?

—Como unidad, sí.

Aquello dolió más de lo que esperaba.

Vitor dejó pasar un instante.

—Pero no salisteis igual que entrasteis.

Anjara levantó la cabeza.

—Eso suena sospechosamente parecido a un elogio.

—No estropees el momento.

La respuesta la sorprendió.

Vitor empezó a alejarse.

—Vitor.

Se detuvo.

—Gracias.

Él no se volvió.

—Ve a la enfermería antes de que Geal decida amputarte el brazo para estudiar qué ocurre.

Anjara sonrió.

—No lo haría.

Vitor giró apenas la cabeza.

—¿Estás segura?

Anjara pensó en Geal.

—No.

Siguió andando.

La sonrisa desapareció cuando Anjara volvió a mirar la puerta.

La Gema seguía fría.

Dentro había sentido algo.

No una criatura.

Una intención.

Algo que había encontrado su rabia y había sabido exactamente qué ofrecerle.

Poder.

Pensó en Liam.

Después en el lobo.

En sus ojos marrones.

En el miedo que había regresado a ellos cuando la corrupción salió.

Aquello no convertía a una criatura en otra cosa.

Entraba.

Torcía.

Usaba.

Y si podía hacerlo con un animal...

Anjara miró la mordedura.

...también podía intentarlo con ella.

Hasta entonces había querido comprender su propia magia.

Controlarla.

Aprender a luchar.

Por primera vez comprendió que aquello no bastaría.

Necesitaba saber qué era el enemigo.

Cómo entraba.

Qué quería.

Y, sobre todo, si una vez dentro podía arrancarse sin destruir aquello que había ocupado.

Anjara emprendió el camino hacia la enfermería.

Muy por debajo de ella, una hebra de humo negro abandonó el cadáver del viejo lobo.

Se arrastró entre las piedras.

Descendió por una grieta demasiado estrecha para cualquier criatura viva.

Atravesó las galerías de entrenamiento.

Continuó más abajo.

Más allá de las runas de contención.

Más allá de los túneles que figuraban en los planos de la Academia.

Hasta alcanzar una oscuridad donde la montaña ya no recordaba las manos de los hombres.

Allí, algo esperaba.

La hebra negra desapareció en ella.

Y la oscuridad respondió.