El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 16
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Capítulo 16

Sonó la vibración de una notificación en mi bolso y saqué mi Atlas con la esperanza de que fuera Diego avisándonos de que Sofia ya estaba sana y salva en su habitación.

Estrella Fugaz: He descubierto información nueva. ¿Podemos quedar?

Enarqué una ceja sorprendida y le di un codazo a Darcy para captar su atención y que dejara de intentar llamar otra vez al camarero.

—¿Por qué tiene tanto interés en conocernos de pronto? —preguntó Darcy con curiosidad.

—Solo hay una forma de averiguarlo, supongo —respondí mientras escribía una respuesta.

Tory Vega: ¿Cuándo?

Estrella Fugaz: En diez minutos. Hay un callejón detrás del bar. Nos vemos allí.

Un escalofrío me recorrió la espalda al leer la respuesta y levanté la cabeza, peinando a todo el mundo a nuestro alrededor para ver quién había sacado su Atlas.

Quienquiera que fuera Estrella Fugaz, sabía dónde estábamos, lo que significaba que tenía que estar por aquí.

El restaurante estaba abarrotado de gente y habían entrado y salido muchos alumnos de Zodiac.

¿Era una coincidencia? ¿O Estrella Fugaz nos estaba siguiendo? La idea me dio repelús.

—¿Estamos seguras de que deberíamos confiar en esta persona? —murmuré, entrecerrando los ojos a un grupo de segundo año que se reían escandalosamente en una mesa situada detrás de la nuestra.

Darcy también echó un vistazo por el restaurante.

—No lo sé, pero parece una de las únicas personas que de verdad intenta ayudarnos en este sitio. Aunque esté siendo demasiado críptica.

Me mordí la lengua mirando de nuevo el mensaje. ¿De verdad estábamos tan locas como para confiar en una persona desconocida que quería quedar con nosotras en un callejón oscuro por la noche? Sí, seguramente. Pero ¿tenía la curiosidad suficiente como para arriesgarme? Parecía que sí.

—Quiero que me dé respuestas y dudo que las consigamos a menos que quedemos. Así que yo digo que lo hagamos —sentencié con firmeza.

—¿Estás segura de que es una buena idea? —preguntó Darcy con dudas.

—¿Sinceramente? No. Pero creo que deberíamos hacerlo igualmente.

—Vale —aceptó Darcy, mordiéndose el labio—. Voy a pedir un poco de valor holandés.

Sonreí cuando por fin consiguió llamar la atención del camarero y pidió una ronda de bebidas.

A medida que se acercaba la hora acordada para la reunión, intenté controlar a cualquiera que se estuviera preparando para marcharse, pero era bastante complicado saberlo.

Algunos alumnos se iban a otros bares de la calle ahora que habían terminado de cenar.

Supuse que acabaríamos enterándonos, de una forma u otra.

—¿Estás lista? —pregunté, soltando el vaso vacío en la mesa.

Habíamos pensado en ir a otro bar pronto de todos modos, sin mencionar que Geraldine iba a venir a buscarnos.

Me sentí un poco culpable por dejarla tirada, pero solo tenía que pensar en las malditas chapas del club como para saber que era lo que había que hacer.

Me negaba a pasar mi tiempo con gente que se autodenominaba voluntariamente «culo».

—Vamos a ver qué nos encontramos —enunció Darcy mientras apartaba el taburete y se levantaba.

Ella salió delante de mí y el aire frío de la noche pasó por nuestro alrededor con la promesa de la inminente llegada del invierno.

Debería haberme puesto una chaqueta, pero me había engañado el calor del sol antes de ponerse.

Me envolví los brazos por el torso, ya que mi camisa no servía en absoluto para protegerme del clima.

Me pregunté por qué siempre sacrificaba la comodidad a la hora de elegir el modelito.

Caminamos por la acera y nos quedamos en silencio al llegar a un estrecho callejón situado entre el bar y una tienda a oscuras que ocupaba el espacio a su lado. Miré a Darcy con una sonrisa tranquilizadora antes de entrar primera en el callejón.

La música del bar se desvaneció en el melódico sonido amortiguado de un bajo mientras nos adentrábamos en la oscuridad.

Sentí un escalofrío que me puso los pelos de punta.

Sí, definitivamente íbamos directas al sueño húmedo de un asesino en serie.

En ese momento no pude evitar cuestionar nuestro sentido común cuando no nos dimos la vuelta.

Detrás del bar, el callejón se ensanchaba y una hilera de contenedores le hacía compañía junto a un charco de una sustancia cuestionable. No había nadie esperando en las sombras y la sensación de intranquilidad se asentó en mí mientras esperábamos mirando de un lado a otro.

—Este sitio me parece bastante asqueroso para una reunión —murmuró Darcy, estudiando el callejón por el que habíamos venido hasta aquí como si quisiera volver.

—Estoy de acuerdo —concordé, frotándome las manos por los brazos para intentar darme un poco de calor—. ¿Cuánto tiempo vamos a esperar a nuestro hombre misterioso?

—O mujer —añadió Darcy, y yo asentí ligeramente, aunque estando en un callejón oscuro lo único que me podía imaginar era a un hombre corpulento viniendo a por nosotras con un cuchillo en la mano y una mochila llena de cuerdas y cinta americana...

—Esto no me gusta —susurré—. ¿Y si nos vamos?

Mi Atlas vibró con una notificación y lo saqué.

Estrella Fugaz: La Sombra se está acercando. No puedo arriesgarme a veros ahora. ¡Deberíais buscar un lugar seguro antes de que la oscuridad os reclame!

Darcy se acercó a mí para leer el mensaje y solté un insulto hacia nuestro mensajero misterioso por habernos conducido hasta aquí para nada.

—Será mejor que salgamos de aquí —concluyó Darcy en voz baja mientras miraba a nuestro alrededor.

—Vamos —acepté, dando un paso hacia el callejón por el que habíamos llegado.

Una sombra oscura se movió para bloquear la luz de la calle al otro lado y me quedé inmóvil. Darcy se chocó conmigo al no ver que me había parado y la agarré del brazo para que no se cayera.

—¿Quién está ahí? —llamé con precaución, preguntándome si Estrella Fugaz había decidido aparecer, después de todo.

El silencio resonó durante varios segundos largos, hasta que se escuchó una especie de traqueteo a medida que se acercaba la sombra.

Mi magia cobró vida cuando di un paso atrás, tirando de Darcy conmigo. Ella intentó moverse hasta mi lado para ver mejor, pero no se lo permití, manteniendo mi cuerpo entre ella y quienquiera que nos estuviera bloqueando la salida.

Se me helaron las venas e intenté invocar mi magia para prender fuego en la palma de la mano.

El calor se intensificó en mis dedos justo cuando volvió a sonar el traqueteo, esta vez más profundo, más fuerte.

Mi magia se tambaleó. Apareció una pequeña llama que murió como si alguien le hubiera echado agua.

El corazón se me aceleró por el pánico cuando la figura dio un paso adelante y nosotras dimos otro atrás. Sentía mi magia revolotear con una tempestad debajo de mi piel, pero no conseguía invocarla.

—No puedo invocar mis poderes —susurró Darcy con la voz manchada con miedo.

—Yo tampoco —respondí.

¿Era una especie de truco? ¿Nos iban a rodear los Herederos, dispuestos a soltar más horrores sobre nosotras?

El tercer traqueteo fue tan intenso que me temblaron las extremidades.

No sabía qué era, pero tenía la sensación de que estaba levantando una jaula alrededor de mis poderes para encerrarlos dentro.

Con el siguiente paso que di, sentí como si tuviera encima el peso del plomo y arrastré una respiración penetrante al darme cuenta de que el ruido empezaba a atarme también las piernas.

Si no salíamos rápido de aquí, no podríamos escapar.

—¡Corre! —chillé, agarrando la mano de Darcy y girando en la dirección opuesta.

Empezamos a correr, los tacones lo ponían bastante difícil, pero nos negábamos a que nos ralentizaran.

Darcy me apretaba la mano con fuerza mientras pasábamos frente a hileras de contenedores y el traqueteo volvía a sonar.

Durante un instante aterrador, perdimos velocidad pese a nuestras intenciones y el sonido de unos pasos se acercó a nosotras.

Grité y utilicé cada resquicio de mi determinación en mover los pies todo lo rápido que podía.

Darcy se tropezó y la agarré del brazo, enderezándola mientras la empujaba delante de mí.

Giré hacia el contenedor más cercano y aparté una bolsa enorme de basura antes de volcarlo hacia quienquiera que nos estuviera persiguiendo justo cuando el traqueteo empezó de nuevo.

El ruido se desvaneció con un gruñido amortiguado. Había conseguido golpear a mi objetivo y recuperé el poder en los dedos.

Pasó por mi lado una ráfaga de aire cuando Darcy liberó su magia. El viento pasó a mi alrededor como si yo estuviera hecha de piedra y prácticamente ni me movió el pelo antes de golpear a nuestro atacante con la fuerza de un tornado.

La figura ensombrecida cayó hacia atrás y me moví al lado de Darcy con los ojos muy abiertos, al tiempo que seguía intentando invocar mi magia para que se uniera a la suya. Antes de que me diera tiempo, el traqueteo volvió, desprendiéndome otra vez del acceso a mis poderes.

La silueta se puso de pie. Parecía que las sombras le trepaban como si las atrajera un imán. La oscuridad lo ocultaba todo menos mi intuición de que algo iba horriblemente mal. Darcy lloriqueó mientras me agarraba del brazo y tiraba de mí.

Empezamos a correr otra vez, con el miedo dándoles la fuerza necesaria a nuestras piernas mientras recorríamos callejones oscuros, uno detrás de otro. Notaba la sombra cada vez más cerca con cada paso que dábamos; me imaginaba su respiración en la nuca.

El traqueteo empezó otra vez y me llevé las manos a los oídos, sin entender qué narices era, pero sabiendo que me estaba provocando algo cada vez que lo escuchaba.

Darcy se tambaleó cuando la fuerza del traqueteo la golpeó, pero la empujé y conseguimos correr aún más rápido a medida que la adrenalina iba aumentando por nuestras extremidades.