Capítulo 23
Seth me había convencido para unos cuantos bailes; pero cuando por fin me escapé, me escabullí fuera de la Órbita para tomar un poco el aire.
Tenía el cuerpo muy caliente y un nudo en el estómago que no paraba de advertirme en contra de Seth.
Tenía que dejar de permitir que me atrajese.
Empezaba a pensar que a lo mejor no era tan malo, y esa era una posición peligrosa.
«Te arrancará el corazón y se lo comerá crudo».
Rodeé el edificio para alejarme de algunos estudiantes que merodeaban por la entrada, apoyé la espalda contra el frío metal del muro de la Órbita y cerré los ojos. Solo necesitaba estar un momento a solas y un poco de aire fresco para recuperar el sentido común.
El viento sopló a mi alrededor y se me puso la piel de gallina. Absorbí la tranquilidad y tracé un plan mental para volver a entrar y pasar el resto de la noche con mis amigos. Había algo en la naturaleza lobuna de Seth que me sonsacaba una disposición que no me gustaba nada.
Cuando estaba con él, caía en la trampa de sus roces y miradas como si yo fuera otra loba de su manada. Una a la que podía provocar y guiar simplemente por ser un Alfa.
Un cosquilleo en el cuello me advirtió de que se estaba acercando alguien y abrí rápidamente los ojos. Sentí como en mi corazón se mezclaban un sinfín de emociones, pues esperaba encontrarme a Seth, pero era Orion el que estaba delante de mí.
—Oh —dije en voz baja con un tinte de temor en la voz.
La farola que estaba detrás de mí le proyectaba sombras que también me cubrían a mí. Miré a mi alrededor y vi que estábamos completamente solos.
«Esto no me gusta».
Me aparté de la pared con la intención de huir, pero él se interpuso en mi camino.
—Profesor —le advertí, aunque sabía que no serviría de nada. Si había venido a morderme, no tenía mucha más elección que dejarle. No me podía imaginar ningún otro motivo por el que estuviera aquí. No iba a matarme durante el baile de la academia..., ¿verdad?
Me agarró por la cintura durante un breve instante y pellizcó la tela de mi vestido.
Contuve la respiración y se me puso la piel de gallina por todo el cuerpo, pero esta vez no tenía nada que ver con el frío.
Apartó la mano y compartimos una mirada que ponía de manifiesto que los dos sabíamos que no debería haberlo hecho.
Sentí su aliento sobre mí. ¿Un bourbon? Quizá dos.
El brillo en sus preciosos ojos indicaba que esta noche se iba a soltar.
Pero ¿qué significaba eso para él? Debía ser agotador estar tan enfadado como él continuamente.
Y pensé durante un segundo qué podría provocar esa rabia tan profunda.
Aunque no era el momento para pensar en esas cosas.
Si Orion estaba de mal humor, lo que parecía ser una característica permanente, tenía que largarme de aquí.
—¿Por qué sigue tonteando con el diablo? —me preguntó, y, durante un segundo, pensaba que se refería a él mismo—. Seth Capella —confirmó.
Me crucé de brazos y levanté la barbilla en un intento de desafiar su grosería a pesar de que mi instinto me gritaba que saliera corriendo.
—Usted es mi profesor particular, señor, no mi gurú. Si quiero salir con Seth, lo haré —expuse con frialdad.
¿Quería salir con Seth? No. Esa era la respuesta correcta. Pero ahora que Orion me estaba intentando obligar a que no lo hiciera, estaba replanteándome mi decisión.
«O sea, ¿que vas a salir con Seth para molestar al profesor Orion? Muy maduro por tu parte».
Me regañé a mí misma. Claro que no iba a hacer eso. Desde luego que no. No, no, no.
Orion miró a su alrededor, luego a su reloj.
—¿Le estoy entreteniendo? —pregunté incrédula.
Parecía que yo le estaba molestando, aunque era él el que me bloqueaba el paso con su cuerpo enorme y sexi. Lo de sexi no era relevante, pero...
—Sí. Deme la muñeca. —Intentó agarrarme y me aparté.
—¿En serio? ¿Me va a morder esta noche precisamente? —murmuré, pero me ignoró, volviendo a mirar a su alrededor antes de moverse hacia delante para intentar clavarme los malditos dientes.
Me burbujeó una risa en la garganta al darme cuenta de por qué se estaba comportando de un modo tan extraño.
«O sea, que en este sitio sí que hay límites. Y Orion está deslizando un pie sobre uno de ellos. Lo que significa que ahora tengo un arma».
Entrecerré los ojos con la munición cargada y preparada.
Él actuó, acercándose a mí y empujándome contra la pared enseñándome los colmillos. El corazón me latió con fuerza mientras obligaba a mi lengua a defenderse antes de que él se diera su festín.
—Esto no está del todo permitido, ¿me equivoco, señor?
Él se detuvo, con la mano agarrándome el brazo y pasando los ojos de mi cuello a mi cara.
—¿De dónde ha sacado esa idea?
—De su comportamiento furtivo. ¿Por qué me ha seguido hasta aquí fuera? Podría haberme mordido dentro.
Él se encogió de hombros.
—Me pareció una presa fácil.
Soltó una risa fría y aflojó un poco la mano sobre mi brazo.
—No me lo creo.
—¿Por qué estoy tolerando siquiera esta conversación? —se preguntó a sí mismo más que a mí.
Dejé que le diera algunas vueltas a eso, preguntándome si se le ocurriría alguna respuesta porque, desde luego, yo no tenía ninguna. La cercanía de su cuerpo y el calor que emanaba su piel sobre la mía me producían una especie de placer del que deseaba mucho más en secreto.
—Está bien —suspiró resignado—. No debería estar aquí a solas con usted. No es apropiado.
Arqueé las cejas.
—Pasamos tiempo a solas en su despacho todos los lunes.
—No es lo mismo —gruñó, visiblemente agitado, volviendo a mirar a su alrededor.
Tenía que colocarme bien para poder huir de aquí. Me podría morder en cualquier momento y estaba bastante sorprendida de que no lo hubiera hecho ya.
—¿Qué pasaría si le cuento esto a la directora Nova?
Él me miró con los ojos ensombrecidos.
—¿Lo haría?
Su tono áspero me provocó un escalofrío. Movió una mano hacia mí para sentir mi reacción.
—Póngame a prueba —susurré, consciente de que yo no era una chivata, pero quizá esa amenaza fuera suficiente para contenerlo.
Deslizó los dedos por mi brazo y adoptó una mirada carnívora. Yo respiré temblorosa mientras me subía la mano hasta el cuello. Había algo en la idea de su boca contra mi cuello que me parecía muy mala idea. Una que hacía que el corazón me latiera demasiado rápido y mis ideas volaran con el viento.
Orion se inclinó hacia mí y el mero roce de su aliento sobre mi cuello fue como un beso prohibido. Cogí aire, levantando la barbilla. Había una parte de mí, pequeña pero tozuda, que de pronto deseaba sentir su boca sobre mi piel.
«Esto».
«Es».
«Una».
«Locura».
Alguien carraspeó y me sobresalté al ver a Seth al otro extremo del sendero. No se acercó, simplemente se quedó ahí plantado con un gesto de impaciencia.
—¿Qué está haciendo ese ahí? —Intenté empujar a Orion porque no quería que me vieran en esa posición tan comprometida.
—Está esperando a que la muerda —respondió Orion, apartándose un centímetro—. Para poder recuperarla.
Un escalofrío me agarró por la espalda.
—Pues adelante —susurré—. ¿O va a seguir jugando con la comida?
Retorció la boca y se inclinó hacia delante para decirme al oído:
—Aléjese de él. Vuelva dentro. —Pasaron dos segundos en los que el calor de su aliento hizo que el estómago se me retorciera de placer y me latiera el corazón con fuerza.
Lo escuché tragar, noté sus labios a un milímetro de distancia de mi cuerpo, guardando un secreto lujurioso en ese espacio minúsculo.
De pronto, desapareció. Y me quedé tambaleándome por el encuentro, sin poderme creer que no me hubiera mordido.
Seth corrió a mi lado, entrelazando inmediatamente sus dedos con los míos.
—¿Todo bien? —preguntó con ímpetu, y yo asentí, aunque estaba de todo menos bien. Estaba profundamente alterada, aunque por una vez no era por miedo.
Las palabras de Orion resonaban en mi cabeza y mi deseo prohibido dio paso a un aluvión de ira. ¿Quién narices era él para pedirme algo así? No era mi padre, joder. La forma en la que me tocaba lo dejaba más que claro.
Seth tiró de mí por el sendero con una sonrisa pícara y nos sentamos en un banco bajo el brillo anaranjado de una lámpara.
Presionó la cara contra mi pelo, apretándome bien contra su regazo.
—¿Qué pasa, nena? —Me pasó la boca por la oreja y me dio un vuelco el corazón.
—Nada —mentí. Él se apartó, inclinando la cabeza mientras me recorría toda la cara con la mirada.
—Mentirosa —bromeó—. ¿Orion te ha hecho daño?
—No —dije con sinceridad.
Se escuchó un ruido entre los arbustos detrás de nosotros y sentí un cosquilleo en la piel.
Seth me acarició la mejilla y me movió la cara para que lo mirase.
—Si te molesta, puedo enviarle a mi manada. Normalmente no nos enfrentamos a profesores, pero... —Puso una sonrisa voraz, acercándose más a mí, agarrándome la barbilla y levantándome la boca—. Tú mereces que lo hagamos.
Se inclinó hacia delante y un montón de pensamientos inundaron mi cabeza a la vez.
«No debería estar aquí a solas con un Heredero. Y desde luego no debería estar planteándome besar a uno».
Sin embargo, Orion me había dicho que me alejara de Seth y eso me sacaba de quicio. Mientras Seth me acariciaba la rodilla, me noté ceder. Tomé una decisión de la que seguramente me arrepintiera al día siguiente, pero en aquel instante era como devolverle el mordisco a Orion.
Se me aceleró el pulso cuando Seth subió más la mano por mi pierna, haciendo un círculo delicado con el pulgar en el interior del muslo. Se me quedó la mente en blanco y mi cuerpo respondió inundándome de deseo en el bajo vientre.
Me moví para besarlo.
Nuestros labios se rozaron. Suaves como una pluma, luego más exigentes a medida que apretaba las manos en mi cintura y tiraba de mí hacia su cuerpo fuerte.
Me desmoroné en cuanto me metió la lengua en la boca, abrumada por el sabor a cerveza y a lujuria.
Me subió a su regazo y se me levantó demasiado la falda del vestido.