Capítulo 19 #3
—Vete —exigí, moviéndome en el asiento para intentar huir de él.
—¿Qué pasa? —preguntó mientras Diego y Sofia lo miraban como si acabara de sentarse con nosotros el Monstruo del Lago Ness.
—Como si no lo supieras —soltó Tory con indiferencia—. ¿Y puedes dejar de fingir que te gusta Darcy? Nadie se lo cree.
Sentí una punzada en el corazón, aunque sabía perfectamente que no lo había dicho con mala intención, pero dolía igual. Después de revelar mi miedo interior a Max, parecía que aquella vieja herida se había vuelto a abrir de par en par.
—No quería decir eso —se apresuró a decir Tory, y Seth me apretó contra su cadera, inclinándose por delante de mí para mirar a mi hermana.
—¿Y qué querías decir, Tory? —preguntó.
—No intentes esa mierda con nosotras. Somos gemelas, nada se interpone entre nosotras —le espetó ella, y yo lo volví a empujar, acercándome de nuevo a Tory en un gesto de unidad.
Seth frunció el ceño y empezó a jugar con algo en su mano. Miró a su alrededor, a todas las miradas frías que estaba recibiendo y se levantó con un resoplido de irritación.
Antes de irse, se inclinó sobre mi hombro y, rozándome la oreja con los labios, dijo:
—Léelo cuando estés sola. —Noté que me metía algo en el bolsillo y se dio la vuelta, volviendo con sus amigos, quienes nos observaban ceñudos con miradas impenetrables.
Me moví incómoda en mi asiento, sin dejar de mirar a Seth por encima del hombro. Diego chasqueó los dedos cerca de mi oreja.
—Tierra a Darcy, por favor, dime que no te interesa ese perro .
No respondí. En parte porque no sabía qué significaba perro , pero también porque no sabía cuál era la respuesta. La nota que Seth me había metido en el bolsillo parecía estar quemando la tela, rogándome que saliera corriendo a algún sitio y la leyera.
—¡No puedes! —La voz de Marguerite resonó de pronto por toda la Órbita y todo el mundo se quedó en silencio.
Me giré y vi que estaba de pie junto a Darius. Él la miraba desde el sofá, aparentemente molesto de que estuviera montando una escenita.
—Se ha acabado, pasa página —dijo con frialdad, girando la cabeza e ignorándola.
—Darius, cariño, ¿cómo eres capaz de tirar a la basura todo lo que tenemos? —Le agarró la mano y él se apartó, decidido a seguir ignorándola—. ¡Darius! —chilló ella, produciendo llamas en las palmas de sus manos.
Los Herederos se pusieron en pie de pronto y Darius prácticamente gruñó a Marguerite mientras la miraba furioso, casi rozándole la nariz.
Las llamas en sus manos se extinguieron y ella retrocedió, murmurando una disculpa y agachando la cabeza.
Varios de sus amigos corrieron a su lado para rodearla y vi a Kylie entre ellos.
Se me secó la lengua con todo el peso de la tensión de la situación.
—¡Todo esto es por su culpa! —De pronto, Marguerite nos señaló a Tory y a mí al otro lado de la sala y se me subió el corazón a la garganta—. Desde que llegaron, te comportas de forma diferente.
—Estás quedando en evidencia, déjalo ya —le sugirió Caleb, poniendo los ojos en blanco—. No eres capaz de asumir que Darius se aburrió de ti hace meses. Pasa página, búscate a otro al que tirarte. Por lo que he oído, parece que te vendría bien practicar.
Marguerite miró horrorizada a Darius.
—Pero tú me quieres.
Se hizo el silencio y Darius miró a sus amigos con una sonrisa de suficiencia.
—¿Quererte? —Se rio, volviendo a mirarla—. ¿En qué momento de nuestras fiestas de pijamas sacaste esa conclusión?
Ella se puso roja y sus amigas intentaron apartarla de allí mientras una de ellas le acariciaba la espalda.
Seth ladró una risa y Kylie le lanzó una mirada letal.
—Tú no eres mejor que él. He visto el vídeo tuyo con la puta de Darcy Vega en el bar el viernes.
Seth se llevó la mano al pecho, fingiendo estar herido.
—Perdona, nena, ¿se me olvidó pedirte permiso? Sabes que soy poliamoroso, ¿verdad?
Ella lo miró con frialdad.
—Eres un mentiroso.
Los cuatro Herederos se quedaron escalofriantemente quietos y mi corazón pareció congelarse con ellos. Max se acercó al grupo, crujiéndose el cuello.
—¿Quieres hacer el favor de repetir eso, bombón?
Kylie retrocedió con un brillo de terror en la mirada.
—No es poliamoroso, Max, simplemente me está engañando.
Arqueé las cejas con un nudo en el estómago. Tenía que reconocérselo: la chica estaba defendiendo su postura y no iba a permitir que Seth se saliera con la suya.
Darius intentó rodear a Marguerite y ella lo agarró por el brazo con fuerza.
—Por favor —le rogó con unos nubarrones negros oscureciéndole la mirada.
—Suéltame —exigió él con mucha calma, pero nada en su postura indicaba que estuviera tranquilo.
Ella volvió a estremecerse, como si él hubiera sido más abrupto, y los demás Herederos pasaron a través del grupo de chicas tras él. Salieron de la Órbita y, en cuanto se cerraron las puertas, estallaron los cuchicheos por toda la sala.
Marguerite se secó los ojos con la manga y me di cuenta de que debería dejar de mirarlas. «Demasiado tarde». Kylie y ella nos clavaron la vista como un misil y el corazón casi se me sale del pecho.
—Que vienen las zorras —susurró Tory mientras me tiraba de la manga para llamar mi atención.
El corazón me latía al ritmo de sus pasos furiosos a medida que acortaban la distancia entre nosotras. Sofia se puso pálida y Diego le apoyó una mano en el brazo, con la mandíbula apretada mientras observaba al grupo de tigresas enfadadas respirándome en el cuello.
Tory tenía los puños cerrados y yo sabía perfectamente que se estaba preparando para defenderse con su poder.
No había ni rastro del C. U. L. O. y la mayoría de las chicas en el equipo vengativo de Kylie y Marguerite eran de segundo o más mayores.
Así que eso significaba que dependíamos exclusivamente del poder que aún no controlábamos.
Me di la vuelta con la esperanza de explicarles nuestra versión de todo esto antes de que estallara una pelea, cuando la mesa salió despedida por los aires.
Yo me caí al suelo al lado de Tory y Sofia chilló cuando ella y Diego se cayeron también.
La mesa salió disparada sobre nosotros a toda velocidad y la gente empezó a gritar cuando empezó a arder.
Levanté una mano para protegerme, presa del pánico, mientras de la bola de fuego llovían platos y vasos que se estrellaban contra el suelo a nuestro alrededor.
Me puse de rodillas en un intento de escapar y Tory invocó una bola de fuego en la palma de su mano. Voló demasiado alto, fallando su objetivo mientras se elevaba sobre las cabezas de nuestras atacantes y se estampaba en la pared del fondo.
La mesa volvió a caer al suelo detrás de nosotros y me puse de pie para escapar de las llamas. Me estabilicé y me quedé mirando el destrozo, comprobando que mis amigos estuvieran bien mientras el corazón me golpeaba las costillas con fuerza.
—¿Qué te ha dado? —exigió Kylie, corriendo hacia mí y metiendo la mano en el bolsillo de mi chaqueta.
Yo ahogué un grito mientras ella cogía la nota que Seth me había dado. La abrió y se quedó mirándola con una expresión de dolor durante un segundo increíblemente largo. Con un sollozo atragantado, me la tiró y salió corriendo entre la multitud.
—Largaos de Zodiac, putas Vega —soltó Marguerite, escupiendo ácido con la mirada. Se marchó dando zancadas largas con su grupito y bajé la mirada hacia la nota mientras caía a mis pies. Las palabras de Seth estaban escritas a mano y lo que ponía hizo que se me acelerase como loco el corazón.
Ven conmigo al baile.
Escuché al grupo de chicas salir de la Órbita, cerrando la puerta con un portazo. Se me encogió el pecho y las náuseas se agarraron a mi estómago. Porque sabía, sin ninguna duda, que esta guerra no había terminado.