Capítulo 17 #2
—Está durmiendo todavía. —Señaló hacia su habitación y yo arqueé una ceja—.
¡No ha pasado nada! Yo he dormido en el suelo.
Pero no quería quedarse sola, así que...
—Se encogió de hombros y me miró con las cejas unidas—.
Me han contado lo de Geraldine. ¿Qué pasó anoche exactamente?
Los rumores que me han llegado son bastante locos , no sé qué creerme.
Se lo conté todo mientras bajábamos las escaleras, aunque eludí la parte en la que me había pasado una hora restregándome con Seth. «Deja de pensar en eso».
Salimos y me arrepentí de no haber cogido un abrigo, porque estaba lloviendo. Me vibró el Atlas y lo saqué, encontrándome con un mensaje de Tory.
Tory Vega: ¿Estás despierta? Si es que sí, ¿nos vemos en la Órbita en diez minutos?
Escribí una respuesta rápida y fui hacia la Órbita bostezando.
Me toqué las marcas del mordisco del cuello, pero tenía la piel lisa.
Había aprendido hacía poco en Magia Cardinal que los Fae se curan más rápido que los mortales después del Despertar de los poderes, pero aquello me parecía exageradamene rápido después de que Orion me hubiera drenado.
Incluso ahora, el pozo de poder en mi interior parecía estar casi vacío y, como no sabía cuál era mi Orden, no tenía ni idea de cómo rellenarlo.
Apreté los dientes, furiosa por lo que había hecho. No solo me había humillado delante de mis amigos y me había hecho sentir pequeña como un cacahuete, sino que también me había dejado vulnerable durante vete a saber cuánto tiempo.
Mientras acariciaba la piel donde me había mordido, se me vino a la cabeza un recuerdo borroso del autobús. Me había quedado medio dormida con la cabeza apoyada en el hombro de Seth y él me había curado la herida con su magia acariciándome la piel como un susurro.
«Oh».
Llegamos a la Órbita y esperé ansiosa a que apareciera Tory, aliviada por que hubiera alguien en el mismo barco que yo. Anoche bailó con Darius y Caleb de forma casi pornográfica y no creía que fuera a superarlo en un futuro cercano.
Apareció trotando por el sendero que llegaba desde el Territorio de Fuego con la chaqueta de cuero ondeando detrás de ella y una expresión de incomodidad en la cara.
—¡Arrrrrg! —gruñó cuando llegó, apoyándose las manos en las rodillas—. Me encuentro fatal. Como si estuviera en un charco de mierda.
Me reí y le coloqué la mano en el hombro un segundo.
—Te acompaño en el sentimiento.
—Los Herederos —susurró, como si fuera un secreto terrible que compartíamos solo las dos. Y, en realidad, lo era.
Diego nos miró y sacudió la cabeza, como si fuera nuestro padre decepcionado. Probablemente fuera el primero que tendríamos.
—Venga ya, no me mires así —refunfuñó Tory—. La culpa es del tequila.
—Y del ron, y del whisky . Recuérdame que no vuelva a mezclar nunca más. —Me froté la cabeza, convencida de que la jaqueca no iba a tardar en aparecer. De momento, me parecía que todavía estaba un poco borracha. Cuando se me pasara... iría cuesta abajo y sin frenos.
—¿Cómo está Sofia? —le preguntó Tory a Diego.
Mientras la ponía al día, entramos en la Órbita con la intención de preguntar por Geraldine. ¿A quién le íbamos a preguntar? No tenía ni idea. Miré a mi alrededor al mar de alumnos cotilleando y vi al profesor Washer en el otro extremo de la sala, atacando un plato enorme de desayuno.
—Genial. —Tory resopló.
—O a él, o a algún alumno —murmuré, y por las miradas que nos estaban lanzando todos, creí que era mejor preguntarle a Washer; me daba igual el repelús que me diera.
—Venga, no puede ser un cerdo con nosotras mientras come —sugerí.
—¿Qué te apuestas? —Tory se rio y cruzamos el comedor hasta pararnos delante de su mesa.
Él levantó la mirada de su plato, con la misma resaca que nosotras.
—Anda, pero si es la enorme jarra de agua que he pedido con el desayuno. —Nos miró agradecido mientras Diego se quedaba atrás, con una mirada mordaz.
—Eh... claro —dije—. Solo queríamos saber dónde está Geraldine. ¿En el hospital?
—No, está en Ur... ano —aclaró con la boca llena.
—¿Cómo? —dijo Tory—. ¿Han agredido a nuestra amiga y le parece el momento adecuado para soltar bromitas?
—No —dijo con inocencia—. Está en la enfermería Urano, ¿junto a la Torre Neptuno?
—Ah. —Tory se puso roja y yo solté una carcajada mientras ella se alejaba.
Washer me hizo un gesto para que me acercara y sentí su poder de tritón penetrar por mi piel. Me acerqué con un torrente de calor inundándome el pecho.
—Urano es mi edificio favorito —susurró.
Diego me agarró del brazo y me apartó de él justo cuando la lujuria se filtraba en mi cuerpo.
Cuando llegamos al centro de la Órbita, el poder de Washer abandonó mi cuerpo y me estremecí con violencia.
—Joder, el tío ese es un puto cerdo. Hace que todo parezca guarro.
Al continuar hacia la salida, me di cuenta de que Tory se había parado delante de un grupo de chicas.
Aceleré el paso con el ceño fruncido, acercándome a ella y viendo que Kylie estaba allí con las manos en las caderas.
Sus amigas la rodeaban y un mar de sonrisas cubiertas de brillo de labios se giraron hacia nosotras.
—¿Os importaría explicarnos esto? —Kylie levantó su Atlas y reprodujo un vídeo para que lo viéramos.
Un calor me invadió el cuerpo al ver un clip de Tory y yo bailando con los Herederos.
Era mucho peor verlo reproducido en vídeo.
Yo tenía los ojos medio cerrados mientras agarraba a Seth por el cuello y él me sujetaba la pierna alrededor de su cadera.
Tory estaba pegada a Darius prácticamente de la misma forma y él le acariciaba la piel de la espalda con la mano bajo la camisa.
Tory miró con frialdad a Kylie, con los hombros rectos.
—¿Qué quieres que te expliquemos, exactamente?
Joder, qué huevos tenía. Intenté conjurar la misma resistencia, pero no encontraba las palabras.
Yo era la que estaba encima del supuesto novio de Kylie en ese vídeo.
Pero, justo cuando lo estaba pensando, escuché un chillido indignado y la novia de Darius, Marguerite, apareció a empujones para unirse a las filas de Kylie.
Unas llamas cobraron vida en las manos de Marguerite al mirar a Tory.
—¿De verdad crees que le interesas lo más mínimo? Estaba borracho y se agarró a lo primero que encontró.
—Bueno, si ese es el estándar de Darius, entiendo perfectamente que esté contigo —repuso Tory despreocupada, y no pude evitar reírme.
Cada vez había más gente a nuestro alrededor y las palabras de Tory provocaron un coro de: «¡Uuuh!».
Unos tipos de último curso habían apartado a Diego, que intentaba abrirse paso de nuevo. Levanté las palmas de las manos, pero solo sentí un leve cosquilleo de magia en los dedos.
«¡Púdrete en el infierno, Orion!».
—¡Puta! —le gritó Marguerite a Tory, acercándose a ella con una mirada amenazante.
Kylie me lanzó otra a mí, pero pareciendo más sensible que Marguerite.
—¿Te lo has follado? —susurró con el labio tembloroso.
—No —contesté con sinceridad—. Solo fue un baile, ya está. —Se me retorció el corazón. Era evidente que estaba dolida. Quería culpar al whisky por haberme restregado así con su novio, pero supongo que también tenía que asumir mi parte de responsabilidad.
Kylie agitó la mano y una ráfaga de aire me golpeó en la cara como la bofetada más fuerte que me habían dado nunca. Sus ojos emanaban veneno puro, como si dentro de ella viviera una serpiente mortífera.
—¡Oye! —ladró Tory cuando me llevé la mano a la cara con un gesto de dolor.
—No pasa nada —dije con los dientes apretados, mirando a Kylie. «Supongo que esa me la merecía».
La mirada que tenían todas me decía que no habíamos terminado.
—¡Disculpen! ¡Apártense, vamos! —La voz de la directora Nova llegó desde detrás del grupo mientras intentaba abrirse paso.
La multitud se disolvió y Tory y yo aprovechamos para huir por el hueco que habían dejado.
Tory le quitó unas barritas de cereales de la mano a una chica del C.
U. L. O., que sonrió como si eso hubiera sido lo mejor que le había pasado en la vida, y salimos corriendo.
Miré atrás y no vi que Diego nos siguiera, pero tampoco quería quedarme más tiempo allí.
Tory me dio una barrita con una sonrisa pícara y yo solté una carcajada mientras se desvanecía la tensión de mi pecho.
—¡Oye! ¡No hemos acabado con vosotras! —La voz de Kylie nos siguió.
—¿Quieres que nos peguemos con ellas? —preguntó Tory con una sonrisa desquiciada, y casi me dejo llevar por esa idea, hasta que recordé algo importante.
—No puedo, estoy en reserva.
Tory suspiró.
—Puto Orion de los huevos. Pues toca correr.
Eso hicimos. El viento nos ondeaba el pelo y la emoción de huir bailaba a nuestro alrededor. La risa cobró vida en mi garganta y Tory me acompañó mientras nos alejábamos de la Órbita y de todas las brujas furiosas que había dentro.
Seguimos un sendero circular hasta la enfermería Urano.
El edificio era enorme y parecía más una antigua mansión victoriana que un hospital.
Al entrar, vi varios carteles que señalaban diferentes aulas.
Era donde se daban las clases de Magia Curativa y Regenerativa; me pregunté entonces cuándo íbamos a empezar a aprender ese tipo de habilidades.
Vendría bastante bien en un campus repleto de bestias donde más de la mitad parecían querer nuestra sangre.
En el vestíbulo había una chimenea enorme con dos escaleras, una hacia el ala este y otra hacia el oeste.
Seguimos las indicaciones, pasando por un montón de retratos colgados en las paredes de piedra.
Los ojos de los antiguos curanderos nos observaban, todos con batas azules y una banda blanca en el pecho.
Nos adentramos más en el edificio con el camino iluminado por antorchas. Sentí un cosquilleo cálido en la piel y noté un hormigueo profundo en el cuerpo.
—Espero que Geraldine esté bien —reflexioné, mordiéndome el labio nerviosa.
—Es fuerte —dijo Tory con firmeza—. Se recuperará.