El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 24 #2
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Capítulo 24 #2

Se me bloquearon las rodillas. Sabía lo que iba a pasar ahora.

Deposité cada gramo de mi poder en mi escudo mental con la esperanza de poder resistirme a la Extorsión cuando llegara el momento.

Se suponía que debía ser más fuerte para obligar a alguien a hacer algo que pudiera causarle alguna lesión y, como yo sabía que esto podía matarme, tenía la esperanza de que no consiguieran hacerme saltar desde el trampolín.

— ¡Salta! —gritó Max, y sentí su voluntad chocando con la mía.

Di un paso adelante, pero apreté los dientes. El poder se estaba acumulando dentro de mí como una bestia feroz y, no sé cómo, conseguí resistir el deseo de obedecer.

Solté una respiración temblorosa y me quedé completamente quieta, pero la victoria había sido demasiado pequeña como para tenerla en cuenta y ahora me preguntaba qué pasaría si no saltaba.

Antes de que me emocionara demasiado, Seth levantó los brazos y me sonrió mientras invocaba su poder.

Sentí el viento acumularse detrás de mí mientras lo dirigía para tirarme al agua. El pánico se aferró a mí y tomé una decisión. Puede que no quisiera saltar, pero sabía que tirarme yo sería mucho mejor a que me obligase él.

Casi me explota el corazón al saltar del trampolín y el público vitoreó sediento de mi sangre, seguido de unas risas estridentes.

Caí a la piscina con los pies por delante y el agua se retorció debajo de mí. No quería gritar, pero no pude evitarlo. El terror arrancó el sonido de mis pulmones a medida que me acercaba al agua con el vestido levantado.

Toqué el agua y me sumergí bajo la superficie, convirtiendo el grito en un montón de burbujas que se me escapaban por la boca. Abajo, abajo, abajo, el peso del vestido empapado me arrastraba hasta el fondo mientras se me enredaba entre las piernas.

Forcejeé contra él, arrancándome los tirantes y peleándome con él mientras intentaba escapar de las restricciones de la tela.

El agua estaba muy fría, demasiado fría para una piscina climatizada, y supe que había sido cosa de los Herederos.

Conseguí quitarme el vestido y me quedé en ropa interior. Me retorcí y pataleé hacia la superficie con todas mis fuerzas. Me ardían los pulmones, me dolían, exigiéndome una bocanada de aire o me ahogaría.

Saqué la cabeza a la superficie y cogí aire mientras el agua seguía retorciéndose a mi alrededor. Vi a los cuatro Herederos de pie en el bordillo, mirándome con ojos fríos mientras Darius y Max obligaban al líquido a moverse con sus órdenes.

Un enorme chorro de agua se levantó como una torre a mi lado e intenté alejarme, aunque sabía que no serviría de nada. Con un movimiento rápido de la mano, Darius hizo que la columna se doblara y cayera sobre mí, sumergiéndome de nuevo.

Bajo el torrente de agua yo no era más que una muñeca de trapo mientras intentaba averiguar dónde estaba la superficie, pero el agua volvió a hundirme sin piedad. El corazón intentaba escaparse de mi pecho a latidos, y volví a patalear hacia la superficie desesperada por escapar.

Entonces, el torrente de agua se quedó completamente inmóvil y la temperatura pareció caer aún más, envolviéndome en un abrazo helado.

La luz sobre mí me indicó hacia dónde ir y empecé a patalear de nuevo, preguntándome cuántas veces tendría que soportar esto hasta que me dejaran salir.

Seguí subiendo hacia la superficie, pero el pánico y la temperatura helada ralentizaban mi progreso y mis pulmones empezaron a gritar.

La luz estaba justo encima de mí, pero parecía estar a kilómetros de distancia.

Pataleé de nuevo hacia ella y mis manos se chocaron con una superficie sólida en lugar de atravesar el agua.

Se me abrieron mucho los ojos y golpeé con el puño la placa de hielo que habían creado para dejarme atrapada dentro de mi pesadilla.

Me estaba ahogando otra vez. De vuelta en el fondo de aquel río con el cinturón cortándome la piel y sin ninguna forma de escapar. Solo que esta vez podía nadar debajo del hielo. El aire que tan desesperadamente ansiaba estaba a unos centímetros de mí, pero podrían haber sido fácilmente kilómetros.

Grité cuando el pánico me engulló entera y el poco aire que me quedaba salió disparado de mis labios en un torrente de burbujas. Notaba cómo desaparecían mis lágrimas en el agua helada como si no fueran nada y el corazón me latía a un ritmo que solo podía llevarlo a la muerte.

Mi magia combatía bajo mi carne, desesperada por salvarme, y recurrí a ella invocando el fuego con mis manos.

La fuerza de mi poder golpeó contra el hielo y conseguí dar una mínima bocanada de aire antes de que Darius y Max reforzaran la placa de hielo para luchar contra mí.

No sabía qué hacer. Apenas acababa de empezar a canalizar mis poderes y no tenía ni idea de cómo darle forma a mi magia para que me fuera de ayuda. Era como una herramienta sin afilar golpeando un muro de acero.

Mi magia se volvió a encender y esta vez el hielo se resquebrajó en unas grietas como telas de araña, pero no se rompió.

Me temblaban las piernas por el frío y el pánico, y la necesidad de dar una bocanada era cada vez más fuerte. Golpeé la capa de hielo con el puño sin dejar de patalear, hundiéndome para luego volver a subir. Era inútil. En cualquier momento intentaría respirar bajo el agua.

Sentía el pulso en los oídos y cada puñetazo contra el hielo era más débil que el anterior. Ya no me quedaban lágrimas. Ya no me quedaba tiempo.

Me ardían los pulmones y luché con todas mis fuerzas contra lo inevitable, pero ya había perdido la pelea.

La oscuridad se colaba por los bordes de mi visión.

Y traté de respirar.