El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 21 #2
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Capítulo 21 #2

—Cada año había más ataques de ninfas y el rey Vega estaba cada vez más asustado, lo que hacía que atacara a su propio pueblo. Les tenía muchísimo miedo. Y, al final, tenía motivos para ello. Lo asesinaron, como bien sabéis, así como al resto de su familia.

Se me cerró la garganta cuando pensé en las dos gemelas humanas que habían sufrido una fatalidad destinada a nosotras. Y eso me hacía sentir un montón de emociones incómodas hacia mi madre biológica.

«¿Cómo es posible que seamos familia de gente así?».

—¿Y crees que la familia de Darius está involucrada de alguna forma en todo eso? —preguntó Tory entrecerrando los ojos.

—Hay muchas pruebas que lo sugieren, sí.

Y los astros... me dan pistas. —Se sacó una baraja de Tarot del bolsillo interior de la chaqueta y le pasó los dedos por encima—.

Utilizo estas cartas para consultar al cielo...

eran de vuestra madre. Le gustaba leer las estrellas y a menudo las consultábamos juntos.

Cuando murió, recibí esta baraja de cartas.

Me las debió destinar. —Suspiró con fuerza y sus ojos reflejaron el dolor evidente de su pérdida.

—¿Cómo era ella? —quise saber, y sentí a Tory tensarse cerca de mí.

Astrum miró entre las dos con un dolor oscuro en los ojos.

—Fuerte, hermosa, poderosa. Su muerte aún me atormenta. Pasé muchos años intentando deducir de las cartas qué ocurrió antes de la noche en que asesinaron a vuestros padres. Mi instinto me dice que las respuestas a mis preguntas se encuentran ahí, pero solo me han revelado algunas.

—¿Y qué te han dicho? —preguntó Tory.

—Me han dicho que una oscura conspiración movió los hilos del asesinato.

Que las ninfas no eran más que peones de una partida mucho más grande —explicó con un tinte de miedo en la voz.

Movió los ojos más allá de nuestros hombros y me di cuenta de que estaba cada vez más nervioso—.

Es imposible que las ninfas entraran en el palacio real sin ayuda.

Y, aunque reciben el poder de los Fae al matarlos, es muy raro que aprendan a canalizarlo lo bastante bien como para atacar con éxito a alguien de nuestra especie.

—Empezó a barajar las cartas en la mano, con una suavidad que supuse que sería algo a lo que estaba bastante acostumbrado—.

Recibieron entrenamiento de alguien Fae —susurró, y tuve la sensación de que me caía un jarro de agua helada por encima—.

Y ahora que habéis vuelto, creo que quien fuera que controlara a las ninfas por aquel entonces lo está volviendo a hacer ahora.

Hace mucho que sospecho de lord Acrux. Y ahora creo que su hijo le ha tomado el relevo con la ayuda de Orion, un hombre en cuya familia está profundamente arraigada la magia negra.

—¿Magia negra? —repetí en voz baja, y Astrum asintió.

Miró hacia atrás por encima del hombro, pasando el pulgar por la baraja de Tarot cada vez más rápido.

—Los ataques han vuelto a empezar y tanto Darius como Orion están involucrados en todas las escenas de los crímenes. Y todas las muertes están ocurriendo aterradoramente cerca de vosotras. Si están controlando de alguna manera a las ninfas para...

Se escuchó un crujido en algún lugar entre las estanterías y me tensé.

Las gotas de sudor se empezaban a acumular en la cara de Astrum y dejó de mover el dedo de pronto sobre una carta.

Le dio la vuelta, recorriéndola de un lado a otro con la mirada.

Cuando nos volvió a mirar a nosotras, tenía la cara blanca como una sábana.

—Alguien nos está escuchando —afirmó Astrum con la voz tan baja que casi no lo oí.

El corazón me golpeó contra las costillas y se me entrecortó la respiración cuando Astrum empezó a apartarse.

Negó con la cabeza, nervioso, mientras seguía pasando el pulgar por la baraja.

—Idos. Os citaré otro día. Aún quedan muchas cosas de las que hablar. —Se introdujo en las sombras y Tory me agarró del brazo, tirando de mí a paso ligero, luego al trote, hasta terminar corriendo.

Huimos por la biblioteca y salimos al sendero, con la respiración agitada mientras nos alejábamos del edificio. No me relajé hasta que nos acercamos a la Órbita y la sensación espeluznante de la biblioteca empezó a disiparse.

—¿Qué opinas? —le pregunté a Tory cuando nos paramos en la puerta de la enorme cúpula dorada. Dentro se escuchaban risas y música, un sonido bastante reconfortante después de lo que acababa de pasar.

—Creo que le falta un tornillo, pero también creo que lo que dice tiene sentido.

—Pero si Darius y Orion van detrás de nosotras, ¿por qué lo hacen así? —reflexioné—. Nos podían haber matado cientos de veces ya. Es más, Orion dijo que es bastante habitual que los alumnos mueran accidentalmente en el campus.

Tory negó con la cabeza, frunciendo el ceño mientras buscaba una respuesta.

—A lo mejor no quieren arriesgarse a que los pillen, ¿por eso le dejaron el trabajo sucio a una ninfa?

—Puede —dudé, recordando la noche en que me enfrenté a Orion.

Puede que fuera una estupidez, pero le creí cuando me dijo que no quería hacernos daño ni a Tory ni a mí.

¿Y si solo estaba siendo profundamente ingenua?

El tipo no era precisamente un mártir. Podría ser un mentiroso profesional y un asesino experimentado.

No lo conocía lo suficiente como para juzgarlo.

Suspiré, con un millón de nudos en mi interior mientras buscaba la respuesta. Porque tenía la sensación de que se nos estaba escapando algo importante.

—Vamos. —Tory suspiró—. Vamos a disfrutar de la fiesta, al menos. Prefiero no regodearme en que nuestro padre era un rey psicópata.

—Y nuestra madre nos cambió por dos niñas humanas cualesquiera que murieron en nuestro lugar —añadí.

—Y eso también, sí —concordó con una sonrisa lúgubre.

Alguien nos empujó al pasar y me tropecé con Tory. Vi a Marguerite yendo hacia la Órbita agarrada del brazo de un tío de tercero del tamaño de un gorila.

Me alisé el vestido y levanté bien la barbilla antes de entrar con Tory, con la irritación chisporroteándome por dentro. No obstante, dejé de pensar en Marguerite nada más entrar y ver la increíble decoración de la Órbita.

Habían transformado la sala en un salón de baile que era la encarnación del otoño.

Había hojas doradas por todo el suelo de madera que se movían elegantes bajo una brisa mágica sin fin.

Caían de un montón de ramas que se extendían por el techo verdes, luego naranjas, rojas y doradas hasta que se unían al baile en la pista.

El proceso volvió a empezar y miré las ramas, fascinada, mientras nos adentrábamos más en la marabunta de estudiantes.

Vi a Sofia charlando con un par de chicas de pelo plateado y sonrisas brillantes.

Los pegasos tenían una especie de aura relajante que les hacía destacar donde estuvieran.

Cuanto más tiempo pasaba en Zodiac, más fácil me resultaba reconocer las diferencias de cada Orden.

Aunque aún me quedaban muchas por aprender.

Y estaba bastante perdida porque no sabía en cuál encajaba.

Busqué a Diego, pero antes de ubicarlo, alguien me rozó el codo al colocarse detrás de mí. Se me entrecortó la respiración cuando me llegó el olor a canela.

—Buenas noches —murmuró una voz profunda en mi oído, no hizo falta que me girase para saber quién era.

Orion pasó de largo y desapareció entre la multitud antes de que me diera tiempo a decir nada. Me quedé con la imagen latente de su cuerpo de quarterback con una camisa elegante y unos pantalones de pinza negros que se le aferraban al culo y prácticamente me obligaban a quedarme embobada mirando.

«Genial, ahora me dedico a mirar a posibles asesinos en serie. Aunque, si tuviera que mirar por última vez un culo...».

Tory cogió un par de chupitos de la bandeja de una camarera y me colocó uno en la mano con una sonrisa pícara. No estaba segura de si esta era la mejor idea después de lo que pasó el viernes pasado. Pero, claro, ¿cuándo había rechazado yo un chupito de tequila gratis?