El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 16 #4
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Capítulo 16 #4

Solté una risita porque sabía perfectamente a qué mirada se refería Caleb y miré a Orion por encima del borde de mi vaso.

Él nos devolvió la mirada con el ceño fruncido y eso me hizo pensar que nos había oído.

Entonces, caí en la cuenta de que, con sus habilidades de vampiro, probablemente lo hubiera hecho.

Durante un segundo, me sentí como una niña a la que acababan de regañar en el colegio y fruncí el ceño por lo extraño de la situación.

Estaba bailando en un bar, por el amor de Dios, ¿por qué tenía que aguantar las reprimendas de un profesor?

Si alguna vez me hubiera encontrado a mi profesora de Lengua en el garito de Joey con sus pantalones anchos y las gafas colgando de una cuerda, me habría partido de risa.

Aunque imaginé que Orion no se parecía precisamente a un profesor estándar.

Ni siquiera se diferenciaba de nosotros.

Lo que me incomodaba era más bien que yo sabía lo que era.

—Pues nada, voy a ver qué quiere —espetó Darius con un tono resignado. Me lanzó una última mirada cargada de intención, pero yo fingí no darme cuenta mientras me iba y dejaba el vaso vacío en una mesa abandonada.

Caleb estaba donde lo había dejado cuando volví a la pista de baile.

Seguí su mirada hacia la espalda de Orion mientras Darius se aproximaba a la barra para hablar con él.

Sentí un escalofrío en la nuca al verlos juntos y no pude evitar recordar lo que escuché la otra noche.

«¿De verdad el tío con el que acababa de bailar quería hacernos daño a Darcy y a mí?

». Orion había acorralado a Darcy antes en el restaurante, pero no le había puesto la mano encima.

Aunque tampoco lo negó cuando ella lo acusó de querer hacerle daño...

Miré a mi hermana otra vez y vi que, definitivamente, no tenía ningún problema con que Seth tuviera las manos largas. Le sonreí mientras ella se inclinaba hacia él y este le pasaba las manos por la espalda.

Caleb seguía mirando mal desde donde estaba en el centro de la pista cuando volví con él. Había un grupo de chicas bailando de forma provocativa, lanzando miradas de todo menos sutiles a su atractivo general, pero él las ignoraba.

Le cogí la mano y me la llevé a la cintura para que fuera mi nueva pareja de baile.

Puede que estuviera un poco demasiado amigable gracias al señor Jack Daniels, pero ignoré todos los pensamientos en contra de ser directa con un aire de me-importa-una-mierda.

Cuando se fijó por fin en mí, me puse de puntillas para hablarle al oído por encima de la música.

—¿Odiabas a Orion antes de que intentara robar mi sangre o es todo por mí? —bromeé.

Caleb resopló con una risa, acercándome más a él mientras se agachaba para responderme. Deslizó las manos por mi cuerpo, alineándome con él antes de hablar y haciendo que me ganara las malas caras de las otras chicas.

—Es una cosa de vampiros. Siempre tendemos a intentar conseguir la mejor Fuente disponible.

Tenemos una jerarquía determinada por poder, pero su puesto de profesor hace que nuestra relación sea un poco más tensa que la mayoría.

Yo debería respetarlo porque es un profesor en mi escuela y, técnicamente, es mi superior; pero también soy más poderoso que él, así que...

provoca algo de tensión. —Caleb se encogió de hombros antes de que una sonrisa traviesa le capturara los labios—.

¿Te gusta que nos peleemos por ti o qué?

Puse los ojos en blanco y deslicé las manos por su pecho antes de enganchárselas al cuello.

—Si alguno de los dos quisiera algo más que mi sangre, entonces quizá me sentiría halagada. Pero como no comulgo demasiado con el concepto de ser un bote de zumo con patas, voy a tener que decir que no.

—¿Y si te digo que yo sí quiero algo más que tu sangre? —me preguntó sugerente, y su aliento bailó por mi cuello.

Levanté los ojos hacia los suyos y apreté más mi cuerpo sin pretenderlo. Subí un poco las manos y le tiré ligeramente del pelo corto de la nuca antes de seguir subiendo y peinarle los rizos.

—¿Como qué? —pregunté, poniendo un tono inocente que dudaba que se estuviera creyendo.

«¿Cuánto había bebido? ¿Por qué empezaba a notar que igual no era la peor idea que había tenido?

¿Acaso no me había dejado colgando de un barranco ni me había usado como un juguete para masticar desde el primer día?

¿Por qué a la Tory borracha eso no le parecía tan terrible?

¿Y por qué me estaba haciendo tantas preguntas cuando me acababa de rozar con el pulgar el centro de la espalda y se me estaba calentando la piel bajo su tacto? ».

A Caleb le brillaron los ojos con diversión. Me pasó el pelo por encima del hombro y se agachó, rozándome la oreja con los labios y provocándome un escalofrío en la espalda.

—¿Y si quisiera...?

La música se apagó de pronto y las luces se encendieron, llenando la pista de baile con demasiada realidad para mi cabeza aturdida.

Entrecerré los ojos por la intensidad de la luz, soltando a Caleb y dando un paso atrás mientras miraba a mi alrededor, intentando averiguar qué estaba pasando.

La voz del profesor Astrum resonó por los altavoces.

—¡Atención, por favor! ¡Los alumnos de Zodiac Academy, vayan saliendo hacia los autobuses lanzadera para el transporte inmediato a sus casas!

Miré a Caleb sin entender.

—¿Esto es normal? —pregunté.

Él sacudió ligeramente la cabeza, evidentemente también tratando de averiguar qué estaba pasando.

Un sudor frío me cubrió la espalda y me aparté de él para buscar a Darcy. Ella también había acudido en mi búsqueda y estaba sacando el Atlas de su bolso, frunciendo el ceño al ver que tenía un mensaje.

Estrella Fugaz: Tendría que haberla advertido también a ella.

—¿De quién habla? —pregunté.

—No lo sé. ¿Crees que ha pasado algo o...?

Las puertas del bar se abrieron de pronto y Marguerite irrumpió con el pelo rojo ondeando y los ojos muy abiertos con una especie de miedo excitado.

—¡Acaban de atacar a Geraldine Grus! ¡Dicen que corre peligro de muerte!

Sentí cómo una piedra fría se me hundía en el estómago al escucharla.

Nos habíamos ido del otro bar sin esperar a que apareciera Geraldine.

¿Y si la habían atacado porque estaba sola o buscándonos a nosotras?

Sí, la chica era una pesada con su devoción a nuestro linaje, pero jamás habría deseado que le pasara nada malo.

—Tenemos que averiguar si está bien —intervine casi sin aliento, mirando desesperada a Darcy.

—Vamos —concordó ella, agarrándome la mano y arrastrándome hacia la salida.

Una marea de alumnos y de otros clientes del bar ya había tenido la misma idea y estábamos atascadas detrás de ellos, sin poder abrirnos paso.

Me fijé en la entrada de la cocina detrás de la barra y desvié a Darcy hacia allí.

Mis costumbres de dedos largos me habían enseñado a buscar rutas de escape sobre la marcha y tenía la sensación de que la entrada de personal iba a estar mucho menos abarrotada que la puerta principal.

Salté por encima de la barra y Darcy vino detrás mientras cruzábamos la cocina directamente hasta la salida, que nos dejó en un callejón.

El aire frío me golpeó en la cara y me ayudó a aliviar un poco el mareo del alcohol.

En el callejón había aparcada una moto brillante y, por un momento, no pude evitar quedarme mirándola.

Sabía que estaban ocurriendo cosas mucho más importantes ahora mismo, pero esa moto era lo más, y ridículamente bonita, de una forma que me decía «condúceme».

Si hubiera sido en otras circunstancias, habría buscado el modo de hacerlo.

Pero ahora mismo teníamos que averiguar qué le había pasado a Geraldine.

Se me puso la piel de gallina al recordar el último callejón en el que habíamos estado y salimos corriendo hacia la calle donde se encontraba todo el tumulto.

Me abrí paso a codazos entre los cuerpos y vi un brazo pálido colgando de una camilla mientras subían a Geraldine a la parte de atrás de una ambulancia azul y gris.

Conseguí llegar al frente y suspiré aliviada al oír su voz.

Estaba balbuceando algo sobre su familia, llamando a su madre. Estaba ligeramente pálida, pero estaba bien. Estaba viva.

Los médicos cerraron la puerta cuando estuvo dentro y apareció Orion detrás, apoyado en un lado de la ambulancia.

Tenía las mangas subidas y los antebrazos manchados de sangre. Tenía la piel demacrada y bolsas bajo los ojos como si llevara un mes sin dormir y juraría que no estaba así cuando lo vimos antes.