Capítulo 16 #3
Había pedido lo mismo para todos: una mezcla de cocacola y licor.
Yo cogí la mía antes que ninguno. Caleb seguía mirándome y le sostuve la mirada mientras vaciaba el contenido del vaso de un trago.
Estaba ridículamente fuerte y noté cómo me quemaba la garganta y se unía al tequila que había tomado antes para montar una fiesta calentita en mi estómago.
—Ya está —anuncié—. Una copa. —Me levanté del regazo de Darius, que me miró sorprendido haciendo un amago de volver a sentarme sobre sus piernas, pero me aparté justo a tiempo con una sonrisa falsa.
Darcy me sonrió y también se puso en pie, sin molestarse siquiera en probar su bebida.
—Nos vemos, chicos —se despidió mientras se alejaba con prisa por soltarse del poder de Max antes de que volviera a aumentar la intensidad.
Yo hice el intento de seguirla, pero Caleb se puso de pie y se interpuso en mi camino utilizando su velocidad de vampiro. Lo miré arqueando una ceja y él me repasó de arriba abajo con la mirada.
—¿Tengo que entender, entonces, que tu palabra no vale una mierda? —le pregunté cuando me miró el cuello durante un instante y me preparé para que me mordiera.
—No. He dicho que no voy a morderte e iba en serio —me tranquilizó con una sonrisa provocativa—. Solo quería saber adónde vais ahora.
Consideré su pregunta durante un breve instante.
La noche todavía era considerablemente joven y no habíamos pensado volver a casa antes de encontrarnos con nuestro torturador misterioso.
Darcy había llegado a la entrada del bar y me estaba esperando, mirando a Caleb con el ceño fruncido, por si acaso.
—A bailar —respondí pasando por su lado, agarrándole la cintura durante una milésima de segundo para apartarlo de mi camino—. Estáis invitados si creéis que podéis seguirnos el ritmo.
«¿Por qué he dicho eso?».
Sus ojos azul oscuro brillaron durante un momento y no pude contener una sonrisa que me tiró de los labios. Me permití echarle un vistazo durante medio segundo, luego me di la vuelta y fui junto a mi hermana.
El tequila siempre me había debilitado ante los tíos sexis con intenciones maliciosas, y esta noche había demasiados cerca.
Alcancé a Darcy en la entrada del bar y miré alrededor las paredes grises que brillaban con purpurina plateada bajo la luz tenue. El local estaba lleno y, al fondo de la sala, había una pista de baile enorme.
—Vamos a buscar a un par de chicos que nos inviten a algo —sugirió Darcy con una sonrisa mientras se ponía a ojear las diferentes posibilidades y entrábamos en nuestra rutina nocturna de siempre.
Nunca habíamos tenido dinero para beber, pero normalmente siempre era una cuestión de tiempo que alguna de las dos llamara la atención de alguien.
Por supuesto, ahora que sabíamos que éramos ricas, di por hecho que ya no íbamos a necesitar hacer esto, pero ¿por qué teníamos que acabar con las costumbres?
Darcy no tardó en ver a un par de chicos que la estaban mirando y cogió la delantera para ir a la barra al lado de ellos.
Parecían unos años mayores que nosotras y me gustó que hubiera encontrado a dos tipos que no iban a la escuela y no tendrían nada que decir con respecto a la situación con los Herederos, manteniendo intacta nuestra interacción con ellos.
El chico rubio se acercó a nosotras mientras fingíamos que no habíamos visto que venían hacia nosotras. Los recibí con una sonrisa «sorprendida» cuando invadieron nuestro espacio.
—Hola —saludó muy sonriente. Su amigo pelirrojo imitó la sonrisa a su izquierda—. Soy Peter. Este es...
—No —intervino Max en voz alta, abriéndose paso a codazos entre nuestros nuevos amigos.
—Ni de coña —concordó Caleb con énfasis, lanzándole al rubito una mirada que lo hizo retroceder.
Yo suspiré exageradamente.
—¿En serio?
—¿Ahora también nos vais a impedir que bebamos gratis? —preguntó Darcy con un aire de resignación.
—Pero ¿por qué estáis bebiendo en la barra si tenemos la zona VIP entera para nosotros? —expuso Caleb, señalando hacia la zona acordonada justo al lado de la pista de baile.
—Creo que te acabas de responder tu solito, Caleb —murmuré, poniendo los ojos en blanco.
Max se rio de su amigo y yo lo miré sorprendida, enarcando una ceja.
—Vas a tener que esforzarte mucho más para meterte en las bragas de esta, Cal —bromeó.
—Eso no va a pasar —intervine antes de darle tiempo a Caleb de responder.
—Vamos, Tor —dijo Darcy, ignorando por completo a los Herederos—. Si no vamos a beber, deberíamos ir a bailar.
Me agarró la mano y les dio la espalda a Max y a Caleb con un movimiento ágil del pelo negro con puntas azules. Yo también me di la vuelta, con una ligera emoción por saber que odiaban eso, mientras Darcy me arrastraba a la pista de baile.
La música me resultaba familiar y pensé en si escucharían las canciones de los humanos.
¿A lo mejor los Fae no tenían habilidades para componer?
¿O quizá Miley Cyrus también era medio Fae?
Fuera cual fuera el motivo, yo estaba más que dispuesta a dejarme llevar por algo familiar, por cambiar un poco.
Bailar un viernes por la noche parecía sobrepasar la división mortal/Fae y a mí eso me parecía fantástico.
Cerré los ojos y me perdí en la música mientras bailaba con mi hermana y ambas ignorábamos a propósito la sensación de que los Herederos nos estaban observando desde su mesa pija acordonada.
«¿Para qué salir a beber y ocultarte detrás de una barrera?
¿El objetivo de todo esto no era soltarse un poco y socializar?
». Si ser una Heredera suponía segregar mi vida de todos los demás, estaba aún más segura de que no me interesaba lo más mínimo.
Alguien me agarró por las caderas y abrí los ojos. Darius estaba delante de mí, rozándome con los dedos entre la cintura de la falda y el dobladillo de la camisa.
El corazón me dio un vuelco durante un instante y tuve que esforzarme para evitar que mi cara revelara mi sorpresa.
En lugar de eso, le regalé la sonrisa torcida más ínfima que esperaba que se tradujese en «tregua», al tiempo que permitía que me acercara más a él.
Por mucho que me hubiera gustado negarlo, estar sujeta contra el extenso pecho de Darius Acrux realmente no era el peor lugar en el que podía estar una chica.
Me di la vuelta en sus brazos mientras seguíamos bailando al ritmo de la música y vi a Darcy recibir el mismo tratamiento por parte de Seth. Le había pasado los brazos desde atrás y estaba metiéndole la cara en el pelo de esa forma lobuna que, en este momento, no parecía ser ningún problema.
Yo sonreí cuando me miró con unos ojos que decían: «Donde fueres...
», y yo me encogí de hombros, aceptando la situación mientras movía mi cuerpo al compás del de Darius.
Si cerraba los ojos, incluso podía fingir que él no era tan gilipollas.
Pero no podía mirarlo a la cara o a la boca, o a la forma en la que sus músculos se apretaban contra su camisa...
«mierda», iba a tener problemas con él si no tenía cuidado.
Darius se dio la vuelta para volver a mirarme y yo le pasé los brazos alrededor del cuello, rozando mi pecho contra el suyo.
Él me atrapó en su mirada durante un instante que se hizo demasiado largo y me mordí el labio para impedir darle alas a mi imaginación.
Bajó la mirada a mi boca y el deseo en su mirada me provocó una punzada de anhelo.
No podía olvidarme de quién era ni de lo que había hecho, pero era evidente que había partes de mí que deseaban que lo hiciera.
Se acercó un centímetro más a mí y el hueco entre nosotros ardió con una energía cruda durante un momento, me sentí de pronto atrapada en la trampa de un cazador. Lo peor de todo es que ni siquiera quería liberarme. Me tenía a su merced y, en ese momento, los dos lo supimos.
Me apretó más la mano en la cintura y tiró de mi cuerpo contra el suyo de una forma que pedía mucha menos ropa. Se me entrecortó la respiración y me subió una mano por la espalda, seguida de una línea de fuego.
—¡Chupitos! —exigió Caleb a nuestro lado, y me aparté de Darius para coger el vaso que me estaba ofreciendo.
Darius mantuvo la mirada fija en la mía mientras se bebía su chupito, pero yo di otro paso atrás.
No iba a caer otra vez en su trampa. Este tipo me había quemado la ropa y había hecho circular una foto mía desnuda.
Era grosero y arrogante y un egocéntrico.
Ni borracha terminaba esta noche en su cama.
Estaba segura al menos al sesenta y siete por ciento.
—Orion te está buscando —le dijo Caleb a Darius, señalando hacia la barra, donde nuestro profesor nos estaba mirando atentamente.
Se me hundió el estómago y le lancé una mirada preocupada a Darcy, pero estaba demasiado ocupada con Seth como para darse cuenta—.
Algo de un trabajo que no has entregado.
Le he dicho que se relaje y disfrute de su copa, pero me ha puesto esa cara.
Ya sabes, esa que no sabes muy bien si está intentando prenderte fuego con solo la intensidad de su pensamiento o si simplemente está estreñido, así que le he dicho que te iba a avisar.