Capítulo 19 #2
Cuando Undine tiró su camisa al suelo, arqueé las cejas al ver cómo le cambiaba la piel.
Unas escamas oscuras destellaban por toda su superficie, expandiéndose por todo su cuerpo, brillando como aceite bajo la brumosa luz del sol.
Le alcanzaron la barbilla y se detuvieron, así que parecía que estaba envuelta en un traje ajustado fabricado con la cola de una sirena.
Corrió hacia el lago, sumergiéndose y desapareciendo bajo las olas con una elegancia alucinante.
—Yo no pienso meterme ahí —aseguró Tory, y yo asentí mientras nos alejábamos de la orilla y el agua profunda.
Los demás alumnos siguieron a Undine, con las escamas de una gama de colores que iba del rosa más intenso al gris piedra y al verde oscuro. Contemplé maravillada cómo casi todos saltaban y nadie volvía a la superficie.
Se me detuvo el corazón al ver a Max en la orilla con sus amigos, sin camisa y con el impresionante pecho resplandeciente con escamas azul marino. Empecé a imaginar una fantasía con Aqua Man, pero me contuve antes de que se me fuera de las manos.
«¿Por qué narices los Herederos eran tan devastadoramente guapos?». Al menos uno de ellos debería haber tenido brazos enclenques y una tuba como nariz. Me imaginaba a sus padres como dioses del Olimpo.
Max nos sonrió, acercándose a nosotras hasta que el peso de su poder nos cayó encima.
Nos cogió a las dos de las manos, entrelazando los dedos con los nuestros. La calma me ondeó por el pecho y alejó mis pensamientos ansiosos.
—Hola —susurró Tory, y Max le sonrió con entusiasmo.
—¿Qué tal están mis gemelas favoritas? —preguntó con un tinte conspiranoico en la voz. Sus amigos se rieron, pero no se acercó ninguno, respetando los límites de Max mientras nos tenía para él solo.
—Venid conmigo —susurró de forma rítmica y suave.
Nos llevó hasta la orilla del lago y nos sentamos con él, cada una a un lado.
Su piel no se separó de la mía en ningún momento y yo era ligeramente consciente de que, durante todo el tiempo que me estuviera tocando, estaría bajo su hechizo. Pero tampoco conseguía apartarme.
Nos pasó un brazo por los hombros a cada una y la niebla densa de mi mente se espesó aún más.
—¿Cuál es tu mayor miedo, Tory? —le preguntó al oído, y ella levantó la vista para mirarlo, con los ojos muy abiertos por el peor recuerdo de su vida. Se me cerró la garganta al recordar aquella noche, unos años atrás, y el terror cortante de casi perder a mi hermana.
Max suspiró despacio, acariciándome el hombro con el pulgar sin apartar la vista de Tory.
Sabía que estaba resistiéndose a la atracción que él ejercía sobre ella y, durante un segundo, conseguí desengancharme de él en un intento de ayudarla.
Su influencia volvió a presionarme el corazón, calmándome, y me dejé caer sobre él, apoyándole la cabeza en el hombro.
El olor a mar navegó sobre mí y escuché atenta mientras Tory relataba aquella terrible noche.
—Mi exnovio me estaba llevando a casa una noche, tarde.
Habíamos discutido y no paraba de gritarme.
Le dije que se callara y estuviera pendiente de la carretera.
Conducía como un loco. —Max le acarició el brazo y se la acercó más—.
Volvíamos de pasar el fin de semana en Wisconsin.
La carretera estaba muy oscura, pero él no frenaba.
Tomó una curva a demasiada velocidad y...
—Le brillaron los ojos por las lágrimas y yo me incliné para darle la mano.
—Nos caímos por un puente y nos estrellamos en el río.
El coche se hundió muy rápido y mi ex...
consiguió salir. Me dejó. Nadó a la orilla.
Yo no podía desabrocharme el cinturón y entré en pánico.
Me estaba quedando sin aire y estaba muy, muy oscuro.
—Le cayeron las lágrimas por las mejillas y el corazón me palpitó con compasión—.
Hacía tanto frío que no notaba los dedos.
Y, cuando el agua me sobrepasó la cabeza, me resigné.
Pensé que iba a morir atrapada en ese coche de mierda mientras mi novio, aún más mierda, estaba sentado en la orilla del río y ni siquiera intentaba ayudarme.
—Tragó con fuerza y se me cayeron también las lágrimas con el corazón roto—.
Afortunadamente, un granjero nos había visto salirnos de la carretera.
Nadó hasta mí y cortó el cinturón. Me salvó.
Pero, desde entonces, no puedo meterme en agua profunda.
Me da pánico. —Se estremeció y Max la tranquilizó, acariciándole el brazo.
Él se giró hacia mí y sentí cómo su poder se hundía hasta lo más profundo de mis huesos, absorbiendo todo lo que quería.
—¿Y tú? ¿Cuál es tu mayor miedo, Darcy? —Su voz era como un ronroneo letal y mi miedo más profundo surgió en el momento en el que él lo pidió.
—Todas las familias de acogida en las que hemos estado se han deshecho de nosotras.
Apenas pasábamos más de un año en una casa.
Dábamos problemas. A veces me arrepiento de algunas de las cosas que hice.
Si hubiera tratado mejor a esas familias, a lo mejor me habrían querido.
Eso era casi soportable. Sabía que era difícil quererme, pero no creía que fuera algo imposible, al menos no hasta que...
—Me resistí a su poder, sentí el corazón aplastándose con el recuerdo que había terminado con mi pelo azul y con mi confianza en la humanidad desvanecida para siempre.
Era mío y no quería compartirlo. Ni siquiera quería recordarlo.
—Continúa —susurró Max, con tanta hambre en la voz que su poder me envolvía la lengua y me sacaba las palabras.
—El año pasado había un chico detrás de mí.
Nunca me molestaba demasiado en hacer amigos, pero este chico era majo y me gustaba hablar con alguien que se preocupara así por mí.
Estuvimos juntos unos tres meses y, durante un segundo de estupidez, empecé a pillarme de verdad por él.
—Sacudí la cabeza, respiré hondo y continué—.
Perdí la virginidad con él en una fiesta y, después, se volvió muy frío conmigo.
Apenas me miraba y supe que pasaba algo.
Como cuando cambia el viento justo antes de una tormenta, pues así me sentía.
Había conseguido lo que quería y me dejó tirada después de ponerme excusas de mierda diciendo que no estaba preparado para tener una relación.
—Darcy —murmuró Tory, como si intentara despertarse del encandilamiento de Max para detenerme, pero era demasiado tarde. Él tenía agarrado mi recuerdo e iba a sacarlo como un pez en un anzuelo.
—Me dejó cinco segundos después de conseguir lo que quería.
Salí de allí lo más rápido que pude. Y, de camino a casa, llorando y con la visión borrosa, me tropecé en la acera y me golpeé la rodilla como si fuera una niña torpe.
Aquella noche me quedé sentada en la cama, mirándome el moratón, preguntándome cómo era posible que una herida física pudiera ser tan intensa y llamativa, pero las heridas emocionales fueran completamente invisibles.
Así que me teñí el pelo del color de ese moratón.
Negro y azul. Mi herida personal. —Se me retorció el corazón conforme se me acumulaban las lágrimas en los ojos.
Me aparté sintiendo la vergüenza corriéndome por las venas.
Nunca le había contado esa parte de la historia a mi hermana, mucho menos a Max, que se estaba alimentando de todas mis palabras.
Pero mi lengua no podía dejar de moverse, entregándole todo lo que él quería—.
Mi mayor miedo es que me dejen sola, volver a confiar en alguien y que me destrocen otra vez el corazón.
Así que no pienso dejar entrar a nadie nunca más.
Se hizo el silencio y noté el tirón del poder de Max, vaciándome de emociones y magia. Las lágrimas se habían secado en mis mejillas y el contacto entre nosotros de pronto se tornó más frío.
Max se levantó, nos dejó en el suelo y se marchó.
—Gracias por el almuerzo, Vegas. Nos vemos. —Se sumergió en el lago y mis ideas volvieron a colocarse en su sitio. Sus amigos se reían mientras iban saltando al lago con chillidos de emoción.
Tory y yo no nos dirigimos la mirada en un buen rato. Contemplamos el lago. Y en ese momento decidí que las sirenas y los tritones eran la Orden que menos me gustaba.
Todavía sentía mi magia drenada cuando Tory y yo llegamos a la Órbita para comer.
Me pregunté cómo iba a reabastecer el poder que me habían arrebatado los tritones.
Apenas habíamos aceptado lo que Max nos había hecho y yo estaba segura de que Tory no quería hablar de su miedo igual que yo no quería hablar del mío.
Vi a Diego y a Sofia en una esquina de la sala y fuimos hacia ellos.
Me alegré para mis adentros de que Geraldine no estuviera por una vez, aunque me sentí culpable por ello de inmediato.
El ataque de la ninfa por lo visto le impedía recobrarse tan rápido como de costumbre y acababa de empezar a recuperar su poder.
Los cuatro Herederos estaban sentados en su sofá habitual y noté cómo se irguió un muro de piedra en mi pecho en cuanto los vi.
Seth me miró a los ojos y levantó una mano para saludar.
Me di la vuelta, desconfiada, sobre todo después de que uno de sus mejores amigos me hubiera sonsacado mis secretos más profundos hacía menos de una hora.
Seguramente ya se hubiera enterado de todo lo que le conté a Max y solo con pensarlo me daban náuseas.
—Que les jodan —siseó Tory al tiempo que nos reuníamos con nuestros amigos.
Nos sentamos la una al lado de la otra y me relajé un poco, alegrándome de que Sofia tomara el mando de la conversación y empezara a hablarnos de su clase de Potenciación de Orden. Diego había tenido clase con las arpías y parecía que se lo había pasado mejor que nosotras.
—No acabas de ignorarme, ¿verdad, nena? —Seth se sentó en un hueco a mi lado, pasándome el brazo por la cintura y provocándome una descarga eléctrica en el corazón.