El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 20
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Capítulo 20

Después de pasar un día entero esquivando preguntas sobre la noche en la que bailé con los Herederos, ya estaba dispuesta a admitir que la Tory borracha, una vez más, no me había hecho ningún favor.

La mañana siguiente vimos a Marguerite y a Kylie mirándonos con odio en cuanto entramos en la Órbita, como si los problemas en sus relaciones fueran culpa nuestra en lugar de los gilipollas a los que habían elegido.

Para evitar sus sinsentidos, decidimos coger el desayuno para llevar y nos lo comimos de camino a clase para no tener que lidiar con más tonterías.

Al final del día, me despedí rápido de Darcy al salir de la clase de Magia Cardinal y nos marchamos en direcciones opuestas por los pasillos abovedados del Edificio Júpiter.

Ella se fue con Diego y Sofia a estudiar en la Biblioteca Venus, pero yo no tenía la cabeza para seguir trabajando.

Habíamos quedado en vernos dos horas más tarde para cenar en la Órbita, y, mientras tanto, mi intención era echarme una siesta.

Estos madrugones estaban fastidiando bastante mi perfecta rutina de sueño y no era capaz de acostumbrarme a irme a la cama antes de medianoche.

Siempre había sido un animal nocturno y el anochecer no era mi hora de vencerme al sueño.

Así que pensé que podría recuperarlo un poco con una siesta y así no alterar mi hora de irme a la cama.

Mientras caminaba hacia la salida trasera del edificio, un compañero me empujó con el hombro tan fuerte que me tiró el bolso y todos mis libros salieron volando.

Lo insulté mientras me agachaba para recogerlos mientras el resto de la clase pasaba por mi lado para ir hacia las escaleras. Gracias a alguna que otra patada muy poco accidental, tuve que arrastrarme para recoger alguna hoja suelta.

Me arrodillé para intentar guardarlo todo en el bolso y escuché el sonido de unas risillas desde la escalera.

—¡Rápido! —Reconocí la voz de Marguerite—. La ladrona de novios va a llegar enseguida y tenemos que grabarlo todo —susurró.

Yo me quedé quieta, escuchando atentamente con la sensación de saber exactamente a quién esperaba.

—No sabía que lo tuyo con Darius fuera oficial —intervino otra chica.

—Estamos hechos el uno para el otro —gruñó Marguerite—. Todo el mundo lo sabe.

—¡Cuidado con la mierda de pegaso, Bianca! —soltó Kylie.

Me levanté y me alejé de la escalera para ir por el otro lado para evitar lo que fuera que me habían preparado, pero me detuve antes de huir.

Nunca había sido de las que salen corriendo, ¿por qué narices iba a huir de una panda de chicas malas porque habían reclamado en propiedad a un mujeriego y querían castigarme por ponerme en su camino?

Miré la escalera intentando pensar en una solución. La escalera era estrecha y bajaba en espiral, sonaba a que las chicas estaban bastante cerca.

Seguía teniendo muy pocas opciones de vencer a cualquiera de los alumnos más mayores con magia, pero sí había una cosa que podía hacer fácilmente.

Levanté las manos con una sonrisa pícara e invoqué el agua, dejando que mi poder fuera aumentando antes de soltarlo por fin en un torrente que salió de mí e inundó toda la escalera.

Las chicas chillaron al empaparse, me di la vuelta y corrí hacia el otro lado antes de que les diera tiempo a venir a por mí.

No tardé en escuchar sus pasos siguiéndome y me metí en la puerta más cercana, sonriendo por dentro mientras las escuchaba pasar.

Sus gritos de ira y sus pasos fuertes pasaron por la puerta y tuve que morderme el labio para no reírme.

No me habían visto y eso significaba que tenía un problema menos con el que lidiar hoy, al menos.

—¿De quién te escondes? —dijo una voz divertida detrás de mí, y se me hundió el corazón como una piedra al girarme para mirar la clase que pensaba que estaba vacía.

Vi a Caleb, que me miraba con una sonrisa depredadora desde las sombras donde estaba sentado.

—Vaya por Dios, he huido de una jauría de hienas para terminar en la boca de un cocodrilo —murmuré.

—De un león, ¿no? —bromeó, y el hecho de que ni siquiera se molestara en levantarse solo me confirmó que no tenía forma de escapar de él.

—Qué va, los leones cazan juntos. No creo que tú seas de los que necesitan ayuda para arrinconar a su presa.

—A veces viene directamente hasta mí sin que yo tenga que hacer nada —acordó, y vi el hambre en sus ojos oscuros.

Cogí aire e ignoré la necesidad de salir corriendo.

Los dos sabíamos que estaba a su merced y salir corriendo por los pasillos repletos de testigos antes de terminar inevitablemente sujeta contra una pared y vacía de poder no me resultaba demasiado tentador.

Había algo de dignidad en aceptar mi destino.

Algún día sería lo suficientemente fuerte como para enfrentarme a él y ganar, pero por mucho que me enfadara, ese día no había llegado todavía.

—Bueno, ¿terminamos ya con esto o qué? —me resigné, acercándome a él con decisión. Si me iba a usar como un cartón de zumo con patas, prefería que fuera con mis condiciones. Mantuve el paso firme mientras me retiraba el pelo del cuello, dejándoselo visible.

La mirada de Caleb se deslizó por mi mandíbula y luego continuó bajando, asimilando mis curvas con un hambre diferente iluminándole los ojos azul oscuro.

Despacio, se puso de pie y yo me paré a unos centímetros de él, inclinando la cabeza para mirarlo.

—Siento tu poder, ¿sabes? —comentó en voz baja, acabando con el espacio entre nosotros y provocando que se me acelerase el corazón. Deseé que terminara cuanto antes, pero dudaba que rogarle que lo hiciera fuera la mejor manera de impedir su tortura, así que me mantuve firme.

—¿Y tienes alguna idea de qué soy, entonces? —dije, preguntándome si las diferentes Órdenes de Fae tenían distintos sabores. Con un poco de suerte, yo no sería de su favorita.

—Desgraciadamente no. Solo puedo sentir la profundidad de tu poder, su fuerza.

Y eres muy fuerte. Cuando aprendas a canalizarlo, tengo la sensación de que no voy a poder arrebatarte ni un gramo sin tu permiso.

—Retorció los labios en una sonrisa y no pude evitar quedarme mirándolos durante un momento, preguntándome si me gustarían un poco más si no escondieran sus colmillos.

—¿Y por qué iba a darte permiso? —lo reté, arqueando una ceja.

Vale, ahora mismo no estaba precisamente negándome, pero tampoco le estaba dando permiso; era aceptación.

Los dos sabíamos que no tenía nada que hacer contra él...

de momento. Sin embargo, si había una sola posibilidad de que lograra tener la fuerza suficiente para conseguirlo, sabía, sin ninguna duda, que lo haría.

Caleb estiró el brazo y me pasó los dedos fríos por el pulso errático en la base de mi garganta. Se me puso la piel de gallina con una energía nerviosa y un leve cosquilleo de placer que me negaba a reconocer.

—Tú también eres una Heredera. Si superas el Ajuste y completas tu formación en Zodiac, hay muchas probabilidades de que permanezcamos el uno en la vida del otro durante bastante tiempo.

—Pensaba que el objetivo de tu club de chicos era asegurarse de que mi hermana y yo no pasemos el Ajuste. ¿No queréis que nos vayamos? —pregunté.

Caleb encogió un hombro y tuve la sensación de que quizá no estuviera tan desesperado por deshacerse de nosotras como yo había supuesto.

Los cuatro eran unos gilipollas, pero, a nivel individual, Caleb no había hecho gran cosa más allá de morderme.

El incidente en la cueva fue algo diferente, pero, incluso entonces, tampoco fue excesivamente desagradable.

Había algo en él que sugería que todo esto no era más que un juego al que le estaban obligando a jugar, pero no me daba la misma sensación de crueldad que los demás.

Y ahora que entendía cómo funcionaba el mundo Fae, sabía que haría lo mismo con cualquiera que amenazara su posición.

Por lo que su comportamiento no era el ataque personal que parecía.

—Quiero ver cómo resulta todo esto —admitió—.

Quizá suspendéis y os largáis de aquí para el final del trimestre.

O a lo mejor lo conseguís y reclamáis vuestro derecho de nacimiento.

Antes de que mataran a vuestros padres, nuestras familias eran los Asesores Celestiales.

Habríamos seguido manteniendo el poder bajo vuestro mando si no se hubieran torcido las cosas con el Rey Salvaje.

Así que, a lo mejor, suspendéis el Ajuste y os envían de vuelta a vuestras vidas mortales y aburridas o quizá las pruebas a las que estáis haciendo frente ahora os hacen más fuertes y termináis pa­sando.

—Entonces, en otras palabras, vas a seguir jugando con los demás Herederos y sus sucias artimañas y, cuando te dé un poco de hambre, seguiré siendo tu presa fácil —solté.

—Básicamente. —Caleb se rio.

Resoplé enfadada. Aquí no había ningún caballero andante.

Aunque no podía decir que me sorprendiera.

Además, nunca lo había necesitado, por lo que no iba a buscarlo ahora.

Mi hermana y yo llevábamos mucho tiempo cuidándonos solas y en cuanto aprendiéramos a canalizarlo todo, desde los Elementos hasta nuestra Orden, estos gilipollas se darían cuenta de con quién se habían estado metiendo.

—¿Podemos terminar ya con esto? Tengo muchas cosas que hacer. —«O mucho que dormir, que no hace falta que él sepa ese detalle».

—¿No quieres escuchar lo que te voy a proponer, Tory? —preguntó Caleb, acariciando mi nombre con su tono de voz mientras invadía mi espacio personal.

—No imagino nada que pudieras ofrecerme que hiciera que participara voluntariamente en tus planes de cena —dije impasible.

—Puede que haya una cosa —respondió él.

Antes de que me diera tiempo a exigir una respuesta, me agarró de la barbilla con los dedos y me estampó un beso en los labios.