CAPÍTULO 11 EL BAUTISMO DE FUEGO #2
Cada una seguía una trayectoria distinta.
Cuando dos pasaban demasiado cerca, un arco azulado saltaba entre ellas.
Geal palideció.
—Eso no estaba ayer.
Anjara miró las estructuras.
—Lo han preparado para nosotros.
—Eso era exactamente lo que esperaba que no dijeras.
Vitor señaló el recorrido.
—El Circuito del Dolor.
Roric levantó una mano.
Vitor lo miró.
—¿Sí?
—¿El nombre pretende motivarnos?
—No.
—¿Es metafórico?
—Tampoco.
Roric bajó la mano.
—Agradezco la claridad.
Borin ocultó algo parecido a una sonrisa bajo la barba.
Vitor señaló una sombra proyectada por una torre.
—Cuando alcance el centro de la arena, se cierra la prueba.
Anjara calculó la distancia que recorrería la sombra.
No demasiado tiempo.
—Quien no haya cruzado la línea queda eliminado.
El joven noble levantó la voz.
—He tardado tres semanas en llegar.
Vitor lo miró.
—Entonces procura que hayan servido para algo.
—Mi familia ha financiado...
—Tu familia no va a cruzar el circuito por ti.
El muchacho enrojeció.
Vitor levantó una mano.
—Una última cosa.
Los aspirantes se prepararon.
—No es una carrera.
Algunos intercambiaron miradas.
Roric murmuró:
—Eso suena exactamente a algo que se dice antes de una carrera.
Vitor bajó la mano.
—Empezad.
El grupo salió disparado.
Anjara también.
Dos pasos.
Tres.
Se detuvo.
Alguien chocó contra su hombro al adelantarla.
No le importó.
Observó.
El primer muro de obsidiana tenía casi tres veces su altura.
Dos aspirantes corrieron directamente hacia él.
Uno saltó, buscó un apoyo y resbaló.
El otro empezó a escalar utilizando fuerza bruta.
El noble encontró una grieta vertical.
Anjara miró los laterales.
No la superficie.
Las uniones.
Las pequeñas imperfecciones.
Kael.
No luches contra el árbol. Deja que te diga por dónde quiere que subas.
Encontró una línea irregular a la izquierda.
Corrió.
Bota.
Mano.
Cadera cerca de la pared.
Subió.
No fue la más rápida.
Tampoco necesitó serlo.
Al coronar el muro, Kaelen ya estaba en la plataforma superior.
Anjara frunció el ceño.
—Pensaba que no participabas.
—No participo.
—Estás dentro del circuito.
—Observo.
—Desde delante.
—Vas lenta.
Anjara saltó al otro lado.
—Empiezas a caerme peor.
—Eso significa que sigues teniendo aire.
Anjara continuó.
El siguiente obstáculo era el puente.
Cristal oscuro.
Estrecho.
Suspendido sobre una grieta profunda.
El recuerdo del Puente del Silencio apareció sin que lo llamara.
Esta vez no había cuerda.
Ni Geal atado a su cintura.
Bajó el centro de gravedad.
Primer paso.
El cristal vibró.
Segundo.
No miró abajo.
A mitad del puente escuchó un golpe detrás.
Después otro.
Se volvió.
Geal había caído del muro.
Estaba de rodillas en el suelo.
—¡Geal!
Él levantó una mano.
—Sigue.
Anjara dudó.
Geal ya estaba incorporándose.
No volvió a intentar la misma subida.
Caminó alrededor del muro.
Observó.
Calculó.
Encontró una zona donde dos bloques formaban un ángulo y comenzó a utilizarla para ascender con menos fuerza.
Anjara continuó.
Roric apareció a su izquierda al terminar el puente.
No sabía de dónde había salido.
—¿Has saltado la mitad del recorrido?
—He encontrado una ruta mejor.
—Eso suena sospechosamente a hacer trampas.
—Si no lo han prohibido, es planificación.
Saltó un foso.
Rodó.
Se levantó.
No era técnicamente perfecto.
Pero era rápido de la manera en que solo podía serlo alguien que había pasado años huyendo por lugares donde equivocarse de calle podía tener consecuencias.
Kaelen avanzaba unos metros por delante.
No corría más de lo necesario.
Cada movimiento parecía decidido antes de empezar.
Saltó.
Rodó sobre un hombro.
Se incorporó.
Ni un gesto sobrante.
Anjara comprendió que aquello no era talento.
Era entrenamiento.
Mucho.
—¡Esto es absurdo! —gritó Roric desde otra plataforma.
—¡Estás hablando demasiado!
—¡Así respiro!
—¡Pues aprende otra cosa!
Roric rio.
Una esfera de energía pasó a pocos centímetros de su cabeza.
—¡Retiro la risa!
Anjara estuvo a punto de responder.
Un grito detrás la detuvo.
Una descarga había alcanzado a uno de los aspirantes.
El muchacho cayó.
Dos acólitos corrieron hacia él inmediatamente.
Nadie detuvo la prueba.
Anjara miró las esferas.
Seis.
Cada una seguía una órbita distinta.
No eran aleatorias.
Esperó.
Una.
Dos.
Las centrales se cruzaron.
La superior descendió.
La izquierda subió.
Otra vez.
Mismo patrón.
Geal llegó a su lado.
Respiraba con dificultad.
—¿Lo has visto?
—Sí.
—Tres secuencias.
—Cuatro.
Geal observó.
—Tienes razón.
Anjara lo miró.
—No pongas esa cara.
—¿Qué cara?
—La de disfrutar esto.
—Hay un patrón.
—Hay cosas intentando electrocutarnos.
—Una cosa no invalida la otra.
Roric llegó detrás.
—¿Podéis tener vuestra conversación académica después?
Kaelen los observaba desde el otro lado.
—Dejad pasar dos ciclos.
Roric la miró.
—¿Y tú desde cuándo ayudas?
—Desde que quiero terminar antes de desayunar.
Esperaron.
Primera esfera.
Segunda.
Cruce.
La superior descendió.
—Ahora —dijo Anjara.
Corrió.
Primera.
Se agachó.
Segunda.
Paso lateral.
Tercera.
Saltó.
La cuarta pasó por detrás.
La quinta cambió de dirección.
No.
No cambió.
Anjara había contado mal el ángulo.
La descarga la rozó en el costado.
El dolor le cerró el pecho.
Una pierna falló.
Cayó sobre una mano.
—¡Anjara!
Kaelen.
La siguiente esfera descendía.
Anjara rodó.
El arco eléctrico golpeó el lugar donde había estado un instante antes.
Se puso en pie.
El costado ardía.
Siguió.
Cruzó la línea final cojeando.
Kaelen estaba allí.
Roric llegó poco después y se dejó caer boca arriba.
—Odio este sitio.
Kaelen lo miró.
—Llevas aquí una noche.
—Soy eficiente formando opiniones.
Anjara buscó a Geal.
Seguía entre las esferas.
No corría.
Esperaba.
Una pasó.
Otra.
Movía los dedos.
Contaba.
Anjara reconoció la expresión.
—Vamos...
Geal dio el primer paso.
Luego otro.
Una esfera descendió.
Se apartó.
La última descarga le rozó la pierna.
Cayó.
Anjara avanzó.
Geal rodó antes de que pudiera alcanzarlo, se levantó y cruzó la línea.
Se desplomó junto a Roric.
—He reconsiderado mi opinión sobre las bibliotecas.
Roric seguía tumbado.
—¿Cuál era?
—Que eran importantes.
—¿Y ahora?
—Son la mayor conquista de la civilización.
Anjara soltó el aire que llevaba demasiado tiempo conteniendo.
Vitor observó a quienes habían terminado.
Siete.
De doce.
Borin se ocupaba de los cinco eliminados. Ninguno parecía muerto. Uno se sujetaba el hombro. Otro tenía una quemadura en la pierna. El muchacho alcanzado por la descarga estaba consciente y discutía con la sanadora que intentaba examinarlo.
Anjara lo observó.
La prueba era peligrosa.
Pero no improvisada.
Había sanadores.
Acólitos.
Protocolos.
Aquello no eliminaba el riesgo.
Lo hacía deliberado.
No sabía todavía si eso le gustaba más.
Vitor recorrió a los siete con la mirada.
—Lento.
Roric levantó la cabeza.
—¿Eso es una felicitación?
—No.
—Era optimista.
El joven noble se limpió la sangre del labio.
—¿Ya está?
Vitor lo miró.
—No.
Borin empezó a repartir armas de madera.
Roric volvió a apoyar la cabeza contra el suelo.
—Tenía que preguntar.
Anjara recibió una espada corta.
La sostuvo.
Pesada.
Demasiado peso hacia delante.
Kael había preferido el cuchillo. Le había enseñado a moverse deprisa, entrar, salir y no confiar en bloquear algo que podía evitarse.
Una espada exigía otra postura.
Borin caminó entre ellos.
—La fatiga vuelve sinceros los defectos.
Golpeó con la vara el hombro de un aspirante que mantenía la guardia demasiado alta.
—Cuando estáis descansados podéis esconderlos.
Otro golpe, esta vez contra una rodilla mal colocada.
—Ahora no.
Vitor tomó una espada de entrenamiento.
Señaló al noble.
—Tú.
El joven entró en el centro.
—¿Contra quién?
Vitor levantó el arma.
El muchacho palideció.
—Contra mí.
—Eso no es justo.
—Correcto.
Atacó.
Era rápido.
Fuerte.
También estaba enfadado.
Anjara vio el hombro subir antes del golpe.
Vitor también.
Desvió la hoja.
Giró la muñeca.
La espada del muchacho salió despedida.
El pomo de Vitor golpeó su estómago.
El noble cayó de rodillas.
Habían sido apenas dos movimientos.
Vitor apoyó la punta de madera sobre su pecho.
—Tu rabia anuncia lo que vas a hacer antes que tu espada.
El muchacho respiró con dificultad.
—Otra vez.
—¿Qué?
Vitor retrocedió.
—Recógela.
El joven lo hizo.
Atacó de nuevo.
Esta vez intentó contenerse.
Duró más.
No mucho.
Vitor lo desarmó.
—Mejor.
El noble pareció sorprendido.
—¿He pasado?
—No.
—Pero has dicho...
—He dicho que ha sido mejor.
Vitor señaló la salida.
—Fuera.
El muchacho apretó los dientes.
Por un instante Anjara pensó que discutiría.
No lo hizo.
Recogió su orgullo y salió con él.
Dos aspirantes más fueron eliminados.
Uno no consiguió atacar después de recibir un golpe fuerte.
El otro apenas podía mantenerse en pie.
Quedaban cuatro.
Anjara.
Geal.
Kaelen.
Roric.
Anjara miró a la mujer del Gran Desierto.
—Pensaba que no eras aspirante.
—No lo soy.
—Entonces ¿por qué sigues aquí?
Kaelen desenvainó una de las cimitarras.
Borin le entregó un arma de madera en su lugar.
—Porque estoy en vuestra prueba.
Roric se incorporó.
—Eso parece información que habría sido útil antes.
Vitor habló:
—Kaelen.
Ella avanzó.
—Roric.
Roric miró a ambos lados.
—¿Yo?
—No. El otro Roric.
—Era una pregunta razonable.
Kaelen tomó posición.
Roric hizo lo mismo.
La sonrisa desapareció de su rostro.
Anjara vio enseguida la diferencia.
Kaelen sabía luchar.
No simplemente utilizar un arma.
Sabía esperar.
Roric empezó a moverse en círculo.
Ella no lo siguió con todo el cuerpo.
Solo con los ojos.
Él amagó.
Nada.
Cambió el peso.
Kaelen tampoco reaccionó.
Roric atacó.
Ella desvió.
Un golpe seco en las costillas.
Roric gruñó.
Kaelen no persiguió.
Esperó.
Él volvió.
Esta vez más rápido.
Finta alta.
Ataque bajo.
Kaelen retiró la pierna.
Golpeó el antebrazo.
La espada de Roric casi cayó.
Él consiguió conservarla.
—Eso ha sido personal.
—Todavía no.
Roric atacó otra vez.
Kaelen entró dentro de su alcance.
Hombro.
Muslo.
Barrido.
Roric terminó en el suelo.
La punta de madera quedó contra su garganta.
Kaelen retrocedió.
Vitor asintió.
—Eficiente.
Roric miró el cielo.
—Podías haber avisado.